INTERNACIONALES: PHILIP GIRALDI | REALPOLITIK

Algunas teorías conspirativas son ciertas

¿Cuál es el mejor modo de desarmar una teoría conspirativa?

07 de Julio de 2020


¿Cuál es el mejor modo de desarmar una teoría conspirativa? Pues, calificarla como teoría conspirativa -conforme la etiqueta, en sí misma, remite al descrédito. El único problema con eso, es que se han conocido numerosas conspiraciones en la historia, y muchas de ellas no son teóricas en su naturaleza. Las conspiraciones de variado formato condujeron a la participación de los Estados Unidos de América en dos guerras mundiales. Y, sin importar cómo perciba cada cuál al presidente Donald Trump, ha de concedérsele que ha sido víctima de una cifra de conspiraciones: en primer término, para arrebatarle la nominación presidencial desde el Partido Republicano y, tiempo después, para propiciar su derrota en las elecciones posteriores. Finalmente, existen intentos por deslegitimizar por completo a su presidencia.

George Soros, Teoría conspirativa, Open Societies, CoronavirusPrevio a Trump, tuvieron lugar numerosas 'teorías' conspirativas, muchas de las cuales han sido plausibles. El 'suicidio' del Secretario de Defensa James Forrestal viene a la mente, seguido por el asesinato de John F. Kennedy -el cual ha sido, creíblemente, adjudicado tanto a Cuba como al Estado de Israel. Y luego está el 9-11, acaso la más grande de todas las teorías conspirativas. Ciertamente, Israel conoció de antemano lo que sucedería; tómese en consideración el episodio de los 'Cinco Shlomos Danzarines', que se filmaban a sí mismos en Nueva Jersey mientras las torres gemelas se desmoronaban. Asimismo, los saudíes también pudieron haber desempeñado un rol en la financiación, y tal vez la emisión de órdenes, para los supuestos secuestradores de aviones. Y luego tenemos la conspiración de los neoconservadores, y su puja en pos de fabricar información sobre las armas de destrucción masiva iraquíes, y la actual conspiración, de parte de algunos jugadores, para retratar a Irán como una amenaza contra los Estados Unidos.

Dadas las múltiples crisis que han tenido lugar en los Estados Unidos, quizás resulta inevitable que la especulación en torno de las teorías evidencie hoy un aumento en su popularidad. Para el ciudadano estadounidense promedio, resulta incomprensible cómo es que el país se ha arruinado debido a que la élite política es fundamentalmente incompetente; de tal suerte que siempre habrá de buscarse algún novedoso chivo expiatorio.

Hay una cantidad cierta de teorías conspirativas en torno del coronavirus, que por esta época ha comenzado a apuntarse. Libertarios y otros prefieren creer que el coronavirus es, en realidad, una gripe aprovechada para recortar sus libertades individuales, y se han convencido de que muchos en el seno del gobierno y en los medios de comunicación conspiran para vender lo que, en esencia, es un fraude. Alguien ha pensado, por ejemplo, que dado que más ciudadanos estadounidenses perecen en accidentes viales que debido al coronavirus, sería más apropiado prohibir los automóviles antes que exigir el empleo de barbijos o tapabocas.

Otra teoría de moda acusa al multibillonario Bill Gates, de Microsoft, de intentar apropiarse del sistema sanitario internacional, a partir de la introducción de una vacuna para controlar al coronavirus -presuntamente manufacturado en primer lugar. La falacia de muchas de las 'conspiraciones' que involucran al virus y que remiten a un régimen totalitario o a algún multimillonario loco que, según dicen, explotan alguna enfermedad con miras a propiciar pánico y, en consecuencia, ejercitar un control sobre los ciudadanos, es que le otorgan demasiado crédito y capacidad a cualquier gobierno o individuo, para que alguno de ambos pueda poner en marcha un fraude de semejante magnitud. Lo cierto es que sería necesario mucho más que un Trump, un Pompeo o inclusive un Bill Gates, para convencer al mundo para que doctores y científicos encierren a naciones enteras en torno de algo completamente tonto.

Otras teorías sobre el coronavirus refieren que el virus fue desarrollado en los Estados Unidos, que luego fue exportado a China por un científico estadounidense traidor, que luego fue desarrollado como arma en Wuhan, y luego liberado en Occidente como parte de un complot comunista para destruir al capitalismo y a la democracia. Esto significaría que, en realidad, ya nos encontramos en guerra con China, o que deberíamos estarlo. Luego, está la ampliamente aceptada teoría que señala que el virus fue creado en Wuhan, y que el vector escapó después del laboratorio. Desde ese momento, Pekín se ha involucrado en una maniobra de encubrimiento, que es precisamente la conspiración. Es una narrativa respaldada por la actual Casa Blanca, la cual aún no ha decidido qué hacer frente al particular 'Peligro Amarillo' de la enfermedad -acaso con miras a que más de un integrante de la gestión tenga algo con qué reírse camino a la elección de noviembre.

Bromas aparte, algunas teorías conspirativas son de consideración más plausible que otras. Por un lado, valdría la pena evaluar el rol de George Soros y de la llamada 'Open Society Foundations' que controla y financia, en medio de la turbulencia social que atraviesan los Estados Unidos. Las afirmaciones contra Soros ciertamente son frágiles en lo que a evidencias respecta; sin embargo, los promotores de la conspiración puntualizan que se asiste a un muy bien planeado complot, similar a todo aquello que el billonario húngaro de 89 años ha venido promoviendo desde hace algún tiempo. Las referencias a la conspiración de Open Society y Soros alcanzan hoy una media de 500 mil tweets diarios, y casi 70 mil posts mensuales en Facebook -por lo general, en espacios políticos conservadores.

