NARCOTRAFICO & ADICCIONES: DR. JUAN A. YARIA

En materia de prevención de adicciones, gana Islandia

Islandia es un pequeño país nórdico de sólo 350 mil habitantes...

18 de Junio de 2018
Islandia es un pequeño país nórdico de sólo 350 mil habitantes pero, sin embargo, concentra hoy la atención mundial merced a los cambios positivos cosechados en materia de políticas públicas preventivas sobre drogadicción, nutridas de forma ininterrumpida durante veinte años. Esta nación exhibe una ejemplar economía de mercado, con impuestos relativamente bajos al comparársela con otros países, y sostiene un Estado de bienestar que también es modelo en lo que hace a asistencia sanitaria y educación pública estatal. En años recientes, Islandia se ha convertido en una nación rica, clasificada en 2009 por Naciones Unidas como el tercer país más desarrollado del globo.

Cualquier comparación potable con la República Argentina naturalmente ha de ponderar el territorio, las diferencias socioeconómicas, el potencial humano de cada población, y otros. Sin embargo, tales condiciones no excluyen la posibilidad de destacar el modelo allí implementado, y la magnificencia de los resultados obtenidos.

Islandia, éxito contra las drogasLa Argentina, por su parte, experimenta hoy un verdadera epidemia de consumo de sustancias ilegales -registrándose en algunas de sus geografías una caracterización de pandemia (crecimiento descontrolado). Ha de cifrarse que lo propio sucedía en Islandia hacia 1998, tras lo cual se tomó decisión de modificar en profundidad las políticas públicas. Hacia fines de los noventa, era corriente en Islandia asistir al espectáculo brindado por multitudes de adolescentes alcoholizados cada fin de semana. Tras la modificación del enfoque estatal de cara al problema, el índice de abuso de alcohol allí descendió del 42% al 5% (entre 1998 y 2017). En simultáneo, el consumo diario de cigarrillos disminuyó del 23% al 3%, y el uso del cannabis, del 17% al 5%. El Estado islandés se propuso poner el foco en los grupos más vulnerables, siendo éstos la niñez y la adolescencia.

Mientras tanto, la Argentina contabiliza hoy cifras similares a la Islandia de 1998: en conformidad con datos oficiales a nivel nacional, la dependencia frente a la marihuana alcanza a casi el 20% de la población comprendida entre los 12 y los 60 años, registrándose un elevado pico en el segmento 18-24, con un 22%. En la franja 12-17, el porcentual se ubica en torno del 15%.

En lo que respecta a las mujeres sobre la población general, el índice de dependencia se acerca al 11%; en los varones, al 22.5%. Cabe referir que, al mencionarse la dependencia ante un tóxico en particular -como lo sería la marihuana-, no se asiste a un consumo ocasional, sino a aquel que consignan los organismos científicos de diagnóstico, con las siguientes particularidades:

a) Ddeseo intenso o vivencia de una compulsión a consumir; 
b) Disminución de la capacidad para controlar el consumo; 
c) Síndrome de abstinencia, caracterizado por un sentimiento de angustia a partir del no consumir;
d) Necesidad orientada hacia un un consumo cada vez mayor; 
e) Abandono progresivo de otras fuentes de placer, a los efectos de obtener la sustancia; imposibilidad de detener a tiempo el hábito del consumo, sin importar las consecuencias negativas comportadas por la degradación física de la persona, y los efectos perniciosos en el terreno social, afectivo y laboral.

En lo que respecta al consumo de alcohol, en la República Argentina, 1 de cada 2 jóvenes ha consumido alcohol de manera abusiva, siendo la droga legal de mayor consumo. El tabaco, por su parte, acusó un incremento entre 2010 y 2017; el consumo de marihuana se triplicó, en consonancia con el esfuerzo mediático de banalización de esta sustancia, y de la mano con la creciente aceptación social -conforme hemos referido ya, respaldada en un marketing exitoso. A la sazón, alcohol, tabaco y marihuana se presentan como la 'previa' en el ingreso o puerta hacia otras drogas, como ser la cocaína y el éxtasis (siempre presente en fiestas electrónicas), en viajes de egresados, en el denominado 'binge drinking' (atracón de alcohol, que se resume en ingerir la mayor cantidad de alcohol en el menor tiempo posible). Y, así, en otras modalidades de combinatoria posibles.

En los Estados Unidos de América parece presentarse un fenómeno similar, por cuanto, en los últimos años, se ha consolidado una serie de políticas estatales erradas que, en la práctica, contribuyeron al abandono de los cuidados preventivos: no se ha protegido/informado a los jóvenes al respecto del primer contacto con sustancias y, de acuerdo al estudio anual intitulado 'Monitoreando el Consumo', el abuso/consumo de sustancias se ha incremenado año a año, alcanzando al 17% de la población juvenil hoy día. En el ínterin, el uso de marihuana ha transitado del 5% al 35% en la población adolescente.


