ESTADOS UNIDOS: POR RORY COOPER

La farsa de Biden y Reid frente a la ley del empleo

Si escucha Ud. al vicepresidente Joe Biden, la manera más eficaz de prevenir la violación y el asesinato es más gasto de estímulo, cortesía del gobierno federal...

22 de Octubre de 2011

Si escucha Ud. al vicepresidente Joe Biden, la manera más eficaz de prevenir la violación y el asesinato es más gasto de estímulo, cortesía del gobierno federal. En defensa del vicepresidente podemos decir que este es, al menos, un nuevo argumento, teniendo en cuenta que todos los otros —trabajos creados, puentes construidos, energía generada—han fracasado miserablemente. Pero este argumento, hecho en desesperación, aunque nuevo, también está errado.

El vicepresidente hizo estos comentarios primero en un discurso el martes en la Universidad de Pensilvania, diciendo que más estímulo adicional pondría policías en las calles y bajaría el crimen, añadiendo que deseaba que los legisladores conservadores “tuviesen siquiera idea de los que es estar al otro lado del cañón de un arma, o [tener] un hombre de 200 libras sobre uno, exigiendo sumisión”. El miércoles, en Flint, Míchigan, Biden redobló sus esfuerzos para transmitir ese mensaje.

Biden y ReidBiden fue abordado y grabado por el editor de Human Events, Jason Mattera, que le preguntó: Y si los republicanos no aprueban este proyecto de ley, ¿continuarán entonces aumentando las violaciones? Biden respondió muy fastidiado: “El asesinato continuará aumentando, la violación continuará aumentando, todos los delitos graves continuarán aumentando”. El vocero de la Casa Blanca, Jay Carney, dio la bendición del presidente Obama a este mensaje en la rueda de prensa de ayer, incluso después de que el Fact Checker (Verificador de datos) del Washington Post premiara a Biden con “4 Pinochos” y tildara de “absurda” semejante alegación.

Biden también tiene la bendición del líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid (D–NV), que programó una votación para ayer sobre la propuesta de ley de estímulo de $35,000 millones por la que el vicepresidente andaba presionando y que se pagaba con un nuevo impuesto sobre americanos pudientes.

Esa propuesta de ley fue derrotada con oposición bipartita la pasada noche, cuando el senador Ben Nelson (D–NE) dijo: “No creo en que se aumenten los impuestos para nuevos gastos”, y el senador Mark Pryor (D–AR) dijo: “No estoy seguro de que los contribuyentes federales deban pagar por maestros y personal de emergencia. Eso es tradicionalmente un asunto estatal y local”.

Irónicamente, como el comentarista conservador Kevin Eder señaló, los mismos comentaristas progres que lamentaban la fallida votación para tener más financiación para policías estaban momentos antes celebrando las protestas de “Ocupar Wall Street” que han generado centenares de arrestos, echado a los policías de los parques públicos y vandalizado vehículos policiales.

Defendiendo su más reciente estratagema del estímulo, el senador Reid describió un panorama prometedor de la economía: “Está muy claro que los empleos del sector privado han ido bien. Son los empleos del sector público los que se han perdido en gran número y de eso se trata esta legislación”.

Ciertamente los millones de trabajadores desempleados del sector privado de toda la nación se mostrarían en desacuerdo con Reid acerca de que nuestro índice de desempleo del 9.1% está “muy bien”.

Como explica James Sherk, de Heritage:

El senador Reid no solo está equivocado; tiene todos sus datos al revés. Si la recesión sólo ha tocado ligeramente a un sector de la economía, es al sector gubernamental. Desde que la recesión empezó en diciembre de 2007, el sector privado eliminó 6.3 millones netos de empleos, mientras que las nóminas del sector público han bajado en solo 392,000. Esto significa una caída del 5.4% del empleo del sector privado, mientras que el empleo público ha bajado solo un tercio (1.8%). Los empleos gubernamentales relacionados con la educación han bajado incluso menos, 1.4%.… Relativamente pocos empleados públicos están sin trabajo. Sólo un 4.7% de estos no puede encontrar empleo — la mitad del índice de desempleo nacional. Los empleados públicos tienen el índice de desempleo más bajo de cualquier sector.

Desafortunadamente, nada de esto tiene nada que ver con el empleo. Es, enteramente, acerca de la adicción progre al gasto que padecen Obama, Biden y Reid. Incapaces de convencer a los americanos de que un nuevo estímulo de medio billón de dólares a pagarse con nuevos impuestos sea una buena idea —ni siquiera convencen a sus correligionarios del Partido Demócrata— ahora intentan que se apruebe subrepticiamente al menos una parte, empleando una narrativa simpaticona – pero falsa.

Los maestros, policías y bomberos ciertamente despiertan nuestras simpatías. Ellos también sufren en la economía Obama. Pero federalizar esta fuerza laboral local no es el antídoto correcto ni este proyecto de ley conseguiría lo que prometen que hará.

No pretendamos que se necesita más gasto educativo federal. Desde 1970, la matriculación en las escuelas primarias y secundarias ha aumentado sólo el 7%, mientras que la contratación de personal ha aumentado el 83%. Como explica Lindsey Burke, de Heritage: “Sobre una base de gasto por alumno, el gasto federal en educación casi se ha triplicado desde los años 70”. Y Washington no tiene casi ningún progreso mensurable que mostrar tras todo ese gasto.

Del mismo modo, dice Burke: “En los años 50 había aproximadamente 2.36 maestros por cada no maestro en un distrito escolar. Hoy, en los sistemas escolares de nuestra nación, ese ratio está más cerca del uno a uno”. Los empleados administrativos son necesarios para ir al día con todo el nuevo papeleo federal que va ligado al dinero recibido.

Y esto explica el problema con que el gobierno federal contrate policías, bomberos y maestros locales. El dinero es o para necesidades inmediatas, que deja a los gobiernos estatales y locales con enormes agujeros que deben llenar después, meramente retrasando los inevitables despidos, o el dinero “temporal” se convierte en un crecimiento permanente del gasto federal ya que futuros Congresos no lo retirarán.

Tomemos el caso de los Servicios Policiales Orientados hacia la Comunidad (COPS). Estos servicios promulgados por el presidente Bill Clinton en 1994 eran supuestamente temporales y pondrían policías en las calles patrullando para ayudar a detener el crimen. Entre 1996 y 2001, se gastó en esta iniciativa de Clinton casi nueve veces más que en contraterrorismo por el FBI.

Desde entonces, el programa, que aún sigue vivo, ha empleado miles de millones de dólares en comunidades plagadas por el delito tales como Beverly Hills, California, y Wellesley, Massachusetts, con poco impacto en los índices de criminalidad, según múltiples estudios del experto de Heritage David Muhlhausen.

Las comunidades que contratan nuevos policías no pueden mantenerlos sin constante ayuda federal, pero más a menudo el dinero se gasta en la fuerza laboral existente o financia programas clientelistas del Congreso que son para llorar. Y ahora incluso Biden arguye implícitamente que este programa ha fracasado, ya que ahora pide miles de millones más para exactamente lo mismo — pero usa nueva retórica, nuevo nombre y un nuevo impuesto.

El objetivo de Biden y Reid es simple: Más impuestos y más gasto. Es la única idea que tienen en la cabeza. Y esta vez están utilizando desagradables tácticas de amedrentamiento para conseguirlo. Sacarle dinero a la economía para que puedan redistribuirlo Biden y Reid (quien, a propósito, ya lleva más de 900 días sin siquiera aprobar un presupuesto) es simplemente apostar a caballo perdedor.

Por Rory Cooper - The Heritage Foundation / Heritage Libertad