INTERNACIONALES: PHILIP GIRALDI | REALPOLITIK

Gaza contraataca

Podría tratarse de otro 11 de septiembre de 2001 o de un nuevo Pearl Harbor pero, ¿quién empezó y, haciendo qué?

19 de Octubre de 2023


Sorprende el modo en que los medios de comunicación estadounidenses son capaces de aparecerse de inmediato con una narrativa que encaje, toda vez que se produce algún incidente internacional que podría ser sometido a múltiples interpretaciones. Desde 1948, Israel ha expulsado a centenares de miles de palestinos de sus hogares, ha ocupado casi el total de la histórica Palestina, ha dotado de poder a sus fuerzas armadas para asesinar a miles de residentes locales y, recientemente, ha implementado un régimen de apartheid que incluso niega que los árabes palestinos sean humanos del mismo modo en que lo son los judíos. Según bien se recuerda, Ayelet Shaked -funcionaria en el gobierno de coalición de Netanyahu- arengó a que Israel no sólo extermine a la totalidad de los niños palestinos, a quienes ella describió como 'pequeñas víboras', sino que también planteó la necesidad de matar a las madres que los dieron a luz. Pero, cuando los árabes responden ante el odio que los confronta con sus recursos limitados, es Israel quien se presenta como la víctima, y los palestinos resultan deshumanizados y presentados como los 'terroristas'. Los medios de comunicación en los Estados Unidos de América y en Europa fueron rápidos para etiquetar a la penetración que Hamás ejecutó en las formidables defensas fronterizas israelíes como 'El 11 de septiembre de Israel', o bien como 'el Pearl Harbor Israelí', formulando que los israelíes estuvieron del lado que acusó el golpe de un ataque 'no provocado' -a manos de un enemigo cruel e impiadoso.

Gaza, Oriente Medio, Israel, Palestinos
Israel respondió al ataque con un fuerte bombardeo de Gaza, el cual destruyó infraestructura, incluyendo hospitales y escuelas -mientras que también interrumpió suministros, agua y electricidad. Ha exigido que los residentes del norte de Gaza -la totalidad, de un 1.1 millones- procedan a autoevacuarse, para brindar espacio a una probable ofensiva terrrestre. Pero no hay adónde ir, en razón de que las fronteras han sido clausuradas, mientras que Naciones Unidas advierte sobre ese pedido, que 'comportará consecuencias humanitarias devastadoras'. El periodista Peter Beinart 
ha comentado: 'Esto es un crimen horrendo. Y está ocurriendo en tiempo real, a la vista de todos, con respaldo estadounidense'.

En efecto, el gobierno de los Estados Unidos está en la misma página que Israel. El presidente Joe Biden, citando relatos prefabricados sobre bebés judíos fallecidos, explica cómo Israel tiene 'el deber' de proceder a su autodefensa, mientras que, de alguna manera, los palestinos no tienen derecho de protegerse a sí mismos -y menos aún de rebelarse ante sus perseguidores, en una lucha por su libertad. Asimismo, Washington ha elegido involucrarse directamente en el conflicto, tomando partido en un ciento por ciento por el Estado judío, afirmando reiteradamente: 'Israel tiene el derecho de defenderse' y 'Los respaldaremos' -mientras que Washington despacha dos grupos de portaviones hacia la escena del conflicto, así como la Brigada Aerotransportada 101a. a Jordania; incrementando también el estado de alerta para los Marines estacionados en Kuwait. La Casa Blanca podría haber tomado medidas más agresivas para alentar a un cese al fuego que llevara luego a conversaciones pero, en lugar de hacerlo, prefirió dar lugar a llamados inocuos para que se permita a los civiles atrapados escapar, aunque respaldando una potencialmente devastadora respuesta militar israelí.

