POLITICA: POR MATIAS E. RUIZ, EDITOR

Variante expropiadora

Hacia el resquebrajamiento definitivo del frente externo de la Administración Fernández Wilhelm de Kirchner. La expropiación de YPF y el contexto regional complotan contra la agenda de la Casa Rosada.

16 de Abril de 2012

Sin acuerdo, se desplomó pesada y ruidosamente el telón de la VI Cumbre de las Américas, llevada a cabo en la apacible localidad colombiana de Cartagena de Indias. Del encuentro de mandatarios continentales -lícito es decirlo- jamás se esperó demasiado. Especialmente cuando sobrevolaban el éter de la agenda ciertas temáticas de medulosa índole, como ser la inclusión de Cuba y la discusión relativa a la liberalización del comercio transnacional de drogas. Más tarde o más temprano, el lenguaje diplomático termina debiendo hacer frente a su taxativa inutilidad: ni Cuba (no los cubanos) es tan importante en el concierto geopolítico latinoamericano, ni los Estados Unidos de América podrían prestarse a la prerrogativa despenalizadora de un flagelo que se cobra millones de vidas en su territorio, año tras año.

Matías E. Ruiz, Twitter oficialA la postre, las aguas vuelven a dividirse, no dejando mayor espacio para la duda: la dictadura castrista goza de buena salud -desde la óptica propagandista, al menos-, de la mano de sus flamantes defensores, el chileno-bolivariano José Miguel Insulza (preocupado, según un sinnúmero de fuentes, por tomar por asalto a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos) y el primer mandatario colombiano Juan Manuel Santos. Este último no solo ha revelado un carácter sospechosamente condescendiente para con el terrorismo regional y la variable chavista, sino que ha invertido tiempo y florido palabrerío para reclamar el retorno de La Habana a los foros regionales. Peligrosa declamación que no disimula simpatía a la hora de otorgar voz, voto y espacio a los dignatarios de un autoritarismo genocida y retrógrado que ha condenado a los millones de habitantes de la isla caribeña a una miseria insoslayablemente pasmosa.

El presidente estadounidense Barack Hussein Obama, por su parte, aprovechó la ocasión para rehuírle al sonoro desgaste a que su figura está siendo sometida en su tierra natal. Visiblemente envejecido, el mandatario norteamericano asiste -cual mudo testigo- a la debacle de su Administración, a la ácida crítica frente a su endeble trabajo ejecutivo y al inicio de una virulenta campaña electoral en la que su plataforma se proyecta perdidosa. Quisieron el destino y la oportunidad que el punto más importante de su agenda coincidiera con la necesidad de obsequiarle un reto poco elegante a la emocionalmente inestable presidente argentina, Cristina Elisabet Fernández Wilhelm [eterna viuda de Kirchner], en virtud del manoteo programado y ahora ejecutado de la Casa Rosada sobre los activos de YPF/Repsol en estas geografías. Los números sentenciarán que accionistas de origen estadounidense mantienen inversiones de, aproximadamente, US$ 4 mil millones en la compañía, pero lo cierto es que esa participación escala bastante más de lo declarado oficialmente.

Para Fernández Wilhelm, el itinerario resultó ser la pesadilla que se había anticipado. Muy a pesar de su tweet oficial -que citaba una supuesta "misión cumplida"-, debió retirarse antes de la clausura del evento de Cartagena, sin cosechar el menor apoyo para la causa malvinera, en tanto que la reprimenda de Barack Hussein la forzó a contener un llanto que hubiera reflejado una inapelable impotencia. Casi en simultáneo, en la Argentina, la receta tampoco sabía agradable para el oficialista Frente Para la Victoria: el polémico Vice Amado Boudou había quedado a cargo del Ejecutivo. Y, horas más tarde, el re-estrenado periodista Jorge Lanata trapearía el piso del estudio de Periodismo Para Todos -curioso nombre- con la humanidad del marplatense.

La avanzada de Balcarce 50 en perjuicio de la hispanoargentina YPF exhibe visos soterradamente surrealistas, que remiten no solo a la escuálida caja de un gobierno devaluado en la consideración ciudadana, sino a una realidad que arroja poco espacio para el debate: el derrumbe del frente externo sobre el cual solía apoyarse el kirchnerismo desde su arribo al poder en 2003. La prerrogativa de hostile takeover que la Señora Presidente diseñó en persona para la petrolera desnuda, al mismo tiempo, las más rampantes carencias geopolíticas de un sistema partidario representado por individuos portadores de un ADN ignorante desde la raíz. Porque estos desconocen -desde el vamos- los vericuetos más notorios que hacen a la historia de YPF en el país. Comenzando por el infortunado 'accidente' de aviación que sufriera el boliviano-argentino José Estenssoro, y surfeando por la negación factual frente al rol de los verdaderos titulares del paquete accionario de la compañía y los actores participantes. Es que el negocio petrolero se alimenta de un libreto abundante en intrigas, atentados y maquiavélicas elucubraciones, peor que en una novela de John Le Carré: conviven en ese áspero tamiz reputados servicios de inteligencia, monarquías (no solo una), poderosos industriales, banqueros, lobbistas... y bien conectados contratistas de Defensa de varias naciones.

