NARCOTRAFICO Y ADICCIONES: JUAN A. YARIA

Argentina: fabricando niños 'descartables'

Lo cierto es que hay muchos polaquitos -como el niño de reciente aparición televisiva.

23 de Julio de 2017
La modernidad líquida tiene sus "parias" (...), residuos, poblaciones superfluas.

Zygmunt Bauman (Vidas Desperdiciadas; 2005)

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Lo cierto es que hay muchos polaquitos -como el niño de reciente aparición televisiva [foto; crédito: Programa PPT, Canal Trece, Periodismo Para Todos]. Parecen sobrantes sociales y reciclables para otros usos porque, al ser objetos, ellos son intercambiables y, en el proceso, con escaso valor de recambio. Entre los superfluos, cita el sabio alemán a los emigrantes, pero también a los niños solos y a los llamados niños-viejos. La droga es el espectáculo siniestro de esta desolación cuando ésta se apropia particularmente del sector infanto-juvenil. Las historias que vivimos en el día a día de nuestra consulta profesional son testimonio de la tragedia en la cual numerosos chicos y chicas viven, y donde se cifra la ceguera moral de nuestra sociedad ante este problema (concepto también extraído de Z. Bauman). Este lo explica del siguiente modo: 'Tanto se ha debilitado la ética, que estamos ciegos; no la vemos ni la echamos de menos, prescindimos de ella. Las normas del deber nos resultan rígidas, la virtud es cosa del pasado; lo que importa es el placer'. La clínica cotidiana, en nuestros consultorios de la comunidad terapéutica, es un relato dramático y lindante con la tragedia experimentada por estos chicos.

Como ejemplo, vale citar que, desde hace más de un año ya, recibimos a dos adolescentes de no más de 15 años, de una ciudad casi tomada por el mundo narco, como lo es Rosario (Santa Fe, Argentina). Ambos habían huido de sus casas y vagaban por la ciudad. La otra vulnerabilidad subyacente era la familiar: el golpe, la violencia y, en ocasiones, el abuso sexual -como factores complementarios de la exclusión que padecían. La familia es una temática silenciada en nuestra sociedad, y el grueso de estos jóvenes nada conocen sobre la experiencia familiar.

Polaquito, Argentina, Drogas, YaríaHacia fines de los años noventa, existían, en la Argentina, organismos públicos que portaban la denominación de 'Familia' -o bien ministerios o secretarías. Pero, casi de súbito, la familia fue eliminada del léxico, con el prejuicio de haber sido quizás el último baluarte del orden burgués-clerical con su peculiar orientación ideológica (naturalmente, en la perspectiva del circuito progresista). Se confundía patriarcalismo con la necesidad de una tutela orientadora y de afectos; se confundían los cambios de las formas familiares (ensambladas, monoparentales, etcétera) con la necesidad de una orientación que ayudase a crecer. La escuela (hoy, muchos se preguntan: ¿qué es eso?) también ha quedado atrás; las pedagogías libertarias se encargan ahora de liquidar el último resto normativo y de aprendizaje posible. Los dos factores básicos de educación y socialización, a la postre, fracasan. La consecuencia gana forma en la existencia de los 'polaquitos', que vagan por barrios que se asemejan a novedosos campos de concentración. Allí, frecuentan lugares de venta y casas de consumo, sitios donde se intercambia sexo por drogas, y búnqueres.

La justicia y la policía no son ya instituciones válidas en aquéllas zonas desérticas de las urbes, vacías de contenido o indiferentemente cómplices, que forman solo parte de una coreografía necesaria por su inutilidad. Incluso en muchos casos, son totalmente superadas por las fuerzas de los nuevos Poderes narco, que emergen en los barrios. Los traficantes explotan a estos menores, dado su carácter reciclable y de bajo costo.

'Vos querés droga; bueno, dame sexo', eran diálogos comunes en los sitios descriptos, allí donde reinan la marginalidad y la explotación. Así me lo relatan -en persona- algunas adolescentes que residen en circuitos marginales. La otra gran vulnerabilidad remite al propio desarrollo del sistema nervioso adolescente, conforme la toalidad de los circuitos biológicos de control de impulsos y de postergación a través del pensamiento se encuentran inmaduros al tener que hacer frente a la preponderancia de los sistemas del placer. Estos se muestran en franco crecimiento, sin freno posible. En tal contexto, minoridad y consumo de drogas garantizan una avidez por el consumo en el futuro. Esa fuerza oficia de imperativo que siempre 'puede más'.

Poco a poco, lo traumático y la violación alteran el desarrollo de los dos adolescentes a que hacíamos mención. El carácter anárquico-sexual avanza desde la felatio hasta la penetración anal. Los chicos llegan a nuestra consulta vencidos y devastados, compelidos por alguna instancia judicial que los remite a la comunidad terapéutica. Se exhiben magullados, como combatientes maltrechos -o cuales sobrevivientes de algún conflicto bélico. Transpiran dolor puro.


