ECONOMIA Y NEGOCIOS: POR MARCELO D. FERRER, LIC. EN ECONOMIA

Mercados inquietos

Varios son los motivos que mantienen la tensión en los mercados; nos ocuparemos del mercado de títulos y acciones de nuestro país, que a la vez forma parte del racimo de mercados emergentes del mundo. Esta pertenencia hace que el devenir de la economía global incida fuertemente en nuestra plaza. Pero también hay razones de índole interno.

21 de Julio de 2010
La economía global En el plano externo el hecho principal lo constituye el alza del crudo. El mayor precio del crudo empuja los costos de la energía. Ésta incide -en mayor o menor medida- en la composición del costo de todos los bienes y servicios que el mundo produce. El encarecimiento de los bienes contrae el consumo, que a su vez recorta el beneficio de las empresas y sus dividendos; esto afecta la cotización de las acciones. La contracción del consumo a su vez disminuye la recaudación tributaria de los países. Este recorte de presupuestos encadenados desde la micro a la macroeconomía, hasta que se equilibra, requiere de financiamiento. Las mayores necesidades de financiamiento, a la vez, afectan la liquidez, que eleva la tasa de interés. La necesidad de equilibrar las finanzas que tienen las empresas y los países ante la disminución de sus recursos, en parte, se logra a través de la venta de tenencias de títulos valores, o con nuevas emisiones. El exceso de oferta ante una contracción de la demanda por causa de la iliquidez, induce las cotizaciones hacia la baja. Todo ello incide sobre las expectativas de los pequeños y medianos inversores (ahorristas), que venden sus títulos y acciones buscando resguardo en las mayores tasas. Este proceso no es espontáneo; y aún en su simplicidad, no siempre es predecible en profundidad. Agreguemos complejidad al esquema La mayor economía del mundo no goza de buena salud. Altos déficit presupuestarios con la consiguiente necesidad de ser financiados; sumado a ello una inflación con complementos adicionales al alza del crudo, vienen induciendo desde 2004 el alza de la tasa de interés. Ya en los ochenta, ante una coyuntura mundial similar -alza del crudo y déficit-, la ortodoxia americana impulsó el alza de la tasa de interés; no olvidemos que la mayor economía del mundo es también la mayor prestamista. Subir la tasa de interés retrae el consumo e induce el ahorro; esto a su vez morigera la presión inflacionaria y financia el presupuesto. Aunque todo tiene un límite. Tampoco hay que subir tanto la tasa como para que la retracción del consumo afecte la recaudación tributaria y la consecuencia sea una recesión. De cierto hay que en los ochenta, por causa de la carestía del financiamiento, las deudas de los países emergentes se triplicaron; pero, en contra partida, EE.UU. pudo superar su crisis al punto de que la era Clinton exhibió presupuestos superavitarios. El aumento de la tasa de interés de por sí, genera expectativas de desaceleración económica (retracción). Sumado a ello el alza del crudo, el efecto sobre el consumo se vé acentuado y, consiguientemente, todo el esquema posterior también. Siempre China Acostumbre su oído a escuchar la palabra: China. Este país es una aspiradora de inversiones y productos básicos de exportación. Es a su vez una amenaza a mediano plazo para la economía global y, especialmente, para EE.UU.. El dumping monetario chino -sub valuación del Yuan- es más poderoso que las trabas comerciales o la negación de conferirle a los chinos el estatus de "economía de mercado"; igual invaden el mundo con sus productos. Una forma de frenar su expansión es frenar las inversiones dirigidas allí. Por supuesto que es una utopía esperar que nada de inversión se dirija a China, el capital es ciudadano del mundo; pero todo ayuda a ganar lo más importante: tiempo. Hay cierta justificación del alza de la tasa de interés y de la desvalorización del dólar en esto. Nada agrego sobre la situación en oriente con la reciente amenaza de Irán a Israel. Es prematura, aún para los mercados, esta situación, aunque habrá que tenerla en cuenta. De hecho la situación en Irak es parte del esquema descripto: ya por su incidencia en el aumento del petróleo, como por el sobre gasto que le genera a EE.UU. y a otros países involucrados. Como sea, las señales que emanan desde el exterior inducen a la cautela, al resguardo, a realizar ganancias, a disminuir la exposición al riesgo. En nuestro país Argentina no tiene solucionado sus problemas de financiamiento. Esto es: el superávit primario no alcanza para cubrir por completo el servicio y la amortización de la deuda. Esto la obliga a interactuar con un mercado financiero con quién no mantiene buenas relaciones. La torpe pero ventajosa negociación de la deuda, el remanente que persiste en default y la pelea ideológica con el F.M.I., complican la colocación de títulos o, cuando menos, la encarecen. Esto se agrava ante las expectativas de una menor liquidez. A su vez la salud de la economía Argentina está en cuestión. La inflación es señal de desequilibrios; quizá, la más evidente de las señales. El superávit primario se sustenta en impuestos distorsivos no perdurables o sometidos a arbitrajes; las retenciones a la exportación, por ejemplo. Este recurso depende tanto de un dólar sobre valuado, como del buen humor de los chinos o los intereses del "club de Chicago". Sin este recurso peligraría el superávit fiscal, y por qué no decirlo, la estabilidad social. Hay fragilidad en este punto. Otra señal es el cómo viene renovando el Banco Central sus instrumentos de contracción monetaria -Lebac y Nobac-; acortamientos de plazo y subas en la tasa de interés no son buenos presagios. Esto sería tema para un artículo en particular. En otro orden, la actitud y el discurso gubernamental no contribuyen a la racionalidad, y se duda. El gasto público; sobre todo el comprometido en la campaña electoral, merece un replanteo. La duda consiste en saber si el gobierno está dispuesto a pagar algún costo político, o permanecerá ausente de los despachos. Todo esto, que no ignoran los mercados, que hasta hace unos meses era disimulado por la bonanza internacional, ante el cambio de las expectativas, ocupa ahora un primer plano. Lo que hay que hacer va más allá del resultado electoral porque no depende del poder si no de la voluntad, y se duda de que el gobierno gire su política a la adopción de medidas impopulares. Hay un cuello de botella en la producción, que ante la falta de inversiones, amenaza con estancar el crecimiento. El gobierno reaccionó tarde ante la falta de inversiones y muchos creen, que de obtenerse logros aún en el cortísimo plazo, igual llegarían tarde para suplir el cambio de humor de los mercados internacionales. En lo político, hay dudas también sobre la continuidad de Lavagna. Es claro que el devenir no es sencillo y se piensa que el ministro está proclive a abandonar el barco. La sobre actuación de mimos que le prodigó el presidente hacen pensar que se está cuidando muy bien de no darle argumentos. En general se percibe que hay inconciencia política y cierta creencia a la invulnerabilidad a tenor de la falta de previsiones; muy parecida en alguna medida a la existente en la antesala de 2001. En síntesis, todo apunta a un menor crecimiento por causa de las necesarias contracciones presupuestarias que habrá que encarar... y las dudas; sin mencionar el agravante de que la economía entre en crisis. Usted ya sabe: contracciones presupuestarias, menor consumo, menores ganancias y dividendos, etc. etc.
Lic. Marcelo D. Ferrer