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Andrea Politti, "Cuestión de Peso" y una protesta que solo sirve para consolidar el negocio de la obesidad

Vuelve Canal 13 -Grupo Clarín- a transformarse en el epicentro de lo grotesco y lo bizarro. Al actual estado lamentable de los contenidos televisivos, solo le faltaba una protesta de la insufrible Andrea Politti -televisada en vivo- frente al Congreso para pedir que las prepagas y las obras sociales financien el tratamiento de obesos. ¿O será que existen otros motivos ocultos? "Cuestión de Peso" y el negocio de Clarín con los enfermos.

Dicen por ahí que "aquel que triunfa es aquel que es capaz de vender a su propia madre". Dicho de otro modo, el éxito financiero pertenece hoy al inescrupuloso, al que utiliza cruelmente a otros para cosechar su propio beneficio. El programa de Canal 13 "Cuestión de Peso" es un fiel exponente de esta máxima.

Actualmente, se vuelve muy difícil para los responsables de marketing de las empresas televisivas el descubrir nuevos nichos de mercadeo en donde posicionarse y del cual aprovecharse para generar riqueza. Es a partir de esto que surgió el concepto de marketing de nichos, esto es, pequeños espacios de consumidores que la competencia no ha descubierto o bien considera poco importantes. Para decirlo con todas las letras, esta es la estrategia de la que Canal 13 (Grupo Clarín) ha echado mano frente al voluminoso mercado de la obesidad. En su momento, lo intentó la irreverente Ana María Giunta. Pero Giunta no contaba con el meduloso aparato de propaganda que es Clarín. Su pálido intento solo se vio apañado por esa vergüenza financiera nacional y palacio de la corrupción que es Canal 7, el mismo que garantizara a Gerardo Sofovich un espacio para sus groseros negociados con el erario público en tiempos de Carlos Menem y que también ha cobijado a impresentables de la talla de Georgina Barbarossa.

Canal 13 llegó primero con "Cuestión de Peso" y la insufrible conductora Andrea Politti, que por estas horas ya se considera una celebridad nacional. Lamentablemente, también a Politti le ha tocado ser materia de estudio de El Ojo Digital. Porque la señora en cuestión -nariz y senos nuevos mediante- no es otra cosa que el ícono de la explotación del sufrimiento ajeno. "Cuestión de Peso" constituye el engranaje central de un complejo sistema marketinero que explota a los obesos, los humilla y los denigra. Peor aún, muchas personas obesas se anotan en el circo, habida cuenta de su desgastada autoestima. Y de esta manera, colaboran inconscientemente con el ingreso de divisas que, como siempre, jamás disfruta el que sufre del problema.

Pero "Cuestión de Peso" no solo recibe la atención del público objetivo castigado por el problema de la obesidad. Constituye también la diversión de no pocos argentinos que hacen del "gordo" un objeto de permanente burla. Cierra, así, y de manera más que redonda, el negocio.

Convocaron Grupo Clarín y Andrea Politti a un "abrazo" al Congreso de la Nación para que se apruebe el proyecto de ley que garantice el tratamiento gratuito -por parte de obras sociales y prepagas- para la obesidad. Se argumentó que la obesidad ha sido declarada como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud, cosa que es cierta. Pero por otro lado, también se oyeron argumentaciones ridículas e imprecisas como la del dietólogo electrónico Alberto Cormillot. Al parecer, las cifras argentinas se le traspapelaron con la de naciones como Estados Unidos o Alemania. Clarín y TN promocionaron la iniciativa como si de una cadena nacional se tratara. Aprovechó la ocasión Politti para despotricar contra los legisladores y para reclamar por la incumplida "ley de talles". La "ley de talles" no es otra cosa que otra iniciativa demagógica que intentó obligar a las grandes marcas a extender la comercialización de ropa con medidas para obesos. En definitiva, otra intentona ridícula de obligar a las empresas privadas a recortar sus márgenes en beneficio de un grupo objetivo reducido. Olvidó también Politti que ya existen tiendas que venden este tipo de productos para personas que requieren talles mayores. Pero, claro, Andrea Politti es una persona a la moda que se considera con autoridad para extorsionar a Kosiuko y otras marcas fashion para que hagan lo que el Grupo Clarín manda.

Cuestiones mercadotécnicas aparte, la cuestión de si las obras sociales o las prepagas deben o no aportar a los tratamientos de las personas obesas debe ser sometida a debate, antes que quedar impregnado por el maloliente tufillo del terrorismo mediático. Es cierto que en muchos casos la obesidad es una enfermedad importante y que el afectado la sufrirá sin importar el comportamiento alimenticio que lo caracterice. Pero también es cierto que muchos aprovecharían la ventaja para ahorrarse unos pesos en medicamentos, y de paso poder continuar con su deporte favorito, la gula.

Por otro lado, a pocos argentinos les haría gracia ver incrementadas sus cuotas de medicina prepaga a partir de la necesidad de tener que solidarizarse con la persona obesa. Las compañías de medicina prepaga podrían perfectamente argüir que, para que el proyecto de ley pueda cumplirse, se haría necesario un incremento sustancial en los abonos. Del mismo modo que sucede con el tráfico de órganos y la tristemente célebre ley del donante presunto, cuestiones tan sensibles como esta deben primero prestarse a debate en lugar de privilegiar el interés de una minoría silenciosa, por sobre los intereses de una mayoría. En el caso de los ruidosos promotores de la donación masiva de órganos, ellos olvidaron que la Argentina es una nación jurídicamente inestable y en extremo insegura. Actualmente, la ley del donante presunto ha agigantado el mercado de las mafias que se dedican al tráfico de partes humanas y que están enquistadas en el poder, en la práctica médica, en la Justicia.

Frente al problema de la obesidad, una buena idea sería promover beneficios impositivos o de costos laborales para nuevos sistemas de medicina prepaga que se ocupen exclusivamente de cubrir las necesidades del paciente obeso. Pero, como es obvio, la presente idea seguro fue salteada por Andrea Politti y por aquellos que ya se frotan las manos con el atractivo negocio de la explotación de la obesidad en forma de reality.

El programa "Cuestión de Peso" también exhibe, por momentos, una peligrosa tendencia a una suerte de autoritarismo de obesos. Se ha visto cuando, en cierta ocasión, el programa envió a una concursante a una peluquería que carecía de asientos para una persona de sus voluminosas características. No a pocos televidentes llamó la atención la agresividad con que la participante increpó al dueño por no tener sillas para personas obesas. Para colmo, el dueño del local fue filmado bajo el sistema de cámara oculta, y sin su consentimiento. El hombre fue injustamente crucificado por la participante in situ y por Andrea Politti después, durante el repaso de la escena en el programa. Por si esto fuera poco, en las palabras de Politti se observa -irónicamente- un dejo de desprecio por la persona gorda. De a ratos parece olvidar que lo más importante no es la apariencia externa sino los aspectos interiores de la persona. Pero, claramente, si la conductora hiciera un esfuerzo por rescatar los valores intangibles del ser humano, el programa en sí no tendría el menor sentido y el negocio estaría en peligro.

En cualquier caso, la televisión argentina ha tocado fondo más que nunca. El aporte de Andrea Politti y "Cuestión de Peso" en esta área es más que notable. Pero, en definitiva, es más que deleznable.
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28 de noviembre de 2007
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