ECONOMIA & NEGOCIOS | POR MATIAS RUIZ, PARA EL OJO DIGITAL
El peor comienzo para el gobierno de Cristina Fernández Wilhelm : aumentos en trenes, subtes y colectivos y nafta que bordeará los $4. Martín Lousteau y una iniciativa inverosímil
El verano parece ser el momento elegido por el Gobierno Nacional para intentar deslizar las peores noticias, esperando amortiguar el impacto en la ciudadanía. Continuará el incremento de combustibles y el aumento en el precio del transporte será peor a lo anunciado. El futuro titular de Finanzas, Lousteau, intenta plasmar un acuerdo poco viable para mantener los precios de la leche.
Y ocurrirá lo de siempre : el Gobierno Nacional intentará tomar ventaja de la desatención social que caracteriza a la temporada estival de vacaciones para autorizar incrementos de precios y tarifas de la manera más rápida posible.
Porque la economía argentina se recalienta, y mucho. Las noticias recientes solo confirman que Cristina Fernández de Kirchner es Néstor Carlos Kirchner. Mal que le pese a muchos simpatizantes del oficialismo, que acaso imaginaron algún cambio o reacomodamiento en el manejo de los problemas del país.
Seguirán apostando los Kirchner al damage control que plancha artificialmente los índices de inflación de un INDEC que ya sufre de una virulenta falta de credibilidad aquí y en el exterior. Especialmente durante el verano, para no sacudir los nervios de una sociedad cansada. Por su parte, las empresas locales hace tiempo que se encuentran haciendo sus cálculos en base a una inflación mucho más acorde con la realidad, que habla de, al menos un 30% durante todo el 2007. Porque en el mundo de los negocios, manejarse con la inflación oficial para cerrar balances no puede calificarse sino de suicida.
En cuanto a la temporada de verano, la inflación en alimentos, bebidas y esparcimiento será superior a las dos temporadas anteriores, y así lo prueba el incremento de los alquileres en la Costa Atlántica, que supera el 30%. Muchos propietarios piden precios ridículos para rentar casas y departamentos, a sabiendas de que la hotelería -como siempre- no da abasto. Pero la ridiculez de las cifras no es tanta si se consideran los violentos incrementos de precios que se han venido observando en todos los rubros de la economía. Es en el verano donde surge la verdadera inflación, esa que los dignatarios del kirchnerismo en Economía han venido ocultando.
Otro de los factores tan temidos por los turistas en esta temporada tiene que ver con las alzas detectadas en los combustibles. De nada sirve leer los titulares de Diario Clarín, que anotaban aumentos en las naftas sin plomo que dejaban al fluído en $2,45 : en localidades cercanas a la costa, los precios de las naftas premium han llegado tranquilamente a los $2,90 por litro (especialmente si se considera a Shell y Petrobrás). Se suma a esto la negativa a aceptar tarjetas de crédito y al límite de $30 para cargar gasoil y los $40 para la nafta súper. En las últimas semanas, la súper directamente ha desaparecido de los surtidores, en un fenómeno que en algunos casos ha alcanzado a los combustibles sin plomo. El Ojo Digital pudo saber, recientemente, en contactos con Petrobras, que es la intención de la compañía llevar su producto Podium a cerca de $4 durante el verano. Una importante cantidad de turistas cargará más barato en Capital Federal pero, al regreso, deberán hacer frente a precios nunca vistos, si acaso se proponen emprender la vuelta. Esto ya no es futurología; es solo una parte de la cruda realidad. Por otro lado, nadie ha analizado el impacto que sufrirán las estaciones de servicio de los centros turísticos cuando deban hacer frente a la súbita demanda de miles de automovilistas. El razonamiento para la escasa oferta es el siguiente : las petroleras no quieren ofrecer combustibles sin límite dado que (esto se ha comprobado) no entregan grandes cantidades a las estaciones. Cuando estas se quedan sin un producto, llegan los inspectores del gobierno e imponen multas. Por esta razón, se ven obligadas a limitar la venta de combustibles. Y tampoco sirve intentar acusar a las petroleras de pergeñar complots contra el gobierno y la sociedad : las empresas jamás regalarán naftas a precio de pesos argentinos devaluados, mientras en el exterior el barril de crudo se encuentra cercano a superar los US$100. En este escenario, los únicos que festejan son Hugo Chávez Frías, presidente de Venezuela, y los jeques árabes que por estas horas controlan la mayor parte de la economía estadounidense.
