ESPECTACULOS - LA ENTREGA DE LOS PREMIOS MARTIN FIERRO, DE APTRA | POR EL PAPARAZZO FURTIVO, PARA EL OJO DIGITAL
Ya nadie quiere saber de Susana Giménez, Mirtha Legrand, Gerardo Sofovich, la farándula... ni los premios Martín Fierro
El público argentino ya está cansado, o más bien enfermo, de la farándula argentina. La prueba la constituyeron los números de los ratings que devolvieron un triste resultado frente a la entrega de los premios Martín Fierro, esas estatuillas que hace tiempo han dejado de premiar el verdadero arte, para pasar a a ser distribuídos entre actrices y actores liquidados, esperpentos de todas las formas y colores, y personajes autodenominados gurúes pero que cargan con la pesada pero ineludible cruz de las drogas y otros vicios.
Hace tiempo que había yo abandonado mi polvoriento escritorio en las oficinas de El Ojo Digital. Finalmente, y a pesar de lo polémico de mi material, fui llamado por los misteriosos editores de esta suerte de "jornal del pueblo", en vista de que ciertos lectores reclamaron, vía email, mi retorno. A ellos va, pues, mi más sincero agradecimiento.
¿Y qué mejor ocasión para el regreso que colaborar con unas humildes líneas ilustrativas sobre la reciente entrega de premios Martín Fierro? Evento que, si debemos referir a los cuestionados ratings, quedó "escrachado" -palabra de moda, si no, preguntar a Alicia Kirchner- en escasos 19 puntos de audiencia...
¿Cuál es el origen de ese castigo de parte del televidente? En reiteradas oportunidades hemos criticado el sistema de puntuación de audiencias en la televisión argentina, no solo por lo anticuado de la tecnología en las mediciones, sino porque la manipulación de los resultados es harto evidente. El empresario y promotor número dos de la TV basura, Marcelo Tinelli, sabe muy bien de estos oscuros manejos. Cabe aclarar, Tinelli jamás se llevará el primer puesto en materia de producción de basura para la caja boba : el sitio más elevado en el podio corresponderá siempre al desvergonzado promotor de felinos VIP, Jorge Rial.
Las razones para el decaimiento en la cantidad -ni hablemos ya de la calidad- de los televidentes se explican con motivos que no refieren a cuestiones complejas. La Argentina ha sido, es y será, tanto a nivel económico como societario, un país precapitalista y obscenamente monopólico. No importa el negocio del que se trate, en cada rubro siempre existen dos o tres "avivados" que se quedan con las porciones más generosas de la torta.
En estos tiempos turbulentos y que tanto extrañan la programación cultural de los 80 en los canales de aire -programación estatal y en gran medida represiva gracias a Raúl Alfonsín, pero cultural al fin-, la popularidad de papel se la llevan Gran Hermano y las presencias enfermantes de pseudoestrellas decadentes de la talla de Mirtha Legrand y Susana Giménez, verdaderos íconos de la superficialidad, el dinero fácil y la falta de seso que prima en nuestra patética tevé. Los "monitores" que pululan permanentemente alrededor de las mencionadas "divas" no escatiman elogios para ellas, a la vez que las intentan promocionar como "trabajadoras incansables". Pero cualquiera sabe que ni Giménez ni Legrand sabrán jamás lo que es trabajar en una oficina de 9 a 6, hacer la mezcla de cemento o siquiera cargar bolsas al hombro bajo el crepitante sol de una Buenos Aires de verano.
Tanto las enumeradas divas como el impune Gerardo Sofovich serán siempre parte de este cóctel de corrupción moral y falta de renovación del espectáculo. Esa misma falta de renovación es la que ha terminado por dar el tiro de gracia al televidente individual y al público consumidor de espejos de colores de los rayos catódicos en general.
Los almuerzos y los programas de entrega de premios al por mayor son parte de un tristísimo esquema que revela una certera estafa al espíritu esencial del tiempo libre, y esto sucede aquí y ahora; no importa qué tan lejos estén Adorno y Horkheimer para dar prueba de lo que sucede en nuestro suelo.
