TURISMO: CRITICAS, ¿LICITAS O INEXACTAS?

LATAM, Avianca y Copa Airlines: promesa premium en retroceso, y un ticket que no deja de encarecerse

Las tres compañías que estructuran la conectividad del hemisferio —LATAM Airlines Group, Avianca y Copa Airlines— concentran hoy el grueso de las impugnaciones del pasajero latinoamericano.

Martes, 11 de Agosto de 2026
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Las tres compañías que estructuran la conectividad del hemisferio —LATAM Airlines Group, Avianca y Copa Airlines— concentran hoy el grueso de las impugnaciones del pasajero latinoamericano. El examen sistemático de las métricas disponibles arroja, no obstante, un diagnóstico bastante menos lineal que el del sentido común: no hay evidencia de un deterioro de la regularidad operativa ni de la seguridad, y en el caso de la panameña la performance es sobresaliente en términos globales. Lo que sí se ha degradado —y de manera verificable— es el contenido semántico de la expresión "clase ejecutiva" en aeronaves de pasillo único, la relación entre precio abonado y servicio efectivamente recibido, y la disciplina competitiva que en su momento imponían las low cost andinas hoy extintas. A ello se suma una arquitectura de red radial que multiplica escalas y, por construcción estadística, el riesgo de extravío de equipaje. El presente informe desagrega cada uno de esos vectores y advierte, además, sobre una carencia estructural: la región no publica indicadores de calidad por aerolínea con la granularidad que permitiría al consumidor castigar el bajo desempeño.
 

Críticas que proliferan: el sesgo de los comentarios y la disciplina del dato

Cualquier reconstrucción del malestar aerocomercial debe partir de una precaución metodológica ineludible: los repositorios de reseñas —Tripadvisor, Trustpilot, los agregadores de reclamos de compensación— miden intensidad del descontento, no incidencia. El pasajero satisfecho no escribe; el defraudado escribe extensamente, y con frecuencia lo hace en plataformas cuyo modelo de negocio consiste, precisamente, en canalizar reclamaciones. El resultado es un corpus valiosísimo para identificar patrones de falla, aunque inservible como estimador de frecuencia.

Cuando se acude a los registros administrativos, el cuadro se reordena. La Junta de Aeronáutica Civil chilena y el SERNAC computaron 6.294 reclamos para el primer trimestre de 2026, equivalentes a ocho por cada diez mil pasajeros transportados. En ese universo, LATAM registró 4,8 reclamos por diez mil —por debajo del promedio de la industria—, mientras que las tasas más elevadas correspondieron a JetSMART (23,5), Arajet (29,8), LEVEL (29) e Iberia (18,2). Copa, en el segmento internacional, alcanzó un 96% de puntualidad en despegues sobre ese mismo mercado. Es decir: en la única jurisdicción sudamericana que publica series comparables y desagregadas, dos de las tres compañías bajo examen no aparecen como valores atípicos negativos.

La conclusión provisional no es que la percepción del pasajero sea infundada, sino que apunta a dimensiones que los agregados de reclamos no capturan: el producto a bordo, la estructura tarifaria y la geometría de la red.
 

Puntualidad: la métrica que separa a Copa de sus dos competidoras

El On-Time Performance Review 2025 de Cirium —construido sobre más de 600 fuentes en tiempo real, con el criterio de arribo dentro de los 14 minutos y 59 segundos del horario programado— consagró a Copa Airlines como la aerolínea más puntual de América Latina por undécima vez, con un índice de 90,75% sobre 133.748 vuelos operados, y como la segunda más puntual del planeta. Complementariamente, la panameña exhibió un cumplimiento de itinerarios de 99,80%, la menor tasa de cancelaciones del continente americano.

