INTERNACIONALES: PHILIP GIRALDI | REALPOLITIK

El coronavirus ha devastado a Italia: ¿resultado del libre comercio y del globalismo?

El impacto devastador del coronavirus en Italia ha motorizado considerable especulación...

14 de Abril de 2020

 

El impacto devastador del coronavirus en Italia ha motorizado considerable especulación, al respecto de por qué ese país ha padecido las consecuencias de la enfermedad de modo desproporcionado. Algunas teorías iniciales han sugerido que las muertes podrían deberse a bajos estándares del sistema sanitario italiano, como también a prácticas médicas erróneas. Sin embargo, la realidad consigna que el norte de Italia -cuadrante geográfico en donde el virus ha impactado con mayor fuerza- exhibe métricas superiores y más accesibles que las presentadas por los Estados Unidos de América.

Coronavirus en ItaliaDesde cierta perspectiva, la cifra compartida en relación a decesos es extremadamente elevada porque todo aquel que dio positivo en las pruebas y falleció, fue atribuído al virus, aún cuando en realidad se debió a causas no relacionadas. Ese argumento ha sido reformulado una y otra vez, para demostrar que las cifras son muy bajas, argumentándose ello en el hecho de que muchos italianos aún no han sido testeados para ver si son portadores del virus, y para afirmar que muchas de las muertes fueron provocados por este vector. Dado que esas muertes no son confirmadas como positivas por COVID-19, los decesos -según se dice- han sido atribuídos equívocamente a otras causas.

Un tercio de explicaciones, ciertamente más bizarras, se enfocan en el hecho de que, hacia septiembre de 2019, Italia había otorgado status legal a la eutanasia para enfermos terminales que buscaban poner fin a sus padecimientos -iniciativa a la que férreamente supo oponerse la Iglesia Católica Romana. Algunos de los que tomaron en consideración la cifra de muertes han afirmado, aunque sin evidencias, que un porcentual significativo de los decesos fueron, en rigor, casos de eutanasia -por ejemplo, implicando que Italia ha estado asesinando deliberadamente a sus ancianos. Aquellos que buscan explicaciones para un comportamiento bizarro de semejante magnitud han sugerido que la medida se tomó con la meta de morigerar la presión sobre la atribulada economía italiana, procediéndose al ahorro en el pago de pensiones y costos sanitarios.

En cualquier caso, se conoce un interesante relato marginal que los medios de comunicación italianos hoy tratan, en relación al motivo que ha llevado a Italia a ser golpeada con peculiar fuerza por el 'Virus Chino', a pesar de que el país se hallaba bajo confinamiento obligatorio -el cual duró un mes. Los vínculos de Italia con China, y en particular con la ciudad de Wuhan -donde el virus pudo originarse- van más allá de lo que se verifica con cualquier otra nación europea.

Durante la pasada primavera en el Hemisferio Norte, cuando mi esposa y yo nos encontrábamos viajando por el norte italiano, observamos una gran cantidad de ciudadanos chinos, no solo en tradicionales sitios turísticos como Venecia y Verona, sino también en zonas industriales y comerciales. Los dueños de comercios locales nos relataban cómo el gobierno chino y emprendedores particulares de ese país compraban negocios y propiedades en cifras alarmantes, penetrando la economía italiana en todo nivel posible. Un dueño de una tienda de obsequios nos comentaba que incluso artículos para turistas eran fabricados en China con cada vez mayor frecuencia -describiéndolos él como 'basura barata'. Acto seguido, el hombre se inclinó bajo su mostrador y nos mostró un perfume local, pero que no había sido fabricado en Murano; la etiqueta rezaba 'Made in China'.

Poco más de un año atrás, Italia se convirtió en el primer país europeo del G-7 en firmar un memorando de entendimiento, que tenía por meta formalizar su membresía en la Iniciativa Nueva Ruta de la Seda (Silk Road), a efectos de construir una vasta red comercial entre Asia y Europa. Dos de los principales nodos italianos de ese proyecto serían Genoa y Trieste. El gobierno italiano, al tener que lidiar con una economía en proceso de asfixia, argumentó la maniobra bajo 'razones comerciales' y 'ventajas económicas', aceptando inversiones ofrecidas por Pekín. Sin embargo, Roma pagó el precio por la decisión, recibiendo luego severas críticas tanto de Washington como desde Bruselas. El nucleamiento de la Alianza Atlántica, que normalmente tiene por costumbre celebrar todo formato vinculado con el globalismo y el libre comercio, insistió -como era de esperarse- en que no solo los chinos buscaban 'desestabilizar' a Europa, sino que Pekín también portaba el propósito de dividir al Viejo Continente, en lo político y lo militar, aislándolo de los Estados Unidos.

