INTERNACIONALES: PHILIP GIRALDI | REALPOLITIK

Guerra 'à la mode': ¿iniciará Trump una guerra con Irán, o devolverá las tropas a casa?

Quien esto escribe, tiene la loca idea -imposible de quitar de la cabeza- que versa que la ciudadanía...

20 de Noviembre de 2020


Quien esto escribe, tiene la loca idea -imposible de quitar de la cabeza- que versa que la ciudadanía estadounidense transita hacia algo parecido a un apocalipsis durante los próximos meses, sin importar cómo se resuelva el actual interdicto electoral. Mi mayor preocupación: temo que Trump vaya a atacar a Irán, ya fuere por vía de algún tipo de conato estilo falsa bandera (false flag) , o bien a través de la agresión directa. El citado escenario ya fue delineado para la acción militar, por vía de la recurrente hostilidad hacia la República Islámica de los últimos cuatro años, combinada con una guerra económica desatada contra la economía de ese país, y el asesinato deliberado de un líder iraní, el General Qassim Soleimani en enero pasado. En rigor, no sería necesario gran cosa para iniciar una guerra, apenas un buque patrullero errante que se aproxime a las aguas territoriales iraníes abriendo fuego, al ser desafiado por alguna lancha rápida de la Guardia Revolucionaria de Irán. Moriría un par de militares iraníes, quizás incluso algún estadounidense o dos, y Usted tendría la guerra a las puertas.

Mark Esper, Defensa, GiraldiLa especulación parte de la deriva reflejada en el modo en que han tenido lugar cambios de personal en el Pentágono, en una instancia en la que no tendría sentido para una Administración saliente hacerlo, ni siquiera para una que piensa que puede revertir el resultado electoral. La 'exterminación' y reemplazo de Mark Esper como Secretario de Defensa ha sido explicada a partir de su resistencia a recibir órdenes del presidente a efectos de proceder a una retirada de tropas de Afganistán; sin embargo, semejante operación de retiro de activos difícilemente se concrete hacia enero, y no existe explicación para modificar la estructura de mando ahora mismo. En efecto, el contar con un nuevo liderazgo no sólo ralentizaría el proceso, aún cuando el nuevo Secretario de Defensa Chris Miller, según se informara, emitió un memorándum el pasado viernes, que cifraba: 'Todas las guerras deben llegar a su fin', mientras que se anunciaron reducciones de tropas presentes tanto en Irak como en Afganistán previo a enero, y está por verse cómo se desarrolla eso. La llegada del Coronel Douglas McGregor, anti-intervencionista, como consultor de carrera en el Pentágono ante el Secretario de Defensa en ejercicio también respalda la perspectiva de que está en marcha una amplia retirada de tropas americanas desde el exterior.

Es también plausible que Esper fuera despedido, dada su resistencia a emplear soldados para reprimir a turbamultas en suelo americano de aquí a enero -de registrarse una turbulencia civil-, pero esta versión carece de crebidilidad, conforme semejante decisión ciertamente contaría con la oposición de todo el Estado Mayor Conjunto, que se negará a cooperar. Otra explicación es que la eyección de Esper se debió a la resistencia del mismo a la posibilidad de dar a conocer archivos vinculados al Russiagate, aspecto que Donald Trump podría ponderar como una exposición definitiva de la conspiración de la seguridad nacional que ha buscado destruir a su Administración.

En cualquier caso, además del affaire Esper, James Anderson -jefe de planificación del Pentágono- también fue forzado a renunciar. Anderson fue reemplazado por Anthony Tata, militar de línea dura y crudamente leal al presidente, y que también ha respaldado numerosas teorías conspirativas sobre el 'Deep State' vinculadas a los Obama. Los cambios en la cúpula del Departamento de Defensa también han dado lugar a renuncias de otros protagonistas, como es el caso del Vicealmirante Joseph Kernan, quien se desempeñó como subsecretario para inteligencia y seguridad. Kernan fue reemplazado por Ezra Cohen-Watnick, amigo personal de Jared Kushner, yerno presidencial. Según se ha informado, persiste la preocupación en altos dignatarios al respecto de que se ha puesto en marcha una caza de brujas.

