INTERNACIONALES: PHILIP GIRALDI | REALPOLITIK

Encontrémonos en Ginebra

La rusofobia de Joe Biden consigna el fracaso de la cumbre.

15 de Junio de 2021


Con excepción de su insistencia en relación al demorado retiro de Afganistán, el presidente estadounidense Joe Biden se ha dedicado con frecuencia a promocionar políticas de Estado que hacen del mundo un sitio más peligroso para los ciudadanos de su propio país, incluyendo la apertura de la frontera sur frente a oleadas de inmigrantes ilegales. Irónicamente, si se llevara a cabo una encuesta de opinión en los Estados Unidos, probablemente compartiría como resultado que la mayoría de los consultados evalúa al Partido Republicano como el núcleo partidista más amigable con el conflicto -en base al hecho de que el GOP es considerado como más 'conservador' y, por lo tanto, más aferrado al uso de la fuerza. Pero esa presunción no sería hoy tan certera por cuanto, históricamente, el Partido Republicano se ha mostrado reacio a involucrarse en conflictos en el exterior, mientras que presidentes como Ronald Reagan, George H.W. Bush e incluso Donald Trump fueron evaluados por sus respectivas réplicas ante escenarios de conflicto externos. Trump, en virtud de su lenguaje agresivo y sus reiterados errores de discurso, en rigor no dio inicio a guerra alguna, y se mostró genuino en su deseo de alejarse de conflictos en el extranjero -para terminar siendo desoído por sus propios consejeros y por la nutrida burocracia gubernamental. Trump fue considerado ampliamente como una 'marioneta de Putin', aún cuando la realidad certifica que el vínculo entre Washington y Moscú empeoró durante su Administración, dada su incapacidad para imponerse a las fuerzas del Establishment alineadas contra él.

Joe Biden, Partido Demócrata, Vladimir Putin, Kremlin, Rusia, Estados UnidosHistóricamente hablando, son los Demócratas quienes convinieron ingresar tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial, mientras que, más recientemente, se involucraron en conflictos que no sirvieron a interés nacional alguno -en geografías tales como Libia y Siria. El elemento de ese partido puede perfectamente atribuírse el crédito por incrementar el empleo de misiles crucero para ataques específicos, en una modalidad política emparentada con el terrorismo y con lo que más de uno podría presentar como crímenes de guerra -computándose aquí el asesinato de civiles con drones, simplemente basándose la decisión en el hecho de que el objetivo 'cuadraba con un perfil'.

Asimismo, sería razonable argumentar que Washington sólo cuenta con una relación bilateral importante, y que la misma es con Rusia; ello, en virtud de que sólo Moscú cuenta con la capacidad para destruir a los Estados Unidos. También fueron los Demócratas quienes, en apariencia, buscaron deliberadamente convertir la reconstrucción post-Guerra Fría de Rusia en un saqueo de los recursos naturales de esa nación, combinado ello con el despliegue de la OTAN a las puertas de la frontera con Rusia -ambos episodios, motorizados e implementados bajo la Administración Bill Clinton. Desde entonces, el vínculo entre ambos países ha venido acusando golpes, casi llegándose a un conflicto armado cuando la Administración Barack Obama invirtió US$ 5 mil millones para derribar a un gobierno amigable de Moscú en Kiev, durante 2014. Reiteradamente, Rusia ha afirmado -no sin justificación- que sucesivos gobiernos estadounidenses han continuado con ese proceso, recurriendo a varios métodos para comprometer y reemplazar al gobierno de Vladimir Putin.

De igual manera, los Demócratas fueron la fuerza motora detrás del Acta Magnitsky, patrocinada por el senador rusófobo Ben Cardin y firmado por el presidente Barack Obama en 2012. Recurriendo al Acta, los Estados Unidos consolidaron su predisposición para reprender a gobiernos extranjeros, particularmente a Rusia, implementando sanciones y otros medios por pretendidas violaciones contra los derechos humanos. Rusia replicó con furia, observando que las acciones tomadas internamente por su gobierno -en particular, la operación sobre su poder judicial- estaban siendo torpedeadas por interferencia externa. Moscú decidió reciprocar con sanciones contra funcionarios estadounidenses, así como también incrementando la presión contra grupos extranjeros no-gubernamentales y contra medios de comunicación occidentales que se desempeñaban en territorio ruso, lo cual significó que el Acta terminaría siendo contraproducente. Las tensiones entre Washington y Moscú aumentaron considerablemente como resultado, mientras el congreso americano aprobó luego un complemento, el Acta Global Magnitsky, como parte de la designación de partidas para el presupuesto de Defensa, en 2016. La letra de esa ley amplió el uso de sanciones y otras medidas punitivas contra regímenes considerados culpables de abusos contra los derechos humanos, aún cuando jamás ha sido aplicada contra violadores documentados de los derechos civiles, como Arabia Saudí e Israel. Adicionalmente, el Acta también fue patrocinada por el senador Ben Cardin, claramente orientada contra la Federación Rusa.

