OPINION: EL TEMA DEL QUE NO HABLAN LOS MEDIOS

La trama oculta del tráfico de drogas en la Argentina

Qué se conoce con respecto al tráfico de drogas a gran escala en la República Argentina? El Ojo Digital examina algunos de los casos más llamativos que tuvieron lugar en los últimos años. Los gobiernos militares, la CIA y América Central. Raúl Guglielminetti. Menem. Yabrán. Duhalde. Las advertencias de la DEA.

21 de Julio de 2010
El narcotráfico en la Argentina parece ser un tema inapropiado para los medios locales. Con excepción del tráfico de cocaína en Southern Winds, los medios masivos rara o ninguna vez habían tratado el tema realmente en profundidad. Pero la forma en que la cuestión se presenta actualmente continúa siendo, si se quiere, ingenuo. El periodismo argentino, con la excepción de contados casos, ya sea consciente o inconscientemente, evita tratar la cuestión del involucramiento de funcionarios del Gobierno en el negocio de las drogas. Pero tal "conspiración" alcanza también a los gobiernos extranjeros que conocen a la perfección las actividades de aquellos funcionarios y, tal vez por cuestiones de política exterior, no dan a conocer sus informes. Oportunamente, la revista Noticias, en una entrevista con el máximo responsable de DEA (Drug Enforcement Administration) en la Argentina, había rozado estas espinosas relaciones. En tal entrevista, Reinoso se mostró muy enfurecido porque, según él, el la Administración menemista no le había permitido investigar en profundidad al tráfico de drogas en el país. No mucho tiempo después de haber intercambiado diferencia de opiniones con algunos funcionarios, Reinoso fue severamente reprendido por sus superiores en las oficinas principales de DEA en Los Angeles y posteriormente reemplazado. Reinoso había señalado que "en la Argentina, hay demasiada gente metida en el tráfico de drogas a gran escala y estas personas concentran demasiado poder". Pero el gobierno estadounidense no quería problemas. Probablemente porque no era correcto poner en tela de juicio la labor de un presidente que había colaborado para "saltar" embargos de armas de la ONU en Yugoslavia y Croacia y que ciertamente había colaborado estrechamente con Estados Unidos en situaciones "calientes" en otras partes del globo. Por esa época, la Argentina era uno de los 5 países que más colaboraba con las Naciones Unidas, mediante envíos de tropas a fronteras "calientes" en distintas regiones del Globo. Incluso había desactivado su proyecto Cóndor, para lanzamiento de misiles que pudieran cargar satélites. El proyecto había sido desarrollado con fines pacíficos, pero los Estados Unidos vieron la posibilidad de que tal tecnología pudiera caer en manos de los enemigos de Israel en Medio Oriente. Menem, hipotecando las posibilidades tecnológicas argentinas de cara al futuro, no lo dudó y mandó destruir los misiles construídos y hasta los planos del proyecto. Revista Noticias, en la misma entrevista a Reinoso, había ido más allá de lo permitido, cuando citó a fuentes de DEA que dijeron tener un frondoso archivo de Eduardo Duhalde -obviamente relacionado con el asunto de los narcóticos- que el gobierno estadounidense había ordenado no revelar. Tal archivo podría poner un violento fin a la carrera política del ahora ex-presidente. Muy probablemente, el mismo informante de Noticias pudo haber sido Reinoso, pues en aquel momento ya se hallaba "despechado" por el llamado de atención de sus superiores en Los Angeles. Pero la relación del poder político argentino con el negocio de las drogas va más lejos de lo que podría pensarse. Las informaciones relacionadas con el tema prácticamente no circulan en la Argentina, pero muchos medios estadounidenses, en sus investigaciones relativas a la participación de Washington en Centroamérica para financiar a los Contras nicaragüenses, mencionan reiteradas veces a integrantes del gobierno militar argentino como participantes en el lucrativo mundo del tráfico de drogas. Uno de los nombres que figuran en más de un informe es el de Raúl Guglielminetti, ex agente de Inteligencia. En una audiencia a puertas cerradas con miembros del Senado de Estados Unidos en 1987, uno de los cómplices de Guglielminetti lo señaló como