INTERNACIONALES: POR STEVE H. HANKE

Las Malvinas y otros territorios en disputa: una solución de mercado

Ni bien la película "La Dama de Hierro" llegó a la pantalla del cine, trajo recuerdos de la Guerra de las Malvinas - una guerra que comenzó oficialmente el 2 de abril de 1982, apenas tres cortos años después de que Margaret Thatcher asumiera las riendas como primera ministro del Reino Unido.

21 de Enero de 2012

Desde 1833, Gran Bretaña se las ha arreglado para mantener su asentamiento colonial de las Malvinas, en contra de las objeciones de la Argentina. ¿Las Malvinas? Bueno; hasta Samuel Johnson tuvo algo para decir sobre las islas. Esto es lo que escribió en el año de 1771:

Steve H. Hanke, The Cato InstituteVaya triste y sombría soledad... una isla arrojada lejos del uso humano, tormentosa en invierno y estéril en el verano; una isla a la que ni siquiera los salvajes sureños han dignificado con su esfuerzo de población; donde una guarnición debe ser mantenida en un estado que observa con envidia a los exiliados de Siberia; una isla en donde los costos serán perpetuos y su utilización, ocasional; y en la que, si la fortuna sonriese a nuestro trabajo, podría llegar a convertirse en un nido de contrabandistas en tiempos de paz y, en tiempos de guerra, en refugio de futuros bucaneros...

Cuando Margaret Thatcher sucedió a Jim Callaghan, su gobierno recibió un informe relativo al enconado asunto de las Malvinas. Tal como Sir Lawrence Freedman resumió en su reputado trabajo de dos volúmenes, intitulado La Historia Oficial de la Campaña de Malvinas (The Official History of the Falklands Campaign): la nota preparada para la administración entrante describía el problema. Un remoto puñado de islas con una población decreciente y perspectivas económicas limitadas que dependía de una nación vecina para sus comunicaciones y suministros. Esta nación reclamaba soberanía, y si acaso llegaba a trasladar su reclamo a la fuerza armada, entonces la pequeña guarnición de los Royal Marines apenas podría proveer una defensa escasa, y el esfuerzo consiguiente para recuperar las islas involucraría una operación anfibia de proporciones. El reclamo de soberanía pudiera sonar "poco sólido" pero, de todas formas, arroja sombras sobre las relaciones con la Argentina y supo provocar a Gran Bretaña dificultades en Naciones Unidas. Cualquier desarrollo a largo plazo de las islas exigía una solución a este problema, pero los esfuerzos para hallar un acuerdo negociado no habían llegado demasiado lejos. Los isleños habían recibido la promesa de que las únicas soluciones que llegarían al Parlamento en Londres serían las aprobadas por ellos, pero ninguna de las propuestas que coincidieran con los intereses de la Argentina eran de su agrado.

La Administración Thatcher no se percató de que el peligro acechaba, como sucede generalmente con los territorios en disputa. Más aún, la Inteligencia británica respecto de los planes del gobierno de facto argentino era incompleta.

Una vez que el gobierno de Galtieri atacó, Gran Bretaña fue sorprendida con la guardia baja y dio inicio la Guerra de Malvinas, que finalizaría con un saldo de 900 víctimas.

Y, como suele decirse, "todo lo que va, vuelve" (What goes around, comes around). Mientras se procede con los preparativos por el 30a. aniversario de la Guerra, las tensiones vuelven a escalar. En diciembre último, el primer ministro británico David Cameron montó en cólera luego de acceder a reportes que citaban que embarcaciones navales argentinas habían interceptado a pesqueros españoles en "aguas territoriales de las Malvinas". La presidente argentina, Cristina Fernández, restó importancia a sus afirmaciones y redobló la discusión, declamando que Malvinas era un problema global. Incluso, la mandataria acordó con los países del Mercosur que no se permitiría a embarcaciones con bandera de Malvinas acceder a ningún puerto de los socios regionales.

Antes de multiplicar posturas nacionalistas, escaramuzas prolongadas y una nueva guerra, e incluso una "solución", separemos la disputa por las Malvinas de su argumentación abundante en "cuestiones de fe". Tratemos de pensar creativamente y diseñar tratados basados en una visión de mercado, aplicable a territorios en disputa (ver la tabla en inglés que acompaña al artículo - Enlace a ventana nueva en http://bit.ly/yKl6PA). Para las Malvinas, los gobiernos de la Argentina y el Reino Unido podrían acordar que aquellos isleños calificados aptos para votar actualmente, estarían habilitados para hacerlo también en un referendo. Este referendo permitiría a los isleños -angloparlantes e ingleses por costumbre, instituciones y lealtades- votar si acaso prefieren el status quo, o si optan por su incorporación a la soberanía argentina ("Sí"). Una mayoría abrumadora por el "Sí" -digamos, un 80%- podría ser exigido por los isleños para permitir que la Argentina reclame la soberanía.

Es aquí cuando el mercado haría su aparición. Los isleños deberán ser compensados por la República Argentina. El referendo sería diseñado de tal forma que la Argentina pueda ofrecer un incentivo financiero, en forma de dinero en efectivo. Antes del referendo, la Argentina depositaría una cantidad -digamos, US$ 500 mil- en custodia o escrow, en cuentas bancarias suizas para cada hombre, mujer y niño que pudieran demostrar residencia en las islas en tiempos previos al referendo.

Si el referendo resultare favorable a la Argentina (con más del 80% votando en favor del "Sí"), los fondos bajo custodia serán entonces transferidos y se establecería la soberanía argentina, en una forma que no permita espacio para la ambigüedad. El costo para el gobierno argentino -en esta alternativa hipotética- sería de, aproximadamente, mil seiscientos millones de dólares.

Una solución transparente desde una óptica de mercado para las Malvinas y otros territorios en disputa podría constituír una alternativa de costo/resultado para establecer soberanía en forma inequívoca. Se trataría de una vía para evitar el ingreso torpe en guerras no deseadas, más derramamiento de sangre, sudor y lágrimas.


Steve H. Hanke es Profesor en Economía APlicada en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore y Colaborador Senior en The Cato Institute en Washington, D.C.

Access this article in the original English by clicking http://www.elojodigital.com/contenido/10444-falklands-and-other-dangerous-disputed-territories-market-solution

Traducción al español: Matías E. Ruiz

Por Steve H. Hanke - The Cato Institute