Esas afirmaciones se desdoblan en dos categorías más amplias. En primer lugar, se dice que Soros ha rentado matones y manifestantes, y que los transporta a sitios específicos para marchar, en donde se les provee de ladrillos y bombas incendiarias para que las manifestaciones se vuelvan violentas. Segundo, se afirma que Open Society está financiando y, al mismo tiempo, facilitando el flujo de inmigrantes ilegales hacia los Estados Unidos de América.

Soros y sus simpatizantes, muchos de los cuales son judíos porque entienden que hay antisemitismo en los ataques contra el ciudadano húngaro, declaman representar a la democratización y al libremercado en todo el globo. Soros es, en efecto, uno de los más prominentes globalistas. El billonario afirma ser una 'fuerza del bien' -conforme lo dicta el cliché- pero, ¿es del todo creíble que su fundación de US$ 32 mil millones no esté operando tras bambalinas para influenciar eventos, a través de modos no-democráticos?

En efecto, Soros construyó su vasta fortuna a través del capitalismo de fondos de cobertura, o fondos buitre. Hizo más de mil millones de dólares en 1992, simplemente operando 10 mil millones de libras esterlinas en corto, lo cual llevó a los medios de comunicación a catalogarlo como 'El hombre que hizo quebrar al banco de Inglaterra'. Soros ha sido acusado de ejercitar idéntica maniobra manipulativa contra monedas, en Europa y Asia. En 1999, Paul Krugman -economista del New York Times- escribió sobre él: 'Nadie que haya leído una revista de negocios en los últimos años podrá evitar percatarse de que estos son inversores que no solo mueven dinero en anticipación de una crisis monetaria, sino que, en rigor, hacen lo mejor que pueden para motorizar esa crisis, por diversión y para obtener ganancias'.

Lejos de ser un viandante inocente que ofrece consejos útiles a grupos democráticos, Soros ha estado profundamente involucrado con la reestructuración de regímenes comunistas de la Europa Oriental, y con la denominada Revolución de la Rosa en Georgia de 2003, y con la Revolución del Maidán en Ucrania, en 2014 -las cuales fueron respaldadas por el gobierno estadounidense de oportunidad, y cuyo fin era amenazar la seguridad regional de Rusia.


Específicamente, Soros odia al presidente Vladimir Putin, y a Rusia. Soros ha dicho que Putin está lejos de ser una figura benevolente que pelea por la justicia; el billonario publicó su artículo al respecto en un editorial del Financial Times (disimulado tras una cortina de aportes financieros), que fue intitulado 'Europa debe tomar partido a favor de Turquía, frente a los crímenes de guerra de Putin en Siria'.

El citado editorial abunda en errores y, básicamente, es una arenga a la agresión contra Rusia, país al que Soros describe como involucrado en dinamitar escuelas y hospitales. Comienza el texto, diciendo: 'Desde el comienzo de su intervención en Siria en septiembre de 2015, Rusia no solo ha buscado mantener a su más fiel aliado, el presidente sirio Basher al-Assad. También ha buscado recuperar la influencia global y regional que ha perdido desde la caída de la Unión Soviética'. En primer lugar, debe consignarse que Rusia no 'intervino' en Siria. Fue invitada a incursionar allí por el gobierno legítimo del país, a efectos de proporcionar asistencia contra el accionar de varios núcleos, muchos de los cuales estaban vinculados a al-Qaeda y al Estado Islámico, y cuya meta era derrocar a al-Assad.

Amén de Soros, pocos expertos en temas rusos de la actualidad afirman que Moscú esté intentando recrear la 'influencia' de la ex URSS. El Kremlin no cuenta con los recursos para hacerlo, al tiempo que no ha exteriorizado deseos de perseguir semejante agenda, la cual sí era propia del Estado soviético.

Soros continúa luego la hipérbole: 'Vladimir Putin ha buscado aprovechar la turbulencia en Oriente Medio para barrer con las normas internacionales en materia de legislación humanitaria planteada desde la Segunda Guerra. De hecho, creando un desastre humanitario que ha convertido a seis millones de sirios en refugiados, lo cual no ha sido un subproducto de la estrategia del presidente ruso en Siria: éste ha sido uno de sus objetivos principales'. Obsérvese que ninguna de las afirmaciones de Soros están respaldadas por los hechos.

El editorial de Soros ha incluído algún pasaje con reminiscencias, describiendo cómo, 'en 2014, urgí a Europa a que se despierte frente a la amenaza que Rusia representaba frente a sus intereses estratégicos'.

El artículo revela que Soros no es concilitario, ni 'diplomático' -clara señal de que el multibillonario elige a sus enemigos basándose en consideraciones ideológicas, lo cual también regula sus procedimientos a la hora de enmarcar sus metas.

Teniéndose ello en consideración, ¿por qué es tan difícil de imaginar que George Soros se halla envuelto en una conspiración, que él se ha posicionado clandestinamente detrás de -al menos- el desastre provocado por Antifa y Black Lives Matter, así como también del flujo de inmigrantes ilegales, todo lo cual quizás haya terminado por desestabilizar definitiva y fatalmente a los Estados Unidos de América?


Artículo original, en inglés | Traducido y republicado con permiso del autor, y del sitio web Strategic Culture Foundation (Estados Unidos)



 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Otrora articulista en la revista The American Conservative, Giraldi publica ahora en el sitio web Unz.com. En español, en El Ojo Digital.