11-12-2006 - SOCIEDAD: LOS NEGOCIOS IMPUROS DE LA FARANDULA

Alan Faena : indumentaria, negocios inmobiliarios... y lavado de dinero

El millonario y "hábil entrepreneur" Alan Faena es artificialmente promocionado como cultor del perfil bajo e individuo con ojo avizor para nuevos negocios. Pero sus emprendimientos están ciertamente muy lejos de poder caracterizarse con la refulgente blancura de su sombrero de bizarro estilo cowboy.

El común de los argentinos conoció a Alan Faena en los 90, cuando su nombre resonaba profusamente junto al de su ex mujer, Paula Cahen d Anvers, en lo que fuera la empresa de indumentaria Via Vai. Sus apariciones públicas pasaron del bajo perfil hasta la enumeración cercana a lo intolerable de su nombre, siempre dentro del delicado e igualmente insoportable mundo "fashion" que en la Argentina es sinónimo de la más elevada superficialidad y cuyo logro intelectual más elevado es haber contribuído a la popularización de Fashion TV.

Faena y d Anvers se transformaron en todo un ícono de este mundillo de lo superfluo, él con sus blancas vestimentas y gustos excéntricos, y ella con su comportamiento errático y cercano al trastorno bipolar. De Paula se sabe que, en ocasión de visitar a las compañías textileras que desarrollaban el material de Via Vai, renegaba de sentarse en los sillones de las empresas que visitaba en el barrio de Constitución -plagado de empresas del rubro textil- , prefiriendo siempre sentarse en el mismísimo piso para negociar con sus proveedores.

En lo sentimental, a Faena se lo relacionó siempre con mujeres hermosas, no sólo d Anvers, sino también modelos y actrices, entre las que se contabiliza a Natalia Lobo y Leticia Bredice. Pero las voces cercanas al insufrible planeta "fashion" se encargan de mencionar que tales "movidas" tuvieron que ver con el sencillo objetivo de ocultar la homosexualidad del empresario. Esta es la razón por la cual Faena rehúsa hablar de su vida personal.

El caso es que Alan Faena -que no tiene preparación académica alguna- decidió, llegado el momento, que desprenderse de Via Vai era lo mejor. Supuso que era la oportunidad para hacerse un nombre y a la vez, abandonar el cobijo que le proporcionaban el nombre y los buenos oficios de la Cahen d Anvers, pues es sabido que era ella quien manejaba el negocio con mano de hierro. Faena aportaba sus contactos provenientes del "fashion" de la Argentina, pues como es lógico, la ropa de marca x con que se exhiben las descerebradas modelos de la nación será a la postre adquirida por gran parte de la juventud local, igualmente carente de pensamiento.

Faena se retiraría luego a Punta del Este para tomarse unas largas vacaciones, y es aquí en donde comienzan a trabajar sus operadores mediáticos, quienes oportunamente se encargaron de desperdigar por los diarios que Alan se había retirado "a los efectos de planificar su ingreso en el mercado inmobiliario". Faena se encargó de construir una historia épica privada que lo compararía con el mismísimo Buda, quien en su momento retiró a las montañas para meditar, para retornar luego de su exilio, convertido ya en un hombre iluminado. Esa suerte de "iluminación" sentaría las bases de la religión budista. Está también el ejemplo -algo más contemporáneo- de Steve Jobs, ex titular de Apple, quien al momento de estar su compañía casi cercana a la quiebra en los 80, emigró al Tibet para encerrarse en un monasterio. Volvería luego, con menos cabello y metamorfoseado en un "iluminado" del mundo de los negocios. El resultado : Apple volvió a su puesto de privilegio y trastrocó su millonario pasivo en un milagroso superávit.

Estas comparaciones no son casuales, dado que Alan Faena también se autopromociona actualmente como un devoto del budismo. Al parecer, todas estas construcciones abstractas de su individualidad fueron necesarias, a los efectos de poder justificar lo injustificable, esto es, el ascenso meteórico a catalizador de negocios en extremo grandilocuentes y tenedor de una fortuna calculada en cientos de millones de dólares.