En la Argentina, la situación macroeconómica continúa deteriorándose. El sistema bancario ya se encuentra haciendo frente a crecientes cantidades de clientes que no pueden ponerse al día con sus tarjetas de crédito. Esas mismas que se han repartido a diestra y siniestra. Los depósitos no permanecen en el sistema por más de un año porque ya el sistema trabaja bajo un esquema similar a diciembre de 2001, donde el pánico es el principal protagonista. Créditos miserables de $1,000 siguen costando casi 30 puntos porcentuales anuales de interés. Y ciertos bancos de primera línea ya ofrecen a sus grandes clientes (tenedores de US$100 mil o más) retirar su dinero y remitirlo a los Estados Unidos de América en forma de salvoconducto, a partir de una nueva sacudida financiera cuyo comienzo ya se vislumbra en la plaza local. Los medios masivos de comunicación no hacen lo que deberían, esto es, alertar a los tenedores de depósitos pequeños que sean cuidadosos a la hora de mantenerlos en el sistema bancario.
Retomando brevemente la cuestión de los combustibles, los incrementos hace tiempo que debieron afectar el precio del transporte, congelado desde hace 7 largos años. La paciencia del sector se ha terminado y han reclamado airadamente un incremento, aunque la novedad ha sido aplacada por los medios, temerosos de las presiones de la Casa Rosada. Aunque se ha revelado que se solicitó solo un aumento de 10 centavos para los boletos mínimos, lo cierto es que los empresarios reclaman un boleto de, por lo menos, $2 y que no pasará mucho tiempo hasta que lo apliquen. Los Kirchner han amenazado con la herramienta de siempre, que es el retiro de los $600 millones otorgados en materia de subsidios, pero esta vez no será suficiente. Ante ese escenario, los $2 de boleto se harán realidad en un santiamén, destruyendo el ánimo de los trabajadores y derritiendo las bases de un inestable humor social. En la Rosada conocen bien de esto, y es por ello que en algún momento se han analizado medidas extremas, como la implementación de un nuevo corralito financiero. ¿Intentarán resucitar la figura de Néstor Kirchner ante la primera crisis?
La noticia bizarra de la semana, sin embargo, tiene que ver con el imberbe Martín Lousteau, que ya ensaya su inocuo rol de Ministro de Economía y Finanzas. Fue grotesco observar la conferencia de prensa del inexperto titular de Finanzas, detallando el plan para mantener ínfimos los precios de la leche, a partir de un precio de referencia de 78 centavos. Centavos más, centavos menos, la imposición de esos valores es una condena a muerte para los productores, que en el exterior pueden obtener ganancias sensiblemente más elevadas. Las palabras de Lousteau gatillaron sonoras risas en toda la comunidad de negocios del país, aunque jamás lo reconocerán ante los medios. Títere o no, ya corren las apuestas en los mercados para ver cuánto tiempo podrá resistir el "joven brillante" de la nueva administración cristinista.
Paralelamente, en el tratamiento que Clarín hizo de la noticia, se puede leer un comentario de Silvia Naishtat que se titula "las retenciones y el deber moral". En pocas palabras, el periodismo local adhiere a la fantasía oficialista que intenta imponer "controles morales y éticos" a los empresarios, como si tener una empresa no tuviera relación alguna con la generación de utilidades. Esta es una de las razones por las cuales la Argentina ha sido el país que menor inversión extranjera directa recibió en los últimos años, encontrándose en el penúltimo lugar en la región y muy lejos de brasileños y chilenos.
Precisamente, mientras Chile acaba de ser aceptado como miembro pleno de la OCDE, organización que agrupa a los países de mayor desarrollo del planeta, Brasil ya paladea su futuro como potencia petrolera y décima economía mundial. La Argentina de Kirchner ha retrocedido en toda materia imaginable. Una realidad imposible de refutar.
Por Matias Ruiz, para El Ojo Digital Economía y Negocios.
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