ESTADOS UNIDOS: PHILIP GIRALDI | REALPOLITIK

¿Quién ganó el reciente debate del Partido Demócrata?

El debate del miércoles pasado, que tuvo por protagonistas a los candidatos a la presidencia...

08 de Julio de 2019

 

El debate del miércoles pasado, que tuvo por protagonistas a los candidatos a la presidencia por el Partido Demócrata (los cuales buscarán ser nominados para competir en 2020), se caracterizó por la ausencia de dramatismos. Muchos de los convocados a participar tuvieron poco para decir, amén de los clásicos comentarios progresistas sobre asistencia médica, empleo, educación y sobre por qué Estados Unidos es una nación construída por inmigrantes. Al día siguiente, los medios de comunicación tradicionales apuntaron que Elizabeth Warren había resultado ganadora en el cónclave, dada la coherencia de su discurso, aún cuando Warren poco hizo para diferenciarse de los que la acompañaban en el atril. Simplemente, Warren se expresó de manera más articulada.

Partido Demócrata, DebateLa cobertura del matutino The New York Times
fue la que se esperaba, lanzando elogios a Warren por su tratamiento de los temas y por su capacidad de presentar lo mismo que el resto pero de manera más concisa, en tanto se citó su comentario al respecto de que: 'Ellos podrían ofrecer clases magistrales para ilustrar la forma en que Warren se refiere a un problema, convirtiendo las respuestas en una suerte de historia. Ella no es solo estadísticas y cifras'. A continuación, el Times la emprendió contra el resto de los candidatos, sentenciando 'Compartieron una o dos respuestas sólidas, pero ninguno de ellos se caracterizó por ese momento eléctrico de campaña que esperaban exhibir'.

Sin embargo, e inevitablemente, hubo algún desacuerdo frente a quién se desempeñó mejor, teniéndose en cuenta la reacción de los televidentes y las percepciones relativas a cómo algunos de los medios sencillamente no podrían calificarse como del establishment o mainstream. El sitio web Drudge Report puso en marcha una encuesta mientras el debate se televisaba, y registró un respaldo abrumador por la congresista por Hawaii, Tulsi Gabbard. De igual modo, el Washington Examiner -un matutino de derechas- opinó que Gabbard había ganado por knock-out, conforme lo verificó su propia encuesta. El motor de Google también evidenció un crecimiento notable en búsquedas referidas a Tulsi Gabbard, previo al debate y tras finalizar aquél.

Al día siguiente, el analista conservador Pat Buchanan compartió un texto, intitulado 'Memo para Trump: reemplace a Bolton con Tulsi', en mucho similar al comentario compartido por el consultor del Partido Republicano, Frank Luntz: 'Tiene chances remotas de alcanzar la presidencia, pero Tulsi Gabbard suena como la mejor candidata para convertirse en Secretaria de Defensa'.

Tulsi, haciendo campaña de la mano de sus credenciales antibélicas, en efecto no se desempeñó como el resto de los candidatos. Gabbard confrontó abiertamente en el tema de la guerra y la paz, tema que, cautelosamente, los otros aspirantes evitaron. En respuesta a un apunte del congresista neoliberal Tim Ryan, quien dijo que Estados Unidos debía mantenerse 'involucrado' en sitios tales como Afganistán, Gabbard se refirió a dos soldados estadounidenses que habían sido asesinados precisamente ese día, afirmando: '¿Eso es lo que le contestará Usted a los padres de los dos soldados que acaban de ser asesinados en Afganistán? "¿Bueno... debemos seguir involucrados?". Como soldado que soy, le diré que esa respuesta es inaceptable'.

En otro pasaje, Gabbard se explayó sobre su perspectiva frente a las guerras de Estados Unidos, sentenciando: 'Hagamos frente a la situación en la que estamos ahora, una en la que los polluelos de halcones del Gabinete nos han llevado al borde de la guerra con Irán. He servido en la guerra de Irak en la fase más cruente del conflicto, en 2005, guerra que se cobró la vida de 4 mil de mis hermanos y hermanas de uniforme. El pueblo estadounidense necesita comprender que esta guerra con Irán sería aún más devastadora, y más costosa de lo que hemos visto en Irak. Se cobraría muchísimas vidas más. Acentuaría la crisis de refugiados. Y no quedaría relegada a Irán. Se convertiría en una guerra de orden regional. Esta es la razón por la cual es importante que cada uno de nosotros, cada ciudadano estadounidense, se alce y diga NO a la guerra con Irán'.

Asimismo, Tulsi le declaró la guerra al establishment de Washingtonafirmando: 'Durante demasiado tiempo ya, nuestros líderes nos han fallado, llevándonos de un "cambio de régimen" a otro, conduciéndonos a una nueva Guerra Fría y a una nueva carrera armamentista, costándonos billones de dólares que hemos aportado para impuestos de nuestro bien ganado salario, y se han perdido incontables vidas. Esta locura debe terminar'.

