INTERNACIONALES: MATIAS E. RUIZ

'Checkmate': golpe quirúrgico de los Estados Unidos en Caracas

Durante la madrugada de este 3 de enero de 2026, América Latina protagonizó un desarrollo...

03 de Enero de 2026

 

Durante la madrugada de este 3 de enero de 2026, América Latina protagonizó un desarrollo con nutritivo potencial para redefinir la matriz de los vínculos entre las naciones del cuadrante: la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro Moros y su esposa Cilia Flores por parte de fuerzas especiales estadounidenses.

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La operación de referencia -anunciada por el presidente Donald Trump a través de su plataforma Truth Social- bocetó el clímax de una escalada de tensiones entre Washington y Caracas, la cual supo intensificarse a lo largo de los últimos meses. De acuerdo a informes iniciales, la interdicción militar se extendió por apenas 30 minutos, involucrando ataques aéreos de precisión contra instalaciones críticas en Caracas -conduciendo a la extracción del líder caribeño del Palacio de Miraflores.

En efecto, la acción debe interpretarse como un golpe directo contra el régimen chavista, y evoca paralelismos históricos con intervenciones pretéritas -en donde, como es lógico, la memoria reciente citará la 'rendición' de Manuel Noriega, hombre fuerte panameño, en 1989. El anuncio de Trump, que confirmó los alcances del operativo de captura y el posterior traslado de Maduro en el navío USS Iwo Jima con destino a Nueva York para hacer frente a serios cargos vinculados con narcoterrorismo, ha multiplicado reacciones inmediatas en el concierto global -desde condenas emitidas por la Federación Rusa, hasta llamados a la resolución pacífica del interdicto por cuenta de la Unión Europea.

Los detalles conocidos de la operación militar dan fe de una meticulosa planificación y de una ejecución impecable por parte de las fuerzas estadounidenses. En coincidencia con informes originados en el matutino New York Times y otros, la unidad élite Delta Force (cuya denominación precisa reza 1st Special Forces Operational Detachment–Delta, 1st SFOD-D), y bien conocida por la ejecución de misiones de alto riesgo, fue la responsable principal de la captura.

El operativo dio inicio en cercanías de las 2 de la mañana -hora local de Caracas-, con detonaciones informadas en locaciones estratégicas, incluyendo bases militares, terminales portuarias y, muy probablemente, instalaciones dedicadas a la provisión de energía. Las explosiones provocaron interrupciones del suministro eléctrico en cuadrantes del sur de la capital venezolano y propiciaron escenas de pánico entre la población -aunque no se conocen reportes de víctimas civiles.

Así, pues, operators de Delta -como se les conoce en la jerga castrense americana-, maniobrando bajo la cobertura de la oscuridad y con respaldo aéreo, irrumpieron en el perímetro de Miraflores, donde Maduro y su esposa se refugiaban. Toda vez que se ha informado escuetamente sobre la mínima resistencia presentada por el ahora ex mandatario venezolano, será lícito colegir que las acciones de inteligencia ejecutadas previamente desempeñaron un papel de relevancia. En igual sentido, las semanas de cuantiosos desplazamientos de activos militares estadounidenses pudieron haber contribuído al caos en la secuencia de comando y control del intimismo madurista, facilitando el 'error'  del líder político caído en desgracia. Fuentes militares han consignado la inexistencia de bajas, lo cual podría tomarse como testimonio de la superioridad técnica recurrida, que involucró UAVs de monitoreo, sistemas de interferencia electrónica y, plausiblemente, la cooperación de infiltrados locales (walk-ins) que franquearon acceso y alimentaban a la maquinaria americana con valiosa información en tiempo real.

Un análisis detallado de la operación -aún cuando restan conocerse prolegómenos más precisos- destaca, a priori, elementos clave que edulcoraron el éxito. En primer lugar, la labor de inteligencia desempeñó un rol decisivo: los Estados Unidos habían comunicado el ofrecimiento de una recompensa de US$ 50 millones por información que condujera a la captura de Maduro Moros, y es ciertamente probable que este ampuloso incentivo propiciara deserciones en anillos interiores del régimen. Aidcionalmente, el operativo se enmarcó en el contexto de acusaciones previas del Departamento de Justicia americano, que ya en 2020 había formulado cargos por narcoterrorismo a Maduro, a lo que se agregó la conspiración para importar cocaína de alta pureza y blanqueo de activos de origen ilícito (con el Cártel de los Soles como epicentro del proceso).