En el mismo relevamiento, LATAM obtuvo 82,40% y Avianca 81,73%, ubicándose quinta y séptima en la categoría regional. La distancia con Copa —entre ocho y nueve puntos porcentuales— significa que, en las dos compañías de mayor tamaño de Sudamérica, aproximadamente uno de cada cinco vuelos llega tarde. En una red radial, donde el pasajero promedio no compra un vuelo sino una secuencia de vuelos, ese diferencial no se distribuye linealmente: se compone. Un retraso de cuarenta minutos en el tramo alimentador puede convertirse en una pernoctación involuntaria en Bogotá o en São Paulo, y es en esa cadena de consecuencias donde se origina la mayor parte de los testimonios más severos que circulan en las plataformas de reseñas.
 

Avianca: la desagregación elevada a doctrina y su corrección tardía

El caso colombiano es el más nítido, por cuanto la degradación fue explícita, deliberada y comunicada como virtud. Tras su acogimiento al Capítulo 11 durante la pandemia, Avianca reconfiguró su producto hacia un modelo híbrido de pago por atributo: eliminó la clase ejecutiva en los vuelos intra-Américas a partir de octubre de 2022, instaló butacas sin reclinación en buena parte de su flota Airbus A320 y suprimió el servicio a bordo incluido. Un directivo de ventas de la compañía admitió públicamente que el cambio "obviamente" generaría quejas, para agregar que "al final del día, la rentabilidad es lo más importante". La franqueza es analíticamente útil: no hubo deterioro por incapacidad, hubo reasignación de valor desde el pasajero hacia el margen.

La corrección llegó cuando el mercado la impuso. En diciembre de 2025, la compañía anunció una inversión superior a los 800 millones de dólares y, desde el 15 de enero de 2026, la reinstalación de la experiencia Business Class Américas en 47 rutas domésticas de Colombia, Ecuador y Guatemala; a comienzos de 2026, el producto quedó restituido en la totalidad de la malla doméstica e internacional. La compañía sostiene que su nueva cabina incorpora asientos ejecutivos reales en las primeras filas, apartándose de la práctica regional de bloquear la butaca del medio sin modificar el espacio, y la acompaña con compartimientos exclusivos, baño dedicado y una oferta ampliada de bebidas.

Subsisten, con todo, dos objeciones legítimas. La primera es nominal: en configuraciones 3-3 de pasillo único, aun con reclinación incrementada y asiento central bloqueado, la denominación "business" describe un producto que en cualquier otro mercado se comercializaría como premium economy. La segunda es de trato al cliente fidelizado: la eliminación de los cupones de asiento premium a fines de 2025, sin comunicación previa adecuada, alcanzó a viajeros que habían acreditado categoría para el ejercicio 2026. Sobre el largo radio el juicio es distinto: la cabina Insignia de los Boeing 787 mantiene camas planas en configuración reverse herringbone, un estándar competitivo. El ranking 2026 de AirlineRatings.com ubicó a Avianca en el puesto 14 entre las aerolíneas híbridas del mundo —una clasificación que, más que un demérito, certifica el cambio de categoría de la compañía.


LATAM: excelencia de largo radio y asimetría regional

El grupo chileno-brasileño constituye el contraejemplo más incómodo para la tesis del deterioro generalizado. LATAM ejecuta un programa de retrofitting integral sobre 24 Boeing 787-8 y 787-9 por unos 360 millones de dólares, con suites Premium Business Recaro R7 en disposición 1-2-1 y puertas corredizas —primera aerolínea de Sudamérica en ofrecerlas—, pantallas HD de 18 pulgadas y renovación completa de la cabina Economy. Los primeros aparatos entraron en servicio el 26 de abril con la ruta Santiago-Ciudad de México, seguidos por Bogotá y Miami, y la conversión debería completarse en el segundo semestre de 2026. En abril del corriente año, el grupo anunció además que sus futuros Airbus A321XLR —cuya recepción comienza en 2027— llevarán cabina Premium Business con asientos completamente reclinables VantageSOLO de Thompson Aero en configuración 1-1.