Faena regresa al spotlight en el año 2000, con el 1 a 1 en pleno apogeo, y adquiere su primer terreno en Puerto Madero. El más nuevo de los barrios porteños ya estaba de moda pero, al contrario de lo que los adoradores de Faena dicen respecto de su "buen ojo para los negocios", hasta un niño de cinco años hubiera sabido que el Puerto seguiría en crecimiento y que se convertiría en un interesante rubro en el futuro. Por aquel entonces, comenzaban a pensarse proyectos inmobiliarios más importantes, muchos de ellos pensados para consumidores extranjeros, mayormente británicos y de otras naciones del Viejo Continente.

Pero Alan Faena ya tenía la lista de nuevos "contactos" bajo la manga. Gracias a ellos, pudo construir su "Faena Hotel + Universe" en el Dique 3 de Puerto Madero, en un complejo monumental que también incluye 80 residencias privadas en forma de departamentos.

El Faena Hotel + Universe no es otra cosa que una obra magistral del lavado de dinero y hasta el mismo Faena se contradice en ocasión de las entrevistas que ha otorgado a los medios. Antes de las sospechas de lavado, reconocía abiertamente ante los medios que el hotel "no andaba muy bien" en términos de ocupación, pero que el proyecto servía a los efectos de sinergizar con las propiedades que su grupo ostentaba en la zona. A partir de que la lupa del real estate argentino comenzó a vigilar de cerca sus movimientos, inició una campaña feroz para falsear la noticia de que la demanda por habitaciones de su hotel siempre iba en notable crecimiento, una realidad condimentada con el agridulce pero siempre seductor sabor de la mentira.

Así y todo, luego de la presión -más mediática y del propio rubro inmobiliario que proveniente de las autoridades impositivas-, Faena lanzó a regañadientes una campaña en la que presentó a los inversores de "Faena Properties", ciertamente un nombre demasiado ingenuo o infantil para una persona con "ojo avizor para los negocios.

Se reveló entonces que los hermanos Robert y Christopher Burch, dos millonarios norteamericanos, se habían constituído como la base financiera de las inversiones de Faena. Los mencionados hermanos han hecho su fortuna con la marca de indumentaria "Eagle s Eyes" y son también titulares del fondo de inversión Red Badge, Inc. Sobre estos personajes hay muy pocas referencias en Internet y los medios tradicionales. El perfil extremadamente bajo de estos muchachos sugiere que no desean atraer demasiado la atención. La empresa no tiene página web, y fue apenas creada en 1998. Se define a la compañía como dedicada a inversiones privadas en proyectos de bienes raíces, y también se destaca su estrecha relación con emprendimentos en Internet. Christopher Burch hace las veces de "presidente" de la empresa y es notorio el hecho de que, si acaso alguien quisiera comunicarse con ellos, sería imposible, pues los teléfonos y la dirección de Red Badge, Inc. en Estados Unidos son imposibles de obtener. Lo interesante es que Christopher Burch contribuyó con capital propio a la constitución de otra compañía denominada Internet Capital Group, sita en la localidad de Wayne, Philadelphia, y cuyo valor de mercado asciende a casi 30 mil millones de dólares. A pesar de esto, Alan Faena nunca se preocupó por mencionar a Internet Capital. Solo refirió a la empresa cuasifantasma Red Badge. Acaso el empresario jamás se preocupó por investigar en profundidad a sus aportantes de capital? El misterioso Christopher Burch aparece en este escenario sin tenerse muy en claro cómo obtuvo sus ingresos. Y en igualmente sospechoso proceder, aporta fondos para un empresario desconocido y sin currículum en la lejana e inestable América del Sur. Acaso estará preocupado por huir del fisco estadounidense? En cualquier caso, la Internal Revenue Service -la AFIP americana- sin dudas estaría harto interesada en conocer el modus operandi del elusivo Chris.

