DEPORTES - FORMULA UNO | POR MATIAS RUIZ
La Fórmula Uno y la paranoia española : increíble defensa de la figura del polémico Fernando Alonso Díaz en los medios ibéricos
Resulta poco menos que inverosímil la acérrima defensa que los medios masivos españoles hacen del denostado corredor asturiano, Fernando Alonso. Mientras el mundo pide a gritos el retiro del polémico piloto, en España se aplaude su actitud irreverente y carente de gallardía y juego limpio.
La afición internacional de la F1 está que trina contra el piloto español Fernando Alonso Díaz y pide, en franca mayoría, su separación de la categoría, ya ni siquiera de la escudería.
Lo cierto es que la polémica figura de Alonso ya venía acumulando el desprecio de los fans. La pluma experta de Miguel A. Arregui ya ha dado perfecta cuenta de las actitudes poco profesionales del asturiano, que se cuentan por decenas.
Pero, hay que decirlo, el diario alemán Bild contribuyó a derramar la gota del vaso de la paciencia de los fans, al revelar recientemente nuevos vicios del piloto español frente al escándalo del espionaje entre escuderías. Bild se ocupó también de solicitar abiertamente su retiro. A posteriori, tomó la posta el Mirror británico, que detalló el aceitado sistema de sobornos de Fernando Alonso, utilizado por él con el fin de incentivar a los mecánicos para perjudicar a Lewis Hamilton.
Esto bastó para cabrear a la afición y la prensa españolas en su conjunto, las que por estas horas ya conocen bien el concepto de soledad, ese que surge de ser los únicos polos que defienden la figura de su irreverente piloto.
En esta verdadera catarata de sinceramientos, hasta Ron Dennis y Niki Lauda han descargado su munición gruesa contra Alonso Díaz. Lauda llegó al extremo de calificar al asturiano como alguien que es "peor que un perro". Pues bien, algo deben saber.
Con todo, los españoles no dan el brazo a torcer y, cual manotazo de ahogado, se encuentran por estas horas operando full time para salvar el seguro despido de Alonso, disparando afirmaciones ridículas al respecto de un supuesto complot contra el asturiano, campaña que tendría por objetivos, en este orden, presionar a McLaren-Mercedes, desestabilizar a Alonso y "echarle una mano" al británico Lewis Hamilton. Al menos, estos son los términos en que se ha despachado el jornalero Josep Viaplana de la -hasta hoy- prestigiosa web Sport.es. Desde luego, las afirmaciones de Viaplana han gatillado una carcajada monumental en la afición internacional, y en ese mismo tren se han expresado los lobbistas españoles de la Fórmula Uno. Esos mismos que opinan gratuitamente por tevé y que se han olvidado de la pobrísima tradición de la Madre Patria en la categoría. Pero -tal como reza el dicho-, mientras más débil y más arrinconado está el enemigo, más fuertemente se defiende. España entera no soportaría ver a Fernando Alonso Díaz -lo único que ha producido la Península- echado a patadas de la F1, y por la puerta trasera.
Otra nueva operación de prensa lanzada por medios españoles intenta ensombrecer la figura de Hamilton, de quien dicen está siendo ahora investigado por FIA por el affaire del espionaje. Una maniobra ciertamente deleznable y que va a tono con la sentencia que dice que "el ladrón cree que todos son de su misma condición".
Pero la intentona no solo carece de veracidad, sino que, por el contrario, FIA se encuentra, a cada hora que pasa, más convencida de que la mejor solución será retirar a Alonso del circuito, para evitar un daño mayor a una Fórmula Uno que cada vez suscita menor interés comercial y publicitario. Porque Alonso no solo ha perjudicado a su team : el asturiano se ha metido a bailar en el cenagoso terreno del negocio global de la categoría. Y, como bien se sabe, la Fórmula Uno no opera distinto que en cualquier bolsa de valores : la información negativa termina por salpicar rápidamente a todos y los inversores se llevan sus ganancias a otra parte.
La soberbia del piloto español no difiere mucho de las substancias ilegales a las que han recurrido impunemente y con alevosía los ciclistas que vuelan en el Tour de France. Y ya sabemos muy bien cómo operan los medios ibéricos : cuando un deportista se dopa, es una obligación crucificarlo. Pero si la persona bajo la lupa tiene nacionalidad española, entonces hay complot.
En concreto, el lloriqueo de los medios de la España de Fernando Alonso tiene poco de rigor informativo, y demasiado de furor nacionalista. La exaltación de la bandera en el deporte no hace otra cosa sino distorsionar la actividad y termina por ahuyentar al aficionado, que huye despavorido buscando otros horizontes.
Seguramente, cuando el cuestionado piloto sea eyectado de la Fórmula, los informadores españoles no tendrán otra que soportar el mazazo y reubicarse en el seguimiento de otros deportes. El waterpolo no parece una mala opción.
Por Matías Ruiz.
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