DEPORTES - TENIS, LA FINAL DE LA COPA DAVIS | POR RICARDO WHITE, PARA EL OJO DIGITAL
Incontestable : David Nalbandian es el gran responsable de la derrota en la final de la Copa Davis. La afición pide su cabeza
Solo los porfiados aficionados podrían estar en desacuerdo. Lo cierto es que el otrora Rey David -tenista número dos de la Argentina- ha sido el factor principal de desestabilización que concluyó con la derrota argentina en la final de la Copa Davis, desarrollada en Mar del Plata. A la vez, debe reconocerse que los españoles se comportaron como auténticos "lords" ingleses, dando prueba de una contundente superioridad.
Ya desde esta columna en El Ojo Digital habíamos anticipado que el escenario hoy acontecido podría tener lugar. A la postre -como dicen en España-, pesó la siniestra sombra de David Nalbandian quien, con sus actitudes caprichosas y poco profesionales terminó por robarle a la Argentina el sueño de la Davis.
Deportivamente hablando, es difícil que se dé un escenario más favorable en el futuro cercano. Al menos no será como el que se había presentado, con tantas series a jugarse de local y con las estrellas de los rivales ausentes.
Dinamitó Nalbandian el puente hacia la gloria, desde el día en que se conoció la elección de Mar del Plata como escenario para jugar la final. Los cuatro millones de dólares que se hubiera embolsado de parte de Banco Macro y del gobierno de Juan Schiaretti -cómplice en la trama-, pudieron más. O, mejor dicho, la bronca por no haber podido embolsarlos. David jamás le perdonó a los marplatenses su "osadía", esto es, quitarle a Córdoba la organización. Considera Nalbandian que los de la provincia de Buenos Aires le "robaron" su dinero. Su premio. Su único objetivo en la vida. A pesar de que, pleno de hipocresía, acusara a Del Potro de interesarse más por el dinero que por la victoria.
Es que, de acuerdo a todos los informes en la primera línea de defensa, surge que David Nalbandian jugó a menos en estas finales de la Copa.
De nada sirve recordar el primer match, en que superó a su colega español en tres rápidos sets. Era lógico, pues los españoles llegaron asustados al escenario del Polideportivo marplatense y sentían que se les caía el mundo encima. Para Nalbandian, el primer partido fue pan comido, como lo hubiera sido para el "Chucho" Acasusso, el "Gordo" Calleri o un manco seleccionado al azar.
Con la caída de Del Potro, en gran medida por la lesión del abductor, los españoles se despertaron y vieron una luz al final del túnel. No solo consideraron que la faena bien valía la pena, sino que también cayeron en la cuenta de que enfrente no tenían a un equipo de invencibles titanes hambrientos de gloria, ni mucho menos.
Los medios españoles publicaron todo, con lujo de detalles, especialmente la interna argentina. Gracias a otras fuentes, todo ello pudo confirmarse y ahora revelarse sin temor al error.
Nalbandian acusó abiertamente a Juan Martín del Potro de inconsciente por haber ido a jugar el Masters de Shanghai, en lugar de "guardarse" para la Davis. Le endilgó el mal momento anímico por el que comenzó a transitar el equipo, así como también su malfuncionamiento. Cuando lo que en realidad corresponde hacer con "Delpo" es aplaudirlo, dado que, a pesar de las condiciones en las que estaba, decidió presentarse.
Al finalizar el dobles, David le recriminó a Agustín Calleri por su juego, y también le echó las culpas por la derrota. Calleri respondió agrediéndolo físicamente. La trenzada duró poco, pero el zeitgeist del equipo se había quebrado hacía tiempo. Con lo que había, no alcanzaba para ganar. Ni siquiera había materia prima para un papel decoroso.
Lo increíble de todo es que los medios argentinos omitieron mencionar todo lo ocurrido, a pesar de que ello tenía lugar delante de sus propias narices. Mas esto no sorprende de los trabajadores de prensa argentinos, acostumbrados a bailar al ritmo de la mediocridad de los ídolos, y a garantizarles la impunidad de rigor. El nuestro es un periodismo deportivo cómplice. Sobran los ejemplos; ahí está el caso de Diego Armando Maradona, por citar solo un caso.
Es David Nalbandian el que, con sus caprichos, torpedeó la posibilidad argentina de ganar el trofeo tan codiciado. Pero también fue David desde el comienzo, el enemigo declarado del resto del equipo. A David jamás se lo toleró en el ambiente del tenis. Su condición de número uno del país le garantizó la impunidad necesaria pero hoy su crédito se ha terminado. Ya no lo tiene de parte de sus compañeros, a los que ha maltratado y humillado, y mucho menos puede pedirlo a la afición, esa misma a la que ha despojado y despreciado con su altanería y egoísmo.
A la vuelta de las críticas, corresponde aplaudir de pie y a rabiar al equipo español. En estos hombres nadie creía, ni siquiera su propio país. Pero supieron cargarse el milagro al hombro y quedarse con la gloria. Los españoles demostraron la hambruna necesaria, y es de suponer que tanto golpe y crítica destructiva recibidos de parte de los medios de la Península Ibérica debieron impactar positivamente. Ahora, tanto Ferrer como Verdasco pueden darse el lujo de devolver el golpe a los caníbales del periodismo deportivo gallego, catalán y madrileño por partida triple. Por su parte, su comportamiento frente al nuestro agresivo público fue ejemplar. Supieron sobrellevar una presión considerable y trasladarla estratégicamente hacia el lado argentino. De menor a mayor, su evolución permitió dar prueba de las falencias del rival y explotarlas con el máximo beneficio. En definitiva, los ibéricos fueron unos contendientes de lujo, de esos que siempre se desea enfrentar.
Para otro momento quedarán las consideraciones que refieren a los episodios de inseguridad que empañaron la fiesta en Mar del Plata, aunque valga hacer una importante aclaración. Al revés de lo que reportaron medios españoles, no fue un argentino quien robó US$10 mil en equipo de fotografía a la gente de As.com. El responsable de este caso fue individualizado por personal del Hotel Hermitage como un ciudadano español que intentaba imitar acento argentino. Detalle que también pudo confirmar la propia Policía Bonaerense destacada para cubrir la seguridad del evento.
Sin embargo, allí permanece aún sin explicación el caso del explosivo plantado en una tribuna de Playa Las Toscas, que tenía que detonar a las 200pm del domingo. ¿Quién estará detrás de la maniobra? El kirchnerismo no tardará mucho en endilgarles la cuestión a los marinos de la Base Naval de Mar del Plata...
Volviendo al tratamiento exclusivo de lo relacionado con los aspectos deportivos, lo que realmente desean hoy los aficionados argentinos, de todas maneras, es ver finalizada la carrera tenística del cordobés David Nalbandian. Si le queda algo de decencia a este hombre, debería hacer una fuerte autocrítica ante todos los medios -de preferencia, en Mar del Plata- y optar luego por el temprano retiro. Es lo mínimo que corresponde a cualquier deportista que pisotea la bandera. La Argentina no necesita de esta calaña de falsos deportistas.
Desde luego, esta porción del texto va en atención a los cientos de correos electrónicos de aficionados argentinos que se pronunciaron en este sentido, en contra de la figura de Nalbandian.
¡El rey ha muerto! ¡Que viva el rey!
Por Ricardo White, para El Ojo Digital Deportes.
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