responsable de una operación de lavado de dinero con base en Miami que envió decenas de millones de dólares de dinero boliviano proveniente del comercio de drogas para financiar operaciones paramilitares en toda Latinoamérica. La turbia relación entre los operadores de narcotráfico de alto nivel en Bolivia y los contras de Nicaragua son el gran tema que trata una investigación interna de la CIA, con todos sus datos encerrados en un grueso volumen de 600 páginas que aún es secreto, aunque la agencia ha señalado que próximamente revelará partes del informe. Guglielminetti, nacido en 1941, es, sin lugar a dudas, uno de los personajes más oscuros e intocables de la historia argentina. Su historia criminal data de los comienzos de 1960, cuando fue investigado por cargos de fraude y luego liberado. En 1964, su prontuario se vio engrosado cuando se lo acusó de tráfico ilegal de armas y posesión de armas de guerra. Pero no fue hasta 1965 que fue condenado por robo de automotores. De vuelta a las calles en 1970, Guglielminetti comenzó su carrera como guardaespaldas de políticos. Oportunamente ayudó a reprimir una huelga en Neuquén y como resultado, se ganó la confianza de la cabeza de la policía provincial. Posteriormente, amigos uniformados le consiguieron trabajo como periodista en el periódico local Sur Argentino. En momentos en que la violencia de la década de 1970 se tornaba violenta en la Argentina y los enfrentamientos entre extremistas de izquierda y de derecha recrudecían, Guglielminetti se unió a la Triple A, la Alianza Anticomunista Argentina, y más tarde, tomó parte de la represión de los militares contra la guerrilla desde la SIDE -que por aquel momento estaba totalmente controlada por militares-. Una vez que el gobierno militar en la Argentina declaró su victoria contra la guerrilla, el objetivo pasó a ser el combate de grupos subversivos en el resto de Latinoamérica. Guglielminetti se trasladó a Miami con el propósito de cumplir con ese objetivo. Allí fue que comenzó a operar enviando fondos a las fuerzas anticomunistas que operaban en América Latina, bajo la fachada de una empresa con sede en Miami. Cabe recordar que, investigaciones independientes que se enfocaron en la muerte de John Kennedy, oportunamente sindicaron que Miami era el terreno que la CIA consideraba como ideal para operaciones encubiertas que se fondeaban con lavado de dinero proveniente de tráfico de drogas y armas. El método utilizado por Guglielminetti cobra entonces mayor credibilidad. En un testimonio ante el mismo subcomité del Senado de Estados Unidos, otro oficial de Inteligencia argentino, de nombre Leonardo Sánchez-Reisse, describió la operación. Experto financiero, Sánchez-Reisse declaró que había sido reclutado en 1976 y que se había especializado en operaciones internacionales en la SIDE. Señaló a Guglielminetti como su jefe en la operación de Miami. Sánchez-Reisse testificó que la operación de Miami se basó en dos compañías que operaban como fachadas : Argenshow -promotora de entretenimientos en la Argentina- y The Silver Dollar -un negocio con licencia para venta de armas-. Sánchez-Reisse fue aún más lejos y sentenció que la actividad real de la empresa fue transferir más de US$30 millones -la mayoría proveniente de poderosos narcotraficantes- a operaciones políticas y paramilitares que se desarrollaban en América Central y Sudamérica. Dijo que la operación estaba apadrinada por la CIA, con estrechas relaciones con los generales argentinos de aquel momento. De acuerdo a Sanchez-Reisse, la operación más importante fue la de remitir dinero proveniente de las drogas a Bolivia en 1980, con el objetivo de provocar un golpe contra el gobierno de centroizquierda boliviano. El nuevo gobierno había "ofendido" a poderosos narcotraficantes como Roberto Suárez, uno de los mayores traficantes del mundo en aquel momento. Suárez y su aliado principal en el ejército boliviano, el General Luis García Meza, contraatacaron, organizando un golpe de estado con asistencia de argentinos. Sanchez-Reisse dijo que Suárez proveyó los fondos a través de la compañía de Guglielminetti en Miami. Utilizando ambulancias, los generales argentinos entregaban armas y equipo militar para los paramilitares de