La compañía cerró 2025 con una utilidad neta de aproximadamente 1.500 millones de dólares, opera del orden de 371 aeronaves hacia más de 160 destinos y conserva la certificación de cuatro estrellas de Skytrax, además de haber sido distinguida reiteradamente como mejor aerolínea de Sudamérica desde 2016. Nada de ello describe una empresa en decadencia. Lo que describe es una compañía con un producto bifurcado: sobresaliente en el fuselaje ancho, convencional en el pasillo único que ejecuta la mayor parte de los tramos regionales y domésticos, y con una puntualidad que —82,40%— desmerece la inversión en cabina. El pasajero que paga tarifa premium para volar Buenos Aires-Santiago no accede a la aeronave que justifica el prestigio de la marca, y allí se genera la disonancia que alimenta la crítica.
 

Copa: el reverso exacto — impecable en la operación, conservadora en el producto

La panameña invierte la ecuación. Su desempeño operativo es, sin exageración, de élite mundial, y su rentabilidad lo acompaña: Copa Holdings cerró 2025 con un margen operativo del 22,6%. La contrapartida está en la cabina. La compañía opera una flota exclusivamente Boeing 737, y la cama plana —producto Dreams, butacas B/E Aerospace Diamond en configuración 2-2— existe únicamente en los 737 MAX 9, con 12 o 16 plazas según la versión. En los 737-800 y en los MAX 8, la clase ejecutiva se resuelve con butacas reclinables equivalentes a una primera clase doméstica estadounidense, sin apoyapiés.

El problema no es el asiento sino la indiferenciación comercial: ambos productos se venden bajo la misma denominación y con el mismo diferencial tarifario. Existen testimonios documentados de pasajeros que abonaron sobreprecios del orden de los 550 dólares por tramo para un vuelo nocturno de más de seis horas hacia Tocumen y recibieron una butaca reclinable. La recomendación operativa que se desprende, y que ninguna aerolínea de la región debería obligar a formular, es verificar la matrícula y el subtipo de aeronave antes de emitir el billete. Se agrega una crítica recurrente y menor pero persistente: la calidad de los salones Copa Club, señalada como el punto débil de una terminal por lo demás notablemente eficiente en tránsitos.


Precios: cuánto corresponde a la aerolínea, y cuánto al Estado

Este es el capítulo donde la imputación exclusiva a las compañías resulta menos sostenible, y donde el lector argentino tiene motivos particulares de agravio. Según la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Transporte Aéreo (ALTA), incluso antes de los últimos incrementos un pasajero que volaba de Buenos Aires a Miami abonaba alrededor de 76 dólares en tasas e impuestos fijos de origen argentino, frente a 12,90 dólares desde São Paulo y 25 desde Santiago de Chile: hasta seis veces más que sus pares regionales.

La brecha se amplió durante el corriente año. La Resolución 258/2026 de ANAC, vigente desde el 28 de mayo, elevó la tasa de seguridad operacional de cabotaje de 20 a 6.500 pesos por pasajero embarcado, llevó el cargo regional de 4,42 a 5 dólares y el internacional de 8 a 9, con un ajuste del 15% en sobrevuelo y aterrizaje internacional y del 359% en servicios de navegación aérea doméstica. Un mes más tarde, la Resolución 565/2026 incrementó la tasa que financia a la Policía de Seguridad Aeroportuaria de 260 a 1.725 pesos, un 563%. Sobre esa base se superponen la tasa de uso de aeroestación, el IVA del 10,5% en cabotaje, ingresos brutos según jurisdicción y, en el tramo internacional, tasas de Migraciones y Aduana, la percepción del 30% a cuenta del impuesto a las ganancias y el impuesto al turismo del 7%.

El componente de costos completa el cuadro. El combustible representa entre el 30% y el 40% de la estructura operativa de una aerolínea, y el precio del jet fuel llegó a duplicarse entre febrero y abril de 2026 como consecuencia de la crisis del Estrecho de Ormuz; los relevamientos sectoriales presentados en WOCA 2026 situaron la banda de referencia entre 180 y 220 dólares por barril, junto con una tributación aeronáutica calificada de punitiva y una congestión aeroportuaria que afecta al 54% de los vuelos regionales.

