Olivos II: el Pacto que restaurará el bipartidismo
El domingo 14 de noviembre de 1993, el presidente Carlos Saúl Menem y el líder de la oposición, Raúl Ricardo Alfonsín...
El domingo 14 de noviembre de 1993, el presidente Carlos Saúl Menem y el líder de la oposición, Raúl Ricardo Alfonsín, se mostraron exultantes tras la rúbrica de un acuerdo con miras a reformar la Constitución que regía desde 1853, con interrupciones y crisis de toda laya. Cada uno de los firmantes contabilizaba buenas razones para celebrar: Menem buscaba la reelección inmediata que le impedía la Carta Magna, mientras que Alfonsín preparaba una jugada maestra cuyos frutos habrían de madurar cinco años después de que la Asamblea Constituyente aprobara los cambios en 1994.

Estimulado por el triunfo en las legislativas cuarenta y dos días antes de la firma del acuerdo, Menem esperó confiado en la reelección que le aseguraría cuatro años adicionales de gobierno.
Pero el precio pagado sería en una moneda cuyo valor crecería usurariamente.
El tercer senador por la minoría, la elección directa del Jefe de Gobierno de una Buenos Aires ahora autónoma, la modificación en el método de designación de jueces, y la crucial adopción del sistema de balotaje habrían de cambiar, en algunos años, el destino del Movimiento justicialista.
Ahora, MiIei
La apertura de la economía a la competencia internacional y un proceso gradual pero firme de endeudamiento con las organizaciones mundiales de crédito garantizaron una equivalencia peso/dólar inédita en la historia reciente argentina. El 14 de mayo de 1995, Menem se aseguraba cuatro años más en el gobierno, venciendo cómodamente a una escisión del justicialismo denominada FREPASO. Por primera vez desde 1916, el radicalismo no figuraba entre las dos opciones más votadas y el esquema bipartidista vigente desde 1946 parecía liquidado. Cuatro años más tarde, sin embargo, el electorado desilusionado eligirá la fórmula UCR-FREPASO, experimento que estallará el 20 de diciembre de 2001, en las puertas de un proceso de disolución nacional sin antecedentes inmediatos.
Milei repite una fórmula ensayada más de una vez: anclar el tipo de cambio y abrir importaciones, casi indiscriminadamente. El triunfo en los comicios de octubre de 2025 parece ser leído en la Casa Rosada con la misma entonación menemista: la estabilidad gana elecciones, y los casos de corrupción administrativa son tolerados por el electorado, como un precio accesible para conseguirla. Menem había dado inicio a su gestión con una inflación anual del tres mil por ciento (78 % mensual en mayo de 1989) y, dos años después -Plan de Convertibilidad mediante- había sido reducida al 4,75 anual. Milei, por su parte, ha cerrado el 2025 con algo más del 30 y proyecta para el corriente año un 10.
Desde ya que un asunto insoslayable es la discusión de la validez científica del método empleado por el INDEC para realizar la medición, aunque el empleo regular hasta aquí de un sistema uniforme da una idea aproximada de la evolución del índice. Mientras tanto, el plan mileista requerirá una severidad creciente en términos de equilibrio fiscal -ya que, a la fecha, acumula ocho meses de índices crecientes. Con todo, no se vislumbra una erosión importante del apoyo del electorado en el corto plazo.
El Pacto de Olivos le permitió al radicalismo acceder a bancas de un senado históricamente controlado por justicialistas; claro que al costo institucional de convertir a la Cámara Baja en una cuasi-cámara de diputados. Con Buenos Aires autónoma, se creó una virtual provincia generalmente refractaria a las fórmulas justicialistas. Con el paso del tiempo, el balotaje se transformó en una instancia de concentración de las fuerzas antiperonistas, en particular en procesos legislativos, donde esos ecosistemas obtuvieron triunfos en 2009, 2017, 2021, y 2025. El peronismo se enfrenta a un dilema de hierro: negociar con MIlei una reforma hecha a su medida, a cambio de la supresión del balotaje -o prepararse para un futuro incierto. A su vez, el Presidente interpreta que, si consolida una gestión de diez años, los cambios estructurales habrán de consolidarse de manera tal que será virtualmente imposible se produzca un regreso al 'populismo'.
El mileísmo se imagina como una fuerza ascendente y, por lo tanto, debe elegir un interlocutor confiable, un adversario que integre el sistema y disponga de historia -una revalidación de títulos frente al peronismo legitimará la victoria, y la hará sustentable en el tiempo.
El bipartidismo, con un cambio de roles notable en las fuerzas confrontadas, se prepara para un nuevo ciclo histórico. La confirmación de un giro del electorado hacia el liberal-conservadurismo altera la mesa de arena en la que se definen las estrategias.
De profesión Abogado, Sergio Julio Nerguizian oficia de colaborador en El Ojo Digital (Argentina) y otros medios del país. En su rol de columnista en la sección Política, explora la historia de las ideologías en la Argentina y el eventual fracaso de éstas. Sus columnas pueden accederse en éste link.