ESPECTACULOS | LA ENFERMEDAD DE LA SOCIEDAD ARGENTINA
Gran Hermano 2007 y Diego Leonardi. La exaltación de la delincuencia y la TV basura
Volvió la reality TV en su expresión más patética, a cargo de un conductor aún más patético -Jorge Rial-. Gran Hermano 2007 no solo es una acabada muestra de la pobreza cultural de la televisión argentina, sino que, en la figura deleznable del ex presidiario Diego Leonardi, se ha convertido en una exaltación de la delincuencia y la marginalidad.

La TV basura atrae a personajes basura. Y pocos hubieran supuesto que la nueva versión de Gran Hermano sería un foro público para defender la delincuencia y lo peor de la Argentina.
En esta novedosa presentación del reality que ya se ha convertido en la pesadilla de los argentinos, solo podía faltar un delincuente y potencial homicida. Y este rol viene a ser ocupado por Diego Leonardi, un personaje marginal que permite toda estereotipación, en su carácter de delincuente, fanático de la cumbia villera y marginal.
Un show enfermizo que televisa en vivo y en directo durante las veinticuatro horas las peleas, romances y conflictos de un grupo de adolescentes tardíos y que poco positivo han hecho con su vida puede tener rating, pero esta realidad sólo desnuda un hecho concreto : que el rating, por sí solo, no convalida la estupidez y la superficialidad. El traficante de chismerío barato y promotor de prostitutas VIP -cargo que jamás ha negado y que se materializa en el empuje que ha dado a la impresentable Nazarena Vélez-, Jorge Rial, ha exhibido su opinión al respecto de las mediciones del público televisivo en reiteradas oportunidades. Su defensa al respecto de la televisión basura se resume en una paupérrima y escasa frase "los televidentes critican la mala televisión, pero cuando no cambian de canal, terminan dándole valor". Rial no solo toma el pelo a sus propios televidentes. A través de esta afirmación cargada de insensatez, reclama que lo que él hace es un aporte, y que es "bueno".
El Secretario de Cultura de la Nación, el respetado intelectual Jorge Nun, disparó munición gruesa contra Gran Hermano, pero sus declaraciones perdieron fuerza como lágrimas en la lluvia. El poder irresponsable de los medios ha ocupado más tiempo en promocionar la defensa del delincuente electrónico Diego Leonardi más que en exponer la aguda pero acertadísima crítica del responsable del área de Cultura de un país entero.
Leonardi ostenta un frondoso prontuario. Este personaje deleznable ha construído su vida a partir de la ilegalidad y el crimen. El mencionado residente de la casa de Gran Hermano pasó casi cinco años en prisión por cometer casi media docena de robos a mano armada. El sistema judicial argentino, conocido por el tratamiento entre algodones que da a la delincuencia, le redujo la pena, que era de ocho años de prisión efectiva. Un precio a pagar bastante bajo para un individuo peligroso que en sus extensos raíds delictivos ha mostrado una despreocupación absoluta por la vida humana. Leonardi luce orgulloso su look de asaltante, y pregona en sus charlas con Rial y sus compañeros de habitación que "la sociedad argentina castiga al delincuente". El ex convicto se victimiza y reclama que le es harto complicado conseguir un empleo digno. No obstante ello, el rating de lujo que sigue las emisiones de Gran Hermano no repara jamás en el hecho de que Leonardi nunca hizo un intento legítimo por ganarse la vida dignamente. Por el contrario, eligió la senda del delito, de la amenaza, de la violencia. A pesar de todo, su opinión pesa más que cualquier palabra que pueda emitir un funcionario del Gobierno Nacional. Su clamor tiene, en apariencia, más valor que el de una persona de la estatura de Nun. No se precisa gran brillantez para concluir que algo funciona decididamente mal en la Argentina. Una Argentina que, consciente o inconscientemente, se ha transformado en el país de la cumbia villera, una nación piquetera.
El festejo derivado de la privatización de los canales estatales de televisión, fuera de toda duda, se ha vuelto prematuro. La clásica discusión entre economistas y políticos al respecto de si el Estado debe o no intervenir en la economía debe ceder el paso a la posible intervención estatal en los contenidos televisivos.
Con el COMFER relegado a su rol de organismo político cuyo único interés es obtener espacio publicitario para los políticos oficialistas en las siguientes elecciones, no son ya pocos los que reclaman la constitución de una auténtica policía cultural que, sin excesos, rescate y exalte los mendrugos de positivismo que aún quedan presentes en la caja boba.
Más nos vale, antes de que representantes dignos de la involución cultural y social de la Argentina, como Diego Leonardi, se alcen con cientos de miles de pesos en forma de premio... por haber delinquido. Ese será el día en que una porción importante de la sociedad decidirá apagar la luz y bajar el telón.