DEPORTES | INADMISIBLE ACTITUD DE LOS FUTBOLISTAS DE BOCA
Memorias de Pablo Escobar Gaviria : conmoción por la visita de Martín Palermo y Rodrigo Palacio a Rafael Di Zeo en la cárcel
Confirmó el Diario Clarín la visita de los futbolistas de Boca a Rafael Di Zeo y otros barrabravas en el penal de Ezeiza. La actitud de los deportistas es vergonzosa y comienzan a aparecer los pedidos de sanciones. La dirigencia política, mientras tanto, mira para otro lado.

Hizo falta una investigación profunda del Diario Clarín para descubrir la estupidez de los futbolistas de Boca, Martín Palermo y Rodrigo Palacio quienes, junto con Pablo Migliore -arquero suplente del club de la Ribera- visitaron recientemente a Rafael Di Zeo y a su nutrido grupo de barrabravas homicidas en su espacio VIP de la cárcel de Ezeiza.
Muchos presentarán la información como si el objetivo fuera disminuír a Boca en el clásico que disputará contra River, dentro de pocos días. Pero lo cierto es que la acción se circunscribe al terreno de la desfachatez, la desvergüenza y la complicidad.
De acuerdo a la investigación de Clarín, los jugadores mencionados visitaron a Di Zeo y sus secuaces un día miércoles, intentando pasar desapercibidos pues las visitas solo tienen lugar los martes y los sábados. Pero el diario Olé -del Grupo Clarín- reportó los detalles y luego Clarín confirmó la información con el Ministerio de Justicia, a cargo del Dr. Alberto Iribarne.
Con todo, el buen trabajo de Clarín no orientó su investigación hacia los verdaderos responsables. El diario criticó con dureza a los jugadores, pero evitó mencionar las responsabilidades de parte de funcionarios del Gobierno Nacional.
El status de preso VIP que tienen Rafael Di Zeo y el resto de las lacras humanas que lo acompañan, más los beneficios de que disponen en el penal de Ezeiza, son hechos que alcanzan por sí solos para que el ministro Iribarne renuncie mañana mismo. Precisamente, conociendo a Di Zeo y sus amigos, tendrían que tener vigilancia especial y la garantía del sistema penitenciario para que estos impresentables no gocen de beneficio alguno. Empezando por impedírsele observar los partidos del torneo argentino de fútbol.
En cuanto al castigo para los futbolistas Palermo y Palacio, ya hay quienes empiezan a pedir sanciones o hasta suspensiones importantes para ellos. A la luz de lo grave del hecho, lo correcto sería no permitirles jugar el superclásico contra River, sin importar el daño que sus ausencias hagan al espectáculo. La credibilidad del fútbol argentino continuará yéndose por las cañerías si los jugadores quedaran impunes por la visita al homicida Di Zeo.
Cuando menos, de acuerdo siempre al trabajo hecho por Clarín, al ministro de Justicia, Alberto Iribarne, debe reconocérsele una rápida reacción ante los hechos descubiertos. El funcionario ordenó investigaciones y buscar a los responsables de la travesura. Pero, aún así, cabe preguntarse ¿acaso Iribarne hubiera hecho algo si Clarín no publicaba su investigación?
Tampoco corresponde atacar en soledad al ministro de Justicia. Hay que tener en cuenta que Rafael Di Zeo y su tropa de asesinos impunes pululó desde siempre por el circuito del fútbol local con la protección de la Policía Federal Argentina. No son responsables los policías, sino su cabeza, el Dr. Aníbal Fernández. Y nadie más. En la calle, es sabido que la policía no se lleva detenidas a las personas con obvias conexiones políticas. A los nuevos reclutas, esta realidad se les explica desde su primer día en los patrulleros.
Di Zeo se mostró siempre muy alegre, muy contento y desaprensivo, ordenando el ingreso de hinchas a los partidos, llegando a hacerlo incluso en el propio estadio de River Plate delante de todas las cámaras de TV. Hizo lo propio en ocasión de administrar el ingreso a recitales de artistas internacionales. Incluso la BBC de Inglaterra lo deschavó públicamente en un documental que mostraba lo más paupérrimo del fútbol argentino y su lado más oscuro. ¿Y dónde estuvieron los medios argentinos tanto tiempo? El ministro del Interior y de la Inseguridad Nacional, el Dr. Aníbal Fernández, garantizó desde siempre el bienestar de Rafael Di Zeo y el resto de los barras. Misteriosamente, rara vez se lo ha consultado al respecto de su responsabilidad. Y sin embargo, todo el camino conduce hasta él. La responsabilidad por la impunidad de los Di Zeo no comienza en el Ministerio de Justicia, parte desde el Ministerio del Interior que conduce el ex intendente quilmeño y otrora prófugo de la Justicia.
Cualquiera sea la fuente a la que se consulte, el status de preso VIP de Di Zeo y sus compañeros es la respuesta que se obtiene. No solo hablando del régimen de comidas -pueden pedir absolutamente lo que deseen, incluso hamburguesas de McDonalds-, sino que las restricciones para las visitas no les aplican -al contrario de lo que informa Clarín-.
De hecho, la vida de Di Zeo en el penal de Ezeiza recuerda en mucho a la estadía del traficante colombiano Pablo Escobar Gaviria en la cárcel de Envigado, a la que él en persona había mandado reconstruir para convertirla en un palacio en donde pudiera pasar mejor sus días. Di Zeo es una suerte de Pablo Escobar a la argentina. Escobar traficaba cocaína. Di Zeo trafica con una mercancía mejor cotizada : la de las emociones que involucran al fútbol, sentimientos que, en nuestro país, perduran mucho más que el efecto del blanco polvo. De ahí lo caro de su precio.
Pablo Escobar tenía a gran parte de la política colombiana en su bolsillo. Lo propio hacía con las fuerzas policiales y hasta cierto punto el Ejército de Colombia. Igual con el sistema de justicia. Rafael Di Zeo tiene a toda la dirigencia política argentina comiendo de su mano, aún desde la cárcel. Si Di Zeo dijera todo lo que sabe, al otro día caería el Ministro Aníbal Fernández y la cúpula de la Policía Federal Argentina. Lo propio sucedería con el Gobernador Felipe Solá y León Arslanian y todos aquellos que han hecho de una zona liberada cualquier porción de tierra que pisara el barrabrava. Se pararía el fútbol. Las repercusiones podrían llegar incluso hasta la Casa Rosada, algo que, por supuesto, nadie en la Administración Kirchner desea.
Pablo Escobar llamó demasiado la atención. Tanta que puso al gobierno colombiano de su tiempo en ridículo. Finalmente, el mismísimo gobierno decidió liquidarlo. No debía ser capturado vivo, y, en ocasión de ser arrinconado en un tejado por fuerzas especiales, recibió un conveniente disparo en la cabeza que terminó con su existencia. Rafael Di Zeo hace tiempo que está haciendo ver a la dirigencia política argentina como risible. Mientras la noticia de la visita de Palermo y Palacio aún es tema de conversación en los bares, no pocos se preguntan si no sería bueno para el fútbol que Di Zeo terminara igual que Pablo Escobar Gaviria.