Los sonrientes personeros del poder cristinista -su Jefa entre ellos- incluso obviaron lo que era obvio, valga la redundancia; esto es, que España respondería con vehemencia y de manera preventiva a cualquier intento de expropiación. Porque para los españoles, Repsol no es otra cosa que una causa nacional que supera holgadamente al ecumenismo nacionalista que las Islas Malvinas podrían representar para los argentinos. Cualquier amenaza sobre la firma vendrá acompañada, casi inmediatamente, de la solidificación y cohesión, en la misma vereda, de las posiciones del Rey Juan Carlos I de Borbón, José María Aznar López, Felipe González, Mariano Rajoy y de los más combativos dignatarios del PSOE, amalgamados -cuándo no- bajo la sinergia geopolítica que da forma a la Eurozona. Y no pocos analistas coinciden en la pésima oportunidad del capricho de expropiación de la presidente argentina, precisamente en el momento en que las debilidades inherentes del sistema económico de la Madre Patria hacen su aparición en escena para pasar factura. Solo queda espacio para una lectura: España, que tantas veces ha procurado rescatar a la Casa Rosada ante voces críticas en los foros internacionales, hoy recibe un soberbio empujón de Buenos Aires, quedando aquélla cada vez más cerca de un insondable abismo. Si bien es cierto que el modelo español -torpemente orquestado a la luz de la recepción de turismo foráneo, la industria de la construcción y los créditos para un consumo ad eternum- jamás fue sostenible en el tiempo, tampoco es propicio que la viuda de Néstor Carlos resuelva esgrimirse en su juez, jurado y verdugo. Alguien ha dicho alguna vez que muchos líderes no deberían ser analizados desde su capacidad creativa sino, antes bien, por su propensión a la destrucción. Y este parece ser el caso de Cristina Fernández Wilhelm. Pues todo refiere que la mencionada ha decidido desoír unilateralmente las severas advertencias lanzadas no solo por Obama, sino por otros mandatarios del orbe desarrollado. Como si replicara con una amarga dosis de resentimiento ante el desplante sufrido en una cumbre latinoamericana inconducente y de baja estofa.

Balcarce 50 se ha quedado, indefectiblemente, sin aliados externos. Incluso su respaldo regional se ha evaporado con velocidad: el Mercosur jamás ha ofrecido muestras contundentes de apoyo por Malvinas, en tanto que paraguayos, brasileños y chilenos han elevado sus críticas hacia la Argentina a partir del comportamiento fascineroso de Guillermo Moreno en el área comercial. Para la Presidente de la Nación es, incluso, tarde para buscar cobijo en el líder bolivariano Hugo Chávez Frías, a quien el cáncer terminará de corroer en cuestión de meses. A su vez, Evo Morales y Rafael Correa han terminado de comprender que no cotizan más que cualquier intendente del conurbano bonaerense, tan dependientes de los dineros de la Nación como los primeros de Caracas. Por su parte, Fidel Castro Ruz y su obscuro hermano Raúl trabajan a destajo y contra reloj para dotar de respaldo paramilitar operativo a los generales venezolanos que -asociados al narcotráfico- se desviven por suceder a su moribundo Comandante. Este intrincado escenario está trayendo algún beneficio colateral para nuestro país: supuestos "asistentes sociales" y "médicos" que llegaban desde el Caribe para afirmarse en asentamientos precarios de la Provincia de Buenos Aires, ahora deben retornar a origen, pues su régimen cruje.

Aquí, en su descontrolado afán por "ir por todo", Cristina Elisabet Fernández Wilhelm podrá continuar agitando el fantasma expropiador junto a sus fieles soldados de plomo Axel Kicillof y Carlos Zannini, pero solo logrará incrementar el aislamiento internacional de la República y multiplicar las demandas ante el CIADI, que resultarán cada vez más onerosas. Aún cuando pueda preverse, sin temor a error, que no será ella quien pagará la cuenta en las postrimerías del convite.

No queda ya mayor margen ni espacio para creer que el Poder Ejecutivo pueda abandonar este comportamiento tan insano como caprichoso; el problema es que, en este barco, no solo viaja la Señora Viuda, sino también otras cuarenta millones de personas.
 


Por Matías E. Ruiz, Editor
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