En los últimos tiempos, tuvo lugar el totalmente prefabricado Russiagate, dirigido para responsabilizar al Kremlin y al presidente ruso Vladimir Putin por la derrota electoral de Hillary Rodham Clinton en 2016. En el ínterin, los medios de comunicación (pro-Demócratas) trabajaron a tiempo completo para presentar piezas de 'noticias' complementarias para describir a Moscú como el enemigo du jour, incluyendo el hoy desacreditado apunte que versaba que el Kremlin pagaba con dinero de 'recompensas' a milicianos afganos para que éstos asesinaran a soldados estadounidenses.

Ahora mismo, Joe Biden se prepara para encontrarse con Vladimir Putin en Ginebra, Suiza -el próximo 16 de junio-, aunque el prospecto no es positivo, ni aún descontando que Biden etiquetó a Putin de 'asesino' 'sin alma', como algo más que una hipérbole. La cumbre fue solicitada tras un llamado telefónico a Putin -convenido por Biden en abril-, en una instancia particularmente tensa, cuando Ucrania estaba amenazando con retomar Crimea, empleando parte del armamento letal remitido desde los Estados Unidos, para completar ese trabajo táctico. Washington y la OTAN, por su parte, también declararon que su respaldo a Kiev era 'inquebrantable', aún cuando ambas partes reconocieron que Ucrania tendría poca oportunidad para derrotar al ejército ruso. El Kremlin respondió a la amenaza enviando tropas hacia su frontera, mientras que los EE.UU. desplegaron navíos de guerra a Turquía para que luego éstos ingresaran al Mar Negro. Sin embargo, rápidamente los retiró cuando Putin dejó bien en claro que su aparición en costas cercanas a Rusia sería evaluada como una provocación de magnitud.

Algunas voces racionales en el gobierno estadounidense se preparan, no obstante, para alejarse del precipicio. William Burns, hoy Director de la CIA y Embajador en Rusia en la era George W. Bush, informó con precisión cómo Moscú evalúa el escenario ucraniano. En un cable, el funcionario apuntó -bajo el título 'NYET SIGNIFICA NYET: CUESTIONES CRITICAS PARA RUSIA EN RELACION A LA AMPLIACION DE OTAN'- que Rusia 'interpretaría cualquier nueva expansión de OTAN hacia Oriente como una amenaza militar potencial. La ampliación de la OTAN, particularmente si abarcara a Ucrania, continúa siendo un asunto 'emocional y neurálgico' para Rusia...'. Pero incluso el New York Times está teniendo dificultades a la hora de hallar un resultado favorable que derive en una mejor 'administración' de la relación bilateral, tras informar que 'la cumbre sobreviene en el peor de los vínculos rusoestadounidenses desde la caída de la Unión Soviética, aproximadamente treinta años atrás'.

Sin lugar a dudas, las interpretaciones sesgadas que surgieron sobre la cumbre han sido intensas, con los medios estadounidenses propagando relatos referidos a nuevos ciberataques contra la infraestructura americana, atribuyéndolos a Rusia con escasísima evidencia, mientras que Putin declaraba públicamente que no esperaba ningún resultado concreto, y observando luego que la fracturada relación bilateral se ha vuelto, infortunadamente, 'rehén de procesos políticos hoy en marcha en los propios Estados Unidos'. Putin ha declarado en reiteradas oportunidades que deseaba que su país fuera tratado con respeto por los Estados Unidos, nación que se autopercibe perversamente como un 'país excepcional, con derechos especiales y exclusivos en, prácticamente, todo el mundo (...) No puedo estar de acuerdo con eso'.

Mientras tanto, Biden también aporta a la retórica general; dijo el presidente: 'Me plantaré ante Putin (...) desde una posición de fuerza'. Previo a arribar a la Gran Bretaña, al comienzo de su periplo europeo, donde desesperadamente busca algún titular de relevancia, Biden bregó por fortalecer los vínculos entre los aliados de los Estados Unidos, un objetivo interesante, conforme se ha revelado recienemente que los EE.UU. han estado espiando agresivamente a sus amigos más cercanos en Europa. Advirtió el mandatario americano tambien que Rusia sufrirá 'robustas y significativas' consecuencias si decidiera involucrarse en actividades 'perjudiciales'. Naturalmente, no parece un buen punto de partida previo a una cumbre que busca establecer un modus vivendi entre dos adversarios. Y también hay ruido adicional, que parte desde el espacio Demócrata. Ray McGovern, ex funcionario de la CIA para temas rusos, se pregunta 'si acaso Jason Crow, legislador por el Partido Demócrata, realmente cree que Vladimir Putin se levanta cada mañana pensando cómo destruir la democracia estadounidense, haciendo lo propio al irse a dormir'. Y, ¿qué es lo que la vocero Nancy Pelosi quiere decir con exactitud, cuando repite 'Todos los caminos conducen a Putin'? ¿Acaso será cierto que Hillary Clinton ha sugerido que el presidente Putin le daba instrucciones precisas al presidente Trump el 6 de enero, mientras el edificio del Capitolio se hallaba bajo ataque?

