ESTADOS UNIDOS: POR MIKE BROWNFIELD

EE. UU.: Barack Obama y su sostenido ataque contra la Constitución

Barack Obama, ante un público de decenas de millones de americanos, estaba en la Fachada Oeste del Capitolio el 20 de enero de 2009 con su mano izquierda en la Biblia y la derecha en alto, jurando ante Dios y el país que preservaría, protegería y defendería la Constitución de Estados Unidos.

15 de Febrero de 2012

Sin embargo, a pesar de esa promesa, el presidente Obama ha actuado una y otra vez en forma contraria a los principios de los documentos fundacionales que juró defender, iniciando un sendero, hasta ahora no transitado, de inconstitucionalidad que cambiará de forma fundamental el carácter de esta república para peor, no para mejor.

Presidente Barack Hussein ObamaLa pasada semana, Estados Unidos prorrumpió en protesta contra una de esas acciones — la determinación de la Casa Blanca a obligar que todos los planes de seguros cubran gratuitamente anticonceptivos, drogas inductoras del aborto y la esterilización como parte de Obamacare. Ese mandato incluye a empleadores como hospitales católicos, escuelas cristianas y centros  de cuidados prenatales administrados por grupos confesionales, todos los cuales deben ofrecer la cobertura, al margen de sus creencias. Este asalto en la protección que hace la Primera Enmienda de las libertades religiosas se encontró con oposición desde todas partes, llevando al presidente a dirigirse el viernes al pueblo americano y a prometer su adhesión a la protección de las libertades religiosas mediante el ofrecimiento de un “acomodo” a estas instituciones — obligando a las compañías de seguros a ofrecer anticonceptivos gratuitamente de forma que las instituciones religiosas no tengan que hacerlo.

El problema es que ese “acomodo” era meramente hipotético y que el compromiso de Obama con la protección de las libertades religiosas era ilusorio. El mandato anticonciencia de Obamacare no cambia en el reglamento final que se publicó más tarde en ese día. E incluso si el caso hipotético del presidente se hiciera realidad, Jennifer Marshall, de Heritage, explica que el problema de la libertad religiosa sigue ahí:

Esto no libera a los empleadores religiosos, ya que las aseguradoras les pasan la cuenta a los grupos religiosos mediante primas más caras, de un modo u otro. Ni hace frente tampoco a las potenciales preocupaciones de otros empleadores o particulares en lo referente a la libertad religiosa

Este es sólo el comienzo de los problemas que los americanos seguirán viviendo según el paquete de “beneficios esenciales” de Obamacare vaya tomando forma. El mandato anticonciencia es un signo de aviso para todos nosotros acerca de cómo las exigencias sobre la atención médica del tipo único pisotearán la libertad religiosa tanto como la libertad individual.

Ayer en la Fundación Heritage, el senador Roy Blunt (R-MO) habló de su oposición a este último mandato de Obamacare. Después, en una entrevista exclusiva con Heritage, Blunt calificó la acción como una “auténtica agresión a las libertades de la Primera Enmienda” y rechazó el “acomodo” propuesto por el presidente como un simple “truco contable”. “Esto no tiene que ver con costos, es sobre la Constitución”, dijo Blunt. “Y si uno puedes decidir que esto ya no me ofende porque no tengo que pagar por ello, imagino que su preocupación ha sido todo el tiempo económica y no religiosa”.

Desafortunadamente, este caso omiso del presidente con la Primera Enmienda no es su primera agresión a la Constitución. Anteriormente este mismo año, el presidente Obama mando de paseo la fundamental separación de poderes de nuestro gobierno cuando hizo cuatro nominaciones inconstitucionales sin preocuparse por pedir el consejo y consentimiento del Senado, como la Constitución exige.

Ayer, el senador Mike Lee (R-UT), que fue de los primeros en advertir de las consecuencias de la acción unilateral del presidente, habló en Heritage acerca de las ramificaciones de esos nombramientos. En una entrevista exclusiva, explicó cómo hoy, más de un mes tras los nombramientos ilegales, desempeñan sus puestos un nuevo director de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor y tres miembros de la Junta Nacional de Relaciones Laborales — todo en abierta violación de la Constitución.

“Está leyendo la Constitución de una forma que es manifiestamente errónea”, explicó Lee. “Es contraria al texto. Es contraria a la tradición y la práctica y es contraria a la lógica”.

“Este no es para mí un asunto partidista. Estaría igualmente escandalizado si fuese un presidente republicano haciendo lo mismo”, añadió Lee. “Una vez que esto consiga cierta tracción, esta práctica podría ser muy destructiva para la prerrogativa del Senado sobre el consejo y el consentimiento. Este es un poder que no pertenece al presidente. Pertenece al pueblo de Estados Unidos de América”.

El presidente Obama, por supuesto, justifica sus actos. En el caso de los nombramientos ilegales dice que simplemente “no pued[e] esperar” a que actúe el Congreso. En el caso del mandato anticonceptivo de Obamacare, insiste en que actúa en el mejor interés del pueblo americano, a la vez que ofrece un acomodo “justo” a las instituciones religiosas. El problema es que el presidente se está midiendo con su propio estándar subjetivo mientras desprecia las limitaciones objetivas de su poder.

En un gobierno donde no hay límites prácticos a los excesos del Ejecutivo, igualmente tampoco hay límites a la capacidad del gobierno de imponer su voluntad sobre el pueblo. Mientras el presidente pisotea las libertades religiosas, el país recibe su primera dosis de las consecuencias de la desenfrenada apropiación de poder de Obama. Y si este poder sigue sin que se le ponga un alto, ciertamente habrá más consecuencias.

 

La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org

 

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Por Mike Brownfield, Libertad.org / The Heritage Foundation