Otra vez, el insufrible titular de SUTERH, Víctor Santa María, es noticia. Y -como es lógico-, es fiel a su rol de portavoz de las peores.
El "encargado kirchnerista" y amigo personal de Néstor Carlos Kirchner ahora vuelve a la carga, y se encuentra a las puertas de cosechar dos aumentos -de $380 cada uno- para los encargados de edificios en septiembre y en diciembre de 2009.
Con los números sobre la mesa, ello significará un impacto directo en los costos de las expensas que, para los propietarios, verán un incremento de casi $200 de aquí a fin de año. Pongamos por caso, el edificio -que nada tiene de VIP- donde reside quien esto escribe, ha pasado de pagar -para sus unidades de tres ambientes- $190 en concepto de expensas durante 1999 hasta alcanzar los $600 en la actualidad. Y -vale aclarar- la cifra final no incluye los futuros incrementos de salario que Santa María reclama para sus "trabajadores" en lo que queda del presente y atribulado año.
La situación ha llevado -las pruebas están a la vista- a muchos inquilinos a juntar sus petates y buscar otro sitio donde vivir. Idéntica situación se observa en numerosos consorcios, cuyos dueños ven caer estrepitosamente sus ingresos en materia de alquileres: es que las expensas han visto elevada exponencialmente su tasa de morosidad, volviendo imposible la faena del administrador.
Ya pocos pueden darse el lujo de pagar los gastos de vivir en Barrio Norte, Palermo, Belgrano y Recoleta. A pesar de contar con salarios más que dignos, al comparárselos con el resto del país. Pero esto no es solo culpa de la inflación. Víctor Santa María es quien está virtualmente echando a patadas a los porteños de sus barrios.
Desde luego, el sistema juega a favor del gremio de los encargados: durante años, la justicia porteña -presionada por el gremio- rara vez ha fallado en perjuicio de un portero en ocasión de un juicio laboral. Aún cuando su despido haya estado debidamente documentado y justificado. Si la doble indemnización hacía prohibitivo despedir a su encargado, los incrementos de sueldo que Víctor Santa María impuso en su pequeña dictadura lo han transformado ahora en una misión imposible.
Por supuesto, a Víctor Santa María nada de esto le interesa. Tampoco le ofende que se le recuerde que, tanto él como su padre -anterior cabeza de SUTERH- tengan el poco auspicioso antecedente de verse complicados por defraudación en su administración del dinero de sus afiliados.
Desde la llegada de Néstor Carlos Kirchner al poder en 2003, el ex presidente se ocupó no solo de comprar medios para que hablasen bien de él y lo criticasen lo menos posible. También invirtió tiempo en cooptar a los sindicatos más influyentes de la Ciudad de Buenos Aires para que, aunando esfuerzos, la totalidad de los trabajadores afiliados a sindicatos en la Capital se sumaran al discurso "de la nueva política" que trajo el kirchnerismo.
Kirchner hizo migas con el cuestionado jefe de los taxistas locales, Omar Viviani -"administrador" de los aprietes en las paradas más importantes de la ciudad, y complicado en el homicidio cuasimafioso de su propio hermano-, con Amadeo Genta y Patricio Datarmini -de SUTECBA- y, por supuesto, remató la estudiada faena con Santa María. Este grupo de recalcitrantes individuos no ha tomado nota de que también son los grandes derrotados del 28 de junio. Mas no han acusado recibo. Especialmente Santa María, que sigue aprovechándose del esquema porteño que ha puesto de rodillas a propietarios e inquilinos, que tienen imposibilitado participar de la aprobación de los aumentos que reciben los porteros.
No obstante, hay un dato interesante que surge de esta pelea entre propietarios y encargados. Estos últimos ya solo guardan insultos para su líder sindical. Porque los incrementos no les llegan, dado que SUTERH se los retiene en un 80%. En consecuencia, quien se queda con el grueso del aumento es el mismísimo Santa María, como van las cosas, fiel discípulo de las peores prácticas del manual de Hugo Moyano y su prole.
Otra consecuencia no deseada para los trabajadores es que los consorcios en donde se desempeñan han optado por pedir presupuestos a pequeñas compañías de servicios de limpieza -que han visto la oportunidad de hacer negocios-. Aunque se vuelva extremadamente caro despedirlos, muchos encargados ya comienzan a quedarse en la calle. Para luego descargar munición gruesa contra Víctor Santa María.
Es que, conviene ser objetivos: en este escenario de conflicto, pagan justos por pecadores. Existe una porción importante de encargados que trabajan duro para lograr la aprobación de los consorcistas, pero que -igualmente- son víctimas de la ácida crítica de aquellos propietarios que los señalan como culpables directos de que sus expensas se hayan disparado hasta la estratósfera. También corresponde reconocer el esfuerzo honesto y sacrificado de aquellos encargados que siempre están cuando el propietario los necesita.
Pero Santa María ha logrado lo imposible: enfrentar a encargados contra propietarios, en provecho propio.