ultraderecha en Bolivia. Concretamente, el dinero del golpe de 1980 provino de poderosos narcotraficantes interesados en derribar al gobierno de Bolivia, señaló Sánchez-Reisse. En julio de 1980, el golpe finalmente derrocó al gobierno boliviano y muchos de sus simpatizantes fueron asesinados. Algunas víctimas fueron torturadas por "expertos" provenientes de la Argentina para demostrar sus "habilidades". El golpe, que se hizo conocido como el Grupo de la Cocaína, instaló a García Meza y otros militares de alto rango, estrechamente relacionados con el narcotráfico. De ese modo, Bolivia se transformó en el primer estado narcodemocrático moderno de América del Sur. Además, el abastecimiento de hojas de coca boliviana era de extrema importancia para el cartel de Medellín, y estas rutas fueron aseguradas. Más detalles del golpe de estado de 1980 se señalan en el libro del ex agente de DEA Michael Levine, "La Gran Mentira Blanca". Muchos de los oficiales de inteligencia argentinos que asistieron al Grupo de la Cocaína, prosiguieron su "carrera" en América Central, con el objetivo de entrenar a los Contras nicaragüenses. Sánchez-Reisse declaró que el objetivo primario de Argenshow era precisamente asistir a los Contras en América Central. Precisando más detalles de la ruta del dinero proveniente de Miami, Sánchez-Reisse señaló que el dinero se trianguló en cuentas bancarias de distintas partes del mundo, pasando por Suiza, las Bahamas, el Gran Caimán, Liechtenstein y Panamá. Rápidamente, los contras actuaron como una brigada internacional de la Argentina en su lucha contra la subversión. En diciembre de 1980, la Inteligencia Argentina despachó un grupo de asalto con la mision de atacar a una radio costarricense que periódicamente emitía informes relacionados con la guerra sucia argentina. 3 costarricenses murieron en el ataque a la estación. Tiempo más tarde, los oficiales argentinos se trasladaron también a Honduras, para continuar con el trabajo de eliminación. Allí se los sindicó también como responsables de torturas y de eliminación de simpatizantes del anterior régimen de izquierda. En 1981, el presidente Ronald Reagan autorizó formalmente a la CIA para colaborar con oficiales de inteligencia argentinos en la construcción de un ejército de Contras. Pero esta colaboración tuvo derivaciones complejas, puesto que los militares argentinos supusieron que, ante la ayuda proporcionada a Washington, los estadounidenses no tomarían parte ante una invasión potencial a las islas Malvinas. Los hechos probarían más tarde su escasa visión política y éstos debieron abandonar el poder en 1983. Sánchez-Reisse finalizó declarando que "la inteligencia militar argentina había utilizado ingresos provenientes del narcotráfico, derivados de su control del mercado de cocaína de Bolivia, para financiar un batallón anticomunista que operaba en todo el continente". El ex agente de la CIA Richard Hull, en calidad de testigo, afirmó al comité del Senado americano : "debo recordarle a esta Comisión que los argentinos fueron quienes entrenaron y apoyaron al movimiento anticomunista en toda la región en primer lugar". Una vez que la Argentina hubo alcanzado la democracia, el debate sobre el tráfico de drogas comenzó a centrarse en publicitar hechos menores en los que traficantes barriales eran detenidos con ínfimas cantidades de estupefacientes o alucinógenos, pero las informaciones relativas a confiscaciones de grandes cargamentos de drogas nunca recibieron mucha luz desde los medios. La llamada "Operación Langostino" había iniciado el camino de constituír la excepción con su tonelada de cocaína escondida en un cargamento de langostinos y mariscos. Pero luego sucedió que los traficantes -a pesar de haber sido capturados in-fraganti -recobraron su libertad, la noticia cayó en el total abandono y los medios dejaron de expresar interés. No obstante, las consecuencias de tal hecho fueron gravísimas, dado que dejaron al descubierto tramas otrora ocultas que no fueron investigadas por los medios. El juex federal que intervino en la causa, Dr Daniel Piotti, fue quien tomó la decisión de liberar a todos los detenidos, y como oportunamente lo recordara El Ojo Digital, continuó su carrera en la órbita