NARCOTRAFICO & ADICCIONES: DR. JUAN A. YARIA

Argentina: S.O.S. Padres

En nuestra consulta en GRADIVA, solemos organizar un evento anual de padres...

28 de Septiembre de 2018
En nuestra consulta en GRADIVA, solemos organizar un evento anual de padres, que hemos dado en llamar 'S.O.S. Padres' (S.O.S.: Socorro). El elevado contenido emocional de los testimonios explicitó, por un lado, la importancia del centro de tratamientos para detener el lento suicidio que, para muchos padres, se sintetiza en ser testigos diarios del acercamiento de sus hijos hacia las drogas. Allí, son protagonistas tanto la impotencia cotidiana como la fortaleza de las familias, uniéndose, finalmente, a verdaderos equipos de rescate que no solo ayudarán a sus hijos sino a los propios padres. S.O.S. Padres es una llamada al Socorro y a la ayuda mutua.

MedMen, San DiegoLas familias se enferman, a medida que avanza el proceso adictivo. En el ínterin, la institución terapéutica se convierte en garante de un proceso de amor a la vida. Es que el hombre necesita del reparo de las instituciones: hemos de ser muy claros en la distinción de la crítica contra ciertas instituciones tiránicas y obsoletas (como ser los hospicios sin tratamientos y solo como depósitos, por ejemplo, o las familias autoritarias), esencialmente distinta a la necesidad de la existencia de organizaciones que transmitan el don de la palabra -es decir, la vida- y de la educación. La confusión reina; hoy, criticar a las instituciones se ha convertido en un deporte. Así lo proponía el ideario de A. Gramsci (eximio filósofo marxista italiano; 1891-1937): de lo que se trata, para él, es de atacar a la 'hegemonía cultural' compuesta por instituciones educativas, medios de comunicación e instituciones religiosas del viejo orden -espectro que, en un esfuerzo conjunto -dice Gramsci- convierte a las familias en meras formas de dominación burguesas y clericales. Esto parece funcionar en la práctica como un vacuo latiguillo comunicacional que, a la postre, confiesa el objetivo de entregar a las personas a los grandes grupos de manipulación política (realidad comprobable hoy en el grueso de las organizaciones políticas argentinas) o bien publicitarias (target o público objetivomercado). Las personas -conforme ya hemos explicitado desde este mismo espacio- pasan a ser clientes; ya no son ciudadanos.

La sociedad, entonces, termina hecha prisionera por numerosos caprichos individualistas pero, al decir de Ricoeur, Humanidad e instituciones van de la mano. Todos, en bloque, despotrican hoy contra las instituciones familiares y contra las educativas, pero pocos hablan de la necesidad de la vida familiar como germen de humanización -la verdadera razón detrás del llanto de nuestros pacientes.

Familia y escuela deben promover en los niños y jóvenes normas claras sobre la Ley, el robo, el asesinato, la violación, el adulterio y el no consumo de drogas tóxicas. El adicto de hoy revela la ruina de ciertas instituciones que resultan ser fundamentos de lo humano (familias, colegios, organizaciones territoriales culturales y de seguridad, etcétera.).


Familias dañadas

El protagonismo de la vida familiar actual es crítico, en lo que tiene que ver con el consumo de sustancias: aparece dislocada, ausente, fragmentada, dividida y con largos años de varios de sus hijos en carrera de consumo -sin tomarse decisiones sobre tratamientos, o incluso con los propios padres involucrados en la carrera del consumo. El 60% de los pacientes tienen familiares con antecedentes de consumo o participan algunos en el tratamiento con ellos. Esto certifica el modo en que el Caballo de Troya de las drogas ha penetrado en el seno del propio sistema familiar y social. Planteando, además, la problemática que hoy exhiben los garantes del tratamiento (sostenes), ya que en numerosos ejemplos, la totalidad del sistema se muestra invariablemente comprometido.

