INTERNACIONALES: ANA QUINTANA Y MARY MOODY

La relación Estados Unidos-Brasil

En un gesto poco habitual, Dilma Rousseff -presidente de Brasil- canceló una visita a Estados Unidos, alegando su descontento con la respuesta de la Administración Obama...

29 de Septiembre de 2013
En un gesto poco habitual, Dilma Rousseff -presidente de Brasil- canceló una visita a Estados Unidos, alegando su descontento con la respuesta de la Administración Obama a raíz de las acusaciones de espionaje contra la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Este embarazoso desaire debería obligar a la Casa Blanca a rectificar su política exterior en la región.
 
Rousseff está molesta porque, aparentemente, los agentes de la NSA violaron la seguridad de sus comunicaciones y la de sus ayudantes. Además, la compañía estatal petrolera de Brasil, Petrobras, vio comprometidos sus datos debido a las acciones de la NSA. La compañía está lista para empezar a recibir ofertas por un campo petrolífero marino extremadamente lucrativo. Rousseff ha pedido una explicación en numerosas ocasiones y en varios foros Brasil, Indice de Libertad Económicainternacionales (el más reciente, la ONU) al presidente Obama, al vicepresidente Joe Biden y al secretario de Estado John Kerry, sin resultado hasta el momento.
 
La visita de Estado, programada para el 23 de octubre, se había anunciado como una oportunidad para mejorar las maltrechas relaciones entre los dos países mediante la promoción de los vínculos económicos. Los líderes políticos estaban listos para debatir un buen número de temas, incluidas las oportunidades en el sector energético para las compañías estadounidenses y la posible adquisición por parte de Brasilia de cazas fabricados por Boeing por un valor de $4,000 millones. Es más: el rechazo del presidente Barack Obama a abordar las acusaciones brasileñas de espionaje económico podrían ser potencialmente perjudiciales para las compañías petroleras de EE.UU. que compiten por los contratos con Petrobras.
 
Es probable que estos acuerdos representen sólo la punta del iceberg de lo que Brasil podría llegar a ofrecer para las empresas de Estados Unidos. Precisamente ahora, este país está a punto de convertirse en uno de los socios comerciales más importantes de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental, ya que se prevé que llegue a ser la quinta mayor economía mundial hacia 2015, bastante por delante de Canadá y México. Actualmente, Brasil es el octavo mayor socio comercial de Estados Unidos, dando entrada a un total de $32,000 millones en bienes y servicios de Estados Unidos.
 
Sin embargo, y a pesar del crecimiento en los índices de intercambios económicos, como muestran las estadísticas que aquí presentamos, Brasil tiene una economía relativamente cerrada. El Indice de Libertad Económica, que publican anualmente la Fundación Heritage y el Wall Street Journal, sitúa a Brasil como la 100ª economía más libre del mundo, con un puntaje de libertad económica de 57.7.
 
Amén de los posibles costos económicos de un enfrentamiento con Brasil, el costo político podría ser igualmente sustancial. Brasil es un país con una gran reputación dentro de una región plagada de antiamericanismo. Como parte del pequeño grupo de países que mantiene buenas relaciones tanto con Estados Unidos como con los jefes de Estado de ideología de izquierdas, Brasil podría sin duda colaborar en la defensa de los intereses de Estados Unidos en Latinoamérica.
 
Por más lamentable que sea el reciente giro en los acontecimientos, este revés diplomático no es definitivo. La Administración Obama debe asegurar a la presidente Rousseff que Estados Unidos respeta el estatus de Brasil como emergente potencia mundial, y que reconoce que el incremento de la cooperación comercial y económica beneficiaría a ambos países.

 
 
Ana Quintana y Mary Moody | Heritage Libertad, The Heritage Foundation