POLITICA: POR MATIAS RUIZ, PARA EL OJO DIGITAL

La Argentina y su interminable coqueteo con el Eje del Mal Internacional. El peligroso acostumbramiento a un clima de creciente violencia política

Aquello que pocos años atrás era desmentido por voces oficialistas por "visión conspiradora" o "ridícula", hoy concatena demasiados hechos que agigantan la confirmación. La República Argentina, en su versión actual, ya es vista "off the record" como un enemigo declarado por parte de la Administración del presidente norteamericano Barack Obama.

21 de Julio de 2010
Podría decirse que las relaciones argentino-norteamericanas se encuentran ya en un punto de no retorno, habida cuenta de los reprobables hechos que se fueron anotando en la agenda política del país en las últimas semanas. Desde luego, el episodio de Kraft fue el que comenzó a hacer trizas la poca paciencia que Washington le tenía reservada a las autoridades nacionales de la Argentina. El hecho no debió haber superado los ribetes de un vulgar episodio gremial, de no ser porque comienza a corroborarse la sospecha -dentro del círculo diplomático americano- de que el accionar de los piqueteros urbanos que vienen acosando a la filial local del conglomerado de alimentos internacional tuvo un padrino entre las sombras: Néstor Carlos Kirchner, en connivencia con su ideologizado núcleo duro. Situación que merece una aclaración de parte del autor de esta columna, quien originalmente catalogara a la izquierda revolucionaria como el enemigo que el ex presidente no esperaba. A posteriori, el cobarde ataque del que fuera víctima la embajadora designada por Washington en Buenos Aires, Vilma Martínez, en ocasión de una presentación en la Universidad de Cuyo en Mendoza -por parte de militantes izquierdistas- puso al rojo vivo las comunicaciones entre el edificio de Colombia al 4300 y el Departamento de Estado. Martínez se salvó -por escasos centímetros- de recibir un naranjazo que hubiera dado lugar a una fotografía que recorrería el globo. Informes difíciles de confirmar relataron que se, por momentos, se temió por la integridad física de la funcionaria estadounidense. El único análisis que han podido rescatar los encumbrados referentes americanos del cuerpo diplomático, luego de acontecido el triste capítulo, es que las autoridades de la Administración Kirchner no podían dejar de prever el riesgo que correría la embajadora. Relevamiento que hace imposible presuponer que la inteligencia previa de los militantes pueda ser superior a aquella que regentea el Estado Nacional. En este sentido, cualquier decalaración de repudio que provenga de las oficinas del Ministro Aníbal Fernández -responsable de Justicia pero titiritero indiscutible de las áreas más sensibles de Interior- supera la credibilidad y arriba sin escalas al terreno de lo hilarante. Finalmente, la violenta agresión descargada en Jujuy en perjuicio de la figura del radicalismo, Gerardo Morales, viene a constituir la cereza del postre en este explosivo cóctel de violencia política. Pues, a fin de cuentas, puede afirmarse sin temor a error que, en la Argentina, el gobierno no solo invierte valioso tiempo en apalear opositores: ahora también pone en la mira a diplomáticos extranjeros. La agresión verbal ejecutada por la Presidente Cristina Fernández Wilhelm contra el presidente del pequeño estado de Guinea Ecuatorial de hace un par de años, termina recordando a viejos tiempos en que el clima político no era tan malo. Los Kirchner ahora avanzan atrevidamente hacia terrenos desconocidos por cualquier nación medianamente civilizada. ¿Tanta agua ha corrido bajo el puente en un país que, en los noventa, vitoreaba y recibía con papel picado y serpentinas al ex presidente norteamericano George Bush Sr. en su desfile por Avenida Santa Fe? La respuesta es obvia. Y Hugo Chávez Frías -el presidente venezolano- ha sido, tal vez, el factor más decisivo a la hora de intentar explicar el retroceso que ha tenido lugar en ciertas naciones del orbe sudamericano. El dinero del oro negro de la violenta nación caribeña ha colaborado en gran parte para subvertir todo lo democrático y occidental -en el uso dado por Samuel Huntington al término- que le quedaba a la región. Dinero que -a fin de cuentas- incluso ha terminado por insertar en la Argentina problemáticas tan artificiosas como inverosímiles, de la talla del indigenismo y la