Captura de Maduro: turbulencia en los mercados del petróleo, con matices
La captura de Nicolás Maduro por cuenta de fuerzas especiales estadounidenses el 3 de enero de 2026...
05 de Enero de 2026
La captura de Nicolás Maduro por cuenta de fuerzas especiales estadounidenses el 3 de enero de 2026 representa un punto de inflexión en la geopolítica latinoamericana y, por extensión, en el panorama energético mundial.

El operativo de referencia no solo culminó con la detención del líder político venezolano bajo cargos de narcoterrorismo, sino que también abrió la puerta a una posible reestructuración del sector energético venezolano, ahora bajo influencia estadounidense.
Venezuela, poseedora de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo -estimadas en más de 300 mil millones de barriles-, supo presentarse durante años como un factor de inestabilidad en los mercados energéticos, en razón de su producción mermada por sanciones, corrupción y ausencia de inversiones. La intervención de los Estados Unidos, anunciada por el presidente Donald Trump como un paso hacia la 'reconstrucción' de la infraestructura energética del país, allana el camino para alteraciones en el equilibrio global de oferta y demanda de crudo.
Inmediatamente después de la captura, los mercados financieros reaccionaron con volatilidad. Los futuros del petróleo crudo experimentaron oscilaciones de magnitud, reflejando la incertidumbre inicial sobre eventuales disrupciones en la cadena de suministro.
El West Texas Intermediate (WTI), benchmark estadounidense por excelencia, cerró con una ligera caída del 0.51%, cotizando alrededor de los US$ 57.03 por barril, mientras que el Brent -referente internacional- retornó un incremento del 0.81%, alcanzando los US$ 61.24.
Esta divergencia inicial se atribuye a factores como el temor a interrupciones temporales en las exportaciones venezolanas, que actualmente se sitúan en la periferia del millón de barriles diarios, y la expectativa de un aumento en la producción a mediano plazo bajo control norteamericano. Inversionistas y expertos del sector interpretaron el evento como un clásico 'sell the news', donde el alivio legado por remoción de un régimen inestable superó los riesgos inmediatos; esto condujo a una veloz estabilización, pero con picos de volatilidad intradiarios.
En el corto plazo, las consecuencias se centran en un aumento del premio por riesgo geopolítico. En tal escenario, analistas han coincidido en que la captura podría generar un pico temporal en los precios del crudo, dada la incertidumbre política en Venezuela. Si el vacío de poder derivare en la ocurrencia de conflictos domésticos o en protestas masivas, las exportaciones podrían reducirse aún más, exacerbando ello la tensión en un mercado ya afectado por sanciones previas y por el bloqueo naval de facto incurrido por activos navales estadounidenses.En efecto, ello impactaría de manera directa en instrumentos tales como los contratos de futuros en las bolsas de Nueva York (NYMEX) y Londres (ICE), donde nerviosos traders podrían agregar un sobreprecio de entre 2 y 5 dólares por barril como medida preventiva.
Adicionalmente, la reacción en los mercados de derivados, como opciones y swaps petroleros, exhibiría un aumento en la volatilidad implícita, mensurada por el índice OVX (similar al VIX para el petróleo), potencialmente elevándose por encima de los 40 puntos en las horas posteriores al anuncio.
Las naciones dependientes de las importaciones venezolanas, como Cuba y la República Popular China, enfrentarían presiones inmediatas, con posibles incrementos en sus costos energéticos -los cuales se propagarían hacia sus economías. En el mediano plazo, el foco se desplazaría hacia la potencial reintegración de Venezuela en el mercado global del crudo.
Bajo el escenario delineado por Trump, donde compañías estadounidenses como Chevron, ExxonMobil y ConocoPhillips podrían recuperar activos expropiados y invertir miles de millones de dólares en infraestructura deteriorada, la producción venezolana podría incrementarse en hasta un millón de barriles adicionales por día en un horizonte consensuado de entre dos y tres años. Ciertamente, este proscenio consignaría un flujo de crudo pesado, idóneo para su procesamiento en refinerías en la Costa del Golfo de los EE.UU., compitiendo directamente con exportaciones canadienses como el Western Canadian Select (WCS).