Cuidar el capital social del país

Retomando el ejemplo islandés, ese país puso el foco en proteger al capital social y humano de su comunidad. El haber prorrogado las políticas fallidas -coincidentes con la aceptación social del consumo- hubiese remitido sin más a la consolidación del incremento en patologías incapacitantes de orden psiquiátrico, al aumento de los costos sociales (como ser la discapacidad a edades tempranas), embarazos precoces, abandono de hijos, accidentes de tránsito y derivados, etcétera. En los hechos, Islandia había arribado a un escenario en el que ya el 17% de los jóvenes de 15 años de edad había probado alguna vez la marihuana: el uso y abuso estaban convirtiéndose en norma antes que excepción -tal como sucede en la Argentina por estas horas.

Finalmente, existen plenas coincidencias al respecto: el resguardo del capital humano y social de una nación equivale a proteger el futuro de su comunidad; a la postre, primigenio capital moral. En Islandia, instituciones tales como escuela, familia, comunidad, organizaciones espirituales y sociales se transformaron, en compañía del Estado, en una gigantesca entidad, monitoreada por un verdadero plan maestro de prevención y asistencia. Contando este eficaz sistema/modelo con la asesoría externa de profesionales formados en el NIDA (Instituto Nacional de Drogas de los Estados Unidos de América). El referido éxito islandés terminaría luego trasladándose a catorce naciones en el Viejo Continente, y a 32 municipios puntuales.


Esfuerzo de prevención

Así las cosas, el Estado islandés construyó un destacable programa, respaldándose en el eje de la educación preventiva escolar masiva desde la niñez, fomentando la afiliación entre familia y Escuelas para Padres, lo cual redundó en un contacto estrechísimo entre padres e hijos. A la postre, las comunidades del país eran alentadas al contacto recurrente entre sus elementos constitutivos, recurriéndose a esquemas de alerta temprana para detectar primeros consumos. En simultáneo, la columna de la política comunicacional se sintetizaba en un eslogan de NO aceptación social del consumo.

Desde lo táctico, el Estado reforzó los denominados modelos de recompensas saludables basadas en actividad deportiva y actividades juveniles estructuradas que implicaron auténticos desafíos a los sistemas humanos de placer. Se decidió la erección de talleres permanentes para el desarrollo de habilidades sociales y habilidades para la vida -en la práctica, estos ítemos contribuyeron al desarrollo de la autoestima y la nutrición de relaciones sociales. Como resultado, la iniciación en el alcohol logró posponerse hacia los 20 años de edad (esto gracias a una ley); tornóse ilegal la compra/adquisición de tabaco para menores de 18 años, y lo propio con el alcohol -con la debida aplicación de la ley para impedirlo. Bajo todo concepto, la publicidad de alcohol y tabaco se prohibió de manera tajante, sin excepciones.

En el proceso, organismos estatales dedicaron la realización permanente de estudios de opinión y encuestas para detectar y monitorear las motivaciones adolescentes, comprobándose que el mayor efecto preventivo se consolidaba a partir de variables como afiliación con la familia, el contar con grupos de amigos positivos, y la realización de actividades recreativas de manera periódica. También como parte del esquema, constituyéronse asociaciones y nucleamientos de padres por cada escuela (nuevamente, por vía de una ley), y se organizó el denominado 'tiempo de calidad' o, bajo la denominación americana, 'quality time', para que padres dediquen más tiempo a compartir y hablar con sus hijos y conocer a sus círculos de amistades. En tal sentido, se aprobó una legislación que prohibía taxaticamente a niños de entre 13 y 16 años que permanecieran fuera de sus hogares después de las 10:00pm en invierno, y después de la medianoche en verano.

Una valiosa conclusión apuntará que estos resultados no fueron concretados por una sociedad 'pacata', conservadora, o enemiga de las libertades individuales. Al contrario: se asiste a un logro monumental, construído mancomunadamente por una sociedad que hoy es reconocida como una de las más libres, modernas y justas del globo. Obsérvese que lo aquí descripto perfectamente podría ser evaluado por algunos en la República Argentina como 'antiguo' o 'represivo'; pero estas voces nunca han ofrecido respuestas ante la multitud de jóvenes y adolescentes que deambulan por las calles y en plena intemperie, buscando una dosis que les garantice aquello que es imposible de ofrecer: una 'fuga'.

 
Sobre Juan Alberto Yaría

Juan Alberto Yaría es Doctor en Psicología, y Director General en GRADIVA, comunidad terapéutica profesional en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Los artículos del autor en El Ojo Digital, compilados en éste link.

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