ESPECTACULOS | POR LAURA ETCHARREN, LIC. EN SOCIOLOGIA
Honestidad intelectual
Pequeño aporte al correcto uso de las palabras. A Gerardo Sofovich, ya no le gusta bailar?

Bailando por un sueño es un éxito indiscutido que trasciende el baile y por supuesto, los sueños.
Sueños olvidados o desdibujados en un programa cuyo epicentro, es el escándalo.
Conflictos entre los soñadores y el jurado, entre éste último y los coreógrafos, e incluso, entre las parejas mismas.
Tal es el caso del uruguayo Javier Rojas y la entrerriana Evangelina Carrozo.
Una pareja armada de modo tal, que el conflicto de las papeleras se mediatizara en el seno de un programa con a veces, más de treinta puntos de rating. Un soñador insolente y una ?famosa? que deja mucho que desear en el baile y que recae, constantemente, en el me dijo, le dije, le digo.
Conflictos que son alimentados por Marcelo Hugo. La verdadera figura de Show Match, puesto que sin él, el programa, no tendría la difusión que tiene.
Pero lo lamentable en realidad, no pasa por los escándalos y por el show que suelen montar, pasa, por la falta de respeto y por las incoherencias.
Honestidad intelectual es la palabra de cabecera del señor Gerardo Sofovich.
Uno de los íconos indiscutidos del espectáculo argentino. Un presidente del jurado de Bailando que ahora quiere renunciar porque está harto de los conflictos, cuando fue él, quien durante una semana mantuvo, en ese mismo programa, una disputa con la bailarina Laura Fidalgo.
Faltar a la verdad, no es carecer de honestidad intelectual.
Es, simplemente, negar o mentir.
La palabra intelectual sobra. Es querer complejizar una banalidad.
No ser honesto en una declaración que se hizo en una revista, pues no es adolecer de honestidad intelectual. No poseer ese tipo de honestidad, sería por ejemplo, atribuirse una frase de Camus descaradamente y no reconocer la falta cuando alguien la hace notar.
Y es extraño que el señor Sofovich reaccione así. Debería saber, dado los antecedentes de los otros dos Bailando y sobre todo, del segundo Bailando, que los dimes y diretes son uno de los pilares del Show.
Además, con casi 50 años de trayectoria y con la metamorfosis que ha ido experimentando la televisión en los últimos quince años, que esto suceda, no es novedoso.
Mucho menos sorprendente. Forma parte del gran circo mediático que la sociedad de consumo demanda aunque colectivamente, suela negarlo.
Razón por la cual, veremos como sigue esta crónica de anuncios en los programas de chimentos y el lunes próximo cuando Marcelo Hugo diga:
?Buenas noches América, buenas noches país, arranca otra noche de Bailando por un sueño tres (?)?.
Continuará.