Como resultado, los precios del crudo podrían enfrentar una presión bajista, con proyecciones de que el WTI se estabilice en los US$ 50 por barril, si la oferta global excediere a la demanda en 3.8 millones de barriles diarios, conforme lo anticipara la Agencia Internacional de Energía (AIE) para 2026.
Instrumentos financieros como los ETF vinculados al petróleo -es el caso del United States Oil Fund (USO) o del ProShares Ultra Bloomberg Crude Oil (UCO)-, éstos verían sus cotizaciones ajustarse hacia la baja, reflejando entonces un mercado en sobreoferta. En contrapartida, el ETF de compañías energéticas como el Energy Select Sector SPDR Fund (XLE) podrían beneficiarse de ganancias en márgenes de refinación y exploración.
Las acciones de empresas petroleras estadounidenses han sido las grandes ganadoras iniciales. Tras el anuncio, las cotizaciones de Chevron (CVX) y ExxonMobil (XOM) se anotaron incrementos de más del 4%, impulsados por la perspectiva de acceso a reservas venezolanas -valuadas en billones de dólares (trillions, en inglés). Otras compañías de servicios petroleros, como Baker Hughes y Valero, experimentaron saltos similares, contribuyendo a un rally de magnitud en el Dow Jones Industrial Average, que alcanzó un nuevo máximo intradiario con un avance de 500 puntos.
Este entusiasmo se basa en la expectativa de que la Doctrina Trump -para algunos, una versión aggiornada de la Doctrina Monroe- facilite contratos favorables para las organizaciones mencionadas, lubricando positivamente sus balances y estructuración de dividendos. No obstante, no todas las reacciones han sido positivas; acciones de productores canadienses podrían acusar un impacto negativo, en razón de que el aumento en la oferta venezolana estrecharía los diferenciales de precios para crudos pesados, afectando a empresas como Suncor Energy o Canadian Natural Resources.
En el ámbito de los bonos y otros instrumentos de deuda vinculados al petróleo, la captura de Maduro ha provocado una disparada en los bonos venezolanos soberanos, con rendimientos cayendo ante la esperanza de una reestructuración bajo un gobierno pro-occidental. Los inversionistas de performance especulativa, por su parte, han impulsado los precios de estos bonos, anticipando pagos pendientes por US$ 19 mil millones en préstamos chinos con petróleo como collateral.
Por otro lado, bonos corporativos de compañías energéticas globales, como los emitidos por Petrobras o Rosneft, podrían ver incrementos en sus spreads crediticios, si la inestabilidad se propagare hacia otros productores OPEP+.
En el mercado de divisas, el dólar estadounidense (DXY) ha ganado terreno como activo refugio, presionando a la baja monedas emergentes y afectando indirectamente los costos de importación de petróleo en economías no dolarizadas.
Desde una perspectiva global, el operativo altera la dinámica de la OPEP+ y las alianzas energéticas. Aunque Venezuela produce menos del 1% del suministro mundial actual, desempeña el rol de 'comodín' en las proyecciones de la AIE, dado potencial no explotado. Un incremento en su output podría forzar a la OPEP+ -incluyendo a Rusia y Arabia Saudita- a pausar incrementos planeados en la oferta, como el ya anunciado para el primer trimestre de 2026, para evitar un glut récord. Bajo este escenario, se registrarían beneficios para consumidores netos como los Estados Unidos de América y la UE, con una reducción de las presiones inflacionarias y con el resultado fungiendo como un estímulo económico implícito.
Con todo, para exportadores como la Federación Rusa, cuya economía depende en gran medida de los ingresos petroleros para financiar conflictos como el en Ucrania, un precio más bajo del crudo representaría un golpe significativo, potencialmente debilitando su postura geopolítica. La República Popular China, en su rol de principal acreedor de Venezuela, habrá de lidiar con riesgos sustanciales.
