INTERNACIONALES : PHILIP GIRALDI

¡Aux barricades, mes enfants!

Es hora de que las 'sans-culottes' se rebelen contra la insanía que impera en Washington, D.C.

12 de Octubre de 2018

El próximo 21 de octubre, tendrá lugar una Marcha de Mujeres al Pentágono, organizada por Acción Global de Mujeres por la Paz (Global Women’s Peace Action). Mi esposa y nuestros amigos asistirán, e incluso me uniré a la movilización, a pesar de mi género. Naturalmente, participamos con alguna reserva, conforme lo hemos hecho dos veces ya desde el 11 de septiembre de 2001; en una oportunidad, para oponernos a la Guerra de Irak y, la siguiente, para apersonarnos y protestar manifestar contra el encuentro anual del Comité de Asuntos Públicos Israelí-Americano (AIPAC). Con demasiada periodicidad, las manifestaciones ciudadanas terminan convirtiéndose en ejercicios progresistas, que flagelan lo que ahora son calificados como valores 'deplorables' y sin que se logre mucho antes, durante, ni después -amén de la suciedad y las botellas de plástico que luego el Servicio de Parques deberá ocuparse de limpiar. Tales eventos, asimismo, rara vez aparecen en los medios de comunicación de Washington, por cuanto en general, el matutino Washington Post adhiere ciento por ciento a la táctica neoconservadora de política exterior. Esa consiste en ignorar aquello que a Usted no le gusta; con el tiempo, todo mundo se olvidará de ello.

Francia, LibertadAcaso esta oportunidad sea diferente, porque la era de la conversación política está volviéndose irrelevante, gracias a la velocidad con que Washington se desentiende de la realidad y de los ciudadanos de los Estados Unidos, y estos últimos -sin importar su extracción política- deberán comenzar a tomar las calles para objetar aquello que el gobierno hace en su nombre. Soy ligeramente optimista de cara a los cambios que se aproximan, dado que veo difícil imaginar que, a pesar de la insuperable cadencia de propaganda emitida desde los medios, exista siquiera un espacio plural de estadounidenses que respalde con verdadera convicción lo que Estados Unidos hace en Siria, y lo que pretende hacer en Irán. Y, aparte del deseo de volver más seguro el sistema de votación y eventualmente libre de interferencias, también creo que el Russiagate es una vulgar mentira, y preferiría que fuésemos amigos de Moscú.

¿Por qué ahora? El 'Ahora' se ha convertido en un capítulo completamente nuevo, porque la insanía que caracteriza a Washington podría fácilmente terminar aniquilando a la mayoría de nosotros aquí, en la Tierra de la Libertad y la Patria de los Valientes. Específicamente, en una conferencia de prensa ofrecida el martes de la pasada semana, Kay Bailey Hutchison, ex senadora de Texas que actualmente se desempeña como embajadora de EE.UU. ante OTAN, declaró que Washington estaba listo para lanzar un ataque preventivo contra instalaciones militares rusas, como respuesta a supuestas violaciones de tratados internacionales por parte de Moscú. Obsérvese particularmente que Hutchison dijo, en rigor: 'En ese punto, estaríamos sopesando la capacidad para destruir un misil que pudiere caer sobre cualesquiera de nuestros países. La contramedida equivalente consistiría en destruir los misiles actualmente en desarrollo por parte de Rusia, en violación al tratado. Están advertidos'.

Y tómese nota de lo que ella implicó, esto es, que Washington -actuando en su propia capacidad- tiene el derecho de atacar a una nación extranjera poseedora de poderío nuclear, respaldándose en lo que presuntamente son definiciones negociables sobre armamento permitido para cada nación. Se trataría de un ataque contra un vecino o competidor con el cual no se está en guerra, y que no necesariamente represente amenaza alguna. Bajo tales parámetros, cualquier país con capacidad militar podría ser eventualmente descripto como amenazante, y uno podría atacar contra cualquier cosa, sencillamente basándose en definiciones propias sobre lo que es aceptable y lo que no lo es.

Resulta ciertamente remarcable el modo en que muchos países del mundo se encuentran hoy 'advertidos', por criticar a las políticas de los Estados Unidos en Oriente Medio. La recurrente incomodidad con las iniciativas americanas en varias geografías se han convertido hoy en un fenómeno de alcance mundial, siendo que solo Israel, las Filipinas y Kenya tienen una visión favorable de Washington, el listado de Nikki Haley es inevitablemente extenso. El Secretario de Estado Mike Pompeo y el Consejero de Seguridad Nacional John Bolton, cuando no están fabricando inteligencia o inflamando amenazas puntuales, han advertido a países específicos que están siendo juzgados por Washington, y que serán reprendidos a una escala directamente proporcional con sus transgresiones.