Características comunes a estos grupos

Entre ellas, vale cifrar:

1) Ausencia significativa del padre biológico en la educación infantil, o desconocimiento del hijo de este personaje;
2) El 40% de los jóvenes registra una ausencia absoluta de la figura paterna;
3) El 40 % de los padres que aún están, abusan del alcohol;
4) La violencia de los barrios donde residen (el 60% declara haber padecido la violencia del cuadrante de residencia);
5) La experimentación con el alcohol tiene lugar a edades bien tempranas;
6) El tráfico de drogas se ha convertido en un formato de ocupación laboral y, en ocasiones, funciona una pequeña empresa familiar que opera con su propia dinámica e ingeniería económico-financiera;
7) Alta incidencia, en estas familias, de patologías sociales, como ser HIV, prisión, discapacidades varias, aumento de la cohorte juvenil entre los 15 y los 24 años, complejos habitacionales con alta densidad ocupacional por metro cuadrado, la escuela ya no es vivenciada como lugar de integración y/o ascenso social. Casi el 80% de los chicos, en estos territorios de riesgo, ha repetido al menos un grado; sus núcleos familiares registran ingresos ínfimos, y es común a los padres una escolaridad igualmente escasa.


Volver a creer
 
Cuando, desde los inicios, la vida es trauma puro, surge en nosotros la duda al respecto a cómo estructurar un vínculo humano que facilite un cambio hacia la salud. Estas sociedades -conforme estos jóvenes las experimentan hoy- son denominadas 'catastróficas', dadas las eminentes condiciones de deshumanización que le son propias. Asimismo, se las considera similares a las que tienen lugar luego de cataclismos ambientales o en la escenarios de conflicto bélico. Lazos comunitarios y familiares se han quebrado por igual.

En tales casos, el vínculo con la comunidad terapéutica deviene en fundamental. En los inicios, se huye -ya que la configuración de un mundo amable para la persona es extremadamente complejo en las primeras fases. El joven o la joven que experimentó situaciones de violencia aprende a no pensar ni sentir: su respuesta inmediata es la huída. Y esto es comprensible: su existencia ha sido un torbellino, y detener esa dinámica lleva tiempo -en la forma de construcción de un conocimiento recíproco. Adicionalmente, la abstinencia en los menores domados con drogas desde muy pequeños es ciertamente medulosa. Se ven alterados el sueño, la ingesta de alimentos, y se potencian los desórdenes impulsivos. Para lograr esa conexión o vínculo, es menester superar otra traba, no menor, y de índole ideológica. Esa misma que se ha encargado de azotar a la República Argentina y que se explicita en un pensamiento anti-institucional, que identifica a las comunidades terapéuticas con manicomios o como anexos de un sistema que se promociona como represivo.

En tal sentido, los circuitos progresistas ponderan al conjunto de los profesionales de las comunidades terapéuticas o instituciones educativas como represores. Pensamiento que, invariablemente, ha contribuído a acentuar la intemperie de los jóvenes -abandonados, sin más. En nuestro país, desde hace ya siete años, rige la prohibición de habilitar nuevos centros terapéuticos -proscripción que tiene lugar, precisamente, en medio del auge de la epidemia. La contradicción es absoluta, por cuanto la prohibición no logra sino consolidar la multiplicación de casos como el de el 'Polaquito'. Otra consecuencia, acaso no deseada, es el surgimiento de grupos ilegales de contención, carentes de habilitación alguna de parte de organismos oficiales de salud. Esos grupos clandestinos terminan transformándose en verdaderos aguantaderos para los jóvenes, ante el desconcierto de las familias que ignoran taxativamente cómo hacer frente al problema.

La estructuración de un sólido vínculo humano, alejado de la realidad violenta que marcó a esos jóvenes, es siempre la primer tarea. Recién en esa instancia es factible la reconstrucción de una identidad -principal fuente de arraigo para el ser humano. Y así la define Bauman, como el encuentro con la mismidad; de esta manera, es más probable echar raíces para la construcción de un futuro. Con todo, el capital fundamental continúa siendo la propia subjetividad, toda vez que sea posible rescatar al paciente del consumo de drogas, de la violencia sexual en sus distintos formatos -para luego cimentar ese vínculo a partir de experiencias concretas de amor humano. El encuentro con la palabra oída y hablada es, para estos chicos, una verdadera revolución. Escuchar y hablar no son experiencias que hubiesen conocido previamente. Y cierto es que, en la medida que hablamos y escuchamos, surge nuestro verdadero ser. Damos inicio a la reconstrucción de ese ser.

Las jóvenes de nuestro relato residen hoy en Rosario, en sendos hogares sustitutos, pero alejadas de las drogas. Retomaron sus estudios, y se esfuerzan en construir una existencia vivible, plena de esperanza. No puede negarse que las experiencias de vejación dejarán su huella, pero también es certero que lo nuevo, si es gratificante, comporta el poder para resignificar todo lo pasado, para reconvertirlo en salud. Aquéllas jóvenes vivieron rodeadas de factores de riesgo, sin núcleos familiares válidos, consumiendo drogas precozmente. Hoy, en contrario, están ligadas a factores de protección: una casa ordenada, estudio, y no consumo de drogas. En definitiva, han sabido construírse una adolescencia cuidada.

 
Sobre Juan Alberto Yaría

Juan Alberto Yaría es Doctor en Psicología, y Director General en GRADIVA, comunidad terapéutica profesional en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Los artículos del autor en El Ojo Digital, compilados en éste link.