INTERNACIONALES: PHILIP GIRALDI | REALPOLITIK

Los promotores del Partido Demócrata poco tienen para ofrecer

Pocos auspician el retorno de Obama o Clinton.

11 de Agosto de 2020


Donald Trump bien podría ser descripto como un presidente único en los Estados Unidos, uno que se autopromociona de manera bizarra -aspecto que el medio estadounidense The Independent ha cifrado como: 'los conmocionados días de explosiones autoritarias e incoherentes'. Sin embargo, normalemente los políticos suelen ser bastante presentables como para robar y ejercitar connivencia fuera de la luz pública, sin permitir que se sepa lo que hacen o piensan. Dado este escenario, uno sabe que el país está en problemas cuando un partido político de importancia ha perdido por completo la audición, promocionando a voceros que padecen de severas percepciones negativas al momento de referirse a sus chances para determinadas candidaturas. Esto es precisamente lo que el Partido Demócrata ha estado haciendo, cuando sigue recurriendo a los Obama y a los Clinton para impulsar la plataforma del Comité Nacional Demócrata y a sus candidatos para los comicios de noviembre, mientras que también respalda la campaña del Sincero ('Honest') Joe Biden.

Madeleine AlbrightEl recordar permanentemente al electorado los legados de Hillary Clinton y Barack Obama garantiza que los votantes normalmente inclinados a votar por Republicanos o aún independientes se verán energizados y votarán por Trump, a pesar del desdén que sienten por su estilo. Después de todo, Hillary debería estar hoy en prisión debido al modo en que manipuló información clasificada, en tanto Barack debería haberse ganado una condena de prisión perpetua por haber sancionado órdenes con miras a asesinar a ciudadanos estadounidenses sin mediar debido proceso, toda vez que también ha recurrido a agencias de seguridad y de inteligencia para perturbar la campaña presidencial de Donald Trump. Asimismo, Hillary y Barack fueron cómplices en las guerras innecesarias contra Libia y Siria, que devastaron a ambas naciones.

Hillary es co-fundadora del movimiento Onward Together, frente con seno en el Partido Demócrata afiliado con otras organizaciones de activistas. En un reciente correo electrónico compartido por ella misma, Rodham Clinton jugó la carta racial, en un intento por consolidar el voto afroamericano para los Demócratas: 'Amigo, la vida de George Floyd importa. Las vidas de Ahmaud Arbery y Breonna Taylor importan. La vida de los afroamericanos importa. En oposición a una pandemia que ha devastado desproporcionadamente a nuestras comunidades de color, se nos recuerda dolorosamente ahora mismo que estamos en eterna deuda en pos de tomar acciones significativas desde las cuales desmantelar este racismo sistémico'.

La maniobra remite, naturalmente, a una apuesta indisimulada con la meta de captar votos bajo la hoy popular etiqueta del 'racismo sistémico', como súplica para que los Demócratas obtengan ventajas materiales para los afroamericanos si el núcleo partidista gana la Casa Blanca y obtiene una mayoría en el Senado. Rodham remata su correo con un curioso compromiso: 'Prometo seguir combatiendo junto a todos ustedes con miras a convertir a los Estados Unidos en un sitio seguro, en donde todos los hombres y mujeres sean tratados como iguales, tal como lo somos y como merecemos serlo'. El comentario es extraño, por cuanto ella promete, por un lado, promocionar los intereses de un grupo solamente basándose en el color de la piel, mientras que sostiene que todos debieran ser tratados como 'iguales'. Alguien debería advertirle sobre las preferencias raciales en materia racial y educativa -y también sobre los subsidios- que no son precisamente los logros de un gobierno que trata a todos como iguales.

Pero, si uno realmente  se propusiera alcanzar las profundidades del alma del Partido Demócrata -o la ausencia de ella, para el caso-, nadie mejor que la ex Embajadora ante Naciones Unidas y ex Secretaria de Estado en la Administración Bill Clinton, la inestimable Madeleine Albright. Ella también se ha referido en un correo electrónico dirigido a simpatizantes del Partido Demócrata, afirmando:

'Estoy sumamente preocupada. Donald Trump representa una amenaza existencial para nuestra posición en el mundo, mientras continúa amenazando décadas de progreso diplomático, el cual supimos obtener. Es fácil olvidar, desde la comodidad de nuestros hogares que, para mucha gente, EE.UU. son un faro de esperanza y oportunidades. Somos conocidos como una nación que mantiene sus promesas, que respalda a la justicia y a la democracia, y que ello no se dio de la noche a la mañana. Hemos invertido décadas construyendo la reputación de nuestro país en el concierto mundial, a través de una diplomacia reflexiva y cautelosa -pero, en apenas cuatro años, Trump le ha inflingido un daño inconmensurable a esas relaciones, y ha insultado incluso a nuestros aliados más cercanos'.

