INTERNACIONALES: RILEY WALTERS & DEAN CHENG

Cómo responsabilizar a China por el COVID-19

En los Estados Unidos de América, la ciudadanía se encuentra molesta -y no sin razón.

22 de Abril de 2020

 

En los Estados Unidos de América, la ciudadanía se encuentra molesta -y no sin razón. Los comercios han sido cerrados, y las vidas de las personas (junto con sus estilos de vida) están en jaque. Tiene sentido que las personas exijan que el gobierno tome medidas contra aquellos individuos responsables por la amplificación de la pandemia de COVID-19, ni bien la nación se haya recuperado.

China, Coronavirus, Partido Comunista ChinoEn las siguientes líneas, se expone cómo hacerlo -y qué acciones evitar-, a efectos de responsabilizar a China por la diseminación del nuevo coronavirus.

Hasta este momento, y por buenas razones, es lícito afirmar que el Partido Comunista Chino es el principal culpable. Sin embargo, no será sencillo construir un caso.

Es una realidad que, por lo general, a las naciones no se las puede sentar en el banquillo de un tribunal, en función del concepto de 'inmunidad soberana'. Mientras que existen ciertas excepciones, la construcción de un caso judicial firme será necesaria a efectos de responsabilizar al Partido Comunista de la República Popular.

Con miras a consolidar ese planteo, los tomadores de decisión habrán de responder primero a una serie de preguntas:

1. ¿Quién es responsable exactamente por el brote de COVID-19? Esto significa que será preciso preguntarse sobre las identidades de quienes, en el seno del Partido Comunsita, son responsables por haber suprimido información que héroes de la talla del Dr. Li Wenliang intentaron compartir con el mundo, previo a que el COVID-19 cruzara hacia varios países.

2. ¿Quiénes son, con precisión, los culpables? Lo cual llevará a preguntarse si acaso el Partido Comunista Chino es culpable por haber suprimido información. ¿Son sus miembros culpables por no haber actuado con la suficiente premura? ¿Quién más habrá de ser señalado?

3. ¿Cómo puede comenzarse siquiera a calcular el monto del dinero que deberá restituírse a los Estados Unidos de América? Algunas estimaciones sugieren que el coronavirus ha generado pérdidas en el orden de los $4 billones (trillions, en inglés). Esto representa un tercio del PBI chino.

Quizás en virtud de las complicaciones al momento de construir un caso legal, muchos sentencian hoy que China deberá 'pagar' por otros medios. Pero, en rigor, muchas de esas ideas adolecen de carencias en el análisis de la realidad.

Así, pues, los siguientes son los caminos que deberían evitarse a criterio de responsabilizar a China:

1. Rehusarse a pagar, a acredores chinos, la deuda estadounidense. A enero pasado, los inversores chinos tenían en su poder un aproximado de US$ 1.1 billones en bonos del Tesoro de los Estados Unidos (esto es, deuda). Los tenedores chinos de deuda (tanto particulares como entidades gubernamentales) totalizan más del 15% de los tenedores extranjeros de deuda americana, aunque solo una fracción de la deuda pública total.

Si acaso existe una cosa que destruiría rápidamente la credibilidad internacional en el dólar estadounidense -como también en el sistema financiero americano-, ello sería propiciar dudas en relación a los compromisos que Estados Unidos tiene a la hora de hacer frente a sus obligaciones financieras.

Una amenaza de esa magnitud haría trizas la fe que cada tenedor de bonos estadounidenses tiene en el sistema -fenómeno que no quedaría reducido a los tenedores chinos.

Después de todo, si Estados Unidos decidiera de súbito no pagar a los tenedores chinos de bonos, ¿qué impediría que EE.UU. no hiciera lo mismo con los sauditas, o con los japoneses? Y, a su vez, este escenario pondría fin al rol del dólar estadounidense como reserva global transable. En este apartado, el remedio sería mucho peor que la propia enfermedad.

2. Hacer que las firmas estadounidenses abandonen actividades productivas en China, para regresar a suelo americano. Hay quienes sugieren que el COVID-19 es una gran oportunidad para consolidar el retorno de fábricas estadounidenses, desde China. El problema de esto es que, mientras algunas firmas podrían hacerlo (lo cual necesariamente llevaría a generar incentivos para que procedan en tal sentido), pocas, en la práctica, se relocalizarían en territorio de los Estados Unidos.

Las compañías de referencia fueron a China en busca de fuertes reducciones de costos, y el COVID-19 no puede modificar tal proscenio. El grueso de las firmas que abandonen China no se relocalizarían en los Estados Unidos. Con mayor probabilidad, se establecerán en Vietnam, o en México. O en otras naciones.