En rigor, la aprehensión de Nicolás Maduro pone en jaque US$ 19 mil millones en préstamos, y una reorientación de las exportaciones hacia los EE.UU. podría elevar los costos de importación de crudo agrio para las refinerías chinas, impactando en la balanza comercial de Pekín. Análogamente, Cuba, dependiente de subsidios venezolanos en petróleo, podría sufrir un proceso de aguda escasez energética, empujando a la economía de la isla hacia una crisis terminal.
En contraste, Guyana -nación vecina de Venezuela y que mantiene disputas territoriales previas- ve reducido su riesgo geopolítico, consolidando el interés de ExxonMobil y Chevron en sus propios campos offshore, lo que podría agregar más oferta al mercado atlántico.
Los mercados de criptomonedas y activos de riesgo también sienten el impacto indirecto. Con precios del petróleo más bajos a largo plazo, la inflación global se modera, permitiendo a la Reserva Federal mayor flexibilidad para recortes de tasas, lo que a su vez impulsa el atractivo en activos de riesgo como acciones tecnológicas y criptoactivos.
Bitcoin, a título de ejemplo, ha avanzado ligeramente, interpretando el evento como un catalizador para flujos de liquidez. De todas maneras, si la volatilidad se volviese crónica, activos que son sinónimo de refugio (caso: oro) podrían mantener ganancias marginales, con el índice GLD subiendo en respuesta inicial.
En el epílogo, la captura de Maduro se traduce como un factor transformador en el mercado energético global, con implicancias que van desde volatilidad inmediata hasta una posible sobreoferta en un concierto largoplacista. Mientras los instrumentos financieros vinculados al petróleo -futuros, acciones, ETF y bonos- navegan en medio de la incertidumbre, el equilibrio final dependerá de la estabilidad política en Venezuela y de la respuesta internacional.
Si se materializare un incremento sostenido en la producción, los precios podrían estabilizarse en niveles bajos, beneficiando a economías consumidoras, pero ejercitando presión sobre productores tradicionales. Este evento subraya el modo en que la geopolítica es un jugador decisivo en los mercados energéticos, recordándole al público general y a los analistas los evidentes vínculos entre poder político y el ecosistema financiero.
Con información de CNBC, Fox Business, Reuters, Forbes y Yahoo Finance.

El operativo de referencia no solo culminó con la detención del líder político venezolano bajo cargos de narcoterrorismo, sino que también abrió la puerta a una posible reestructuración del sector energético venezolano, ahora bajo influencia estadounidense.
Venezuela, poseedora de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo -estimadas en más de 300 mil millones de barriles-, supo presentarse durante años como un factor de inestabilidad en los mercados energéticos, en razón de su producción mermada por sanciones, corrupción y ausencia de inversiones. La intervención de los Estados Unidos, anunciada por el presidente Donald Trump como un paso hacia la 'reconstrucción' de la infraestructura energética del país, allana el camino para alteraciones en el equilibrio global de oferta y demanda de crudo.
Inmediatamente después de la captura, los mercados financieros reaccionaron con volatilidad. Los futuros del petróleo crudo experimentaron oscilaciones de magnitud, reflejando la incertidumbre inicial sobre eventuales disrupciones en la cadena de suministro.
El West Texas Intermediate (WTI), benchmark estadounidense por excelencia, cerró con una ligera caída del 0.51%, cotizando alrededor de los US$ 57.03 por barril, mientras que el Brent -referente internacional- retornó un incremento del 0.81%, alcanzando los US$ 61.24.
Esta divergencia inicial se atribuye a factores como el temor a interrupciones temporales en las exportaciones venezolanas, que actualmente se sitúan en la periferia del millón de barriles diarios, y la expectativa de un aumento en la producción a mediano plazo bajo control norteamericano. Inversionistas y expertos del sector interpretaron el evento como un clásico 'sell the news', donde el alivio legado por remoción de un régimen inestable superó los riesgos inmediatos; esto condujo a una veloz estabilización, pero con picos de volatilidad intradiarios.