Como ya se ha dicho, la velocidad de la intervención sugiere un empleo extensivo de satélites de reconocimiento y operaciones cibernéticas a criterio de neutralizar las comunicaciones venezolanas y la capacidad de respuesta de la FANB. En tal virtud, expertos en el instituto Chatham House han señalado que esta acción ha imbuído de novedosas cuotas de energía a la Doctrina Monroe, en apreciable resignificación de la influencia estadounidense en el hemisferio occidental, que derivara en la interrupción del vínculo caraqueño con la Federación Rusa o la República Popular China -lo que, a su vez, invitará a reconsiderar los parámetros que rigen las dinámicas en Taiwán o en Ucrania (¿monedas de cambio?). Otra arista del operativo gana tracción por estas horas: la notoria ausencia de réplica cinética por cuenta de las fuerzas armadas bolivarianas podrían alimentar las suspicacias en torno de un acuerdo previo, o de una severa parálisis interna en los mandos venezolanos, debilitados por la proliferación de sanciones económicas y por la recurrencia de purgas políticas. El material audiovisual disponible, mientras tanto, permite sopesar la ocurrencia de daños estructurales limitados pero de volumen estratégico -en razón de que la maniobra estadounidense buscó materializar una neutralización de las capacidades defensivas locales, pero sin provocar un caos generalizado. Bajo este prisma, el formato de blitzkrieg logró anotarse un éxito marginal: el haber evitado una amplificación de cualquier escalada.

La óptica militar, por su parte, extiende una invitación para la separación en fases muy claras. El preámbulo preparatorio involucró el despliegue de activos navales, incluyendo tres destructores Aegis y un colectivo de cuatro mil elementos del Cuerpo de Marines, movilizados semanas antes bajo el pretexto de la realización de ejercicios conjuntos. Este factor dio forma a una disuasión visible que posiblemente aportara a la licuación de la moral de las pobremente equipadas fuerzas venezolanas. La siugiente fase evidenció la ejecución de ataques aéreos de precisión (acaso con misiles guiados por GPS desde aeronaves desplegadas desde portaaviones o aún desde bases en el Caribe, con inserciones de fuerzas especiales en el terreno. En el caso de Delta, cuyos activos hacen alarde de su skill en capturas de objetivos de alto valor o high value targets, esa unidad de élite recurrió a tácticas de ingreso rápido y extracción, similares a las empleadas en la operación que capturó a Osama bin Laden en 2011. La coordinación interagencias, involucrando al Pentágono, inteligencia (CIA) y el Departamento de Estado, permite colegir que la operación no solo fue militar sino que contó con el ingrediente emparentados con el backup legal (precedentes: Caso Estados Unidos v. Noriega (1990), o Estados Unidos versus Alvarez-Machain (1992), que validan capturas extraterritoriales bajo la expedición de pedidos de captura (warrant) por autoridades judiciales. No obstante, voces críticas argumentarán que el alcance y la profundidad de la maniobra quebranta el derecho internacional, aunque esta formulación debe desarrollarse: el empeño Checkmate soslaya a la Carta de Naciones Unidas, que prohíbe taxativamente la sanción de intervenciones armadas sin autorización del Consejo de Seguridad.

Ya en el áspero y flexible proscenio de las implicancias geopolíticas, la captura se reserva el potencial de alterar drásticamente el equilibrio de poder en la América Latina. Bajo Maduro, Venezuela había servido como plataforma para la proliferación de influencia externa: mientras el Kremlin brindaba asistencia técnico-militar, la República Popular China invertía en deuda y petróleo, beneficiándose con la explotación minera y el acopio de codiciados metales raros. Con efecto inmediato, la remoción de Maduro de la ecuación latina fungirá como lubricante para el desmantelamiento de esas alianzas, con lo que el renovado ímpetu monroísta ejercita un despliegue de buena salud. El cambio de tutela de ingentes volúmenes de crudo podría patrocinar un remarcable retroceso en los precios globales del petróleo (se desconoce su alcance en los guarismos), beneficiando economías dependientes de importaciones como las de Europa y Asia, pero perjudicando a productores como Rusia y Arabia Saudí. Consideraciones humanitarias: en el teatro de operaciones regional, Colombia y Brasil -que han lidiado con oleadas de migrantes venezolanos (más de 7 millones desde 2015)-, podrían asistir a un alivio en sus economías, de establecerse un gobierno de transición estable en Caracas. Traducido: el retorno de miles de migrantes a su patria nativa brindaría una valiosa cuota de oxígeno al cálculo de costos financieros y sociales para Brasilia y Bogotá.
 
Entre otras necesarias consideraciones, el operativo de exfil de la humanidad de Nicolás Maduro Moros está llamado a multiplicar las preocupaciones de los regímenes castrista y nicaragüense -con el probable desenlace de la amplificación de protestas ciudadanas que, a su debido tiempo, potencien los mecanismos de represión interna. Otro resquicio de tribulaciones podría aguardar al colombiano Gustavo Petro, o a Luiz Inácio 'Lula' Da Silva, ante la posibilidad de que declaraciones de Maduro ante la justicia estadounidense se traduzcan en revelaciones poco confortables en materia de vínculos políticos. Así las cosas, este pronóstico de turbulencia podría incluso alcanzar al distrito federal mexicano, e incluso cruzar el Atlántico, golpeando con fuerza al gobierno de Pedro Sánchez; taciturno comanditario de la, hasta el momento, 'desaparecida' Delcy Rodríguez.

No menos preocupante: el desarrollo podría perturbar la delicada ecuación del contrabando de estupefacientes a gran escala en el plató latinoamericano. En la contemplación de esta tesis, adquieren particular valor las secuelas mexicana y colombiana del epílogo.