En cualquier caso, la manera desagradablemente corporativa en que se mueve SUTERH termina siendo idéntica al ejemplo de la serpiente que se muerde su propia cola.
Con cada vez más encargados en la calle, el ingreso para el gremio se volverá cada vez menor -a largo plazo-. Santa María, más tarde o más temprano, deberá sentarse a negociar, o bien deberá surgir en su gremio otra línea de conducción que le dispute el liderazgo. A la larga, sus acciones resultan claramente perjudiciales para las finanzas de la organización.
En la agenda de un líder de sindicato jamás puede figurar el poner a trabajadores contra empleadores. Aunque en la Argentina de los Kirchner, todo es posible. Hemos probado largamente que aquí la realidad supera a la mismísima ficción.
Mientras tanto, ya se conocen iniciativas para -de alguna manera- amortiguar el saqueo que ejecuta SUTERH sobre los bolsillos de los ciudadanos porteños que residen en consorcios.
La alternativa que más está cobrando fuerza es la de los diputados Sergio Abrevaya y Marcelo Meis, de la Coalición Cívica. Entre los lineamientos que se incluyen en la propuesta -nueva Ley de Consorcios- figura el escenario en que los nuevos incrementos de salario para los encargados solo podrán ser negociados con autorización de los consorcios. La mencionada iniciativa serviría para detener los incrementos demenciales que el gremio dicta a su razón y conveniencia. Sin embargo, debe destacarse que el foco de la mencionada nueva Ley de Consorcios está más bien centrado en el actuar de los administradores, para que sean controlados con mayor rigor. El objetivo es correcto, aunque para ser correlativo con la realidad, debería conllevar también fuertes revisiones de performance para los encargados en forma simultánea que se ejecuta un contralor certero sobre el administrador.
A todo esto, la ciudadanía continúa preguntándose acerca del paradero de Mauricio Macri, que jamás ha hecho mención alguna sobre este tema que -luego de la falta de seguridad y los problemas del tránsito- más preocupa a los porteños.
El Jefe de Gobierno, quien no escatimó esfuerzos para arrodillarse por votos en cada uno de los barrios, debería tener una participación más contundente a la hora de analizar la conducta de Víctor Santa María y ese aquellarre denominado SUTERH. Pero ni siquiera se ha referido al problema, ni siquiera siendo un intendente con amplio porcentaje de aprobación.
Macri desperdició demasiado tiempo en escaramuzas verbales contra Amadeo Genta y Patricio Datarmini -los popes de los empleados municipales alineados en SUTECBA-, luego de una resbaladiza cincha simulada para los medios y algunos porteños distraídos. Al final, Mauricio, Amadeo y Patricio arreglaron por plata y los capos de SUTECBA siguen organizando encuentros sindicales en los que los participantes cobran $150 por asistir para "hacer de cuenta" que prestan atención al discurso de sus líderes. Encuentros en donde nunca escasean la cocaína y el paco, el alcohol y los enfrentamientos a golpes de puño entre grupetes de inadaptados que se trenzan por un lugar mejor en la tribuna. Ojalá estuviéramos describiendo un escenario virtual. La instantánea descripta es fiel reflejo de lo que sucedió recientemente en un acto en el microestadio de Ferrocarril Oeste, en el barrio de Caballito.
Muestras acabadas de un gremialismo kirchnerista en decadencia. Si por lo menos se parecieran en algo al sindicalismo desarrollista de "Luisito" Barrionuevo y Armando Cavalieri... Pero, como dicen los colombianos, ello equivaldría a pedirle huevos a un gato.
Entre bambalinas -nunca está de más decirlo-, la calidad de los servicios médicos de la obra social que brinda el SUTERH de Víctor Santa María va cada vez más en picada. Los turnos se dan recién para meses en adelante. El trato y la atención se han vuelto patéticos. La burocracia se ha tornado insoportable. Basta con preguntarle a cualquier encargado amigo.
Para colmo, las finanzas de los porteños también están siendo castigados por los groseros desmanejos del gobierno de Cristina y su marido: ahí está el caso de las tarifas de electricidad y gas, estas últimas con aumentos de hasta el 400% y que recién ahora son tema de debate para un Congreso de la Nación que no sirve más que para sumar gastos. El ítem del costo de vida y los incrementos violentos en las tarifas de los servicios también son cuestiones para recordarle ásperamente al impresentable jefe de SUTERH.
Que el presente artículo sirva, pues, como material de consulta para consorcistas, propietarios y encargados. Es fundamental comprender que la lucha no debiera darse entre unos y otros. Es la conducción del gremio la que ha conducido a este teatro de operaciones devastado. Entre los mencionados figuran los jugadores más afectados. De ellos depende consensuar sobre propuestas que enaltezcan la convivencia y no la torpedeen.
Por Matías Ruiz, para El Ojo Digital Sociedad.
Email : elojodigital.com -arroba- gmail.com.
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