postración de los "Sin Tierra" frente a los terratenientes. En vano han desfilado por la Argentina un sinfín de líderes del Viejo Continente y de la América del Norte, para intentar explicar a los bárbaros "nativos" que no es una buena idea cortar rutas, calles, avenidas y autopistas ni destruir las instalaciones de una fábrica a los efectos de popularizar un reclamo. Explicación que -de mala gana- al menos han terminado de comprender los referentes del ruralismo más virulento. En la realidad actual del país, finalmente los cortes y piquetes han quedado en mano de piqueteros oficialistas o de encendidas organizaciones sociales cuya oposición al gobierno federal es en extremo sospechosa, resultando por momentos inverosímil. Detrás de escena, pululan misteriosas "manos negras" sin titular pero cuyo ideólogo principal se encuentra cada vez más bajo la lupa. Se vuelve entonces patente la posibilidad de que los argentinos se sitúen bajo el dominio resuelto de un puñado de líderes que solo buscan incendiarlo todo con tal de desviar la atención de los temas importantes. Su logro más reciente ha sido el de forzar al columnista estrella de La Nación, Carlos Pagni, a ocupar todo su tiempo en desmentir el contenido del famoso video apócrifo, en lugar de proseguir con sus escritos que tanto contribuyen a desangrar a los moradores de Balcarce 50. En esta instancia, me gustaría aprovechar para contestarle a cierto periodista amigo del medio, quien recientemente nos dedicó una cálida misiva, pero en la cual también aprovechó para preguntarse si El Ojo Digital no estaba siendo particularmente duro a la hora de analizar el comportamiento de las autoridades... Ahora que el plan oficial le muestra los dientes al periodismo crítico -que viene a constituír la última línea de defensa contra esta suerte de aggiornada neodictadura-, corresponde preguntarse si la obligación del trabajador de prensa es detenerse o contragolpear con información más categórica, con nombre y apellido. En estas horas turbulentas, pareciera ser que los teóricos de la conspiración le han ganado la partida a los reporteros convencionales y los lectores del diario del domingo. La pregunta que rebotará en las conexiones neuronales de un importante número de analistas políticos es si acaso la destrucción sistemática que viene acosando a la Argentina desde hace casi siete años reviste alguna planificación, en aras de otorgarle salvoconducto a un gobierno visiblemente caído en desgracia, o si -paralelamente- existen objetivos encubiertos que persiguen fines todavía más oscuros. Como reiteradamente se dice respecto de situaciones de caos recurrente, las coincidencias difícilmente justifican su existencia. Las agresiones sufridas recientemente por diplomáticos y referentes de la oposición política a Néstor Carlos Kirchner y sus diabólicos planes se circunscriben en el diagrama que los círculos de poder han pergeñado a la hora de configurar la constitución de un nuevo Eje del Mal. El mencionado concepto, al que -junto con construcciones metafóricas como "Nuevo Orden Mundial"- han recurrido George Bush padre e hijo en sus discursos, no debería ser pasado por alto en forma ligera por el lector inteligente de noticias. Abstracción o no, lo concreto es que el rol de la República Argentina en medio de ese englobamiento de naciones malditas que también integran venezolanos, iraníes, bolivianos, ecuatorianos y norcoreanos, ya se ha corroborado. La Administración Kirchner, en sus años de duración, se ha esforzado sobrehumanamente para granjearnos esa mala reputación, con perdón de ese brillante cantautor italiano Gian Franco Pagliaro. Violencia política llevada a extremos increíbles contra opositores y diplomáticos, confiscación de empresas locales y extranjeras, cooptación de medios de prensa opositores, indisimulado hurto en perjuicio de tenedores de bonos de deuda y planes en estudio para gravamiento de la renta financiera constituyen -en conjunto- picantes condimentos que sirven para configurar una apocalíptica receta para el desastre. Tal vez con notable anticipación -sumada a una estoica resignación-, el deshilachado remanente de la clase media se sabe pagadero del pato de la boda, que espera, desafiante, al final del camino. Por Matías Ruiz, para El Ojo Digital Política. E-mail: elojodigital.com -arroba- gmail.com.
Por Matias Ruiz, para El Ojo Digital Internacionales