¿Por qué Gerardo Sofovich regala tanto dinero a su público objetivo o target? ¿Será porque se siente culpable por el tonelaje de sus malas acciones? ¿Habrá alguien pensado alguna vez que el efectivo contante y sonante que adjudica el hombre de la pata de palo bien podría proceder de sus negociados en ATC -Argentina Televisora Color-, bajo el amparo de Carlos Saúl Menem? El ego de Sofovich es solo comparable a la medida de su inteligencia para la corrupción y las malas artes. Dice el productor que "hace todo bien", pero lo cierto es que sus ratings siempre fueron paupérrimos. A pesar de ello, pone de su propia billetera para regresar a la pantalla chica. ¿Qué canal puede decirle que no a Sofovich? Pocos saben que mucho de ese dinero mal habido muere en algún casino de Atlantic City, sitio hacia el que Gerardo se dirige regularmente en su jet privado para apostar grandes sumas, dado que en la Argentina tiene vedada la entrada a todas las salas de juego importantes. Pero dicen que a veces se hace justicia : Sofovich tiene a uno de sus hijos completamente arruinado por el consumo de drogas. El muchacho apenas puede hablar y quienes están cerca del productor dicen que este tema constituye su cruz. Gerardo no asistió a la entrega de premios pero su persona constituye un verdadero ícono de la debacle en el espectáculo de la nación.
El Martín Fierro no renueva. Y los premios Martín Fierro son la tele. Ejercicios de lógica y silogismos aparte, la televisión argentina no se retroalimenta, y por ende, va camino de los cementerios eléctricos.
Alguien podría decir que nuevas estrellas jóvenes han tomado la posta y que el horizonte de la renovación ya se insinúa sobre los esperanzados consumidores de contenidos. Pero la premisa también termina siendo falsa. Un prometedor comienzo había tenido Mario Pergolini, hasta que empezaron a correr detalles acerca de sus malos hábitos, entre los que se cuentan un consumo elevadísimo de cocaína y el peor pecado de todos en la Argentina empresaria de hoy : el pago en negro a todos los empleados de Cuatro Cabezas... Un pecado por el cual el Cielo Kirchnerista jamás lo juzgará, ya que Pergolini viene haciendo favores increíbles al Señor Presidente, elogiando sobremanera a su gestión, pero burlándose a más no poder de Mauricio Macri y toda la oposición. Para colmo, Pergolini pretende instruir a la sociedad en la máscara del timador profesional Felipe Pigna, que ha convertido la distorsión de la historia en un hábil negocio. La rectitud de Pergolini se desvanece del mismo modo en que se evaporan los aires de gurú del plagiador Jorge Bucay cuando se sitúa frente a un suculento y humeante platillo repleto de ravioles.
¿Se renueva la tevé argentina? Marley y Mariana Fabiani constituyeron el ensemble, en esta oportunidad, de la dupla conductora de la velada. ¿Cuál es el aporte de ambos? Marley no hace otra cosa que viajar por el mundo acompañado de jugosos gatitos que nunca tendrá la oportunidad de degustar hilvanando la recorrida por paisajes históricos junto con una superficialidad vomitiva. Fabiani, por su parte, no solo llegó a la tele por la vía del acomodo y la cuña de su abuelo Mariano Mores : el crecimiento de su figura se vio enriquecida por su noviazgo con el adicto y soberbio productor Gastón Portal. El RSM de Fabiani no hace otra cosa que repetir la fórmula de la burla para con otros programas, siempre usufructuando los archivos del propio Portal -lo único que tiene de bueno, según dicen en el ambiente-. Resultó ver a Fabiani burlarse, en cierta ocasión, de las chicas de Utilísima, acusándolas de superfluas. Gran ironía, teniendo en cuenta que Marianita cortó a Portal porque, si quedaba embarazada, perdería su figura...