En el corto plazo, las consecuencias se centran en un aumento del premio por riesgo geopolítico. En tal escenario, analistas han coincidido en que la captura podría generar un pico temporal en los precios del crudo, dada la incertidumbre política en Venezuela. Si el vacío de poder derivare en la ocurrencia de conflictos domésticos o en protestas masivas, las exportaciones podrían reducirse aún más, exacerbando ello la tensión en un mercado ya afectado por sanciones previas y por el bloqueo naval de facto incurrido por activos navales estadounidenses.En efecto, ello impactaría de manera directa en instrumentos tales como los contratos de futuros en las bolsas de Nueva York (NYMEX) y Londres (ICE), donde nerviosos traders podrían agregar un sobreprecio de entre 2 y 5 dólares por barril como medida preventiva.
Adicionalmente, la reacción en los mercados de derivados, como opciones y swaps petroleros, exhibiría un aumento en la volatilidad implícita, mensurada por el índice OVX (similar al VIX para el petróleo), potencialmente elevándose por encima de los 40 puntos en las horas posteriores al anuncio.
Las naciones dependientes de las importaciones venezolanas, como Cuba y la República Popular China, enfrentarían presiones inmediatas, con posibles incrementos en sus costos energéticos -los cuales se propagarían hacia sus economías. En el mediano plazo, el foco se desplazaría hacia la potencial reintegración de Venezuela en el mercado global del crudo.
Bajo el escenario delineado por Trump, donde compañías estadounidenses como Chevron, ExxonMobil y ConocoPhillips podrían recuperar activos expropiados y invertir miles de millones de dólares en infraestructura deteriorada, la producción venezolana podría incrementarse en hasta un millón de barriles adicionales por día en un horizonte consensuado de entre dos y tres años. Ciertamente, este proscenio consignaría un flujo de crudo pesado, idóneo para su procesamiento en refinerías en la Costa del Golfo de los EE.UU., compitiendo directamente con exportaciones canadienses como el Western Canadian Select (WCS).
Como resultado, los precios del crudo podrían enfrentar una presión bajista, con proyecciones de que el WTI se estabilice en los US$ 50 por barril, si la oferta global excediere a la demanda en 3.8 millones de barriles diarios, conforme lo anticipara la Agencia Internacional de Energía (AIE) para 2026.
Instrumentos financieros como los ETF vinculados al petróleo -es el caso del United States Oil Fund (USO) o del ProShares Ultra Bloomberg Crude Oil (UCO)-, éstos verían sus cotizaciones ajustarse hacia la baja, reflejando entonces un mercado en sobreoferta. En contrapartida, el ETF de compañías energéticas como el Energy Select Sector SPDR Fund (XLE) podrían beneficiarse de ganancias en márgenes de refinación y exploración.
Las acciones de empresas petroleras estadounidenses han sido las grandes ganadoras iniciales. Tras el anuncio, las cotizaciones de Chevron (CVX) y ExxonMobil (XOM) se anotaron incrementos de más del 4%, impulsados por la perspectiva de acceso a reservas venezolanas -valuadas en billones de dólares (trillions, en inglés). Otras compañías de servicios petroleros, como Baker Hughes y Valero, experimentaron saltos similares, contribuyendo a un rally de magnitud en el Dow Jones Industrial Average, que alcanzó un nuevo máximo intradiario con un avance de 500 puntos.
Este entusiasmo se basa en la expectativa de que la Doctrina Trump -para algunos, una versión aggiornada de la Doctrina Monroe- facilite contratos favorables para las organizaciones mencionadas, lubricando positivamente sus balances y estructuración de dividendos. No obstante, no todas las reacciones han sido positivas; acciones de productores canadienses podrían acusar un impacto negativo, en razón de que el aumento en la oferta venezolana estrecharía los diferenciales de precios para crudos pesados, afectando a empresas como Suncor Energy o Canadian Natural Resources.