Dicho todo lo cual, la explicación por traslado de costos no es exhaustiva. Una industria que exhibe simultáneamente utilidades netas de 1.500 millones de dólares y márgenes operativos superiores al 22% dispone de poder de fijación de precios, y ese poder proviene de la estructura de mercado antes que del precio del carburante. Distinguir ambos componentes —carga fiscal y renta de concentración— es la tarea analítica pendiente que ninguna autoridad regional ha querido acometer con seriedad.
 

La geometría del hub explica la escala

La proliferación de itinerarios con conexión, en trayectos que la geografía permitiría cubrir directamente, no obedece a negligencia comercial: es el corazón del modelo de negocio. Copa opera casi exclusivamente rutas internacionales desde Tocumen, de modo que todo pasajero norteamericano que se dirija a Sudamérica transita por Panamá. Avianca concentra alrededor del 50% de los asientos ofertados en Colombia y del 56% en Bogotá —cuyo aeropuerto es el de mayor tráfico de América Latina—, y la ruta Bogotá-Panamá es la de mayor volumen de la región, con 856 vuelos en marzo de 2026. LATAM articula São Paulo, Lima y Santiago, con casi tres cuartas partes de su malla en el mercado doméstico.

El dato de estructura es concluyente: las diez mayores aerolíneas concentran el 74% de la capacidad regional. Y la disciplina de precios que ejercían las low cost andinas desapareció con la salida del mercado de Viva Colombia y Ultra Air en 2023, tras la cual Avianca expandió posiciones en el doméstico colombiano. El tráfico, entretanto, crece hacia adentro: ALTA computó 43,1 millones de pasajeros al cierre de marzo de 2026 (+6% interanual), con ocho de cada diez pasajeros incrementales desplazándose dentro de la propia región, mientras el tráfico extrarregional apenas avanzó 0,8%. Es decir, el sistema engrosa los radios del hub en lugar de multiplicar los enlaces punto a punto. La apuesta de LATAM por el A321XLR —una aeronave que, según su propio CEO, permite volar hasta nueve horas y abrir destinos que no justifican un fuselaje ancho— es la excepción que confirma la regla.


Equipaje: la estadística que no existe por aerolínea, y la que sí interesa

Corresponde ser explícito en un punto: no existe una estadística pública y auditada de tasas de extravío de equipaje desagregada por LATAM, Avianca y Copa. El Departamento de Transporte estadounidense sólo obliga a reportar a las aerolíneas de bandera propia, y SITA —referencia global de la industria— publica agregados sectoriales y regionales, no rankings por compañía. Cualquier cifra que circule atribuyendo un porcentaje específico a una de estas tres empresas debe considerarse infundada.

Lo que sí puede afirmarse, y resulta más revelador que un ranking, surge del Baggage IT Insights 2026 de SITA. En 2025, la tasa global de equipaje mal gestionado cayó 23% hasta 4,9 piezas por cada mil pasajeros, con un volumen total de 24 millones de maletas sobre cinco mil millones de viajeros: un desempeño mejor que el prepandémico. El costo para la industria, sin embargo, asciende a 6.300 millones de dólares anuales, equivalentes al 15% de su utilidad, con un nuevo parámetro de 260 dólares por pieza afectada que reemplaza la cifra históricamente citada de 150.

El dato decisivo para el pasajero latinoamericano es la desagregación por tipo de operación: el índice trepa de 1,65 piezas por mil pasajeros en vuelos domésticos a 9,12 en vuelos internacionales, y las transferencias siguen constituyendo el principal factor causal, con el 39% de los casos. La inferencia es inmediata y no requiere imputar negligencia a nadie: un itinerario que obliga a conectar en Bogotá, Panamá, Lima o São Paulo multiplica por más de cinco la probabilidad estructural de que la maleta no llegue con su dueño. La red radial que abarata el asiento encarece el riesgo del equipaje. El seguimiento bajo la Resolución 753 de IATA superó el 50% de la industria, con cumplimiento pleno previsto para 2027; hasta entonces, la trazabilidad seguirá siendo desigual según aeropuerto y agente de rampa.
 

