ESTADOS UNIDOS: PHILIP GIRALDI

Fool's Errand (Sendero de Desesperanza), guía para la nueva guerra olvidada

Fui uno de los primeros funcionarios estadounidenses en arribar a Kabul hacia fines de 2001...

08 de Septiembre de 2017

Fui uno de los primeros funcionarios estadounidenses en arribar a Kabul hacia fines de 2001. La guerra que parecía llegar a término entonces, transita hoy por su décimosexto año y sin percibirse su final; y, para aquellos que estuvimos allí en los inicios, hoy parece que hubiese sido hace añares. El presidente Barack Obama se refirió, no mucho tiempo atrás, a Afganistán como una 'guerra necesaria'. Pero, ahora, parece ser más apropiado referirse a ella como la 'guerra olvidada', conforme el presidente Donald Trump ha enviado unos pocos miles de soldados más a Kabul -mientras que expresa enfáticamente que no discutirá estrategias ni responderá a preguntas al respecto de lo que podría venir después.

El nuevo libro del autor estadounidense Scott Horton, Fool’s Errand: Time to End the War in Afghanistan (en español, título equivalente a Sendero de Desesperanza: Es Hora de Poner Fin a la Guerra en Afganistán) consigna un brillante racconto del prolongado involucramiento americano en suelo afgano. Nos recuerda que aquello que diera inicio en 2001 fue apenas la fase más reciente de una lucha de décadas que, en rigor, comenzó en 1979, cuando los rusos invadieron Afganistán, y Washington replicó enviando armamento y proporcionado entrenamiento a las guerrillas muyajadines; éstas lograron, con eficiencia, forzar a los soviéticos a replegarse, pero luego mutaron en al-Qaeda. Tal como el fallido reemplazo de Mohammed Mossadegh en Irán en 1953, ejecutado por la CIA, el actual involucramiento en Afganistán ha tornado en fruta amarga, ejemplo perfectamente ilustrativo de lo que ha sido denominado 'tiro por la culata'.

Afganistán, Scott HortonScott no afirma ser un experto en Afganistán, en el sentido tradicional. Jamás ha visitado ese país, ni habla de los idiomas nativos, como tampoco ha sido convocado por universidad ni por think tank washingtoniano alguno a la hora de discutir los desarrollos en esa nación. Sin embargo, Scott se ha formulado algunas preguntas ciertamente necesarias en relación al rol estadounidense en Afganistán, desde que ese país fue invadido por los militares estadounidenses a consecuencia del 9/11. En su rol como eterno anfitrión de la radio Antiwar (Antiguerra), y del Show de Scott Horton, ha llevado adelante un aproximado de 4.500 entrevistas con dirigentes políticos, soldados, oficiales de inteligencia, periodistas y académicos -centenares de los cuales ponían el foco de su atención en el tema afgano.

Scott es muy bueno preguntando, como también escuchando; sus programas proporcionan puntos de vista alternativos al respecto de lo que ha tenido lugar en los Estados Unidos y en el exterior desde el año 2001. A raíz de sus virtud de presionar con insistencia a sus invitados, sus entrevistas terminan siendo experiencias de digno aprendizaje, tanto para los participantes como para la audiencia. A lo largo del proceso, Scott ha enriquecido sus conocimientos y también su autoconfianza, convirtiéndose en un escéptico declarado de las intervenciones militares, de la responsabilidad de proteger las doctrinas, y de la guerra global contra el terrorismo. De igual manera, se ha vuelto muy conocedor de Afganistán, geografía donde el dominio estadounidense parece encontrarse atorado desde hace ya dieciséis años.

Me aproximé al libro Fool’s Errand con algunas reservas. En sí mismo, el título anticipa el mensaje del trabajo -esto es, que los Estados Unidos obtendrían un mejor resultado si pusieran fin a la aventura afgana tout suite, punto de vista que no es precisamente exclusivo de Horton. De tal suerte que imaginé repasar, al leer las páginas, muchas cosas que ya conocía o bien entendía. Pero me vi gratamente sorprendido, dado que el autor indagó en profundidad, e hizo la tarea. El texto en su totalidad es meticulosamente acompañado de notas al pie, apareciendo éstas en la misma página que el texto, algo que es ciertamente muy bienvenido y que no suele verse seguido -como debería ser. Hay allí un sustancioso volumen de contenido, que surge de las entrevistas conducidas por Horton desde 2001.

Horton comienza su relato con una conversación profunda sobre los orígenes y motivaciones de la etiqueta al-Qaeda del radicalismo islamista, deteniéndose en algunos puntos para comentar numerosos aspectos del Islam en sí mismo. Luego de ello, invita al lector a retroceder hacia los orígenes del conflicto, comenzando por la invasión soviética de Afganistán en 1979. El autor proporciona un detalle fascinante al respecto de cómo la intervención rusa en Afganistán en realidad dio inicio, dato que yo desconocía: en julio de 1979, el Consejero de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, convenció al presidente para que firmase un hallazgo que autorizó a la agencia a comenzar a armar y entrenar a los guerrilleros muyahadines afganos, con el objeto de desetabilizar al gobierno pro-ruso de Hafizullah Amin en Kabul, y provocar la invasión soviética de ese país. Si acaso los soviéticos necesitaban de esa tentación es debatible, pero existía una clara percepción en Washington de que los rusos habían mordisqueado de la carnada. Poco después de que el Ejército Rojo invadiera Afganistán en diciembre, Brzezinski envió un memo a su jefe, haciendo alarde de cómo 'Contamos ahora con la oportunidad de obsequiarle a la URSS su guerra de Vietnam', lo cual significaba un caleidoscopio interminable que debilitaría y llenaría de sangre a los soviéticos, a la postre, 'conteniendo' la amplificación del comunismo.

