INTERNACIONALES: MATIAS E. RUIZ

Al Qaeda y el petróleo. Yemen, la nueva parada de Barack Obama y los halcones del Pentágono

En las últimas semanas, los estadounidenses se dieron por enterados de la existencia de una pequeña nación asiática...

21 de Julio de 2010

En las últimas semanas, los estadounidenses se dieron por enterados de la existencia de una pequeña nación asiática -Yemen-, a partir del atentado provocado por un joven nigeriano en un avión de Delta Airlines que se dirigía a Estados Unidos desde Amsterdam. El hombre fue identificado como militante del grupo extremista Al Qaeda y "confesó" que había recibido "instrucción y adoctrinamiento" en aquella nación poco conocida. Al parecer, la República de Yemen no solo esconde guerrilleros de Al Qaeda, sino también ingentes cantidades de crudo. Algo que el pueblo norteamericano debería saber.

Después de unos cuantos meses de relativa escasez en lo que respecta a las operaciones del supuesto grupo extremista pseudoislámico "Al Qaeda", la navidad norteamericana se vio sacudida por la aparición del joven nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab, de 23 años de edad. El hombre no tuvo mejor idea que intentar detonar un dispositivo de fabricación casera -pero de interesante complejidad, de acuerdo a informes- durante el trayecto de un vuelo que cubría la ruta Amsterdam-Detroit. El episodio no contabilizó muertos y la aeronave pudo aterrizar sin problemas. Sin embargo, podría concluírse que el ataque fue exitoso, a los efectos propagandísticos. Los americanos del norte acababan de recoger un mensaje, en plena navidad -momento en que las malas noticias cosechan mayor impacto-, al respecto de que su seguridad continúa siendo vulnerable y que el terrorismo internacional puede sorprenderlos en cualquier circunstancia. La amenaza, después de todo, no debería "quedar reducida" a vuelos de interés estratégico "obvio" como lo serían la ruta Londres-Nueva York y otras.

La pregunta obligada para el caso versa sobre los beneficiarios de este acto terrorista. A priori, es tentador concluír que fueron los militantes e ideólogos de Al Qaeda quienes han sacado mejor provecho del asunto. Pero, luego de profundizar en el tema, tal aseveración podría ponerse en tela de juicio. La historia de vuelve interesante luego de que el nigeriano es aprehendido por elementos de seguridad americanos y personal de Homeland Security (el departamento de Seguridad Interior creado durante la Administración Bush Jr.). El primer dato que las autoridades liberan a The New York Times y la CNN reporta que el nacional africano confiesa haber recibido instrucción y adoctrinamiento en la República de Yemen, de parte de elementos locales de Al Qaeda -la "Base"-, y que el objetivo de su faena fue enviar un mensaje a Estados Unidos y sus aliados. Menos de una semana después del episodio del nigeriano, tiene lugar un atentado letal en una base americana en la Afganistán ocupada. Los cables refirieron que un individuo hizo detonar un artefacto explosivo de alto poder al ingresar a las instalaciones. Como resultado, fallecieron siete agentes secretos que la central de inteligencia americana (CIA) tenía destacados en el lugar. La base en cuestión se halla en la localidad afgana de Kost, cercana a la frontera paquistaní. Horas después, se conocieron detalles sobre la identidad del atacante suicida. Se trataba de un doctor de 36 años de edad, de nombre Humam Khalil Abu-Mulal al-Balawi. El mencionado había sido arrestado un año atrás, bajo cargos de terrorismo, pero fue oportunamente "reclutado" por la CIA, dado que demostró simpatía por la agenda estadounidense y sus objetivos para la región, amén de que exhibía interesantes contactos y contaba con fuentes confiables de información. Al-Balawi -se comprobaría luego- resultó ser un agente triple pues, a la postre, su verdadero empleador era Al Qaeda. No trabajaba realmente para jordanos -tal era su nacionalidad- ni para los intereses de Washington en la "guerra contra el terror".