3. Expulsar a todo periodista de origen chino. Esta proposición poco tiene que ver con la supresión que Pekín ha ejercitado contra todo informe vinculado al virus, y se acerca mucho más a la práctica china se suprimir la libertad de prensa.

Tras lo cual, no fueron los periodistas chinos destacados en los Estados Unidos quienes incurrieron en fallos al momento de informar sobre lo que sucedía en suelo chino con el coronavirus.

La eventual eyección de personal de prensa chino de suelo estadounidense solo serviría para justificar igual medida tomada por Pekín contra periodistas estadounidenses, al tiempo que tendría un efecto nulo sobre la pandemia en sí; de hecho, incluso podría limitar la poca información irrestricta disponible.

4. Separar por completo a la economía estadounidense de su similar china. Otros han sugerido que Estados Unidos debería cesar toda relación comercial con Pekín. Sin embargo, ha de recordarse que la República Popular China es el cuarto socio comercial en importancia de los EE.UU. (conforme a cifras de 2019), representando ese intercambio de bienes y servicios un aproximado de US$ 560 mil millones anuales.

Históricamente, los inversores chinos y estadounidenses han invertido más de US$ 150 mil millones en uno y otro lado (casi dos veces más de representado por la inversión americana directa en China, antes que lo opuesto). Firmas subsidiarias de empresas estadounidenses comercian centenares de miles de millones de dólares en bienes a China cada año, por encima de lo que exportan desde los Estados Unidos.

Sería extremadamente difícil ceder estos beneficios. Y, ¿existen costos de hacer negocios con China? En efecto; los hay. Pero los negocios están allí porque, en simultáneo, resultan beneficiosos.

A la postre, existen formatos más realistas para responsabilizar al Partido Comunista Chino.

1. Utilizar al enfoque de los derchos humanosLa sanción individual por incurrir en violaciones contra los derechos humanos puede ser más exitosa que reprender a una naciñon que cuenta una población de 1.4 mil millones.

2. Una aproximación internacional, en mancomunidad con aliados. Esta variante involucra el tomar medidas de la mano del accionar legal internacional como posibilidad. James Kraska, reconocido analista legal, ha propuesto un enfoque de este tenor. Pero el litigio podría demandar años y, con todo, quedarse corto con las expectativas que la ciudadanía estadounidense quisiera ver a lo largo del año en curso.

3. Recurrir a la diplomacia pública. Esto llevaría enormes dosis de paciencia, y carecería de la visibilidad que comporta la acción legal. Esto equivala a decir que la acción legal podría ser un planteo frontal, pero que llevaróia años hasta retornar resultados -y sólo si es acompañada de acciones diplomáticas. 

La diplomacia involucraría centrar la atención en el Partido Comunista Chino y en el funesto impacto que ese órgano significa para el mundo. Los resultados podrán variar, pero este curso de acción -acompañado del otorgamiento de luz verde para que cada pueblo y gobierno en todo el mundo tomen el asunto en propia mano, podrá conducir a un efecto más duradero.

La verdad es que el virus le ha propinado un duro golpe al Partido Comunista Chino y, ahora mismo, los chinos están haciendo todo lo que pueden para quitarse de encima las culpas, o bien para nublar la verdad.

Es probable que la Administración Trump insista en presionar a China, obstaculizando los esfuerzos de Pekín en torno de modificar la narrativa internacional. Tal como lo hemos visto en la arena internacional, en oportunidad de la competencia americana versus china en el andarivel comercial.

Sin embargo, el brote mundial de COVID-19 no cambia el hecho de que la República Popular China continuará representando el mayor desafío para la política exterior estadounidense, durante varias décadas por venir.

Ciertamente, existen formatos correctos para responsabilizar al Partido Comunista Chino por el COVID-19, y sus otros yerros. Pero, de igual manera, hay senderos que comprometerían seriamente los intereses de largo plazo de los Estados Unidos de América.

Y lo correcto es no mezclar ambas cuestiones.


Artículo original, en inglés

 

Sobre Dean Cheng

Analista e Investigador en la Fundación Heritage (The Heritage Foundation), Washington, D.C., en temas políticos y de seguridad. Como experto en capacidades militares y espaciales de la República Popular China, Cheng se ha especializado también en el estudio de la política exterior y de Defensa chinas, en particular sobre la relación de Pekín con el resto de Asia y con los Estados Unidos de América.

Sobre Riley Walters

Riley Walters es Asistente Investigativo en el Instituto Davis para la Seguridad Nacional y la Política Exterior en el think tank estadounidense The Heritage Foundation (Washington, D.C.). Es colaborador regular en el medio The Daily Signal.