Albright, quien ha llegado a la fama por expresar su creencia de que la muerte de 500 mil niños iraquíes a raíz de sanciones estadounidenses 'valió la pena', vive hoy en una burbuja de fantasía, en donde parece convivir con otros muchos políticos y altos funcionarios. Albright se abraza al concepto de Estados Unidos como 'nación esencial', porque la hace ver a ella y a su ex jefe Bill Clinton como grandes estadistas. Alguna vez, ella sentenció -sin sentido-: 'Si hemos de emplear la fuerza, es porque somos los Estados Unidos; somos un país indispensable. Defendemos nuestro interés, y vemos más allá en el futuro de lo que lo hacen otras naciones, y vemos el peligro presente para todos nosotros'.

La visión de Madeleine Albright al respecto de que 'Estados Unidos es un faro de esperanza y oportunidad (...) conocidos como un país que mantiene sus promesas y defiende la justicia y la democracia' es también un delirio, en virtud de que numerosas encuestas evidencian hoy que se percibe a los EE.UU. como un país extremadamente peligroso y como un Estado rebelde que estrechos intereses egoístas, combinado ello con el costumbrismo de reuhsarse a respaldar el derecho internacional. Y esta es la verdad que ha caracterizado a los últimos presidentes Demócratas y Republicanos, incluyendo a Clinton. No se trata aquí solo de Trump.

Albright se exhibe hoy claramente en racha, en tanto también le ha sido publicada una entrevista en el matutino The New York Times, poniendo el foco en las razones por las cuales la Administración Trump está fracasando en su trabajo de proteger a la ciudadanía estadounidense. Las preguntas y respuestas del texto son singulares, acaso deliberadamente, poco sorprendentes y ampliamente enfocadas en el coronavirus y el nuevo orden mundial al que la pandemia está dando forma. Albright responsabiliza a Trump por no promocionar un esfuerzo internacional para derrotar al virus, planteo muy alejado para la mayoría de ciudadanos que ni siquiera toman nota de la respuesta oficial sancionada, y que menos aún exigen cooperar con 'extranjeros'.

La insistencia de Albright en promocionarse como 'experta' en relaciones internacionales invita a la estupefacción, dado su historial como engranaje central de la inepta política exterior defendida por la Administración Clinton. Ella y Bill Clinton se plantearon como principales porristas de la innecesaria Guerra de los Balcanes, cuyos efectos aún resuenan y que fuera probablemente el tropiezo más grosero de política exterior -con quizás la única exepción de la Guerra de Irak- desde la Segunda Guerra Mundial. El episodio de los Balcanes se basó en ignorar el compromiso contraído con la Rusia post-soviética, al respecto de no sacar ventaja de la caída del comunismo, ampliando la presencia militar estadounidense o de OTAN en Europa Oriental. El tándem Clinton-Albright renegó de aquel convenio, y abrió las puertas para que muchos de los ex Estados soviéticos se sumaran a OTAN, ergo, introduciendo una presencia militar hostil a metros de las fronteras con Rusia.

En simultáneo, Estados Unidos habilitó la elección del beodo sin remedio Boris Yeltsin como presidente de Rusia, mismo que -guiado por consejeros de la Casa Blanca- supervisó el saqueo occidental en perjuicio de la riqueza natural de su país. el pésimo criterio decisional de la Administración Clinton condujo, inevitablemente, al surgimiento de Vladimir Putin como elemento correctivo, exacerbado ello por Hillary Clinton como Secretaria de Estado, y la aparición del cuestionado Donald Trump, lo cual a su ve dio lugar al envenenamiento de la relación bilateral entre Washington y Moscú que hoy se evidencia.

De tal suerte que uno debería, razonablemente, sugerirle a Joe Biden que, si éste en realidad se propone ganar la elecsción de noviembre, entonces sería buena idea mantener ocultos a los Clinton, a Albright e incluso a Obama. Característicamente, la entrevista a Albright concluye con su plan con miras a erigir un 'sueño del estilo de los Vengadores' para 'componer al mundo ahora mismo'. Dijo ella: 'Pues, bien; ciertamente sería un equipo femenino. Sin citar nombres, yo intentaría reclutar a mujeres que estén en funciones, tanto en los ámbitos ejecutivo y legislativo. Intentaría contar con una CEO mujer, pero también con alguien que hoy dirija una organización no-gubernamental. Usted no querrá que todos sean lo mismo. Ah, y estoy por hacer un programa televisivo con Angelina Jolie, para el Instituto Nacional Demócrata, dado que ella ha realizado una notable película sobre lo que está sucediendo en Bosnia, así que la quisiera en mi equipo'.

¿Nada de hombres, pero sí se le abre las puertas a una actriz de Hollywood conocida por ser un tanto peculiar? Sí, claro.


Artículo original, en inglés; traducido y republicado con permiso del autor, tras su aparición inicial en The Unz Review (Estados Unidos)


 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Otrora articulista en la revista The American Conservative, Giraldi publica ahora en el sitio web Unz.com. En español, en El Ojo Digital.