El personaje de referencia tenía previsto reunirse con su agente controlador en la base y fue recibido por las que luego fueron serían las víctimas del ataque. Los operativos cometieron un error fatal: no lo revisaron exhaustivamente previo al ingreso, lo que le permitió ingresar la carga y detonarla en el momento buscado. Cuatro de los fallecidos eran agentes de campo; los otros tres se desempeñaban como guardias de seguridad contratados por la Central. El octavo fallecido fue identificado como Ali bin Zaid, un agente de inteligencia jordano y que -como sucede en los aparatos de seguridad de las naciones árabes- era pariente de la familia real de su país. Por cierto, los dos hechos bajo análisis no deben tomarse a la ligera. Claramente, estos le han venido como anillo al dedo al presidente Barack Obama para endurecer sus discursos en torno a la guerra contra el terrorismo. A partir de estos hechos-bisagra, puede anticiparse que el discurso presidencial americano se irá extremando hasta bushizarse.

Ya Obama había abandonado sus promesas de campaña, a saber, desensamblar la base cubana de la Bahía de Guantánamo y dar por terminada la participación estadounidense en Irak. Para las postrimerías de 2009, Barack Obama dejó de lado la cuestión Guantánamo y, casi en simultáneo, ordenó reforzar la presencia en tierras afganas, asignando mayores recursos y destinando mayores cantidades de soldados. De Irak todavía poco se conoce, salvo que -a partir de la violencia guerrillera que sigue anotándose víctimas en atentados urbanos- la entrega de la total administración del país a los iraquíes se vuelve a todas luces imposible desde la práctica. En lo que a la base cubana respecta, puede preverse que difícilmente se decida su clausura en el Salón Oval, dado que el sitio seguramente verá incrementada su capacidad a partir de lo que permite discernir la aparición de Yemen en las noticias que consume diariamente la opinión pública de la Unión. La "cuestión yemenita" ha comenzado a escalar en los medios. Ya en su oportunidad, le fueron acercados al presidente Obama informes que detallaban que el presidente de aquella nación, Ali Abdallah Saleh, no tenía el menor control sobre las actividades clandestinas que el terrorismo pseudoislámico lleva adelante allí. "Yemen requerirá importante ayuda de los Estados Unidos para erradicar a elementos de Al Qaeda establecidos localmente", rezaba -palabras más, palabras menos- un informe publicado por asesores de seguridad de la Casa Blanca en medios del Norte. Las noticias más recientes en relación con el oscuro tema informaron que tanto Estados Unidos como el Reino Unido cerrarían sus representaciones diplomáticas en Yemen. Aunque Washington decidió la reapertura de sus oficinas en la pequeña república mediooriental (así como también sus aliados), el dato coincidió con las revelaciones de actividades encubiertas de células terroristas en aquella región. El tablero yemenita comenzó a sacudirse a comienzos de 2009, cuando el ex líder yihadista Tariq al-Fadhli declaró que rompería su acuerdo con el presidente Salih, para pasar a colaborar con la coalición opositora denominada "Movimiento del Sur". Al-Fadhli había sido miembro de los mujaidines de Afganistán durante los años ochenta (los mismos que expulsaron al Ejército Rojo), y su separación respecto del gobierno fue reportada en los medios árabes y yemenitas durante abril de 2009. Esa ruptura trajo como resultado el crecimiento de la figura de Al-Fadhli, quien hoy es un referente de peso en el opositor Movimiento del Sur.

