Bajo las instrucciones de Odiseo, construyen un caballo para ofrendarlo a los dioses ?sabedores de que los troyanos eran grandes creyentes en los dioses, y con la seguridad de que aquellos caerían en el engaño- inscribieron la siguiente frase: "Con la agradecida esperanza de un retorno seguro a sus casas después de una ausencia de nueve años, los griegos dedican esta ofrenda a Atenea".
Los troyanos, ignorando el ardid de los griegos, traspasaron sus murallas. Los soldados ocultos en él abrieron las puertas de la ciudad, tras lo cual los invasores se apodaron de la ciudad.
Los griegos fingieron su retirada, dejando atrás un enorme caballo de madera, en cuyo interior se escondían cientos de guerreros, y relataron a los troyanos precisamente lo que estos querían oír, los K construyeron su caballo de Troya, con promesas de progreso, la abnegada lucha contra los monopolios y la defensa de los "derechos humanos" -que no incluyen a los civiles que hoy mueren, día a día, por la inseguridad y la indigencia-. Su obra hoy nos advierte del peligro de manejar el poder solo con artilugios, símbolos y promesas.
Esta leyenda -que relata la estratagema de los griegos- no es ajena a nuestra realidad actual: el presidente Kirchner puede ufanarse de haber introducido su propio caballo en el seno del Gobierno Nacional.
La manipulación social, junto al servilismo y la simulación de una plataforma electoral, lograron quebrar las paredes de la ciudadela del poder, para introducirse al interior de los dominios.
Esta jugada le permitió abrir las puertas del gobierno a sus guerreros, compuestos por quienes intervinieron en la sangrienta década de los setenta -solo aquellos que cuentan con una vergonzante amnistía por sus crímenes- y los arribistas y alcahuetes de turno, quienes suscriben a los postulados de un "proyecto nuevo de Nación".
Esto les permite hacer su propia interpretación del poder al tiempo que instalaron la idea de que han recibido un cheque en blanco para el manejo de la cosa pública. Pero -más allá de la obcecación, autoritarismo y las descalificaciones permanentes a sus opositores en cada mensaje- deberían comprender que la crisis permanente en que vivimos es resultado de su propia forma de gobernar.
El matrimonio presidencial provoca la respuesta de un gran sector que no está de acuerdo con esos actos, dignos de las viejas campañas proselitistas, con gente paga, discursos de muchas palabras y pocas ideas, donde además debemos tolerar una burda imitación de liderazgo carismático.
Por Francisco Montesano, para El Ojo Digital Política.
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