ESTADOS UNIDOS: JARRETT STEPMAN

Por qué Estados Unidos no debe permitir que se reduzca la edad permitida para votar

En los Estados Unidos de América, la izquierda se propone lograr que los niños también voten.

19 de Marzo de 2019

En los Estados Unidos de América, la izquierda se propone lograr que los niños también voten. Esta idea se ha vuelto tan popular en la izquierda, que una mayoría de los Demócratas en la Cámara de Representantes decidió votar a favor de reducir la edad permitida para sufragar, desde los 16 años. La Vocera de la Cámara, Nancy Pelosi (Demócrata por California) también respaldó la iniciativa.

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¿Por qué Pelosi y otros en la izquierda estadounidense desean obsequiarle a los chicos de escuela secundaria -cuyo criterio y conocimientos se sabe son escasos- el derecho al voto? Quizás un reciente estudio de opinión pueda demostrar el porqué. Harris Poll, conforme lo revelado al público recientemente por Axios, prueba que casi una mitad de jóvenes estadounidenses afirman que gustarían de vivir en un país de orden político socialista.
 

Lo cual también consigna que numerosos jóvenes estadounidenses entienden que el gobierno debería proporcionar cobertura de salud gratuita, y lo propio con la educación, medicinas, y tanto más. Este dato opera en consonancia con otra encuesta, dada a conocer hacia fines de 2017 por parte del Fondo Conmemorativo para las Víctimas del Comunismo (Victims of Communism Memorial Fund), que detectó un respaldo similar por el comunismo entre la juventud, en sintonía con un profundo desconocimiento frente a lo que el comunismo realmente es.

El grueso de los entrevistados ni siquiera pudo definir qué es comunismo, ni qué es socialismo. Muchos creían, por ejemplo, que el ex presidente estadounidense George W. Bush asesinó a más personas que Josef Stalin, el despiadado dictador soviético cuyo régimen puso fin a la existencia de decenas de millones. Los hechos certifican que el socialismo porta consigo una extendida simpatía entre los denominados millennials y los miembros de la Generación Zeta, los cuales, en simultáneo, se caracterizan por una profunda ignorancia respecto del legado socialista.

Así, pues, no sorprende que agrupaciones políticas de izquierda se muestren desesperados en su empeño por hallar modos de comprometer a los chicos con el voto, esto es, para que aquéllos terminen siendo útiles instrumentos para su agenda, la cual hoy se promociona en la forma de socialismo explícito. De todos modos, mientras los jóvenes estadounidenses se abrazan al concepto de 'socialismo' en cifras tan elevadas como desproporcionadas, la ciudadanía americana en mayoría interpreta al socialismo como algo tóxico -en oposición a aquellos que lo votarían.

De acuerdo a una encuesta recientemente dada a conocer por la cadena de noticias NBC y el matutino Wall Street Journal (desarrollada en conjunto), solo el 25% de los encuestados entendieron que 'socialismo' es un concepto deseable para un candidato a la presidencia del país. Es decir, que el atractivo del concepto se listó entre los que menos agrado generaban al universo consultado. Quizás pueda interpretarse que las personas de mayor edad en los Estados Unidos tienen un conocimiento más acabado sobre lo que el socialismo representa, tras haber experimentado los tiempos de la Guerra Fría, o tras haber debido lidiar con la crisis existencial de la ex Unión Soviética como amenaza para la nación. Los jóvenes, por lo general aquellos nacidos después de la caída del Muro de Berlín, cuentan con menos ejemplos a la hora de relacionar a la cosmovisión socialista con los perjuicios que comporta para una sociedad libre.

Queda claro que, en el debate existente en torno del ideario socialista, la educación es lo que ha fallado. Una generación de jóvenes estadounidenses son hoy presa de la impresión de que el socialismo (sin importar lo que ellos entiendan que significa) les proporcionará una mayor prosperidad. La historia, como es obvio, prueba contundentemente lo contrario. La razón por la cual Estados Unidos es una nación próspera, y el motivo que explica por qué el país sigue siendo un sitio en donde millones de personas de todo el mundo aspiran a vivir, se debe a que ha rechazado abiertamente toda doctrina colectivista.

