El Gobierno del Presidente Kirchner continúa haciendo gala de una notable impericia a la hora de administrar la economía del país.
En el día de ayer, el Presidente salió a atacar la "picardía de ciertos sectores empresarios que aumentan los precios", a la vez que -en un tono que recordó a una plegaria- pidió a los hombres de negocios argentinos que recuerden que un país no progresa con gente que "se salva" individualmente.
Acto seguido, confirmó que el Gobierno se esforzará por controlar a la inflación creciente, que ya ha dado muestras claras de querer continuar escapándose.
Pero conviene analizar con mayor detalle lo expuesto por el primer mandatario. En sus palabras se haya implícito el reconocimiento de que su gobierno poco puede hacer a estas alturas para evitar las alzas de precios. Ante tal reconocimiento de la propia incapacidad, recurrió a un ruego dirigido a los empresarios, para que no le "escupan el asado" con el asunto de los precios, justamente en este momento de víspera de elecciones.
Luego terminó de corroborar que sus estrategias llegaron al límite : confirmó que implementará más controles de precios, sobre todo en el ámbito de las carnes y otros productos.
El mes pasado, el Gobierno había cerrado un primer acuerdo por 90 días con empresarios de las carnes, para que mantuvieran el precio por ese lapso de tiempo. Pero el acuerdo fracasó, a la vez que fue criticado ácidamente desde sectores provenientes de la Sociedad Rural Argentina. Horas atrás, el Gobierno volvió a firmar un acuerdo -en reemplazo del anterior, que fracasó ante los últimos aumentos detectados-, ahora con los supermercados.
Con todo, el Gobierno de Néstor Kirchner ya se asemeja peligrosamente al de Raúl Alfonsín -sindicado por muchos, como el peor presidente de la historia argentina, junto con Arturo Illia y Fernando De la Rúa-.
Los argentinos que aún conservan algo de memoria, recordarán que la vida durante el Gobierno de Alfonsín se caracterizó por una infinidad de paros, una hiperinflación que en julio de 1989 superó el 180%, una permanente crisis energética y un agudo síndrome de pérdida de control sobre la economía.
El negro escenario económico que llevó a la Argentina de Alfonsín al desastre tuvo en sus primeros inicios la implementación de los denominados "precios máximos" por parte del Gobierno. La intención era poner mano de hierro con aquellos comerciantes y empresarios que insinuaban una disparada de precios. Pero tales incrementos no tenían que ver con la maldad de los hombres de negocios, sino por el contrario, el motivo había sido, ni más ni menos, la inoperancia de los equipos económicos alfonsinistas, que seguían el desarrollo de la hiperinflación en los noticieros, mientras que las cifras de pobres argentinos crecían de a miles diariamente.
Hoy, Néstor Kirchner ha tomado la "vía alfonsinista" con el mismo orgullo que caracteriza a la impotencia y el desconocimiento. Ha terminado por reconocer su inutilidad para manejar la macroeconomía, mediante el "manotazo de ahogado" que constituye la medida del control de precios.
En cuanto a los demás factores de comparación, el Presidente ya puede decir con su característico orgullo que su gobierno ya ha superado al de Alfonsín, por cuanto no sólo también tenemos paros, piqueteros, crisis energética sino también un proceso de aguda desinversión, ciudadanos inocentes cayendo como moscas todos los días por una inseguridad alimentada desde el propio Estado, un 50% de la población bajo la línea de pobreza, violencia política, una corrupción política sin límites y las cifras más elevadas de tráfico de drogas en la historia del país -con el Gobierno también involucrado-. Para no mencionar el hecho de que el Presidente se empecina en simpatizar con la lacra política de la región -Hugo Chávez y Fidel Castro-, a la vez que ha optado por ignorar al chileno Lagos, a Lula da Silva -cuyos métodos son muy diferentes, a pesar del análisis que hacen los medios oficialistas que señalan a Kirchner como un parecido al brasileño- y a un importante número de presidentes y ejecutivos del mundo occidental -a quienes literalmente ha "plantado"-.
Septiembre terminará con más de 1% de inflación "dibujada" por el INDEC, cuando la inflación real es la que corresponde a alimentos, el rubro que ha aumentado en promedio en un 20% ininterrumpido desde comienzos de año. Y 2005 finalizará con un 15% de inflación -también mencionada por el politizado INDEC-, haciendo trizas las proyecciones oníricas e infantiles de quienes están hoy en el poder.
El fenómeno inflacionario también se llevará al panteón político a las aspiraciones de Roberto Lavagna, un personaje que había comenzado su gestión en forma promisoria, y cuya estabilidad emocional -un bien escaso en el gobierno kirchnerista- era bien apreciada. Pero el ministro ha equivocado el rumbo y a los ojos de la ciudadanía ya aparece como engranaje fundamental del fracaso de Kirchner en el manejo de la economía. Logros notables como la quita de la deuda externa a pocos argentinos interesan y lo que realmente cuenta es el día a día. En ese terreno, Néstor Kirchner pierde y a sabiendas de ello, hipoteca cada día más lo que queda del bienestar económico de los argentinos, con aumentos de salarios que sólo engrandecerán a la bola de nieve.
A ocultar estas realidades han contribuído notablemente los medios nacionales más importantes, como Clarín y La Nación, que hoy por hoy están dispuestos a todo con tal de mantener a sus plantas de empleados y a ingresar dineros oficiales en concepto de "publicidad", que debería ser llamada "propaganda".
Los $100 que traerán más inflación
El Gobierno también anunció hoy que el aumento de 100 pesos otorgado a trabajadores estatales y privados a partir de enero tendrá, a partir del 1º de octubre, carácter remunerativo.
Así lo informó esta mañana el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, en una conferencia de prensa desde Casa de Gobierno. En el anuncio de la medida, que beneficia a 4,3 millones de trabajadores estatales y privados, estuvo también presente el titular de la cartera económica, Roberto Lavagna.
De esta forma se presenta la noticia "del día" para algunos medios. Pero el análisis que corresponde hacer es aquel que habla del impacto que volcar más dinero al bolsillo de los contribuyentes traerá para con los precios.
Amén de que el anuncio es claramente electoralista -dada la preocupación del Gobierno con las encuestas-, continúa sin tenerse en cuenta el hecho de que la medida incrementa aún más los costos laborales de las empresas. Está calculado que, sobre el total del sueldo de cada trabajador en blanco, la empresa contratante tiene que aportar un 40% de ese total, solamente en concepto de impuestos.
Por lógica, cada nuevo incremento de salarios en cualquiera de sus aspectos, será trasladado por el empresario al costo final del producto. He aquí el círculo vicioso que el Gobierno del Presidente Néstor Kirchner continúa sin avizorar.
El Ojo Digital Economía y Negocios
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