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Fallos en los sistemas de defensa aérea venezolanos: lecciones de 'Absolute Resolve'

Este 3 de enero de 2026, las fuerzas armadas de los Estados Unidos ejecutaron una audaz operación militar ...

06 de Enero de 2026

 

Este 3 de enero de 2026, las fuerzas armadas de los Estados Unidos ejecutaron una audaz operación militar en Caracas, Venezuela -bautizada como Operation Absolute Resolve.

Radares chinos en Venezuela, Caribe, Seguridad internacional, Absolute Resolve
La incursión -como ya se sabe- derivó en la captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. De menos de tres horas de duración, el operativo involucró ataques aéreos precisos, episodios de guerra electrónica e inserción de fuerzas especiales, al tiempo que expuso graves deficiencias en los sistemas de defensa aérea venezolanos.

De acuerdo a informes de fuentes abiertas (OSINT), los sistemas de origen ruso y chino -en los que Venezuela invirtió miles de millones de dólares-, fracasaron a la hora de proporcionar alerta temprana, o una respuesta efectiva ante la incursión de aeronaves americanas. 

En rigor, la defensa aérea venezolana se basa en un enfoque estratificado (multilayer), diseñado para la detección y eventual neutralización de amenazas aéreas en diferentes etapas. Sin embargo, durante el operativo estadounidense, las aeronaves -entre las que se contabilizaron F-35s y helicópteros de operaciones especiales-, operaron con aparente impunidad. En efecto, las fuentes sugieren que la magnitud de la sorpresa y la superioridad tecnológica estadounidense fueron críticas, pero también revelan debilidades inherentes a los sistemas venezolanos.


Sistemas de Defensa Aérea de la 'República Bolivariana'

Venezuela ha invertido tiempo y esfuerzos en la modernización de su defensa aérea, desde la era de Hugo Chávez Frías, tras adquirir equipo y material oriundo de la Federación Rusa y de la República Popular China, a efectos de contrarrestar posibles amenazas estadounidenses. Los componentes destacados de ese ecosistema incluyeron sistemas rusos (S-300VM 'Antey-2500', un sistema de misiles tierra-aire de largo alcance, con capacidad para interceptar aeronaves, misiles balísticos y misiles crucero a distancias de hasta 250 km). Venezuela cuenta al menos dos baterías de esta clase, complementadas con sistemas de mediano alcance Buk-M2 y de corto alcance, Igla-S. En la práctica, ambos se integran en el Comando de la Defensa Aeroespacial Integral (CODAI).

El ecosistema defensivo bolivariano también incorporaba variantes Made in China: como ser radares JY-27A, promocionados como 'stealth hunters' y capaces de operar en bandas VHF (Very High Frequency) que explotan efectos de resonancia en aviones de baja observabilidad como los F-22s y F-35s. En tal virtud, los tomadores de decisión en Miraflores se inclinaron por la instalación de al menos siete de estas unidades, desde el mes de septiembre de 2025. El objetivo: consolidar un modelo de integración, con el fin de optimizar la detección temprana bajo criterios de redundancia. Estos radares se complementan con otros, también de origen chino, para comando y control.

En teoría, esta combinación estaba llamada a proporcionar una robusta red de alerta temprana y respuesta. Sin embargo, informes Open Source han revelado que, al momento de ejecutarse la operación americana, ninguno de estos sistemas detectó ni fijó sus capacidades efectivamente en las fuerzas del adversario. A consecuencia de este fallo preventivo, aeronaves estadounidenses como los EA-18G Growlers y los F-35 lograron neutralizar sitios clave en cuestión de minutos.


Detalles de la Operation Absolute Resolve

La operación dio inicio con disrupciones cibernéticas y electrónicas que provocaron importantes apagones en variopintos cuadrantes de Caracas, afectando a los sistemas de observación militar. Aviones de guerra electrónica estadounidenses ejecutaron maniobras de supresión de radares y comunicaciones venezolanas, mientras que ataques de precisión con misiles destruyeron baterías de sistemas S-300 y estaciones de radar. Por su parte, los helicópteros que transportaban a los activos Delta Force, respaldados por fuego de supresión, aterrizaron en Fuerte Tiuna sin que se registrara una oposición aérea significativa. Solo un avión estadounidense fue dañado por fuego discrecional -aunque se informó que pudo continuar su vuelo.

Información complementaria originada en medios de comunicación especializados destacaron que la recopilación de información de inteligencia en tiempo real -terciando la participación de UAVs RQ-170 para tareas de mapeo- permitió a las fuerzas estadounidenses evadir cualquier esfuerzo de detección. A la postre, resultó evidente que el operativo desnudó la fragilidad de las defensas caribeñas, consolidando su supremacía en el espectro electromagnético.


Evaluación de posibles fallos

En tal contexto, la superposición de múltiples factores explica el colapso de los sistemas venezolanos; entre ellos, deben destacarse:

Supresión electrónica y guerra electrónica. Las fuerzas estadounidenses recurrieron al despliegue de plataformas EA-18G Growlers para acciones de bloqueo de señales (jamming) y para alimentación de sistemas del adversario vía spoofing, neutralizando en el terreno la capacidad operacional de radares JY-27 y S-300. Estos componentes, al emitir potentes señales para la detección de aeronaves furtivas, se convierten en blancos fáciles para vectores anti-radiación. Numerosos informes han consignado que los modelos JY-27 fallaron en la detección de los F-35 aún a corta distancia, probablemente, por ejecutar los pilotos americanos tácticas para minimizar las chances de intercepción y por haber recurrido al despliegue de señuelos.

Problemas de integración y mantenimiento. El mix de sistemas rusos y chinos podría haber dado lugar a una replicación de incompatibilidades en las secuencias de comando y control. En este apartado, algunas fuentes han sugerido la frugalidad de tareas de integración con IA para fusión de datos, agravado el concierto por la implementación de sanciones que limitaron la provisión de repuestos y acciones de mantenimiento.

Deficiencias operativas y humanas. Entendidos en el proscenio OSINT han destacado que, pese a que las acciones de detección eran posibles, no se definió el lanzamiento de misiles -posiblemente por temor a una escalada o a órdenes de la cadena de mando para impedir su disparo. Otras fuentes han señalado como factores a la incompetencia generalizada de los responsables de las terminales defensivas, y a un escaso entrenamiento de sus integrantes.

Limitación técnica. En el caso de los JY-27, pese al promocionado empeño de marketing, los desarrollos han certificado la vulnerabilidad de esas unidades frente a acciones avanzadas de jamming. El S-300VM, de remarcable efectividad en teatros de operaciones convencionales o simétricos, acusa demoras insalvables al producirse ataques desde diferentes dominios. 'Absolute Resolve' probó que la superioridad en el acopio de inteligencia en tiempo real y la velocidad operativa pueden imponerse a la funcionalidad de hardware aislado.

Elemento Sorpresa y ataques cibernéticos. La ocurrencia de apagones iniciales provocaron disrupción en las maniobras de coordinación defensiva, probablemente debido a la intervención de ciberintrusiones. Durante esta fase, UAVs furtivos mapearon las defensas semanas antes de ejecutarse el operativo, habilitando la materialización de ataques de precisión quirúrgica.