Pero el listado de socios oscuros no termina con los hermanos Burch. Hete aquí que el otro aportante misterioso de Faena Properties es Len Blavatnik, empresario nacido en la Federación Rusa y a la postre nacionalizado estadounidense. Blavatnik es el fundador y principal accionista de Access Industries, Inc., un fondo privado de inversión global con diversificado portfolio, que incluye participaciones en empresas de energía, minería y, como no podía ser de otra manera, servicios financieros. Blavatnik es miembro del Comité de Compensaciones de la empresa petrolera rusa TNK-BP, una compañía de crudo que se sitúa entre las diez más poderosas del rubro a nivel mundial. Len Blavatnik ha sido y es actualmente investigado exhaustivamente por sospechas de lavado de dinero tanto en Rusia como los Estados Unidos. Junto con otros ejecutivos de TNK-BP, Blavatnik participó en actividades fraudulentas que involucran a la empresa, en donde no solo se enumeran delitos de lavado, sino también fechorías de la talla de apropiación indebida de pozos petroleros y fraude financiero. De acuerdo al testimonio de ex socios de TNK-BP, Blavatnik y otros ejecutivos se las arreglaron para movilizar dinero negro a través de una serie de frentes creados en paraísos fiscales que van de Lichtenstein a Panamá. Investigaciones independientes lo ligaron en forma contundente con la mafia rusa y los voceros de Faena cometieron el error infantil de negar estas últimas versiones, sosteniendo que Blavatnik ni siquiera es ciudadano ruso, sino que es 100% estadounidense. Una tomada de pelo al permisivo periodismo argentino y a nuestra torturada opinión pública. El misterioso Blavatnik, al igual que los Burch, aterrizó cual paracaidista para sumarse con gruesos fondos a los proyectos del hombre del sombrero blanco.

Luego de lo expuesto, habría que ser ciertamente necio para no reconocer que la estrategia comunicacional de Alan Faena tiene incontables talones de Aquiles. Sorprende, de todos modos, la ingenuidad del empresario y sus asesores de corto intelecto a la hora de intentar rebatir los argumentos que pesan sobre él.

Faena seguramente apuesta a la impunidad, dado que recientemente anunció un novedoso megaproyecto que estará listo en ocasión de los festejos por el Bicentenario del nacimiento de la Argentina. Cualquier presión gubernamental -por más observancia que esta tenga de las leyes- empujará al cowboy budista a retirar su proyecto de la mesa. Una fórmula que funciona muy bien a la escuela sempiterna del empresariado corrupto del país y a multimedios extorsionadores como el Grupo Clarín.

Baste decir que ninguno de los recientes gobiernos democráticos de la Argentina ha hecho esfuerzo alguno por controlar el origen de los fondos oscuros que circulan por el sistema financiero local. Quien menos se ha ocupado del tema de la fiscalización del dinero sucio ha sido obviamente Carlos Menem, cuyo slogan de campaña fue convertir a la Argentina en una -nueva España-, en referencia a la política permisiva para ingreso de fondos extranjeros que impera en la Península Ibérica. Vale aclarar que las zonas veraniegas españolas -como es el caso de Marbella- están hoy bajo el control absoluto de las distintas mafias rusas y en esas localidades, los ajustes de cuentas -con tiroteos y cadáveres flotando en el mar- son hoy moneda corriente. Las mismas autoridades españolas otorgan una suerte de carta blanca a estas actividades clandestinas, dado que el ingreso de fondos que produce la ilegalidad es, a la postre, beneficioso.

En la Argentina de hoy, la Administración Kirchner sigue a oscuras en relación al tema del lavado de dinero, ya que diputados y senadores de todas las extracciones se resisten a actualizar las leyes referidas a esta sensible cuestión, y las mismísmas autoridades financieras de Estados Unidos y Europa así lo han hecho saber al Presidente de la Nación. El problema es que existe un gran número de legisladores y funcionarios -retirados y en actividad- que ostenta un gran número de cuentas bancarias tanto en el Caribe como en Suiza, y la promulgación de una ley que castigue el lavado bien podría perjudicarlos, en especial si se considera los negocios clandestinos en los que la política vernácula se halla involucrada. Esta realidad es seguida bien de cerca por organismos de la órbita del gobierno federal estadounidense como la DEA, el FBI y diversas fuerzas de tareas financieras, que en privado reconocen que la Argentina desanda rápidamente el camino hacia la tan temida narcodemocracia, uno de cuyos pilares es el blanqueo de dinero marcado.

Mientras la palpable impunidad de Faena y otros empresarios -de quienes próximamente El Ojo Digital dará cuenta- continúa pavoneándose en los circuitos financieros, el impresentable titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos, Alberto Abad -presionado por el Presidente Néstor Kirchner-, insiste en buscar lavadores de dinero entre los castigados elementos de la clase media argentina que solo buscan adquirir su primera vivienda, gravando sus operaciones inmobiliarias y recargándolos de nuevos impuestos y contribuciones forzadas.

El Ojo Digital Sociedad

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