En sí misma, Yemen se erigió en república a partir del colapso de la ex URSS, cuando los grupos políticos comunistas locales perdieron a su principal aportador extranjero de divisas. La unificación de Yemen del Norte con su vecino del Sur dio lugar a un breve optimismo, que fue a parar al fondo del basurero con la guerra civil de 1994. En ella, facciones rebeldes del ejército se afirmaron en contra de lo que para ellos representaba la corrupción del gobierno del presidente Saleh. Sin embargo, la revuelta fracasó, dado que el mandatario aglutinó para su provecho a elementos de Al-Fahdli y grupos de influencia que exhibían una visión extrema del Islam. Entre ellos, se contaban grupos bien afirmados que habían combatido oportunamente a la "amenaza marxista" del Sur. Hasta 1990, Washington y Londres sostuvieron al presidente Saleh, basándose -aparentemente- en el apoyo que este proporcionó a Occidente en el conflicto ideológico Este-Oeste. Saleh logró afirmarse en el poder en función de ese apoyo foráneo y el costumbrismo fundamentalista que tiene por regla concentrar las decisiones del país en una figura personalista. De cualquier forma, la reciente ruptura de Saleh con Al-Fahdli ha terminado por debilitar al primero; más teniendo en cuenta que su otrora aliado ahora se ha posicionado en la vereda de los ex comunistas, contrarios al régimen. La influencia de Al-Fahdli y sus asociados del Sur terminó por dar forma a importantes demostraciones públicas callejeras con miles de personas, que rechazan al gobierno y que buscan la independencia respecto del norte. Estas protestas se vienen sucediendo ininterrumpida y poderosamente desde 2006. Como resultado, el presidente Saleh decidió convocar a Arabia Saudita y otras naciones de la región para que le brinden apoyo, dado que los problemas de su país podrían traer peligrosas consecuencias para la Península Arábiga en su conjunto. La cuestión ha venido a complicarse en los últimos años también por la aparición de grupos shiítas locales que el gobierno de Sanaá (capital de Yemen) afirma son financiados y equipados por Irán e Irak. Por su parte, otros grupos sostienen que la influencia de Arabia Saudita convierte a Yemen en un país satélite de Ryadh. En este esquema, el presidente Saleh se ha montado de la bonanza petrolera de su país -localizadas sus reservas más importantes en el sur-, sobornando a grupos opositores y a todo aquel que tenga un precio. Finalmente, lo esperable: durante 2009, sitios web que Al Qaeda suele utilizar para promocionar videos y llamamientos a derramar sangre, publicaron que el grupo -que oportunamente fuera creado, financiado y equipado por el ex agente de la CIA, Osama Bin Laden y los sauditas- había abierto una "sucursal" en Yemen, con el objetivo de concentrar allí las operaciones en esa nación y Arabia Saudita. En definitiva, de la Península Arábiga. En ese reciente comunicado, la versión local del grupo extremista amenazó a líderes musulmanes como la familia real saudita, el presidente epgipcio Hosni Mubarak y el presidente de Yemen, Ali Abdallah Saleh. Un militante llamó por video a "llevar la yihad -guerra santa- desde Yemen hasta Jerusalén".

Por cierto, el líder opositor al gobierno de Sanaá, al-Fadhli, ha negado rotundamente tener relación con la subsidiaria localista de Al Qaeda, pero el presidente Saleh no ha dudado en sindicar a él y a los extremistas islámicos como la misma cosa, para ganarse las atenciones de Washington y disimular su desastrosa administración. Pero el capítulo de los guerrilleros de Osama en Yemen se torna escabroso en un punto: algunos medios se han preocupado por referir que dos de los integrantes de la célula yemenita son ex reclusos de Guantánamo. Información que en ningún caso puede ser corroborada, pero que sienta un precedente en la opinión pública. Y no la de Yemen precisamente, pues a pocos importa, para ser claros. Más llamativo aún, ni bien el referente opositor se esfuerza para desmentir su cercanía con Al Qaeda, el grupo guerrillero -convenientemente- lanza declamaciones al respecto de su apoyo para el proyecto independentista del sur petrolero. A pesar de los esfuerzos -ahora denodados- que el gobierno de Yemen viene realizando para combatir los focos guerrilleros, Hillary Clinton no deja de repetir que "las posibilidades de que la sucursal yemenita de al Qaeda ejecute atentados contra intereses norteamericanos son elevadas", o bien, como lo ha expresado recientemente: "Yemen es una amenaza para la seguridad estadounidense". Algunos analistas, cautelosamente, declaman que Yemen se está convirtiendo en tierra fértil para operaciones del tipo false flag. A lo cual podría añadirse que esas tácticas se vienen sucediendo con una cadencia sorprendente y, cuando menos, sospechosa. Todo lo cual remite, a la postre, a la variable petrolera. Yemen exhibe una dependencia del crudo en su economía del 70%, situándose en el puesto número 37 del ranking de naciones productoras (con algo más de 300 mil barriles por diarios). Sus reservas comprobadas son de algo más de 3 mil millones de barriles. Sin embargo, la ubicación de Yemen en el mapa petrolero mundial es crucial. Mantiene soberanía sobre el estrecho de Bab el Mandeb, una de las principales rutas de crudo del Medio Oriente, con una importancia que se compara a la que presenta el Estrecho de Hormuz. Por si ello representara poco, la cuestión de la piratería somalí repercute en los medios estadounidenses con una regularidad que no asombra, a pesar de que los episodios de secuestro de buques han observado una disminución notable, a partir de la presencia de buques europeos y de otras naciones de Occidente que patrullan en cercanías del mar soberano de Somalía y el Golfo de Adén. Igualmente, los piratas continúan haciendo de las suyas, y no falta quienes se preguntan acerca de la manera que tienen esos grupos de mantenerse operables a la luz de una vigilancia tan intensa. Los números que muestran el accionar de los marginales son alarmantes: en lo que va de 2009, 35 embarcaciones fueron tomadas y casi 600 personas quedaron secuestradas para cobrarse rescate, a posteriori. Los medios americanos son aquellos que más pugnan por medidas intervencionistas en Somalía, dada la imposibilidad de asegurar las rutas de navegación en la zona. Existe cierta reticencia de parte de las naciones europeas de peso, y como argumento citan, precisamente, la fallida intervención de Estados Unidos en Mogadiscio de años atrás y que motivara la realización de la producción "Blackhawk Down", del director Ridley Scott. Las novedades en torno a la piratería y el accionar guerrillero han llevado recientemente al presidente somalí, Sheikh Sharif Sheikh Ahmed, a comunicarse con su par yemenita para compartir información a este respecto. El mandatario de Somalía, la ex colonia italiana en Africa, es risueñamente nombrado por algunos como "el presidente del aeropuerto", dado el poco espacio que este controla efectivamente en el anárquico estado, en un país que ha sido dividido en porciones por las luchas de clanes. De cualquier forma, ambos mandatarios demuestran preocupación por la posibilidad de que fuerzas occidentales tomen la decisión de poner pie en la región, de manera definitiva. Baste decir que la situación de Yemen en el estrecho de Bab el Mandeb no es menor: si el tránsito de buques cisterna se viera interrumpido en la zona, los chinos -por ejemplo- verían comprometida gravemente su economía.

