Nuevamente la prepotencia, la soberbia y la intolerancia son protagonistas.
El pueblo bonaerense de Lezama vuelve a situarse en el ojo de la tormenta. Es que existe un puñado de habitantes de esta pequeña localidad agrícola que no desarrolló mejor manera para reclamar su autonomía que descargar su insania contra la masa de turistas que -con todo derecho- optaron por Mar del Plata u otros sitios de la costa para tomarse un respiro de sus empleos.
Los lezamenses volvieron a echar mano de lo peor de la argentinidad para reclamar por su autonomía distrital. Podría decirse que, desde la llegada de los Kirchner al poder, el uso violento del corte de ruta se ha convertido en el único recurso de cualquiera que pretende sacar partido de alguna situación. Esta táctica ya ni siquiera se utiliza como medida de última instancia. Más bien al contrario: es lo primero de lo que se echa mano a los efectos de buscar solución para un problema. Sin importar que, en el proceso, se manufacturen otros aún peores.
Palabras más, palabras menos, lo que sucede en Lezama ya es tema conocido. Un grupo de irreverentes personajes, ocultos bajo la poco creíble fachada de la agrupación Comisión Pro Restitución Autonomía de Lezama, ha motorizado el reclamo y desatado una suerte de guerra psicológica abierta contra los desafortunados turistas que deben transitar por la autopista en horarios de piquete. Dos de sus más conocidos referentes son Gustavo Páez y Diego Laborde, que recientemente han ocupado espacio en la prensa para dar aire a su demanda. De cualquier forma, la "comisión de notables" está integrada oficialmente por Gladys Felicetti, Hernán Allen, Gustavo Giordano, Daniel Godoy y Luis Hatrick. Estos son, pues, los nombres que hay que escrachar en cada oportunidad posible.
Ninguna de estas personas, como cualquier lector se imaginará, -ni los manifestantes bajo su comando- pueden explicar por qué la emprenden contra el turista. Y la respuesta es sencilla: porque nada les importa.
Lezama viene reclamando su autonomía distrital respecto de Chascomús desde hace ya bastantes años, esto es incontestable. Desde luego, la idea central de sus mentores es que Lezama centraliza y genera recursos que mayormente van a parar tanto a Chascomús como a localidades vecinas. Pero desde los pagos del ex presidente Raúl Alfonsín la negativa a apoyar el pedido lezamense es categórica. Alegan que aquel distrito quedaría con las cuentas en rojo si no contaran con los ingresos que genera Lezama. Por otro lado, cabe destacar que el Gobernador caído en desgracia, Daniel Scioli, tampoco ve con simpatía el reclamo de los pueblerinos. Es lógico: sucede que La Plata tendría que financiar -ante ese caso- la instalación de una municipalidad en Lezama, junto con todos los gastos burocráticos que ello implica. Con lo cual, lo que piden los lezamenses termina sonando a travesura: queremos independencia, pero que se nos financie la estructura. Un pésimo chiste que le sale demasiado caro a los automovilistas. Estrategia que en su momento ha propuesto el País Vasco para independizarse de Madrid: seremos independientes, pero la electricidad y el gas deberán afrontarlos el estado español.
El episodio ha llegado a un estado de absoluta ridiculez, por cuanto la trama ha puesto en pie de guerra a lezamenses y chascomusenses. Y, si bien es cierto que lo que Lezama pide es de larga data, también es incontestable que detrás del reclamo ya se ha probado la existencia de un jugoso y candente negociado inmobiliario. De acuerdo a un reciente artículo del prestigioso sitio La Política Online -de Ignacio Fidanza-, el diputado kirchnerista Raúl Pérez es uno de los principales instigadores de la iniciativa autonomista. Detrás suyo, el operador inmobiliario Julio Prado -de interesante trayectoria en La Plata- tendría en vista el filón para explotar lotes que ya adquirió a bajo precio y que se revalorizarían notablemente apenas confirmada la tan ansiada autonomía, en un futuro cercano o lejano. Habida cuenta de las pruebas que ya existen para corroborar esta hipótesis, los habitantes de Lezama y sus activistas quedarían ante la opinión pública nacional como los idiotas útiles del caso.
El inmobiliario Prado ha venido ejecutando el lobby correspondiente entre sus amigos políticos -que mayormente son legisladores provinciales- a los efectos de que la iniciativa de autonomía se apruebe sin más. Julio Prado tiene a la compra-venta de campos y chacras como columna vertebral de su cartera de negocios.
Pero la trama en cuestión no solo ha sido tocada por La Política Online. En su oportunidad, El Día y Diario Hoy -ambos de La Plata- se ocuparon de echar luz sobre el espinoso asunto de los negociados que se derivan del estudio del affaire Lezama. En algo deben haber acertado los columnistas de aquellos medios, dado que la autodenominada Comisión Pro Restitución de Lezama dirigió recientemente una dura e intolerante misiva contra el segundo de ellos, en encendida defensa de la figura del legislador Raúl Pérez -del Frente para la Victoria, como ya dijimos- y, por extensión, del pope inmobiliario Julio Prado. ¿Casualidad?