La limpieza en el Pentágono, así como también los persistentes rumores en torno de que habrá despidos en la Oficina del Fiscal General, el FBI y la CIA, tiene poco sentido en este punto del ciclo electoral, crea uno o no que los resultados de las elecciones serán revertidos. Pero, tomados en conjunto, estos eventos podrían otorgar a Trump carta blanca para hacer lo que quiera en los próximos dos meses, incluyendo la posibilidad de emplear a ciertos elementos en el aparato de seguridad nacional para intervenir directamente en el proceso de conteo de votos, y en la transición. Todo esto me comparte la señal de que un Trump enfurecido podría estar preparando algo para reivindicarse, e increíblemente estúpido en términos del interés nacional de los Estados Unidos.

Claramente, el presidente Donald Trump mantiene un odio visceral por Irán. Así se informó la pasada semana, cuando el mandatario consultó a funcionarios senior si acaso debería -o no- atacar el principal reactor nuclear de Irán, en la localidad de Natanz. Según se informara también, la reunión tuvo lugar a penas después de que inspectores internacionales observaran lo que parecía ser un incremento significativo en las reservas iraníes de material nuclear. Los consultores convencieron al presidente de que un ataque militar mutaría rápidamente en una escalada, aunque ello no sería parte de los intereses estadounidenses de todos modos.

Mike Pompeo, Secretario de Estado, también ha tomado nota sobre la centralidad de Irán, en lo que respecta al pensamiento general de la Casa Blanca sobre el particular. Un reciente informe del New York Times en torno del asesinato de un supuesto líder de al-Qaeda en Teherán, que cita como fuentes a 'funcionarios de inteligencia', busca sugerir que el gobierno iraní está trabajando junto al grupo terrorista, lo cual no es cierto. El Departamento de Estado de Pompeo también anunció que Estados Unidos continuaría incrementando las sanciones contra Irán, así como contra Siria. Los analistas entienden que la intención es crear un esquema conjunto de sanciones de tal magnitud que sería imposible deshacerlas, de tal suerte que, en el futuro, nadie podría retomar el Plan Abarcativo de Acción Conjunta (JCPOA) con Teherán. La maniobra claramente busca impedir que Joe Biden, de ser finalmente elegido presidente éste, pueda revertir las políticas implementadas por Trump hacia la República Islámica.


Existen otras pistas que reflejarían que la Casa Blanca de Trump está avanzando con medidas tendientes a poner más presión sobre Irán. Elliot Abrams, Enviado Especial y a cargo de la política oficial hacia Teherán, acaba de volver de Israel, como parte de una visita que trató cómo la Administración Trump, en coordinación con Israel y otros Estados del Golfo, impondrán nuevas sanciones contra Irán durante las semanas posteriores al día de transmisión del mandato en Washington, sólo en caso de que la elección de Biden sea confirmada. Asimismo, Mike Pompeo ha visitado Tel Aviv, para mantener conversaciones con Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí.

Estos periplos sobrevienen, extrañamente, en un momento en que uno pensaría que los dos elementos más leales de la Administración serían más necesarios en Washington. Israel, por cierto, maniobra en las sombras en todo aquello que tenga que ver con la política estadounidense hacia Irán. Tel Aviv administra la política de la Casa Blanca a través del aportante financiero multimillonario Sheldon Adelson y los israelíes, aún confiados en su capacidad para controlar a Joe Biden -tal como lo hicieron con Obama- están advirtiéndole al posible nuevo presidente que, si acaso éste busca restaurar el convenio de inspecciones nucleares con Irán, Israel deberá 'tomar medidas', en cuyo caso habrá una guerra con Irán.