Sobre 100 pacientes estudiados, la edad promedio de inicio de consumo fue a los 14 años; la cantidad de años transcurridos previo a acudir a la consulta fue de 13 años y 7 meses: acudieron recién cuando tenían, en promedio, 28 años de edad. La franja etaria del inicio en el consumo (casi 14 años) certifica el fracaso de la totalidad de los instrumentos preventivos sociales. La marihuana ha sido la droga de iniciación en un 55% de los residentes; luego, el alcohol, con un 29%. La droga de consulta fue abuso de cocaína (55%), marihuana (14%) y pasta base o 'Paco' (18%) (Estudios realizados en GRADIVA con Dra. M. Arango).

La industria de la droga actúa sin cesar desde tres trincheras: legal–comercial, el dominio narco (Colombia nunca como hoy produce opio, marihuana y cocaína; al amparo de los tratados de paz y con protección política para elementos desmovilizados de FARC; conservando sus ganancias espurias en sedes seguras y trabajando con naciones que han operado y operan actualmente como corredores seguros); y discursos políticos progresistas, que favorecen todos un consumo indiscriminado de sustancias.


A la caza de clientes

Un ejemplo actual es San Diego (California, Estados Unidos). Allí, una cadena de tiendas bautizadas Med Men y dedicadas a la comercialización de marihuana, han llevado a cabo una campaña publicitaria exhibiendo que los consumidores de marihuana provienen de todos los ámbitos de la cotidianeidad. Se muestran imágenes de agentes de policía, enfermeras, maestros, científicos, capataces de la construcción, y hasta abuelas que fuman hierba. Amén del mensaje stoner (fumador empedernido), que la propia gama de avisos muestra tachado. El mentamensaje de la campaña reza: es posible ser fumador de marihuana, y no ser adicto. En rigor, se trata de una fuerte campaña que persigue consolidar la aceptación social de la marihuana. De lo que se trata es de trivializar el uso.

Tuvo gran impacto, por ejemplo, el episodio en donde Elon Musk, titular de la firma estadounidense Tesla fumó marihuana en un estudio de televisión: las acciones de la compañía se desplomaron en los días subsiguientes. No provocó rechazo en la opinión pública el que se exhibiera bebiendo un vaso de whisky, pero sí el hecho de que fumara marihuana. Certificado: el alcohol está aceptado socialmente; la marihuana, no.

Las campañas trivializan el empleo del cannabis pero, mientras esto sucede, los consultorios se llenan de pacientes vencidos por el consumo. Es parte del grotesco librillo de contradicciones de nuestra sociedad, la cual produce enfermos en serie, publicitándolos primero como clientes.


Llamado a un esfuerzo familiar conjunto

Las vidas de todos fluctúan entre el obrar y el padecer. Sin embargo, en la familia del adicto, el padecimiento es impactante: se asiste a duelos no elaborados, a integrantes de la familia con problemas, a violencia en todo formato, a abusos físicos y/o sexuales, etcétera.

El padecimiento deviene en perpetuo, para estas familias. Así fue que decidimos convocarlos para que tuvieran una oportunidad para formarse, unirse, compartir, comprender, y tratar directamente con otros que puedan compartirles la propia experiencia con adicciones. En la escucha de sufrimiento ajeno, sobrevive una novedosa interpretación de lo que nos sucede. Se abren, así, las puertas hacia la esperanza. Se trata de familias acosadas, en primer término, por la culpa. En paralelo, los padecimientos se amplifican, tras tener que vivir sus integrantes en barrios casi por enteros dedicados a la comercialización de drogas. La dependencia química emparentada con el abuso, naturalmente dificulta cualquier esfuerzo de reinserción. El tiempo y el trabajo de ayuda mutua son reaseguro frente al hundimiento existencial.

Ricoeur, nuevamente: '(...) Los avances del bien se acumulan, pero las interrupciones del mal no hacen síntesis'. Con lo que daña, no existe síntesis: todo se fractura. Lo que hace bien, suma. 



 
Sobre Juan Alberto Yaría

Juan Alberto Yaría es Doctor en Psicología, y Director General en GRADIVA, comunidad terapéutica profesional en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Los artículos del autor en El Ojo Digital, compilados en éste link.