Martes 09 de agosto de 2005
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ESPECTACULOS | EL BUEN OJO DE LA


Pampita, la trepadora


Carolina "Pampita" Ardohain no era finalmente la tierna y dulce (y buena) persona que todos creíamos. La historia con el sorprendido Martín Barrantes ya terminó y ella mostró rápidamente "la hilacha", corriendo sin perder tiempo, a los brazos de otro famoso.

Carolina Ardohain sí que ha sabido engañar a los cholulos argentinos y a los seguidores del espectáculo y la farándula, quienes la creían una inocente criatura, víctima de las circunstancias.

Finalmente, la modelo ha mostrado la hilacha -como comúnmente se dice-, y ha escapado con el primer candidato que tenía cerca. Resultó no ser otro que el actor de telenovelas chileno, Benjamín Vicuña.

Las preguntas al respecto de cómo Pampita llegó a ser "modelo top" -a pesar de su pobre altura y habiendo tantas mujeres que la superan tan ampliamente en belleza y dotes para la profesión-, han quedado ya en el pasado.

Muchos recordamos la publicitada "guerra de las modelos", cuando Nicole Neumann, Prandi y otras selectas, se burlaban de Ardohain, calificándola de "muqui" o "mucamita". Pampita no tuvo mejor idea que poner el grito en el cielo y denunciar al irreverente e insufrible parásito de Jorge Rial la aparente actitud xenófoba de las rubias colegas.

Lágrimas por doquier, Carolina Ardohain decidió "recluirse" en el campo de su entonces marido, Martín Barrantes, aludiendo que el incidente la había "deprimido mucho".

Pero a nuestro modo de ver, hubiera sido más fácil que Pampita reconociera públicamente que jamás fue muy adepta al trabajo y que, desde el principio, sus intenciones fueron "trepar" a como diera lugar en el mundillo de la imagen y las livianas ropas, hacerse de unos dineros, y conseguir un marido pudiente que la "bancara" una vez que el telón hubiera bajado.

La trayectoria "trepa" de Pampita fue lo que la caracterizó desde los albores de su carrera. A este respecto, muchos recuerdan aquel concurso de modelaje en que resultó ganadora de su provincia, La Pampa, donde sin perder un minuto, inició una relación con un gerente de la empresa que organizaba el evento.

Gracias a esa misma relación, Ardohain llegó a quedar bajo el spotlight de Dotto Models, y de ahí, la fama sólo quedó a un paso.

No obstante, Pampita ya le había extraído hasta la última gota a su nueva víctima, por lo cual dio por terminada la relación, para continuar sus aventuras con un hijastro de Franco Macri.

Y no mucho tiempo después, la nueva víctima fue el polista Martín Barrantes.

Barrantes fue literalmente sorprendido con la guardia baja por Ardohain, ya que nunca pudo superar su separación de la modelo cordobesa Lorena Giaquinto -hoy "exiliada" en Nueva York-. Creyó -y muy equivocadamente- ver en Carolina al amor de su vida, con quien formaría una familia.

Claramente, Pampita no vio lo mismo en el muchacho.

Allegados insisten en que la modelo se dejó llevar por un momento y luego especuló con el maravilloso futuro económico que auguraba la pudiente familia del polista.

Ahora que los quince minutos de fama de Pampita se terminan, ella ha decidido sin pausas que "hay que ir con la corriente", y a este respecto vio un futuro laboral junto al modelo chileno Benjamín Vicuña. Los proyectos que le salvarían las papas tienen que ver con la grabación de programas de televisión y posibilidades certeras de desenvolverse como "vedette" del otro lado de la Cordillera.

Un final de carrera típico para las actrices o modelos argentinas : cuando todo ha terminado por nuestros pagos, se emigra a Chile, a los efectos de explotar la salivesca desesperación que nuestros hermanos del otro lado tienen por la cultura y las mujeres argentinas. Lo mismo sucede con el fútbol : el jugador en franca decadencia va a buscar cobijo en Chile, México u otros países del orbe latinoamericano, donde "lo argentino" siempre está y estará de moda.


Un negocio teñido de oscuridad

Triste mundo el del modelaje argentino. Y ponemos énfasis en el modelaje "argentino". Mientras en Europa el modelaje es una profesión seria -considerada real y verdaderamente profesional- y la modelo debe adaptarse a la ropa que se muestra, en la Argentina lo que se exhibe no son las piezas de diseño, sino la carne que llena los diseños.

¿Acaso tienen algo que ver con la industria de la moda los promocionados desfiles del patético -y a estas alturas senil- Roberto Giordano? ¿Qué tiene que ver la ropa cuando las "modelitos" se exhiben con remeras mojadas de las que se usan para dormir, y cuando sólo tienen hilo dental que las cubra?

¿Nunca nadie publicará lo que se rumorea en los mismísimos pasillos de la agencia de modelos Ricardo Piñeiro, al respecto de que su competidor, Pancho Dotto, se hacía llevar el desayuno a la cama por las modelos menores de edad?

Los medios del paupérrimo y tercermundista espectáculo argentino siguen sin acertar a informar que en Europa las modelos argentinas no abundan, precisamente porque los empleadores conocen a la perfección lo que sucede en la Argentina y saben de memoria que la mayoría de las modelos locales van más al dinero fácil del negocio de escorts (con cama adentro) que al trabajo. Las pocas que logran llegar a las pasarelas europeas deben luchar despiadadamente contra esta imagen que los grandes diseñadores ya tienen de las modelos argentinas.

Cada vez que le nombran a la industria del modelaje argentino, Karl Lagerfeld agita su abanico dorado y ríe a mandíbula batiente tras sus Ray Ban.

En algún momento del futuro, los "traficantes de modelos" de nuestro país deberán rendir cuentas acerca de las comisiones que ingresan en concepto de "alquiler" de personalidades de la pasarela por horas, o dicho más directamente, trata de blancas.

Todos tenemos un amigo o conocido que siempre al comienzo se niega a revelarlo, pero que finalmente y de manera gustosa nos remite a la dirección en Capital Federal donde podemos arreglar "pasar el rato" con modelos reconocidas, en algunos casos por algunos miles de dólares la hora.

Para el lector de El Ojo Digital, no insista : no le vamos a pasar el dato. Por ahora sólo nos animanos a comentarle de la modelo Soledad -con programa propio en Fashion TV y todo-, que se animó a "trabajar" por dos años, hasta que juntara US$ 200,000. Tal era su objetivo. Y con disciplina japonesa, lo cumplió y abandonó más tarde la profesión.

Para mayores detalles, dirigirse al Vilas Club de Palermo.


Fuente: El Ojo Digital Espectáculos





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