Complementariamente, Israel ofició de anfitrión para el extraviado Lloyd Austin, Secretario de Defensa estadounidense, quien ofreció su consejo de rigor (Hamás es 'diabólico', 'peor que ISIS'). El Secretario de Estado Antony Blinken ya se encontraba entonces en Jerusalén, anunciando que los EE.UU. estaban allí para apoyar al gobierno de unidad del primer ministro Benjamin Netanyahu, 'mientras los Estados Unidos sigan existiendo', luego de afirmar 'Llego a Usted no sólo como Secretario de Estado, sino también como judío'. La explícita referencia de Blinken, quien ha mezclado su religión individual con su rol oficial de representante del gobierno de los Estados Unidos, deja en claro cuál es el motivo de su arribo. Quizás debería autorrecusarse del proceso de toma de decisiones político, porque el 'ser judío' nada tiene que ver con interés nacional estadounidense alguno, amén de que ello podría desencadenar respuestas irracionales ante situaciones en desarrollo.


Si todo esto suena bastante pareceido al asunto ucraniano, es porque así es, excepto por el detalle de que, en Ucrania, los Estados Unidos y OTAN están combatiendo contra Rusia, nación que ha sido demonizada por ocupar lo que se afirma es territorio de Ucrania, mientras que, en Palestina, se respalda a las fuerzas de ocupación de Israel, que operaron en perjuicio del interés palestino. Resulta entretenido que el término 'hipocresía' llegue rápido a la mente de los analistas. Resulta ser, sin embargo, que personalmente coincido con lo expresado por numerosos medios, en el sentido de que la incursión de Hamás es similar a un 11 de septiembre de 2001, aunque estoy seguro de que lo que creo no sería aceptable para los periodistas del estilo Jake Tapper (CNN). Por mi parte, interpreto que Israel sabía de antemano sobre la ocurrencia eventual del 11 de septiembre en los EE.UU., en razón de su extensa red de espionaje, y que prefirió no compartir esa información porque el hacerlo no le hubiese resultado ventajoso. En efecto, un satisfecho Netanyahu declaró -muchos años después-: 'El 9/11 fue una cosa buena, porque hizo que los Estados Unidos de América se unieran a nuestra lucha'. El hecho de que los ataques pusieran fin a la vida de tres mil personas no pareció molestar al gobierno israelí, quizás porque Israel cuenta con un extenso historial al momento de asesinar a ciudadanos estadounidenses toda vez que puede obtener ventaja de ello -y vale la pena recordar el ataque contra el navío USS Liberty en 1967, que se llevó las vidas de 34 marineros.

De modo tal que, también en el caso de Gaza, Netanyahu parece haberse decidido a alentar un desarrollo inesperado -al estilo 11 de septiembre-, permitiéndole ello escalar las cosas y 'nivelar el suelo', pensando en la Palestina árabe. Y téngase presente que el incidente que realmente dio lugar al alzamiento fueron los disturbios que involucraron a al menos 800 colonos israelíes en la periferia de la mezquita al-Aqsa, el tercer sitio más sagrado para el Islam, en donde se destruyeron puestos de palestinos y numerosos peregrinos fueron apaleados -todo ello se registró sin evidenciarse la menor intervención de parte de las fuerzas de seguridad israelíes, que se hallaban presentes. La turbamulta claramente fue tolerada -y alentada- por el gobierno.

En mi experiencia como ex oficial de inteligencia en el terreno, de alguna manera estoy convencido de que esto tiene más que ver con una operación del tipo false flag que con un ejemplo de fallo institucional de parte de los israelíes. Israel contaba con un extenso muro físico -respaldado por contramedidas electrónicas, soldados y armamento- que rodeaba completamente a Gaza; era tan efectivo que, según se dijo, ni un ratón podía cruzarlo. El lado mediterráneo de Gaza también era controlado estrictamente por la armada israelí: los botes que iban y venían desde Gaza eran bloqueados en su curso. También estrictamente, Egipto controlaba el cuadrante sur de Gaza en la zona fronteriza del Sinaí. Finalmente, Gaza se encontraba bajo vigilancia las 27 horas del día y todos los días de la semana, permanentemente. Ciertamente, la inteligencia militar israelí contaría con una nutrida red de informantes pagos en el seno de Gaza, personas que reportarían sobre cualquier tipo de movimiento sospechoso o entrenamiento -algo muy fácil de hacer cuando Usted puede acercarse a personas que están muriéndose de hambre, acercándoles una oferta que no podrán rechazar, sólo para que lo provean a uno de información.

