Corrían las vísperas del torneo de Roland Garros en mayo de 2006 y, justo una jornada antes del comienzo de la competencia, el periódico francés Le Journal du Dimanche sorprendió a gran parte de la afición del tenis. Decimos gran parte, pues unos pocos saben mucho acerca de la sombra del doping en los deportes profesionales.
Lo que los franceses habían disparado desde la ácida tinta del periodista Philip Chassepot era lo que algunos sabían pero no se atrevían a decir : que Rafael Nadal, el tenista número dos del ranking ATP, recurría al doping.
Las respuestas no se hicieron esperar : desde España se acusó a la afición francesa de una supuesta envidia deportiva, dado que los españoles están ciertamente habituados a coronarse en el deporte blanco, mientras que los galos hace tiempo que se acostumbran a mirar los trofeos por TV.
En el mundo del tenis, los primeros que saben quién se dopa y quién no son los propios jugadores. Pero, al igual que los reos de cualquier penal, los hombres respetan ciertos códigos de honor. No son sus colegas quienes deberán sentenciar al culpable, es la ATP la responsable, en última instancia, de "aplicar la ley".
Pero nunca falta el fantasma de la bronca tras un partido perdido. Es allí donde los códigos de honor se rompen y siempre algún jugador comienza a ventilar secretos de sus rivales en fiestas y reuniones -y los periodistas rara vez respetan esa falsa cobija que constituye el "off the record"-.
Fue así como llegó el rumor a Le Journal. Al igual que en ocasión del dopaje de algunos tenistas argentinos de renombre, información que primero se filtraba a periódicos franceses, por alguna bizarra coincidencia.
Esta vez le tocó a Rafael Nadal. Rezan algunos renglones del artículo de Chassepot : "Las acusaciones se deslizan en voz baja en el entorno de ciertos jugadores franceses, y además se extienden con demasiada rapidez".
"Este tipo de sospechas sobre supuestas ingestas de EPO en España existen desde hace años en el circuito y explicarían las brutales caídas de tensión y los brotes regulares de fiebre en Ferrero y Corretja, concretamente".
"En lo tocante a Nadal, algunos estiman que no se puede tener a la vez un brazo tan musculado y tan rápido. Otros ironizan sobre su capacidad para saltar y hacer smashes como un loco, tras cinco horas de juego".
La EPO o Eritropoyetina es uno de los recursos farmacéuticos favoritos de los tenistas, pues colabora en gran parte con los procesos de transporte de oxígeno a través de las células, y su más rápida llegada para ser quemada en los procesos químicos de los músculos. El Ojo Digital publicó, hace un año, un material al respecto -con un link al pie de esta página-, en ocasión de explicar científicamente la cuestión del doping o dopaje en el tenis profesional.
El asunto del "brazo musculado" -vasculado, tal como se dice en culturismo- es anecdótico. Lo que los medios especializados de Francia y otras naciones no han acertado a referir es que Rafael Nadal y otros tenistas ya han tenido resultados positivos en controles antidopaje, pero fueron oportunamente protegidos.
En ocasión del último Roland Garros, corrieron demasiados rumores en los pasillos de la ATP y en medios deportivos especializados de Europa que una muestra de Rafael Nadal dio positivo, pero que tanto Nike como personajes importantes de la ATP presionaron para no liberar los resultados. En una maniobra que ya es conocida por quienes conocen el modus operandi de los fuertes intereses que pululan por la Asociación, el doping fue endosado a una joven tenista rusa de 16 años, a modo de chivo expiatorio.
El lobby de características extorsivas que la empresa de indumentaria deportiva Nike lleva adelante en todo deporte donde tiene fuerte presencia debería ser seguido muy de cerca. Nike ya ha tenido roles por lo demás oscuros no solo en tenis sino también en fútbol, en ocasión del famoso ataque de epilepsia de Ronaldo en el Mundial de Francia en 1998. Todo el mundo sabía que Nike presionó para que Ronaldo jugara a pesar de sus nervios, pues la cláusula figuraba en el contrato que la compañía tenía con la Confederación Brasileña de Fútbol -CBF-. La FIFA tampoco hizo nada, pues forma parte del negocio, siempre con los capomafias internacionales Havelange, Blatter y Julio Grondona entre bambalinas.
No se trata aquí el tema de las condiciones miserables en las que trabajan los empleados de Nike en Asia -cuestión ciertamente grave-, pues no encaja en el pertinente análisis.
Siguiendo con el caso puntual del mallorquín, Rafael Nadal fue investigado en su propio país como parte de la Operación Puerto -una investigación de las autoridades españolas en relación al doping-.
Igualmente, a los efectos de conocer si un jugador de tenis recurre a substancias prohibidas o doping, el primer paso es observar cuidadosamente su desempeño en las temporadas. Infortunadamente para Rafael Nadal, un estudio de este aspecto no lo favorece, ya que hace ya unos cuantos meses que su participación en torneos es escasa, al igual que sus resultados. Algo absolutamente opuesto al desempeño obtenido a comienzos de año, donde alcanzaba la mayoría de las finales y se debatía en espectaculares duelos con el número uno, el suizo Roger Federer. Actualmente, Nadal parece estar pasando por la etapa "descendente" del prototipo del deportista que recurre al dopaje. Como la utilización de substancias de este tipo no puede ser permanente, el jugador debe abandonarla por períodos de tiempo específicos, a los efectos de descansar el organismo y no producir acostumbramiento -además de, obviamente, no permitir la presentación de efectos farmacológicamente adversos-. Hay quienes observan que la última lesión muscular de Nadal fue fingida, a los efectos de disfrazar la necesidad de descanso de los fármacos. La consecuencia lógica para el jugador en fase descendente es la baja de performance a nivel físico, que es siempre muy perceptible. Pero debe agregarse también un conjunto de efectos psicológicos negativos, a través de los cuales el jugador cree que no podrá hacer frente a sus rivales en "condiciones normales", esto es, en la fase ascendente de la ingesta de substancias.
El Ojo Digital fustigó duramente en su oportunidad al tenista chileno Fernando González, aunque también fue particularmente crítico con tenistas argentinos como Mariano Puerta y Guillermo Cañas. El caso de Mariano Puerta fue el más grosero de todos, pues su costumbre de utilizar hormona de crecimiento es más que vox pópuli entre sus colegas y algún que otro entrenador que sabe del tema y que ha pasado por el CENARD -centro de alto rendimiento-.
¿Sería justo referirse ahora al mallorquín y a otros tenistas españoles como los nuevos "malos de la película"? Desde luego que no. Pero sí corresponde realizar un fuerte llamado de atención para aquellos que, desde adentro, están destruyendo no sólo al tenis sino al deporte en general. La cuestión del dopaje se ha escondido debajo de la alfombra por demasiado tiempo y este escenario no puede continuar sin ser investigado, y por supuesto, denunciado.
La verdad debe ser perseguida y alcanzada eventualmente, más allá de las consideraciones nacionalistas y las respuestas emocionales que puedan surgir en el sentir de los aficionados.
Pero la verdad debe ser alcanzada también con el objetivo ulterior de construir un ámbito más propicio para el desarrollo y la promoción de estándares de verdadera excelencia en el deporte mundial. Excelencia alcanzada en forma auténtica -y nunca artificial- por el propio esfuerzo del espíritu humano.
El Ojo Digital Deportes
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