Nuevamente, alarmadas voces se unirán contra este reportero y gritarán : "¡Pero los actores argentinos han progresado mucho, y ellos son, a todas luces, la cara de la renovación..!". Esta sentencia me lleva a una más profunda -aunque no menos polémica- reflexión. Muchos promotores de la "mano dura" me han preguntado qué sucedería si, de un golpe y plumazo, se pusiera en prisión a todos los narcotraficantes de la Capital Federal y el conurbano bonaerense. Mi respuesta no fue la que esperaban, a saber, que disminuiría el delito. Mi pensamiento salió disparado de mis labios, y debo decir que, en ese interín, me habré anotado nuevos enemigos : "Querido amigo. Lo que sucederá en tal caso es que los canales de televisión argentinos dejarán de emitir señal". Si Ud. quiere saber el por qué del elevado precio por gramo de cocaína de la más alta pureza, échele la culpa a la farándula argentina toda. No hay mucho más que decir al respecto. Del mismo modo que la delincuencia norteamericana entera precisa de la droga para no convertir a aquella sociedad en una cruda réplica del averno, los niños de nuestra tele necesitan imperiosamente de sus dulces para continuar trabajando y hacer las delicias de su descerebrada audiencia. La escasez del blanco polvo en el espectáculo argentino ocasionaría un inimaginable pandemónium -para rememorar un poco al poeta inglés John Milton y su Paradise Lost-.
¿Me veo obligado a aplaudir a representantes de la nueva escuela como Mariano Martínez -Son de Fierro- y Pablo Echarri -la estrella sin carisma de Montecristo-? ¿Está escrito en el libreto que los cocainómanos son el mañana del espectáculo? Pocos meses atrás, un triste espectáculo involucró a Martínez, quien se encontraba celebrando con sus compañeros de "trabajo" de "Son de Fierro". El sitio elegido para los festejos fue un relativamente escondido boliche del barrio de Núñez. Este reportero -trabajando en modo undercover- fue testigo de las reiteradas dosis que consumió el joven actor. Acto seguido, procedió al consumo desaforado de no menos de dos botellas del famoso vodka sueco de marca Absolut, de las que dio cuenta como si de agua mineral Perrier se tratase...
Echarri, por su parte, llega a los límites del consumo del marmolado polvo en ocasión de sus encuentros íntimos con Nancy Duplaá. La mirada del pobre muchacho ya recuerda a la de los zombies que he visto en una visita que realicé hace tiempo al interior de Haití, como parte de mi inagotable pasión por lo oculto.
¿Por qué esconderlo? ¿Para qué ocultarlo?
Quiero preguntarle a mi amiga Georgina Barbarossa, la mujer de la "patriada" que se llevó más de $15 mil mensuales de salario en ATC -aportado por todos los argentinos-, a qué se dedicaba su marido, el empresario Miguel "Vasco" Lecuna, en momentos en que fue apuñalado. A Lecuna no le fue sustraído dinero ni pertenencias; fue ultimado en interior de un taxi por individuos que tenían licencia profesional y que eran, precisamente, taxistas. Georgina, hasta los vecinos más ignorantes de Palermo supieron desde siempre que "el Vasco" comandaba una organización ilícita que distribuía cocaína de alta pureza a la farándula local, a domicilio. La pelea fue por el "negocio". Un negocio que siempre alguien deberá controlar, pues la demanda no cesa. Los medios argentinos jamás revelarán esta información, pues desde siempre han sido cómplices de la política y los faranduleros -que son los que trabajan en el "circo romano" del espectáculo porteño-. La farándula y los rockeros no pueden ir a comprar droga en persona; por eso utilizan este sistema -al igual que los empresarios- y siempre habrá alguien dispuesto a atender el teléfono. La pregunta del millón es... ¿quién se quedó con la agenda de Lecuna?
Como siempre, me fui de tema. A veces, los domingos por la tarde, cuando el sol se filtra por la ventana de mi modesto estudio y lucha por vencer a la espesa bruma de mis Parissienes, me pregunto ¿Necesitan ayuda estos muchachos? ¿Abusan de las substancias solo por la presión o porque tienen un agudo dolor interno?