Luego, habrá que recordar la advertencia compartida por el gobierno egipcio a Israel, diez días antes del ataque de Hamás. El Ministro General de la inteligencia egipcia, Abbas Kamel, personalmente llamó por teléfono a Netanyahu y le proporcionó informes al respecto de que los residentes de Gaza intentarían 'algo inusual, una monumental operación'. Otros relatos comentados en los medios revelaron cómo Hamás entrenaba y practicaba sus maniobras de manera pública. Adicionalmente, otras evaluaciones -confeccionadas por la inteligencia estadounidense, que debió compartirse de seguro a Israel- sugirió que había algo en marcha. En consecuencia, y al superponerse la evidencia, ciertamente no hubo un fallo de inteligencia que anticipara y contrarrestara el ataque de Hamás. Antes, bien; se trató de una decisión política del gobierno en Jerusalén, el cual sabía lo que ocurriría, y eligió tolerarlo, para hacerse de un casus belli que le permitiera destruir Gaza -y desplegar promesas del estilo 'Cada miembro de Hamás es un hombre muerto', siguiendo desde allí. El 'desde allí' bien podría incluír al Líbano, Siria e Irán -posiblemente con asistencia de los Estados Unidos, que deberán cargar con el mayor lastre. Irán en particular está siendo responsabilizado como uno de los sospechosos de siempre, y como parte involucrada junto a Hamás. Aunque todavía no se han presentado evidencias, lo cual es clásico cuando se atiende a la evolución de esta clase de narrativas.

De igual modo, Israel se ha mudado al extremo de la derecha en lo político, al punto en que podría valorar una pequeña limpieza étnica para probar su seriedad. Netanyahu y otros funcionarios de carrera en su gabinete han compartido referencias al paso respecto de una 'situación de seguridad en rápido desarrollo', para justiicar la intensificación de raíds por parte del ejército contra localidades palestinas y campos de refugiados. El nuevo gobierno israelí también ha puesto policías bajo el control del del líder del espacio político ultranacionalista Jewish Power, Itamar Ben-Gvir, que funge como Ministro de Seguridad Nacional. En particular, ha sabido explotar su posición para arengar a una guerra que destruya a Hamás en Gaza, precisamente lo que ahora está sucediendo. Gaza podría ser de especial interés para Ben-Gvir y otros, dado que allí se oculta una resistencia armada y organizada en la forma de Hamás. Extrañamente, este núcleo fue fundado con el respaldo de Israel, con el objetivo de fracturar a la resistencia política palestina, cuando al-Fatah controlaba Cisjordania y Hamás hacía lo propio en Gaza.

Hay otro asunto vinculado con los recientes combates y que exigirían algún tipo de respuesta, a saber, ¿cómo es que Hamás obtuvo su armamento, primero que nada? Parte de ese material fue fabricado de chatarra y sobrantes, es cierto; pero otras armas eran sofisticadas y, en razon de que Gaza vive bajo un bloqueo desde todos los extremos, el contrabando se vuelve problemático. Un argumento es que las armas fueron proporcionadas por Irán; otros dirán que las mismas fueron transportadas a través de túneles. Pero, en rigor, los túnenes de ambos lados finalizan en Israel, mientras que el tercero lo hace en Egipto. El cuarto es el Mar Mediterráneo. Así es que, ¿cómo llegó allí ese armamento? ¿Existe una suerte de triple o quizás cuádruple juego, en donde las partes se mienten entre sí? Y, ¿no debiera preocupar el hecho de que la Armada de los EE.UU. llegue a la costa de Gaza y, acto seguido, tenga lugar algún incidente del tipo false flag ingeniado por Netanyahu, para involucrar a Washington directamente en la guerra?

