INTERNACIONALES: POR MATIAS E. RUIZ, EDITOR

Incidente internacional en Salta: Héctor Timerman y Nilda Garré, sin respuestas

Apuntes sobre el reciente cruce de uniformados del Ejército de Bolivia hacia territorio argentino. Las fragilidades del Palacio San Martín y la sobreactuación del polémico Canciller.

05 de Noviembre de 2010
La noticia de las tropelías cometidas por la unidad de comandos bolivianos en territorio salteño -al mando del Comandante Willy Gareca- llegó ruidosamente a los principales medios nacionales, a partir de la publicación en el periódico local El Tribuno y su difusión de parte de sitios web de corte underground, como El Ojo Digital e Informador Público. Mal que al polémico canciller argentino Héctor Timerman le pese, la novedad remite sin discusión a un incidente internacional de gravísimo alcance. La sola descripción del hecho lo ilustra: se trató, en rigor, de una incursión de parte de una fuerza extranjera militarizada y apertrechada que se apropió de equipos y material privados, al tiempo que agredió con violencia a ciudadanos argentinos, previo a fugarse. El grupo protagonista se hallaba compuesta por una unidad de cincuenta comandos de frontera del Ejército de Bolivia. El individuo a cargo del "operativo" fue sindicado como el Comandante Willy Gareca, conocido en círculos castrenses bolivianos por profesar una ideología antiargentina de corte extremista. Extraño, pero el episodio tuvo un interesante eco en los medios tradicionales del país, cuando lo normal es que este tipo de noticias rara vez se acerquen siquiera a las páginas internas de un diario de provincia. Por lo general, incidentes relacionados con el actual son convenientemente apartados de los medios, bajo la luz de un cuestionable interés de no generar pánico entre los habitantes de poblaciones o zonas fronterizas. El detalle de lo sucedido en este caso se corona con una conclusión de lo más elemental -y que se presume se intenta ocultar de nuevo bajo el tapete-, a saber, que la nación no se encuentra en condiciones operativas para responder a este tipo de provocaciones. Por cierto, tampoco se hacen públicos otros capítulos de caracteres similares, como el caso de militares paraguayos que llevan a cabo cruces periódicos del límite internacional a lo largo de los ríos Pilcomayo y Paraguay, muchas veces abriendo fuego en perjuicio de ciudadanos argentinos o tomando posesión de islotes de soberanía nacional en aquellos cursos ribereños. Mucho menos se menciona a las históricamente conocidas travesías de carabineros chilenos que se adentran en territorio santacruceño como si se tratara de un hábito difícil de abandonar. O el caso de los pilotos de las aeronaves de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), acostumbrados a economizar combustible sobrevolando el espacio aéreo argentino, en virtud de que los límites con su país los obligarían, de otro modo, a "estirar" su trayectoria. En Salta, el periódico El Tribuno se había ocupado de referir que la incursión ilegal de los comandos bolivianos no constituyó un hecho aislado: se trataba de la quinta vez que sucedía. Esta nota de color le añade importantes porciones de gravedad al asunto, por cuanto la plana mayor de Gendarmería Nacional jamás ha tomado cartas para ocuparse de la cuestión. Tampoco se conoce aún la opinión de la Ministro de Defensa, Nilda Garré, quien -habida cuenta de la violencia utilizada por una fuerza militar extranjera de este lado del mapa- observa una responsabilidad directa en lo ocurrido. Al igual que cuando los viejos aviones Mirage de la Fuerza Aérea Argentina caían como moscas, falleciendo sus pilotos, se vuelve a llamar al silencio de la ineptitud. Por su parte, el Canciller Héctor Timerman echó mano de esa recalcitrante sobreactuación que lo caracteriza, apenas refiriendo que había pedido las explicaciones del caso al gobierno de La Paz. Pero los estériles ladridos del player número uno del Palacio San Martín vuelven a remitir a su abierta incapacidad para continuar ocupando el cargo que desempeña. Los "pedidos de explicaciones" no alcanzan para este caso. Tampoco puede darse nadie por satisfecho con el sumario realizado sobre la persona del Comandante Willy Gareca. Evo Morales se está convirtiendo en un amigo demasiado costoso para los intereses de la Argentina, y se presume que intentará amortiguar los alcances de la situación, retomando el bravuconeo y la amenaza de cortar el suministro de gas hacia Buenos Aires. Fluído que la República Federativa del Brasil también necesita y que está siempre dispuesto a pagar mejor. De todas maneras, al parecer nadie hace méritos para notificarle al bueno de Evo y a su embajadora María Leonor Arauco que la oficina argentina de Migraciones siempre ha sido sospechosamente benevolente con los ciudadanos de origen altiplánico que observan abundantes antecedentes penales: ellos jamás son devueltos a su patria. Favor bien argentino que le permite a La Paz disminuír ostensiblemente sus índices de desocupación y de personas sin hogar, que de otro modo saturarían las calles de los centros urbanos del empobrecido país del norte. Por si ello fuera poco, los cientos de miles de ciudadanos peruanos que han ingresado ilegalmente al país lo han hecho -y continúan haciéndolo- a través de la "República Pluricultural de Bolivia". Esta agenda despreocupada por los intereses nacionales ha permitido el crecimiento exponencial del tráfico de drogas peligrosas, cuyos gerenciadores se aprovechan de esa mano de obra ilegal para comerciar sus mercancías. Se multiplican, por ende, los episodios de violencia que van necesariamente de la mano con esta aguda problemática. Miles de argentinos pierden la vida año tras años, a la sombra de este flagelo. El escenario, desde luego, no favorece a los ilusos analistas que pretendan reclamar que la diplomacia argentina pase del amiguismo a la profesionalidad y la excelencia de la noche a la mañana. Tampoco puede exigirse la separación del insufrible Canciller Twitterman con la velocidad del rayo: la Administración de Cristina Kirchner comienza a hacer agua por todas partes y los reemplazos ciertamente no abundan. Con el lenguaraz Amado Boudou (Voodoo) pendiendo de un hilo en su función, solicitar encima la dimisión del hijo de Jacobo sería poner a la Presidente contra las cuerdas. Y ella se encuentra por estas horas haciendo graciosísimos malabares para promocionar la idea de que aún tiene control de algo. Mal se atrevería a entregar soldaditos de plomo, de dos en dos. Aunque todos sepamos con lujo de detalles que los entregará, más tarde o más temprano. Sin importar los besos y las caricias del pasado reciente. Por demás -y reconsiderando la importancia y gravedad del affaire de los comandos bolivianos- puede afirmarse que no constituye un pecado exigir al gobierno federal que proceda a la altura de las circunstancias, disponiendo de todos sus recursos para consolidar no solo la integridad y protección efectiva de la soberanía nacional, sino también de los ciudadanos que se desempeñan en áreas de frontera. Por Matías E. Ruiz, Editor. e-Mail: contacto@elojodigital.com. Twitter: http://twitter.com/matiaseruiz.
Por Matías E. Ruiz, Editor