Necesito recapitular y volver sobre mis pasos, para referirme a cierto comentario lamentable que proviniera de labios de "Su" Giménez. Disparó munición gruesa la "diva" contra el Presi : "Ocho presidentes me visitaron en estos veinte años de carrera. Quienes no vinieron fue porque no quisieron". Me tomé la libertad de poner en itálica el posesivo "me". ¿Quién es esta mujer para demandar una visita de la persona más poderosa de la Argentina? Mis amigos saben que Néstor no es digno de mis alabanzas pero esto ya sobrepasa todo límite. Mientras escribo estas líneas, ya comienzo a lamentar la visión de la Giménez -otra vez- en la tapa de Revista Gente en la próxima primavera. Me pregunto cuánto sale alquilar la tapa para salir varias veces por año... ¿Le sacarán fotos cuando esté adentro del ataúd también a esta venerable anciana?
Hablando de "renovación" -y por supuesto estoy siendo incisivamente irónico-, muchos hemos contemplado con náuseas el retorno de Carmen Barbieri a la televisión. Hay una noticia para todos los creyentes del catolicismo : Jesucristo ha regresado y ofició un nuevo milagro de resurrección. El problema es que le falló el GPS. El regreso de la Barbieri a la tele va más allá de la mala noticia; el evento se circunscribe a la debacle y a la podredumbre que caracterizan a la escasez de ideas en este tristísimo mundillo farandulero.
Hemos tenido que atestiguar la aparición -en la entrega de premios- de otro esperpento. Como ya se imaginarán, me estoy refiriendo a la desgastadísima Graciela Alfano y a su parásito de campaña, Matías Alé. Ambos se han convertido en los más altos dignatarios de la desesperación; son el más vivo ejemplo de que la falta de pantalla trae aparejada una incipiente pero agravada locura, que lleva a los más exóticos y bizarros actos con tal de atraer la atención de un público cada vez más agotado. No hablemos del baño de espuma o el de chocolate... castiguemos a los noteros y reporteros que le siguen dando la oportunidad. Moria Casán se circunscribe a idéntico ámbito de mediocridad. Estos personajes inservibles ya nada tienen que hacer aquí...
Algo debe haber para celebrar, y desde luego, el rincón de la alegría pertenece a la cuasidesaparición del travesti Florencia de la Vega de la pantalla. Fue durísimo tener que soportar los quince minutos de fama del transformista y su sideral ego. Sin lugar a dudas, fueron los tiempos que más invitaban al derrame inagotable de lágrimas, los tiempos en que un patético travesti se alzó con una popularidad sin límites... Pero la pesadilla, por fin, ha finalizado.
La nueva pesadilla se llama Florencia Peña. La mujer se ha transformado en el equivalente femenino de Fabián Gianola, pues aparece hasta en la sopa. Las ansias de protagonismo de Peña la han llevado a ser la figura principal de un pañal y a promocionarse en el aviso como si de vender su figura se tratara. Cada vez que abro la canilla en mi casa, sale Florencia Peña. Y no es poco. Lo divertido del asunto es que la propia fama de cada actor o actriz es lo que los lleva luego hacia el cadalso. Como reza una de las reglas fundamentales del marketing : "la fortaleza es la propia debilidad". Entre mis muchos conocidos, no hay ninguno de ellos que no coincida con nuestra visión frente a Peña. Recientemente, uno de ellos me mencionó, en un bar rosarino : "acabás de nombrarme a la persona que más odio del espectáculo...". Todos los participantes de la charla de café aplaudieron a rabiar, al unísono. "Si Florencia nos viera...", me animé a suspirar.
Bueno, para la próxima, prometo no extenderme tanto, especialmente en el inestable terreno de los detalles. Saben ustedes, queridos lectores y fans desde la clandestinidad, que mi conocimiento es amplio, aunque limitado. Muchas veces nos hemos nutrido de los secretos revelados de la propia farándula, por lo cual les renuevo la invitación para que me escriban. Recuerden hacerlo a info -arroba- elojodigital.com; yo me encargaré de responder, pero, a criterio de clasificar los informes y no confundir al personal de redacción, me gustaría que incluyeran en el adjunto la frase "Para el Paparazzo Furtivo".
Les mando un cálido abrazo y hasta siempre.