Hutchison no es conocida por pensar con demasiada profundidad, de tal suerte que uno habrá de sospechar que sus afirmaciones fueron nutridas por alguien en Washington. Su especial desprecio contra Rusia se vincula al despliegue ruso de nuevos misiles basados en tierra sobre los que se afirma cuentan con un alcance superior a los 5 mil kilómetros, lo cual sobraría para alcanzar objetivos en Europa. De ser cierto, el desarrollo de esos vectores consignaría una violación contra el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (Intermediate-Range Nuclear Forces, INF) de 1987, y definitivamente representaría una amenaza potencial contra los europeos, pero la cuestión más fundamental aquí tiene que ver con la lógica empleada para amenazar con una guerra nuclear surgida de una acción preventiva, al respecto de un tópico que podría ser sujeto a una nueva serie de negociaciones multilaterales.

Inevitablemente, Hutchison y el Departamento de Estado adhirieron al doble estándar en lo que concierne a lo expresado sobre una eventual acción preventiva versus Rusia. Ella aclaró sus comentarios, con una sentencia incomprensible: 'Mi razonamiento es que Rusia necesita retornar al cumplimiento de los términos del Tratado INF, o bien deberemos dedicarnos a emparejar la capacidad de Moscú, a efectos de proteger los intereses de los Estados Unidos y de OTAN. El actual escenario, en el que Rusia es un violador flagrante, es insostenible'.

La vocero Heather Nauert en el Departamento de Estado se sumaría, poco después: 'Lo que la Embajadora Hutchison sintetizó, tiene que ver con la optimización general de la postura de defensa y disuasión. Estados Unidos se ha comprometido a respaldar sus obligaciones en materia de control de armamento, y espera que Rusia haga exactamente lo mismo'. Eran necesarias ambas aclaraciones, aún cuando escaseare precisión; aunque ciertamente no contribuyeron a quitar el sabor amargo del comentario inicial, donde se buscaba iniciar una guerra preventiva. Rusia tomó nota de principio a fin, afirmando el vocero de Relaciones Exteriores: 'Pareciera ser que las personas que realizan tales declaraciones no se percatan del nivel de responsabilidad que comportan, ni de los peligros de un retórica agresiva'. Hutchison y Nauert tampoco se notifican del hecho de que la doctrina de defensa frecuentemente citada por Moscú se resume en el empleo de armamento nuclear si se da el caso en que ese país es atacado por una fuerza de orden superior -el cual perfectamente podría coincidir con la evaluación que Moscú hace de la amenaza consignada por los Estados Unidos y OTAN.

Esta desconexión entre el deseo expresado periódicamente por la Casa Blanca de cara a mejorar las relaciones con Rusia, y la burocracia que busca enviar el mensaje opuesto, es clásico de lo que se ha dado en llamar la 'presidencia de doble andarivel' de Donald Trump. Gareth Porter ha observado recientemente el modo en que el presidente estadounidense, amén de sus múltiples falencias en tantos aspectos, en efecto se propone terminar con el involucramiento militar americano en determinadas geografías pero, una y otra vez, termina siendo contradicho -y sus decisiones, descartadas- por las burocracias perpetuas del gobierno, en general el Pentágono y los servicios de inteligencia. Hutchison, Haley, Pompeo y Bolton, hablan y actúan para estos espectros, incluso cuando parecen mostrarse de acuerdo con el jefe de Estado americano.

De modo tal que, dado el peligro de la guerra -que emerge de lo que Washington entiende sobre el estado del mundo y del rol que le asigna a los EE.UU. en ese contexto-, es hora de quitarse los guantes y marchar a las calles. El hecho de que una funcionaria de alto nivel pueda plantarse y hablar a favor de una guerra preventiva contra una potencia nuclear del extranjero, es ciertamente deleznable. Hutchison debería ser despedida de inmediato. El que no haya sido despedida aún, implica que alguien en alguna parte, y muy arriba en los escalafones de esa burocracia, está de acuerdo con lo que ella dice. La guerra nuclear no es una opción; es el final de todas las opciones.


Artículo original, en inglés, en éste link | Traducido y republicado con permiso del autor y del Editor del sitio web The Unz Review (Estados Unidos)



 

Sobre Philip Giraldi

Especialista en contraterrorismo; ex oficial de inteligencia militar de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA). Se desempeña como columnista en medios de EE.UU., y Director Ejecutivo del Council for the National Interest. Otrora articulista en la revista The American Conservative, Giraldi publica ahora en el sitio web Unz.com. En español, en El Ojo Digital.