En el ámbito de los bonos y otros instrumentos de deuda vinculados al petróleo, la captura de Maduro ha provocado una disparada en los bonos venezolanos soberanos, con rendimientos cayendo ante la esperanza de una reestructuración bajo un gobierno pro-occidental. Los inversionistas de performance especulativa, por su parte, han impulsado los precios de estos bonos, anticipando pagos pendientes por US$ 19 mil millones en préstamos chinos con petróleo como collateral.
Por otro lado, bonos corporativos de compañías energéticas globales, como los emitidos por Petrobras o Rosneft, podrían ver incrementos en sus spreads crediticios, si la inestabilidad se propagare hacia otros productores OPEP+.
En el mercado de divisas, el dólar estadounidense (DXY) ha ganado terreno como activo refugio, presionando a la baja monedas emergentes y afectando indirectamente los costos de importación de petróleo en economías no dolarizadas.
Desde una perspectiva global, el operativo altera la dinámica de la OPEP+ y las alianzas energéticas. Aunque Venezuela produce menos del 1% del suministro mundial actual, desempeña el rol de 'comodín' en las proyecciones de la AIE, dado potencial no explotado. Un incremento en su output podría forzar a la OPEP+ -incluyendo a Rusia y Arabia Saudita- a pausar incrementos planeados en la oferta, como el ya anunciado para el primer trimestre de 2026, para evitar un glut récord. Bajo este escenario, se registrarían beneficios para consumidores netos como los Estados Unidos de América y la UE, con una reducción de las presiones inflacionarias y con el resultado fungiendo como un estímulo económico implícito.
Con todo, para exportadores como la Federación Rusa, cuya economía depende en gran medida de los ingresos petroleros para financiar conflictos como el en Ucrania, un precio más bajo del crudo representaría un golpe significativo, potencialmente debilitando su postura geopolítica. La República Popular China, en su rol de principal acreedor de Venezuela, habrá de lidiar con riesgos sustanciales.
En rigor, la aprehensión de Nicolás Maduro pone en jaque US$ 19 mil millones en préstamos, y una reorientación de las exportaciones hacia los EE.UU. podría elevar los costos de importación de crudo agrio para las refinerías chinas, impactando en la balanza comercial de Pekín. Análogamente, Cuba, dependiente de subsidios venezolanos en petróleo, podría sufrir un proceso de aguda escasez energética, empujando a la economía de la isla hacia una crisis terminal.
En contraste, Guyana -nación vecina de Venezuela y que mantiene disputas territoriales previas- ve reducido su riesgo geopolítico, consolidando el interés de ExxonMobil y Chevron en sus propios campos offshore, lo que podría agregar más oferta al mercado atlántico.
Los mercados de criptomonedas y activos de riesgo también sienten el impacto indirecto. Con precios del petróleo más bajos a largo plazo, la inflación global se modera, permitiendo a la Reserva Federal mayor flexibilidad para recortes de tasas, lo que a su vez impulsa el atractivo en activos de riesgo como acciones tecnológicas y criptoactivos.
Bitcoin, a título de ejemplo, ha avanzado ligeramente, interpretando el evento como un catalizador para flujos de liquidez. De todas maneras, si la volatilidad se volviese crónica, activos que son sinónimo de refugio (caso: oro) podrían mantener ganancias marginales, con el índice GLD subiendo en respuesta inicial.
En el epílogo, la captura de Maduro se traduce como un factor transformador en el mercado energético global, con implicancias que van desde volatilidad inmediata hasta una posible sobreoferta en un concierto largoplacista. Mientras los instrumentos financieros vinculados al petróleo -futuros, acciones, ETF y bonos- navegan en medio de la incertidumbre, el equilibrio final dependerá de la estabilidad política en Venezuela y de la respuesta internacional.
Si se materializare un incremento sostenido en la producción, los precios podrían estabilizarse en niveles bajos, beneficiando a economías consumidoras, pero ejercitando presión sobre productores tradicionales. Este evento subraya el modo en que la geopolítica es un jugador decisivo en los mercados energéticos, recordándole al público general y a los analistas los evidentes vínculos entre poder político y el ecosistema financiero.
Con información de CNBC, Fox Business, Reuters, Forbes y Yahoo Finance.