No hay mucho más que decir al respecto del accionar de la Comisión Permanente, salvo recordar que -como tantas iniciativas deleznables de la Argentina de estos últimos años- tiene a políticos kirchneristas y negocios prebendarios como protagonistas principales. Sin dejar de tener en cuenta a los pobres diablos que son carne de cañón.
Con todo, el debate que nuevamente se coloca violentamente sobre el tapete es el que tiene que ver con los cortes de ruta. Es ciertamente inaudito que las autoridades nacionales sigan tolerando este delito, que en algunas naciones del Primer Mundo -al que supuestamente apuntamos- está considerado como actividades clandestinas enmarcadas en un terrorismo liso y llano.
Para colmo, el inepto Gobernador Daniel Scioli se ha anotado otra grosera torpeza al intentar lidiar con el problema: los insufribles lezamenses habían cortado -el viernes pasado- solo la mano que iba hacia Mar del Plata, sin entorpecer a aquellos que venían desde aquella ciudad hacia la Capital Federal. Pero Scioli no tuvo mejor idea que privilegiar de manera caprichosa y poco seria el tránsito que iba hacia la Feliz. Instruyó a la Policía Bonaerense para que interrumpiera el tránsito de la costa hacia Buenos Aires, para que los carriles libres fueran utilizados por los que iban a gastar su dinero el fin de semana en la playa. Desde luego, el bueno de Daniel no podía permitirse el lujo de ver regresar a más de un automovilista, y que Mar del Plata perdiera de ver el dinero que gastarían aquellos. Por eso se decidió finalmente a perjudicar a los que iban hacia Capital, sin importar que tuvieran que llegar a tiempo o que perdieran algún avión en el Aeroparque Jorge Newbery.
No conformes con el "trabajito" del viernes, desde Lezama completaron la estupidez: interrumpieron el regreso de cientos de miles de vehículos que regresaban desde la costa, en la tarde del lunes.
En lo que a los lezamenses respecta, lo más probable es que ellos no han considerado que -a partir de lo que han hecho- se han garantizado el odio irrefrenable y plenamente justificado de parte de millones de personas residentes en el conurbano bonaerense y la Capital Federal -sin contar el desprecio que ya venían padeciendo desde Chascomús-.
Muchos nos hemos preguntado por qué la Autovía 2 debe cortar a más de una localidad por la mitad. O, tal vez corresponde preguntarse, por qué se le ha permitido a comerciantes y ciudadanos de pueblos de provincia instalar comercios y viviendas a la vera de la ruta. Su caso puede ser comparado fielmente con el del perro del hortelano, que "no vive ni deja vivir". Este detalle vale no solo para Lezama, sino para más de una localidad de provincia. En el caso lezamense, sus habitantes ya han sido protagonistas de cortes de ruta, en protesta por la alta velocidad con que muchos vehículos pasaban de largo la ciudad. Con más razón, vale la pregunta: ¿por qué, entonces, han querido instalarse allí? ¿Acaso el motivo y verdadero fin último es el de perjudicar a terceros? Lo mismo se aplica para los habitantes de El Peligro -localidad cercana a La Plata-.
En todo caso, en lugar de que la capital de la provincia termine subsidiando divisiones de partidos, sería más inteligente utilizar ese dinero para que las autopistas del territorio no corten a localidades por la mitad, o para desplazarlas si se da el caso. Sería dinero mejor gastado. Y, por sobre todo, los de Lezama deben tener en cuenta que los recursos que piden son aportados por todos los bonaerenses. ¿Habrán tenido en cuenta a los contribuyentes a la hora de presentar sus caprichos en sociedad? Cabalmente, se puede decir que la respuesta a esta pregunta es negativa.
El problema de la comprobada ineptitud de un Gobernador es que, al existir un problema, este termina magnificándose hasta salirse por completo de control. Luego de Lezama, vino el reclamo de El Peligro. En su momento fue Chascomús. Finalmente, se sumarán otros. Una administración inoperante termina -quiera o no- motorizando la fractura y el conflicto entre argentinos. Y los residentes de los pueblos -como hoy lo hace Lezama- completan la faena, echando combustible al fuego con reclamos vecinalistas que a nadie más importan.
No faltará mucho para que algún automovista furioso y cargado de estrés antipiquete termine embistiendo a manifestantes lezamenses a propósito y a modo de sentar una advertencia. Por supuesto, los locales se victimizarán y en esa instancia tendremos cortes de ruta garantizados, en honor a los "mártires de la autonomía de Lezama".
Detrás de escena, algún vivo terminará de consolidar sus negocios inmobiliarios.
Otro día más bajo el sol de Estupilandia.
Por Matías Ruiz, para El Ojo Digital Sociedad.
Email : elojodigital.com -arroba- gmail.com.
Julio Prado
Este tipo es un ambicioso del carajo. Mejor que le preste mas atencion a su mujer Anabel Pozzi, que le esta metiendo unos cuernos impresionantes!!!
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