Al cierre, la conversación remite a un tema que debería preocupar a cualquiera en los EE.UU. y, genéricamente hablando, en el 'mundo occidental', donde los derechos humanos son respetados nominalmente -en el mejor de los casos. El mensaje emitido por casi todo gobierno en Occidente es que Israel cuenta hoy con carte blanche para hacer lo que le plazca, incluyendo el perpetrar crímenes de guerra, desplazamientos forzados masivos, o genocidio. En este caso, la respuesta coordinada entre gobierno y medios, que busca resguardar a Israel frente a cualquier crítica, comenzó a replicar relatos prefabricados sobre atrocidades, al tiempo que afectó seriamente las libertades de expresión y asociación. El presidente Biden, quien debería intentar desactivar la crisis, le agrega combustible al incendio, tras decir sobre Hamás que 'es puramente diabólico, desatando maldad sobre la tierra'. En Florida, el gobernador Ron Desantis se reunió con líderes judíos en una sinagoga, para anunciar medidas draconianas contra Irán, incluyendo sanciones sobre firmas vinculadas en cualesquier modo a esa nación. Podría argumentarse que esas compañías nada han hecho de malo, mientras que Desantis llamó también a 'erradicar a Hamás de la faz de la tierra'. Esa profundidad intelectual quedó expuesta cuando declaró que los EE.UU. no deberían recibir a refugiados palestinos, porque son 'antisemitas'. En Carolina del Sur, el senador Lindsey Graham ha pedido que Washington ataque a Irán, y que los EE.UU. declaren la guerra contra Hamás, por haber ejecutado una 'guerra religiosa'. Acto seguido, dijo que el ejército israelí debería invadir Gaza y 'hacer lo que diablos sea necesario' para 'nivelar ese sitio'.

De igual manera, los europeos han exhibido su falta de coraje, en su defensa a Israel. El presidente israelí declaró que no existen los civiles inocentes en Gaza; no mucho después de eso, representantes de la Unión Europea se reunieron con él, para ofrecerles su respaldo irrestricto. Mientras tanto, en Francia, el gobierno cobarde de Emmanuel Macron ha buscado poner fuera de la ley a todo aquel que se atreva a expresarse por los derechos de los palestinos. Y, en el Reino Unido, la funcionaria Suella Braverman ha propuesto criminalizar a cualquier manifestación contraria a las acciones israelíes, y contra toda persona que exprese su respaldo por Palestina. Se incluirá la prohibición de la bandera nacional palestina, que la funcionaria entiende es una 'ofensa criminal contra la colectividad judía de la Gran Bretaña'. Agregaría luego: 'Quiero alentar a las fuerzas de policía para que considere si cánticos como el que reza: 'Del río hacia el mar, Palestina será libre' (From the river to the sea, Palestine will be free) deberá interpretarse como expresión de un deseo violento de ver a Israel eliminado del mapa, y si su empleo en determinados contextos sería una violación de la orden pública número cinco'. La Oficina de la Defensoría Pública de Berlín, por su parte, también calificó el uso de aquella expresión como una 'ofensa criminal'. El modo en el que reposa el grueso de las élites políticas de Occidente comienza, sin dudas, a unificarse; y a posicionarse inequívocamente en favor de Israel, en momentos en que el liderato de este país exhibe su deseo por una sangrienta venganza. Todo deviene en perturbador, aunque no sorprende.

Más allá del asunto de Gaza en sí mismo, algunos en Israel han argumentado que Netanyahu se ha beneficiado individualmente de la promoción de turbulencia, llegando a la creación de un gobierno de unidad que, por el momento, ha logrado suspender las gigantescas manifestaciones que exigieron poner fin a su intento de reforma judicial. Si, en el plano político, las piezas comienzan a agruparse durante las próximas semanas, podríamos estar asistiendo a los primeros pasos de lo que rematará en la limpieza étnica de lo que alguna vez fue Palestina. Precisamente, en línea con la afirmación del propio Netanyahu, en el sentido de que 'el pueblo judío tiene el derecho exclusivo e inalienable para todos los rincones de la Tierra de Israel. El gobierno promocionará y desarrollará asentamientos en toda la Tierra de Israel'. De modo tal que lo que otrora fue Palestina, hoy es un territorio definido por la pertenencia a la colectividad judía, allí donde sólamente los judíos tienen absoluto control y son libres para hacer lo que deseen, sin objeciones -dirimido también esto desde el gobierno israelí como el 'derecho exclusivo de autodeterminación'. Y todo ha llegado a concretarse, gracias a que los desarrollos de Gaza allanaron el camino para tal fin.


Artículo original, en inglés


 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios estadounidenses, y como Director Ejecutivo en el Council for the National Interest. Giraldi es colaborador frecuente en Unz.com, Strategic Culture Foundation y otros. En español, sus trabajos son sindicados con permiso en El Ojo Digital.