INTERNACIONALES: LEE EDWARDS

Estados Unidos debe defender la independencia de Taiwan

La política exterior resulta más efectiva cuando procede a construir un equilibrio...

23 de Octubre de 2021

 

La política exterior resulta más efectiva cuando procede a la construcción de un equilibrio entre idealismo y realismo, factor que se nutre del respaldo de una mayoría de ciudadanos en los Estados Unidos de América. Cuando la política exterior se vuelve demasiado idealista o bien demasiado 'realista', el apoyo ciudadano merma. 
 
Taiwan, ChinaConsidérese el caso de Afganistán. Hoy, ese desarrollo se presenta como un vergonzante fracaso de la política exterior estadounidense. Los componentes más idealistas de la misión llevada a cabo allí retrocedieron drásticamente, hasta alcanzar la realidad de 2009. Aún una década después, el pueblo de los Estados Unidos entendió que buscábamos erigir una sociedad democrática recurriendo a un despliegue masivo de fuerza militar -una fórmula notoriamente poco realista. 
 
Por su parte, un ejemplo sobresaliente que ilustró una exitosa política exterior americana remite al modo en que el ex presidente Ronald Reagan puso fin a la Guerra Fría. El mandatario se embarcó en una monumental reconfiguración de las fuerzas armadas -incluyendo la denominada Iniciativa para la Defensa Estratégica (SDI)-, que la ex Unión Soviética no pudo igualar. Se forzó a Moscú a buscar la paz.
 
¿Cuál debería ser, en consecuencia, nuestra política frente a la República Popular China y a su incursión en Taiwan -que fungió como un aliado crítico de Washington durante la Segunda Guerra Mundial y que cuenta con una invaluable democracia? En 1979, los EE.UU. reconocieron oficialmente a la China comunista, negándole reconocimiento a la República de China. Desde entonces, Washington ha tenido que lidiar con ambos gobiernos, aunque en distintas capacidades. 
 
La política exterior fue codificada a partir del Acta para las Relaciones con Taiwan, texto legislativo que urge a los Estados Unidos a 'preservar contactos cercanos, amistosos, de naturaleza cultural y comercial' con Taiwan. Asimismo, exige que Washington ponga a disposición armamento para Taiwan, elementos que capaciten a Taipei para 'mantener una capacidad autosuficiente de defensa'.
 
De igual modo, ese texto obliga al presidente a informar rápidamente al Congreso 'al respecto de cualquier amenaza para la seguridad de Taiwan, o para su sistema social o económico'. De suceder aquéllo, el jefe de Estado americano, junto con el Congreso, deberán decidir una réplica adecuada.
 
Y ese momento podría estar muy cerca.
 
La tensión entre las naciones separadas por el Estrecho de Taiwan se ha acelerado en las últimas semanas, conforme el presidente chino Xi Jinping declaró que la reunificación deberá tener lugar -y que la misma sucederá finalmente. Aún cuando utilizó el término 'por vías pacíficas' en su discurso, acto seguido Xi aprobó la realización de importantes ejercicios militares en cercanía de Taiwan, incluyendo el sobrevuelo de 149 aeronaves militares, en el espacio aéreo taiwanés. En respuesta, la presidente de Taiwan, Tsai Ing-wen, reiteró que Taiwan no tiene interés en ser absorbida por la China comunista
 
La crisis que se cierne sobre Taiwan obsequia a los Estados Unidos la oportunidad de suscribir a una política exterior equilibrada entre idealismo y realismo. En lo que a la arista del idealismo respecta, Taiwan amerita contar con el respaldo de Washington, en virtud de que representa una democracia vibrante. Fue un aliado de magnitud durante la Segunda Guerra, enfrentándose a un aproximado de un millón de soldados japoneses que, de otra manera, hubiesen sido destinados a la defensa territorial del Japón ante las fuerzas estadounidenses. Adicionalmente, deberíamos preocuparnos por el destino de 24 millones de ciudadanos taiwaneses, si éstos terminaran convirtiéndose en vasallos del expansionista y autoritario régimen de Pekín.
 
Por el lado del realismo, los Estados Unidos dependen de Taiwan a la hora de abastecerse de dos tercios de los semiconductores presentes en los iPhones, en computadoras, y vehículos. No hemos de tolerar que un adversario hostil como la China comunista ponga bajo su control a un desarrollador de microchips. Como tampoco podemos permitir que China avance agresivamente sobre la cadena de islas situadas a lo largo de Taiwan, las cuales sirven hoy para bloquear el avance de Pekín.
 
Existe cierta probabilidad de ocurrencia para un conflicto armado entre la China comunista y los Estados Unidos, en disputa por Taiwan. Xi está fogoneando fervor nacional en la China continental, a efectos de consolidar su posición en el poder político local.
 
Sin embargo, Pekín está poniendo a prueba a los Estados Unidos, como parte de su objetivo de largo plazo de reemplazarlos como única superpotencia. Si no respondemos de manera acorde, por ejemplo, ejercitando un sano despliegue de la fortaleza estadounidense en el Mar del Sur de China, Pekín aumentará la presión sobre Taiwan.
 
Los tiempos presentes prueban la fortaleza de las naciones. Con frecuencia, Tsai ha observado que no existen razones para declarar la independencia de Taiwan, por cuanto, en los hechos, ese país se comporta como una nación independiente. La defensa taiwanesa de su derecho a determinar su futuro frente a la coerción china hace a los intereses nacionales de los Estados Unidos de América. Como también hace a nuestro interés el defender nuestros ideales. Lo que decidamos hacer frente a esta crisis será monitoreado por nuestros aliados y por nuestros rivales, en todo el globo.


Artículo original, en inglés

 
Sobre Lee Edwards

Reconocido historiador y analista del conservadurismo estadounidense en la Fundación Heritage, Washington, D.C., Edwards es autor de más de veinte libros, incluyendo biografías de Ronald Reagan y Barry Goldwater. También es presidente de la Fundación por la Memoria de Víctimas del Comunismo (Victims of Communism Memorial Foundation) desde 2007, y que lanzaran en modalidad online el Museo Global sobre Comunismo en 2009. Publica en la web estadounidense The Daily Signal.