Conclusión: qué se degradó realmente

El compendio de ineficiencias existe, pero no es el que describe la conversación pública. No se ha degradado la seguridad, ni —en el caso de Copa— la fiabilidad operativa, que es de nivel mundial. Se degradaron tres cosas. Primero, el contenido semántico de la categoría ejecutiva en el fuselaje angosto, donde tres compañías venden bajo la misma etiqueta productos que van desde una cama plana hasta una butaca con el asiento del medio bloqueado. Segundo, la relación precio-valor, cuya mitad es de responsabilidad fiscal —de manera ostensible en la Argentina— y cuya otra mitad es renta derivada de una concentración que ninguna autoridad de competencia se ha propuesto corregir. Tercero, y quizá lo más relevante desde una perspectiva de política pública: la disciplina competitiva que aportaban operadores hoy desaparecidos.

Queda una cuarta deficiencia, de naturaleza informativa, que este mismo informe ha debido sortear. Chile publica reclamos y puntualidad por aerolínea con periodicidad trimestral; la Argentina y Colombia no lo hacen con granularidad equivalente, y nadie en la región publica tasas de extravío de equipaje, denegación de embarque o resolución de reclamos por compañía. Sin esa información, el pasajero no puede castigar el bajo desempeño con su decisión de compra, y el mercado pierde el único mecanismo de corrección que no depende de la buena voluntad empresaria. La opacidad, en este rubro, es en sí misma una falla de servicio.

 

Preguntas frecuentes

¿Cuál de las tres aerolíneas es la más puntual?

Copa Airlines, con amplio margen. Registró 90,75% de puntualidad en 2025 según Cirium —undécimo reconocimiento regional y segundo puesto mundial— y un cumplimiento de itinerarios de 99,80%. LATAM alcanzó 82,40% y Avianca 81,73%.

¿Es cierto que Avianca eliminó su clase ejecutiva?

Lo hizo en los vuelos intra-Américas desde octubre de 2022, como parte de su reconversión a un modelo híbrido de pago por atributo. La restituyó progresivamente y, desde comienzos de 2026, la ofrece en la totalidad de su malla doméstica e internacional. En aeronaves de pasillo único se trata de butacas con mayor reclinación y espacio, no de camas planas, que subsisten en la cabina Insignia de los Boeing 787.

¿Existe una estadística oficial de equipaje extraviado por aerolínea latinoamericana?

No. Ni las autoridades regionales ni SITA publican tasas desagregadas por compañía para LATAM, Avianca o Copa. El dato relevante disponible es estructural: el índice global pasa de 1,65 piezas por mil pasajeros en vuelos domésticos a 9,12 en internacionales, y las transferencias explican el 39% de los incidentes.

¿Por qué es tan caro volar desde Buenos Aires?

Por acumulación de cargos fijos. Antes de los últimos aumentos, un pasajero Buenos Aires-Miami abonaba unos 76 dólares en tasas e impuestos argentinos, contra 12,90 desde São Paulo y 25 desde Santiago. Las resoluciones 258/2026 y 565/2026 de la ANAC ampliaron esa brecha durante el corriente año, en un contexto de duplicación del precio del jet fuel entre febrero y abril.

¿Por qué casi todos los itinerarios incluyen escala?

Porque las tres compañías operan modelos radiales: Copa canaliza prácticamente todo su tráfico por Tocumen, Avianca por Bogotá y LATAM por São Paulo, Lima y Santiago. Con las diez mayores aerolíneas concentrando el 74% de la capacidad regional y sin low cost andinas que impongan disciplina, el enlace punto a punto sólo se justifica en rutas de alta densidad. La llegada de los Airbus A321XLR a partir de 2027 podría modificar parcialmente ese esquema.

¿Qué aerolínea ofrece cama plana real en la región?

LATAM en sus Boeing 787 renovados (suites Recaro R7 con puertas corredizas), Avianca en la cabina Insignia de sus 787 y Copa únicamente en los Boeing 737 MAX 9 con producto Dreams. En el resto de la flota de pasillo único de las tres compañías, la clase ejecutiva es una butaca reclinable.

 

Redacción, El Ojo Digital