INTERNACIONALES: MIKE PENCE

La libertad en los EE.UU. no puede convertirse en una baja del coronavirus

Al anunciar el presidente estadounidense Joe Biden su mandato para la vacunación obligatoria...

05 de Octubre de 2021

 

Al anunciar el presidente estadounidense Joe Biden su mandato para la vacunación obligatoria a nivel nacional, compartió una declaración: 'Esto no se trata de libertad'. Pero, para los ciudadanos estadounidenses que no residen en el Beltway de Washington, D.C., todo se trata de sus libertades individuales. Porque los cimientos del país se construyeron a base de libertad.

Pánico COVID-19, Dictadura sanitaria, Joe BidenEn efecto, el coronavirus aún está entre nosotros. En efecto, es potencialmente peligroso, particularmente para la ciudadanía vulnerable. Pero la necesidad para tomar medidas extraordinarias hace rato ha pasado ya; aunque se trate de cuarentenas o confinamientoobligación de portar tapabocas o barbijos, y de otras restricciones sobre las libertades individuales y colectivas en los Estados Unidos de América.

En una nación cuyos líderes se precian de ser competentes, el conjunto de esas medidas -en especial aquellas que refieren a la vacunación forzada contra el COVID-19, recientemente sancionada por Joe Biden- sería repelido, y los ciudadanos deberán tener permitido retornar a su vida normal.

Las medidas agresivas tuvieron sentido a comienzos de 2020, cuando me tocó servir como presidente de la Fuerza Especial anti-coronavirus en la Casa Blanca. Por aquel entonces, los científicos sabían poco sobre el virus, y el personal de los hospitales de la nación se preocuparon, con justa razón, ante la posibilidad de quedarse sin camas para atender a eventuales oleadas de pacientes con COVID-19.

Sin embargo, dieciocho meses después, contamos con tres vacunas -seguras y efectivas-, gracias a la Operación Warp Speed (en español, Tiempo Acelerado), diseñada por la Administración Trump-Pence; y más del 77% de los ciudadanos adultos en los Estados Unidos fueron vacunados, al menos parcialmente. En lo personal, elegí vacunarme; y lo propio hizo mi familia. Pero esa es una decisión que debería ser completamente libre para cada ciudadano.

La buena noticia es que, hoy día, sabemos mucho más sobre el coronavirus y sobre la amenaza -o la ausencia de amenaza, en cualquier caso- que consigna para la ciudadanía.

Más importante, sabemos que el virus no afecta por igual a distintas poblaciones, razón por la cual un mandato que tome a todo mundo de igual manera carece absolutamente de sentido. Por ejemplo, las personas saludables sin condiciones preexistentes en general experimentan síntomas leves de la dolencia. En rigor, prácticamente el 98% de las muertes por COVID-19 en los EE.UU. se registró en pacientes que contaban más de cuarenta años de edad.

Mientras tanto, las personas con obesidad o sobrepreso exhiben un riesgo muy superior de experimentar una sintomatología más severa, y de precisar hospitalización. De acuerdo a los Centros de Control de Enfermedades (CDCs), casi el 80% de los pacientes hospitalizados por COVID-19 exhibían sobrepeso, o bien eran obesos.

Con todo, en su abarcativo mandato de vacunación forzada para ochenta millones de estadounidenses, Biden y sus burócratas de la salud pública no ejercitaron distinción alguna con base de rango etario, estado de salud general, o con cualquier otro factor de riesgo.

Como tampoco han considerado que uno de cada tres ciudadanos estadounidenses que ya contrajeron la dolencia se han recuperado de la misma y, por lo tanto, han desarrollado inmunidad natural -la cual, de acuerdo a múltiples estudios, se ha comprobado es más efectiva y duradera que la proporcionada por la vacunación.

¿Por qué aquéllas personas que se han inmunizado naturalmente deben ser penalizadas por rehusarse a aplicarse una vacuna que, para ellos, es probablemente innecesaria desde el punto de vista médico?