Las repercusiones llegarían hasta Wall Street, vaya novedad. Pero hay más. Precisamente, de acuerdo al autor F. William Engdahl, la significancia estratégica de la región entre Yemen y Somalía se torna en interés geopolítico. Para Estados Unidos, Bab el-Mandab es uno de los siete sitios de transporte de crudo de mayor interés en el mundo. Por su parte, la Agencia de Información de la Energía, que depende del gobierno estadounidense, ha determinado que "la clausura de Bab el-Mandab podría evitar que los buques tanque del Golfo Pérsico alcancen el complejo de oleoductos del Canal de Suez/Sumed, obligándolos a dar la vuelta a todo el continente africano. El estrecho de Bab el-Mandab es un nexo fundamental entre el Cuerno de Africa y el Medio Oriente, y es a la vez un enlace estratégico entre el Mar Mediterráneo y el Océano Indico". El petróleo y otros productos exportables del Golfo Pérsico están obligados a pasar por Bab el-Mandab antes de ingresar al Canal de Suez. En 2006, el Departamento de Energía en Washington analizó y concluyó que un estimado de 3.3 millones de barriles diarios de crudo se transportaban a través de este estrecho hacia Europa, Estados Unidos y Asia. Puesto en ejemplos, y tal como lo refiriera el periodista británico Robert Fisk, la militarización de Bab el-Mandab no solo le daría a Estados Unidos la posibilidad de controlar un enclave estratégico en lo que respecta al transporte petrolero, sino que el control sobre esa zona le permitiría a Washington, en un futuro cercano, amenazar los ingresos de crudo hacia territorio chino o incluso Europa. Especialmente si esas naciones que dependen del oro negro que pasa por Bab el-Mandab se oponen a las políticas exteriores de Estados Unidos.

Por cierto, no escasean análisis serios que han destacado a Yemen como una de las naciones con reservas gigantescas de crudo aún no explotadas y que esa república está llamada a ser la Arabia Saudita del siglo XXI. En lo que respecta a esta región del globo, los objetivos de Washington continúan siendo poco claros. Pero seguramente Al Qaeda no es la cuestión prioritaria a resolver, al menos extraoficialmente. El estudio y la reflexión sobre ciertos hechos aparentemente interconectados permite también revelar -si no la agenda- los aspectos de política exterior que no se han visto mayormente modificados a la hora de comparar a la Administración Obama con sus antecesoras y que no han gozado de sus índices de popularidad.

Sobre Matias E. Ruiz

Es Analista en Medios de Comunicación Social y Licenciado en Publicidad. Es Editor y Director de El Ojo Digital desde 2005.