A lo largo de su historia, Estados Unidos ha decidido aferrarse a un ideario que reposa en el Estado de derecho, en la propiedad privada y la Constitución, variables que, en conjunto, han hecho mucho más por el bien común del ciudadano promedio que las doctrinas emparentadas con el socialismo, esquema que deposita el poder absoluto en manos de unos pocos selectos. A pesar de ello, el sistema educativo americano está fracasando a la hora de transmitir esas ideas fundamentales a las nuevas generaciones, fallo que EE.UU. habrá de modificar en el corto plazo si es que se propone continuar siendo un país libre.

Baste consignar, asimismo, que otro estudio de opinión reciente, que tenía por objeto ilustrar la performance de ciudadanos en una prueba clásica de ciudadanía, reveló que una mayoría respondió erróneamente -y de la peor manera. Todo lo cual nos devuelve a la cuestión que versa sobre la posibilidad de permitirle votar a los más jóvenes.

Es ciertamente positivo que los jóvenes se involucren en política, que desarrollen un instinto de ciudadanos bien imnformados, y que presten atención y seriedad al futuro del país. No obstante, la sociedad americana no habrá de hacer de la juventud un fetiche en la forma de ventaja, particularmente cuando este factor viene asociado a perturbadoras carencias en lo que hace a la comprensión de historia nacional y educación cívica. La izquierda estadounidense porta consigo una suerte de concepto rousseauniano, que explicita que los jóvenes deben liberarse de las asfixiantes ataduras de la civilización -en tanto promociona que a los chicos debe permitírsele alejarse de prejuicios y conocimientos construídos en base a la experiencia.

Pero la demanda ciudadana nunca se completa ni se compone exclusivamente de energía juvenil. La ciudadanía exige individuos bien formados y entrenados en educación cívica, el hacer gala de una profunda compresión en cuanto al funcionamiento de las instituciones, e independencia de acción y pensamiento. En simultáneo, el progresista estadounidense exige que se reduzca la edad permitida para votar, que se infantilice cada vez más a los jóvenes del país -los cuales no son contemplados como 'adultos' hasta alcanzar los 26 años de edad, mucho después de haberse graduado de la universidad. Desde elecciones como fumar o poseer armas de fuego, en rigor, el progresismo americano insiste con una recurrencia cada vez mayor en la eliminación de los derechos de los adultos más jóvenes.

Mientras tanto, ese progresismo también está exigiendo que se le otorgue cada vez más poder a los jóvenes de 16 años, para que puedan determinar qué leyes se votarán y qué líderes tendrá el país. Agenda que ha provocado groseras distorsiones.

Noah Rothman supo explicarlo con precisión, en la revista Commentary

En una época en la que la sociedad se muestra dispuesta a tolerar el deseo de la gente joven a languidecer en una niñez extendida, resulta revelador que el voto es la única responsabilidad adulta para la cual los miembros del Partido Demócrata entienden que los niños ya están bien preparados. Cuando se trata de cualquier otra característica vinculada a la adultex, los Demócratas suelen pensar que lo correcto es exactamente lo opuesto a eso.

De tal suerte que el reducir la edad permitida para votar es éticamente desaprensivo, por cuanto se deposita mayor poder en personas que no están preparadas para ejercitar una ciudadanía responsable; también surge que la propuesta es un mero paliativo. En la perspectiva progresista, la 'democracia' se amplía mientras las libertades se reducen, convirtiendo a la participación democrática y ciudadana en una escasa felicitación en forma de palmada en la espalda. Si bien esto podría sonar atractivo para las nuevas generaciones, en la práctica difícilmente ello sirva para fortalecer a la república, o para producir mejores líderes.

La insistencia en reducir la edad habilitada para el sufragio -que hoy se sitúa en los 18 años- degrada los aspectos positivos de la democracia en los Estados Unidos, y cobra la forma de una triste caricatura que todo lo atropella (eventualidad temida por los Padres Fundadores). Hemos de hacer mucho más para crear adultos y ciudadanos responsables, antes que dedicarnos a perpetuidad a aplicar 'democracia' en sitios donde no es necesaria.



Artículo original, en inglés, aquí

 

Sobre Jarrett Stepman

Jarrett Stepman se desempeña como colaborador y columnista en el sitio web The Daily Signal (Estados Unidos). Reside en Washington, Distrito de Columbia.