Palabras crudas, sí; pero Gabbard compartió una evaluación con la que pocos ciudadanos estadounidenses cuyos estilos de vida no se encuentran atados a la 'defensa' o a un congreso y unos medios de comunicación vergonzosamente corruptos podrían disentir, conforme Washington se encuentra ya en el fondo de un profundo pozo, y sigue insistiendo en cavar más profundo. De tal suerte que, ¿por qué existe semejante brecha entre el ciudadano estadounidense promedio y lo que los opinadores del establishment ven en sus pantallas de televisión? La diferencia no tiene tanto que ver con la percepción, sino con el deseo de ver el resultado que tal o cual se propongan ver. Las propuetas antibélicas ciertamente le quitarían la comida del plato a muchas personas, estén directamente empleadas en la 'defensa', o sean parte del vasto ejército de lobbistas y parásitos de los think tanks que alimentan el flujo de dinero desde el bolsillo de los contribuyentes, para que aquél termine yendo a parar a las arcas de Raytheon, General Dynamics, Boeing y Lockheed Martin, lo cual es parte de una maquinaria perpetuamente aceitada.


En la perspectiva del juicio colectivo que Gabbard ejercita contra el establishment estadounidense, ella y todo aquel que se le parezca deben ser destruídos. Ella no sería la primer víctima de un proceso político que le cierra la puerta a opiniones indeseables. Uno podría retroceder en las páginas de la historia, para llegar al caso de Eugene McCarthy y la férrea oposición que desplegó contra la Guerra de Vietnam en 1968. McCarthy tenía razón, mientras que Lyndon Johnson y el resto del Partido Demócrata estaban en un error. Más recientemente, el congresista Ron Paul intentó llevar cordura, en dos oportunidades, al Partido Republicano. También él terminaría siendo marginado del aparato del GOP que trabaja con esmero frente a los medios, instancia en la que el insulto definitivo consistió en impedirle hablar a él y a sus delegados en la convención de 2012.

Y la rueda continúa girando. En 2016, Debbie Wasserman Shultz, líder del Comité Nacional Demócrata, arregló el proceso nominatorio para que Bernie Sanders, candidato en favor de la paz, termine siendo marginado frente a la Súper Halcón Hillary Clinton, con el propósito de que la elegida fuera esta última. Por fortuna, el hedor que comparte todo lo que tenga que ver con los Clinton la alejó de cualquier chance electoral. De otro modo, por estas horas ya estaríamos asistiendo a una guerra con Rusia y, posiblemente, también contra China.

Tulsi Gabbard ha dejado salir al proverbial genio de la botella. Pero se trata del genio que propone 'poner fin a las guerras interminables', y será difícil volver a encerrarlo. Ella bien podría conmover el orden de prioridades del Partido Demócrata, llevando a que la gente se haga más preguntas en torno qué es lo que no funciona bien con la política exterior estadounidense de los últimos veinte años. A efectos de calificar para la segunda rueda de debates, Gabbard deberá anotarse un par de puntos más en su nivel de aprobación, o bien acercar más donaciones -alternativas que son perfectamente viables, dada su reciente performance. Se espera que ello suceda, mientras no aparezca alguna Debbie Wasserman Schultz oculta entre las sombras del proceso, para dibujar al propio antojo los resultados de las encuestas.

En efecto; para algunos críticos, Tulsi Gabbard no es la candidata perfecta. En el grueso de los asuntos de orden doméstico, se presenta como la clásica progresista Demócrata, en tanto también se exhibe muy convencional en términos de su relación con el lobby israelí. Pero de igual manera es cierto que ella rompe con el establishment del Partido Demócrata, siendo que Gabbard insiste en indultar a Chelsea Manning, Julian Assange y Edward Snowden. Adicionalmente, Gabbard tiene más ordenada su brújula moral que Elizabeth Warren, aspirante que claramente busca evitar todo aquello que tenga que ver con la política exterior para Oriente Medio -alejándose también de Joe Biden, quien se esmera por besar el trasero de Benjamin Netanyahu ante cada oportunidad, siendo que Gabbard ya ha condenado el homicidio de 'civiles desarmados' en la Franja de Gaza. Como hinduísta, la perspectiva que Tulsi Gabbard tiene de los musulmanes es algo compleja, dada la histórica interacción que ha caracterizado a ambas culturas. Aunque recientemente, la precandidata ha moderado sus opiniones.


Con seguridad, los ciudadanos de los Estados Unidos ya han escuchado mucho de lo mismo, en particular de un caballero de nombre Donald Trump. Pero Tulsi Gabbard bien podría ser la única y genuina candidata presidencial antibélica con chances de ser elegida, en los últimos cincuenta años. Es esencial que nosotros, ciudadanos estadounidenses preocupados de cara al futuro de nuestro país, sepamos oír lo que ella tiene para decir, pero con cautela, y respondiendo de manera acorde.


Artículo original, en inglés, aquí | Traducido y republicado con permiso del autor y del Editor en The Unz Review (Estados Unidos)



 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios estadounidenses, y como Director Ejecutivo en el Council for the National Interest. Giraldi es colaborador frecuente en Unz.com, Strategic Culture Foundation y otros. En español, sus trabajos son sindicados con permiso en El Ojo Digital.