De igual modo, miles de soldados en las fuerzas armadas de los Estados Unidos hacen frente hoy a la eventualidad de una baja deshonrosa, si eligieren no aplicarse la vacuna en conformidad con lo dispuesto por Biden. Mayormente, nuestras tropas son jóvenes y se hallan en una óptima condición física, razón por la cual han hecho frente a la pandemia mucho mejor de lo que lo ha hecho cualquier otro grupo de seres humanos en el planeta.

Hemos experimentado apenas 26 decesos entre más de 200 mil infectados por COVID-19 en las fuerzas armadas estadounidenses. ¿Cómo piensa exactamente Biden deshacerse de nuestros más valiosos patriotas, sencillamente por rehusarse a la aplicación de una vacuna que, bajo toda evidencia, no necesitan?

El absurdo, anticientífico, innecesario e ilegal mandato presidencial para la vacunación forzada está siendo replicado y exigido hoy por la totalidad de la dirigencia política progresista, en todos los Estados Unidos.

En Nueva York, tras anunciarse que 'Dios exige' que la gente se vacune, el nuevo gobernador -perteneciente al Partido Demócrata- ha comenzado a despedir a enfermeros y trabajadores del sector sanitario que declinaron aplicarse la vacuna. ¿En qué mundo tiene esto sentido, es decir, despedir personal de salud en nombre de la salud pública?

Adicionalmente, la Administración Biden amenaza hoy con despedir a miles de agentes de la Patrulla Fronteriza que no se han vacunado. Por otro lado, a los inmigrantes ilegales que cruzan la frontera en cifras récord hacia territorio de los EE.UU. no se les exige cumplir con las reglas tiránicas que sí aplican para la ciudadanía americana. De hecho, y en pleno conocimiento de ello, la Administración Biden ha liberado a miles de inmigrantes que han dado positivo por COVID-19 a las comunidades del país.

El presidente y otros líderes de los sectores progresistas continúan duplicando la apuesta, ante cada vez que alguien exhibe la audacia para preguntar por la fecha en que nuestras libertades nos serán regresadas.

Si los ciudadanos estadounidenses desconfían mayoritariamente de la presente Administración, ello se debe a expresiones como la que en su momento compartiera el Doctor Anthony Fauci: 'Cuando las encuestas reflejaron que sólo el 50% de la ciudadanía se aplicaría la vacuna, yo dije que la inmunidad de rebaño exigiría un porcentual de entre el 70 y el 75% - tales fueron sus palabras. 'Luego, cuando los nuevos estudios de opinión reflejaron que el porcentual de ciudadanos que se aplicarían la vacuna llegó al 60%, yo pensé "Podemos aumentarlo?; de modo tal que dije que la inmunidad se alcanzaría entre el 80 y el 85%', remató.

Si Biden y los Demócratas se salen con la suya, el pánico inducido por la pandemia jamás llegará a su fin. El coronavirus le ha obsequiado a la izquierda radical una oportunidad inmejorable para crear su utopía, la que han soñado con aplicar durante décadas: un mundo de conformismo absoluto, en donde las personas que exterioricen cualquier formato de disenso sean enviadas al ostracismo por el resto de una sociedad complaciente.

Para la izquierda radical, esto no se trata del virus, ni de un asunto de salud pública. Se trata de aumentar su poder, su control, y de forzar al pueblo de los Estados Unidos a que se someta a sus designios.

Pero el pueblo de los Estados Unidos de América jamás se ha sometido a tiranía alguna, y jamás lo hará. Los ciudadanos estadounidenses -vacunados y no vacunados, Demócratas o Republicanos, jóvenes y mayores- deberán unirse contra este mandato ilegal de Biden, y contra este ecosistema de discriminación patrocinado por el Estado contra aquellos capaces de tomar sus propias decisiones en materia de salud¡.

Cuando la ciudadanía de los EE.UU. une su voz y exige la restauración de las libertades, sólo entonces, el pánico de la pandemia llegará a su fin.



Artículo original, en inglés


Mike Pence es fellow distinguido en el think tank estadounidense The Heritage Foundation, en Washington, D.C. y fundador del núcleo Advancing American Freedom. Previamente, sirvió como vicepresidente de los Estados Unidos, como gobernador del estado de Indiana, y como miembro de la Cámara de Representantes de los EE.UU..


 

 

Publicado originalmente en The Daily Signal (Estados Unidos)