política bajo Eduardo Duhalde. Durante la Administración Menem, el tema del narcotrafico pareció repuntar en interés por parte de los medios argentinos underground como Página 12 y otros, pero las informaciones jamás pasaron de la mera especulación. Los Duhalde, las Amira Yoma, los Ibrahim Al Ibrahim, y los Alfredo Yabrán continuaron moviéndose con total impunidad, aunque siempre sembrando sospechas relacionadas con las drogas. El episodio tal vez más llamativo de la época fue la muerte del brigadier Etchegoyen, quien se encontraba investigando pistas relacionadas al tráfico de drogas en la Aduana y la posible participación de la empresa Edcadassa -del grupo Yabrán- en tales operaciones. Etchegoyen, aparentemente se suicidó, pero los informes y su familia indicaron que era diestro. Sin embargo, el recibió el disparo en la sien izquierda, y tiró del gatillo con el pulgar... Alfredo Yabrán también competía por el negocio del correo, y todo experto en el tema del narcotráfico sabe que las cartas y encomiendas no pueden abrirse sin proceso judicial. La gran parte de los paquetes no pasa por ningún tipo de control. Atrás también había quedado el episodio "aparentemente sin importancia", del ex titular de Sedronar durante la Administración Menem, Alberto Lestelle. Lestelle había señalado, en un discurso ante el Congreso, que había que combatir a las drogas "sin hipocresías, ya que hay muchos senadores y diputados que están cansados, pero se dirigen al baño, se pegan un nariguetazo y cuando vuelven, dan discursos brillantes". Tales afirmaciones le costaron el puesto y sus detractores lograron su objetivo de removerlo, pero no a costa de mucho transpirar y rogar para que nadie se pusiera a escarbar en el Congreso. Sabía algo Lestelle, o simplemente creyó que tenía suficiente apoyo político como para "capear el vendaval" y procedió sin visión política? A pesar de todo esto, los reiterados pedidos de DEA para que la Argentina cree su propia fuerza especial antidrogas, fueron permanentemente desoídos. Y había sido el mismo Lestelle quien afirmara, respecto de este proyecto : "Tenemos que hacer esto por la existencia de problemas que afectarán al Gobierno, porque día a día irán apareciendo instituciones o funcionarios relacionados con el tráfico ilícito de drogas que provocarán el escándalo público. Pero nunca hubo agencia antidrogas ni escándalo público. Recientemente, la Administración Kirchner presentó un proyecto en el Senado para perseguir con mayor eficiencia a los responsables de delitos relacionados con el tráfico de drogas. Pero el proyecto presentado presenta demasiados aspectos sin considerar y tampoco contempla aumentos de penas ni castigos ejemplares para funcionarios relacionados con este tipo de delitos. Los presidentes que llegaron al poder luego de Menem comprendieron que conviene no nvolucrarse demasiado en el asunto, y sólo reaccionan torpemente y atrás de las circunstancias cuando la embajada de Estados Unidos le llama la atención al país. Tendrá razón Elisa Carrió cuando dice que en la Argentina no existen bandas, porque "quien trafica es el Estado"? Muy pocos políticos han criticado estas declaraciones. Y quienes lo han hecho no se esforzaron demasiado. Los sitios y programas de televisión under que ya han comenzado a arrojar sospechas sobre ciertas actividades aparentemente ilícitas de funcionarios del gobierno de Kirchner relacionados con la droga y la corrupción se están incrementando, frente a la ya insoportable pasividad de la ciudadanía. El aparente desinterés del ciudadano argentino medio en cuanto a hechos de corrupción y tráfico de drogas que involucran a políticos que supuestamente deben representarlo, es precisamente lo que motiva a la función pública a participar de estos ilícitos. Hoy, la Argentina necesita más que nunca una legislación clara y concisa que castigue con toda la fuerza del Estado a quienes se hallan embarcados en este tipo de hechos. Los países andinos hace años han iniciado este camino, y no en vano nuestro país ya ha recibido advertencias al respecto de que los narcotraficantes terminarán huyendo a aquellos países donde la legislación sea más benigna y donde puedan pasar desapercibidos, como el nuestro.
El Ojo Digital