ESTADOS UNIDOS: AMY M. PAYNE

El lento desmantelamiento de Obamacare

Las cosas no le están saliendo muy bien a Obamacare. Ni siquiera los demócratas del Congreso son ya unos grandes admiradores de esta ley.

07 de Enero de 2013

Las cosas no le están saliendo muy bien a Obamacare.

Ni siquiera los demócratas del Congreso son ya unos grandes admiradores de esta ley. Parece que después de aprobarla y de averiguar lo que contiene, su encanto se ha desvanecido, tanto es así que el Congreso, en realidad, derogó parte de Obamacare con el acuerdo sobre el abismo fiscal de la semana pasada.

Efectivamente: una parte de Obamacare ha quedado completamente deshecha. Se trata de la Ley de Servicios de Apoyo y Asistencia para Vivir en la Comunidad (CLASS), básicamente un nuevo programa de derechos a beneficios para la atención a largo plazo. Pero este nuevo Barack Obamaprograma del gobierno- destinado a las personas que terminan necesitando una residencia asistida u otros servicios a largo plazo- estaba mal diseñado y destinado al fracaso, como explica la analista de la Fundación Heritage Alyene Senger.

“La ley CLASS era un mal acuerdo tanto para los contribuyentes (que probablemente habrían tenido que rescatar financieramente el programa) como para los beneficiarios (que estarían mejor atendidos si pudiesen elegir entre distintas opciones privadas)”, comentaba Senger.

El programa estaba tan mal diseñado, que uno de sus propios administradores advirtió en 2011 al Congreso de que colapsaría.

Este es sólo un ejemplo de lo mal elaborada que estaba Obamacare. Sin embargo, este ejemplo atrajo tanto la atención del Congreso que incentivó el que se tomaran medidas. Además, otra parte de Obamacare que acababa de entrar en vigor (el impuesto sobre los aparatos médicos), aunque empezó a incomodar a algunos senadores antes de su fecha de inicio prevista.

Un grupo de dieciocho senadores, incluidos demócratas tan notorios como Al Franken (MN), John Kerry (MA), Charles Schumer (NY) y Debbie Stabenow (MI), pidió al líder de la mayoría en el Senado Harry Reid (D-NV) que retrasara la puesta en marcha del impuesto, que recae sobre cada elemento usado en los tratamientos médicos, desde estents y jeringuillas a catéteres y prótesis.

Como observó el analista titular de normativa política de la Fundación Heritage, Curtis Dubay, este impuesto tendrá más implicaciones que simplemente unos precios más altos:

Dependiendo de cómo trasladen las empresas este impuesto, podría tener como resultado unos precios más elevados para sus clientes (es decir, sus pacientes), unos beneficios menores para sus accionistas o menos puestos de trabajo. Como explicamos anteriormente, cada vez hay más pruebas de que son sus trabajadores quienes cargarán con el peso de este impuesto.

Más impuestos, precios más altos y empleos perdidos, ¡no es de extrañar que los senadores quisieran retrasar la puesta en marcha del impuesto! Ojalá muchos de ellos hubieran considerado esos efectos antes de votar a favor de Obamacare en primer lugar.

El impuesto sobre los aparatos médicos es sólo uno de los cinco nuevos impuestos que entran en vigor en 2013 y sólo una de las dieciocho subas de impuestos diseminadas por todo el programa Obamacare. Y muchos de esos incrementos de impuestos, como el tributo sobre los aparatos médicos, perjudicarán a los trabajadores estadounidenses.

Incluso los gobernadores demócratas se muestran inseguros ante esta ley. Muchos gobernadores están sopesando los costos de establecer un sistema especializado de atención médica estatal y de ampliar sus programas de Medicaid, que ya se encuentran en una situación problemática.

Los gobernadores de la nación, así como el Congreso de Estados Unidos, están descubriendo que Obamacare es una monstruosidad inviable.

Amy Payne | Heritage Libertad, The Heritage Foundation