En lo que consignó un informe más alarmante frente a la posibilidad de que Israel termine controlando a quien sea quede a cargo en la Casa Blanca, 'Shimrit Meir, analista y comentarista israelí, dijo al medio JI (Jewish Insider) que el primer ministro Benjamin Netanyahu probablemente 'se guarde la opción' de mantener a los Republicanos en control 'para horas desesperadas -un inminente acuerdo con Irán de nada serviría para apaciguar las preocupaciones israelíes, por ejemplo'. Un Senado bajo control Republicano tendrá la capacidad de 'aplicar un sistema de presiones definitivo sobre la política exterior de una eventual Administración Biden', sugirió Richard Goldberg, consultor senior en la Fundación para la Defensa de las Democracias, de expresión neoconservadora'.

Así como aún no queda claro quién se ocupará de los combates y quién pondrá los muertos, mientras el gobierno israelí y su lobby estadounidense sigan tutelando al Partido Demócrata, no es probable que Biden se comporte tan valientemente como para morder la mano de quien le da de comer; por lo tanto, no tomaría el riesgo de iniciar conversaciones de acercamiento con los iraníes.

Además de hacerle otro favor a Israel -que, con algo de esperanza, pueda evitarse-, la guerra podría ser beneficiosa en otros andariveles. Si ésta fuera fogoneada por unos medios de comunicación inocuos, podría derivar en una suerte de declaración de estado de emergencia, la cual podría prolongarse, y la posibilidad de ver a Biden ejerciendo la presidencia se haría esperar. ¿Son Trump y Pompeo capaces de hacerlo? Probablemente.

¿Es este escenario demasiado extremo como para ser considerado? Y, ¿qué podría hacerse para evitarlo? Yo apuntaría que no soy la única persona cuyas alarmas se encendieron cuando los citados funcionarios del Pentágono fueron despedidos apenas tuvo lugar la elección. Incluso la prensa de Israel especula hoy que la posibilidad de que un ataque puede estar en el horizonte; Mondoweiss ha publicado una interesante pieza, intitulada 'Un Trump sin control aún podría desatar violencia contra Irán, pero los medios estadounidenses minimizarían el peligro'. El artículo cita un texto del New York Times, que trataba el tema de los despidos en el Pentágono. Enterrado en el artículo, un renglón señalaba: '... Funcionarios del Departamento de Defensa han expresado sus preocupaciones en privado, al respecto de que el presidente pueda dar inicio a operaciones, ya fueren abiertas o secretas, contra Irán o contra otros adversarios, durante sus últimos días en el gobierno'.

El Times completó el tema con otro artículo referido a los cambios en el Pentágono, publicado el 11 de noviembre, que comenzó así: 'Una purga de funcionarios civiles de carrera en el Pentágono y la promoción de un funcionario de línea dura en la Agencia de Seguridad Nacional ha disparado las preocupaciones en torno de que la Administración Trump pueda estar planeando nuevas reprimendas contra Irán...'. Dada la trayectoria del periódico, al respecto de que puede tener alguna fuente confiable, valdría la pena tomar nota. A uno le gustaría saber quiénes son esos funcionarios de Defensa sin nombrar, y preguntarse: '¿Qué saben ellos que el público ignora?'.

Algunos podrían argumentar que, aún para la Administración Trump, proceder con un ataque no provocado contra una nación del extranjero días antes de entregar el mando sería demasiado. Pero, de alguna manera, esa evaluación es ingenua. Los gobiernos de los Estados Unidos, tanto Demócratas como Republicanos, han hecho lo injustificable durante ya demasiado tiempo. Esperemos que, en lugar de producirse un nuevo conflicto armado, Donald Trump tenga la visión y la fortaleza para cumplir con lo que prometió cuatro años atrás, esto es, poner fin a las guerras y devolver las tropas a territorio estadounidense.

 

Publicado originalmente en Strategic Culture Foundation (Estados Unidos)
Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Otrora articulista en la revista The American Conservative, Giraldi publica ahora en el sitio web Unz.com. En español, en El Ojo Digital.