Uno de los aspectos más interesantes del arribo de los chinos en Italia -y acaso, cercanos a la coincidencia- ha sido la particular relación entre China y las grandes casas de la moda en el norte italiano -centradas en Milano-, que mudaron su producción hacia Wuhan, a criterio de sacar provecho de la mano de obra barata que China ofrecía desde su industria textil (que tiene su epicentro en la citada Wuhan). De acuerdo a múltiples perspectivas, los inversores chinos adquirieron fábricas en el norte de Italia, desde comienzos de la década del noventa. Hacia 2016, ya muchas marcas de importancia habían sido compradas en su totalidad (incluyéndose a Pinco Pallino, Miss Sixty, Sergio Tacchini, Roberta di Camerino y Mariella Burani), y lo propio sucedió con acciones mayoritarias en Salvatore Ferragamo y Caruso.

Los nuevos dueños chinos, junto a sus inversores, reemplazaron la antigua maquinaria existente e importaron, en general, de manera ilegal, decenas de miles de mujeres chinas -para ser destinadas como fuerza laboral. Hacia finales del año, cuando el virus golpeó a China por primera vez, los vuelos directos desde Wuhan hacia Lombardía llevaron a un aproximado de 300 mil residentes chinos, los cuales mayormente se desempeñaron en fábricas que producían artículos inspirados en diseños Made in Italy. La creencia mayoritaria -aún cuando la misma no ha sido confirmada por el gobierno en Roma- es que las primeras infecciones por coronavirus en Italia, atribuídas a 'turistas que llegaban de visita', en realidad tuvieron lugar en dormitorios repletos de trabajadores ilegales chinos provenientes de Wuhan, quienes comían y dormían allí.

No obstante, en menos de un año, la ciudadanía italiana llegó a percatarse de que el haberse abrazado a Pekín comportaba desventajas. La brecha comercial italiana frente a China se había disparado en lugar de acortarse, y gran parte de las promesas de inversión chinas nunca se materializaron. Pero, ni bien se despejó el panorama, los resultados de haberle abierto las puertas a China distaban de ser alentadores. Hacia 2016, las adquisiciones chinas habían excedido ya los EUR 52 mil millones, garantizándoles tutela sobre más de 300 compañías privadas -lo cual representa un 27% sobre el total de corporaciones italianas de primera magnitud.

Ahora mismo, el Banco de China (Bank of China) es dueño de cinco bancos de primera línea en Italia, así como también es titular de Telecom (la mayor corporación de telecomunicaciones del país) y las proveedoras de energía (ENI y ENEL). Asimismo, China tiene intereses en Fiat-Chrysler y Pirelli.


Más recientemente, la mirada del gobierno italiano frente al historial chino en materia de derechos humanos en Hong Kong se ha endurecido, y el parlamento ha rechazado los intentos del conglomerado de telecomunicaciones chino a la hora de intentar que Huawei tenga un rol central en el desarrollo de la tecnología 5G a nivel local. Alguien podría observar, sin embargo, que la puerta del establo ha comenzado a cerrare, mientras que los caballos ya se han escapado.

Con la meta de morigerar el daño, los chinos han endulzado su proceso de expansión económica en la Europa Occidental, integrando cautelosamente al comercio con iniciativas humanitarias, para lograr que la transformación sea potable para las poblaciones locales. La Iniciativa de Salud en la Ruta de la Seda (Health Silk Road initiative) es un ejercicio notable de poder blando ('soft power') e incluye, en la presente crisis, numerosos formatos de asistencia médica de emergencia para un número de naciones europeas. A través de esta maniobra, ha logrado más que la Unión Europea o los Estados Unidos. Por estas horas, Italia cuenta con tres equipos médicos de origen chino asistiendo a galenos locales en y fuera de Milano. Italia también se ha beneficiado del ingreso de insumos médicos (entre los que se cuentan millones de barbijos y kits de prueba de plasma para detección de COVID-19).

Desde luego que China no hace todo esto motivada por razones altruistas. La República Popular China se percibe a sí misma como el principal motor económico de una novedosa proposición globalista, desplazando a unos Estados Unidos cada vez más fallidos e ineficientes -nación que supo dominar las finanzas y el comercio internacional desde la Segunda Guerra Mundial. Para China, el COVID-19 es una oportunidad perfecta para reconfigurar, a su favor, el terreno de juego.

La experiencia de Italia, que bien podría haberse convertido en epicentro del virus, dados sus nutridos vínculos comerciales e individuales con China, es ilustrativa al respecto de cómo el globalismo y el libre comercio promocionados por ciertos grupos bien identificados en muchos países puede ser explotado para crear una nueva realidad. Pekín está dándole forma a esa realidad, mientras que los Estados Unidos y la Unión Europea asisten a los hechos como mudos testigos.


Artículo original, en inglés | Traducido y republicado con permiso del autor, y del sitio web Strategic Culture Foundation (Estados Unidos)


 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Otrora articulista en la revista The American Conservative, Giraldi publica ahora en el sitio web Unz.com. En español, en El Ojo Digital.