Poco hizo Brzezinski, un europeo oriental obsesionado con la Guerra Fría, a la hora de apreciar la dinámica diferente de una guerra en el corazón de Asia alimentada por la religión y por una cultura tribal que daría vuelta la partida de lo que fue evaluado como un conflicto tradicional, utilizando proxies o subsidiarios para construir algo radicalmente diferente -aunque Brzezinski sí comprendió la parte del caleidoscopio. Y también presintió el impacto que acusaría la Unión Soviética. El Ejército Rojo se replegó de Afganistán en 1989, y la guerra en gran medida contribuyó a la virtual bancarrota de Moscú. La URSS terminó por disolverse, dos años más tarde.

Y luego estaba la significativa desventaja para los Estados Unidos. Los muyahadines, también financiados y respaldados por los aliados americanos Paquistán y Arabia Saudita, fueron -en el mejor de los casos- casi imposibles de controlar, evolucionaron en al-Qaeda y, eventualmente, dieron origen al Talibán. Es bastante razonable sugerir que el fuego que Brzezinski contribuyó a iniciar siguió ardiendo, hasta la intervención 'oportunista' de 1979.

Fool’s Errand alcanza su cénit de brillantez cuando, con cautela, puntualiza los desarrollos que sigueron e la invasión estadounidense de Afganistán en 2001. Scott describe los pasos en falso con algún detalle, con notas completas que habilitan al lector a ponderar la validez de los juicios compartidos por el autor. Scott discute los fallos de los EE.UU. y sus aliados, a la hora de comprender el tipo de sociedad y la cultura con la que estaban tratando, y la tendencia que habría de ser tomada con los líderes afganos que fueron lo suficientemente criteriosos para simular ser defensores de la democracia al estilo occidental, a los efectos de quedarse con el dinero y con el respaldo político que iba fluyendo. Describe, el autor, la incapacidad de una serie de generales que habían construído sus reputaciones en Irak, en general basándose más en la moda que en verdaderos logros, al momento de asimilar las diferentes condiciones comportadas por Afganistán. Scott resalta al explicar la doctrina de la contrainsurgencia, de tal forma que lo hace comprensible para el lector profano. Y también explica por qué esa doctrina fracasó.

Scott concluye:

Tras más de una y media década, los resultados comienzan a llegar. El gobierno de los Estados Unidos no ha estado en capacidad de consolidar sus objetivos en Afganistán. Peor aún: el estado que se intentó establecer allí es insostenible, y de seguro hará eclosión cuando la ocupación sea finalmente clausurada, y Estados Unidos regrese a casa. Los políticos, generales y oficiales de inteligencia detrás de esta catástrofe sin final, esos que siempre prometen poder solucionar estos problemas con algo más de tiempo, dinero y fuerza militar, han perdido toda credibilidad. La verdad es que la guerra americana en suelo afgano es un desastre irredimible. Fue pensada para convertirse en una trampa, desde el principio. Estados Unidos no solo fracasa a la hora de derrotar a sus enemigos, sino que se destruye a sí mismo, tal como Osama bin Laden y al-Qaeda siempre buscaron lograr.

Desconozco hasta qué punto el involucramiento estadounidense en Afganistán -nuestra guerra más extensa y que aún continúa- se enseña en universidades o en cursos de relaciones internacionales. Si acaso es parte del silabeo, debería ser etiquetada apropiadamente como una 'lección que ha de aprenderse' al respecto de lo que puede ir mal cuando uno se propone combatir a un adversario global como la Unión Soviética, creando una amenaza potencialmente peor, a través del armado y entrenamiento de militantes islamistas. Se me ocurrió pensar que, si acaso existe tal curso en algún claustro, sería bien tratado echando mano del libro de Scott, Fool's Errand, como manual de cabecera. Cuenta la historia completa de Afganistán, y abunda en información que será útil para educar al lector desinformado en relación a la guerra afgana y su trasfondo. Aún cuando incluye algunas perspectivas tan sorpresivas como únicas, que emergen de los centenares de entrevistas -material que logrará que los estudiantes más avanzados sigan recorriendo las páginas. Es un libro cuya lectura es en extremo recomendable.


Artículo original en inglés, en http://www.theamericanconservative.com/articles/fools-errand-a-guide-to-the-new-forgotten-war/

 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios estadounidenses, y como Director Ejecutivo en el Council for the National Interest. Giraldi es colaborador frecuente en Unz.com, Strategic Culture Foundation y otros. En español, sus trabajos son sindicados con permiso en El Ojo Digital.