¿Qué ocurre con la inflación en la Argentina? ¿Corresponde decir que el Gobierno del Presidente Néstor Kirchner ha perdido definitivamente el control sobre esta variable, y que la impericia de sus funcionarios a la hora de incrementar el gasto público ya está pasando la debida factura?
La respuesta está bien clara, y solo puede responderse afirmativamente ante tal escenario.
Tal como las voces expertas lo previeron, y que en su momento habían advertido al Presidente y sus ministros por la ingente cantidad de recursos financieros que se volcaban a las provincias y al mercado, en una maniobra típicamente electoral, ahora comienzan a llegar las facturas y las consecuencias están a la vista.
A estas alturas sería difícil identificar el momento específico en el que el Gobierno cedió ante las presiones gremiales para incrementar los sueldos, pero el problema claramente se inició desde este escenario y, en una abierta demostración de ineptitud, se llevó al Estado a tener que enfrentar -y aceptar- uno por uno los reclamos salariales que llegaban en oleadas.
El resultado, en una economía con la capacidad instalada que supera el 120% es claro : se genera inflación que siempre está un paso adelante de los aumentos.
Ahora es demasiado tarde para detener el fenómeno -cuando menos, Kirchner no detendrá la diabólica máquina electoral antes de octubre, y aún quedan muchos millones para repartir entre los gobernadores afines-.
Por consiguiente, la táctica que el Gobierno utilizará ni bien terminen las elecciones -gane o pierda- será la implementación de un violento ajuste y "mano dura" en lo que respecta al manejo de las cuentas fiscales. Por supuesto, y como ya se ha advertido desde este periódico-, la maniobra incluirá aumentos en combustibles, gas, agua y electricidad. Resta saber qué sucederá con las telefónicas, que no han hecho demasiados comentarios, pero en principio, el alza en los combustibles -ese globo que está a punto de estallar- arrastrará todos los precios hacia arriba.
La preocupación en el Gobierno es más que palpable. A las peleas de Lavagna con Kirchner y el resto de los ministros, que continúan disparando hacia el cielo los niveles de gastos electorales, se le suma el pálido intento oficial de evitar incrementos en las carnes, mediante la construcción de un acuerdo por 90 días.
Pero desde la Sociedad Rural Argentina y otros entes relacionados con la agroganadería ya se advirtió que tal acuerdo tiene caracteres cortoplacistas y eleccionarios, y en definitiva, no se lograrán detener los aumentos si otras variables del entorno macroeconómico comienzan a desesperezarse y a salir de su letargo.
Pero no es el malestar de los argentinos lo que moviliza al Presidente y sus allegados, ni tampoco el hecho de que su Administración habrá contribuído con un nuevo millón de pobres hacia fin de año -merced a la inflación que infantilmente ha provocado-. Sino que lo que preocupa es la incidencia de tal escenario en las elecciones de octubre.
Mientras la compra de "publicidad oficial" y el "arreglo" con Clarín, La Nación y otros medios continúa desaforadamente, para insertar la idea de una supuesta enorme ventaja que Cristina le llevaría a Chiche Duhalde en Buenos Aires, el castañeteo de dientes entre los funcionarios temerosos y obsecuentes de Kirchner comienza a ser atronador.
El miedo es palpable en la Casa Rosada, donde el debate de moda y las peleas y los elevados tonos de voz remiten al cachetazo que los franceses de Suez propinaron al Presidente -para colmo, en pleno período eleccionario-, a la vez que la inflación se ha convertido en un tema tabú.
¿Qué percibe la ciudadanía al respecto de la inflación? ¿Acaso cree que la culpa es de la impericia del Gobierno o considera que los empresarios son comerciantes sin escrúpulos y desalmados? Pues bien, corresponde explotar mediáticamente esta última alternativa. Así lo ha hecho Kirchner, vociferando permanentemente contra los empresarios, y pidiéndoles que "no ganen dinero con sus empresas" -vaya capitalismo!-, a la vez que se los sindica públicamente como asesinos del "pueblo".
Las comunicaciones del Presidente con autoridades y organismos extranjeros se tildan de "importantes", "esperadas", etc, y la posición del negociadora de Kirchner se vende como las de un "hábil estadista". Cuando lo cierto es que cualquier presidente argentino es un paria en cualquier foro mundial, y en el caso particular del actual Presidente, ni siquiera ha tenido la decencia de "juntarse" con verdaderos líderes.
Sus únicos aliados en el mundo actual -y que tampoco lo son tanto- son Rodríguez Zapatero -el peor presidente de Gobierno español en décadas, al que ni Bush ni otros líderes le atienden siquiera el teléfono- y el impresentable Hugo Chávez, un personaje de paso y al que difícilmente le quede mucho tiempo de vida.
La comunicación de los principales medios falla groseramente en relación a la inflación, pues evita sugestivamente citar el elevadísimo malhumor social que los aumentos semanales de precios contribuyen a eclosionar. La inflación promedio mensual en alimentos que debe enfrentar cualquier ciudadano es de más de un 20% mensual, pero este tema queda escondido bajo el oscuro manto político de las mediciones del INDEC.
Para decirlo más claramente, está fuera de duda que el escenario inflacionario local se llevará puestas a un gran número de expectativas oficiales en relación a octubre.
Luego de dos meses relativamente calmos, el INDEC ha percibido aumentos sustanciales en el rubro "alimentos y bebidas", que se creía aplanado pero que ha retomado la senda del incremento.
Según datos que manejan en el Palacio de Hacienda, en la segunda semana de septiembre subieron los precios de los alimentos, lo que elevó las expectativas de inflación para el mes de 0,4 a 0,8 por ciento.
Las menores temperaturas de los últimos días dispararon los precios, básicamente de las verduras (hubo alzas de hasta 150 por ciento en determinados productos). A su vez, la carne aumentó por factores estacionales, y el acuerdo oficial para mantener equilibrados los precios ya se ha violado, a pesar de la pobre mención del tema en los medios.
El INDEC divide en tres categorías el comportamiento de los precios: los "core", los estacionales y los regulados.
Según apunta el diarioAmbito Financiero, lo que en verdad está impactando es lo que se conoce como inflación "core" o central, uno de los indicadores que hacen ver claramente que la inflación argentina es estructural, es decir, que proviene de la permanente falta de inversión.
Todos los meses, la inflación "core" gira en torno a 1 por ciento, mostrando todos los meses el impacto del aumento del gasto público y también del mayor circulante en poder del público.
Aclarado el panorama, y a un mes de las elecciones, el Presidente Kirchner y sus ministros deberán dar explicaciones al nuevo millón de pobres que tendrá la Argentina a partir de 2006, y de la enorme responsabilidad que le cabe a su Administración a ese respecto.
Probablemente, los períodos eleccionarios justifiquen -a modo de ver del Gobierno- el aumento de la pobreza, si a cambio se puede engrosar la "tropa" de desocupados y comprarlos en la próxima elección con DVDs y heladeras, tal como se ha observado que opera el Frente para la Victoria en las villas del Conurbano Bonaerense.
El Ojo Digital Economía y Negocios
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