La pista más reciente respecto de lo que Biden querrá conversar para ganar puntos con los medios consigna que será duro en materia de 'derechos humanos' -lo cual es, por cierto, el tema a tratar cuando todo lo demás falla. Derechos humanos implica más Acta Magnitsky, y más tratamiento público sobre el encarcelamiento del disidente Alexei Navalny, quien probablemente es un agente tanto de la CIA como de otras agencias de inteligencia occidentales -detalle que sin lugar a dudas se conocerá. Lo cual sugiere que Washington aún está buscando interferir con la política doméstica rusa y, a su vez, esto da cuenta de que la conversación irá a parar a ninguna parte.

El Times y algunos otros analistas especulan, en términos más o menos positivos, que el encuentro tratará mayormente sobre la necesidad de establecer canales de comunicación que capacitará a los dos países para lidiar de modo confidencial con el otro, cerrando las puertas a cualquier eventual sorpresa que pueda, inadvertidamente, conducir a un conflicto bélico. Putin ha declarado estar listo para 'trabajar con Biden', mientras que tanto el Canciller Sergei Lavrov y Jake Sullivan, Consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, han expresado que explorarán puntos de encuentro, poner en marcha a las relaciones para que se muevan en la dirección correcta. De ser así, necesariamente la minuta evitará conversar en detalle sobre Ucrania y Siria, allí donde los EE.UU. y Rusia portan perspectivas contrapuestas, aún cuando en ambos casos podrían computarse beneficios a la hora de definir las 'líneas rojas' para una y otra parte. Tópicos que pudieran ser terreno común podrían vincularse con el cambio climático o el combate contra el COVID, auspiciándose que tales áreas de acuerdo puedan llevar a la apertura de novedosos canales de comunicación.

Sergei Lavrov ha planteado, hasta cierto punto, el tono de la cumbre, elogiando al equipo de política exterior estadounidense del Secretario de Estado Tony Blinken y a Jake Sullivan por comunicarse 'con franqueza' y 'respetuosamente' en los encuentros previos de Reykjavik y Anchorage. Lavrov también subrayó que la gente de Biden, aún cuando critiquen con dureza a Rusia, puede ser incluso más predecible que el muy rotativo elenco de personajes de Trump a nivel Gabinete, todos los cuales tenían por costumbre contradecirse a sí mismos.

Dicho todo esto, es altamente improbable que Biden intente mitigar los aspectos más irritantes entre ambas naciones, aún cuando eso ha prometido hacer, porque eso significaría tratar a Rusia como a un igual. De importancia prima son los desacuerdos que puedan conducir a una guerra, incluyendo el status futuro de Ucrania y aún de Georgia, los obstáculos motorizados por el presente escenario en Bielorrusia, y el rol de Moscú en Oriente Medio. Asimismo, Biden se respaldará notablemente en el asunto de la ciberseguridad porque hoy es muy popular en los medios -pero, dado que Putin ya ha negado responsabilidad, existen chances de que cualquier tratamiento sobre el particular lleve a ninguna parte. De igual modo, cualquier afirmación que insista en que Moscú interfirió con la política estadounidense durante la elección de 2020 sólo servirá para contaminar las conversaciones.

Al final del día, la hostilidad del Partido Demócrata versus Rusia, que se propagara por todas partes desde 2016, prevalecerá; y es probable que nada dramático se cuele entre los resultados de la cumbre de ambos presidentes. Con toda claridad, hace al interés de los Estados Unidos el retirarse de geografías como Ucrania, que Rusia interpreta como vital y que, en simultándeo, carece de valor para los Estados Unidos; aunque es improbable que Biden o alguno de sus consejeros más cercanos puedan ver a tanta distancia. Estando el Partido Demócrata en el poder y en control de ambas cámaras del Congreso, así como también de la presidencia, sólo sabrá tratar a cualquier crisis que involucre a Rusia con mano dura.

 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios estadounidenses, y como Director Ejecutivo en el Council for the National Interest. Giraldi es colaborador frecuente en Unz.com, Strategic Culture Foundation y otros. En español, sus trabajos son sindicados con permiso en El Ojo Digital.