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INTERNACIONALES: BRUCE KLINGNER

Donald Trump aceptó reunirse con Kim Jong-Un. Aspectos que el mandatario estadounidense deberá considerar

La reciente y súbita decisión del presidente estadounidense Donald Trump de aceptar una invitación,,,

12 de Marzo de 2018

La reciente y súbita decisión del presidente estadounidense Donald Trump de aceptar una invitación para una cumbre sorpresa de parte de Corea del Norte consigna un nuevo y sorprendente desarrollo en medio de una serie de avances diplomáticos registrados desde comienzos de 2018.

En unos pocos meses, la Península de COrea cambió de describir un escenario de aparentemente inevitable conflicto militar, a la confirmación de la primera cumbre entre líderes máximos de ambas naciones. En apariencia, Pyongyang ha revertido su tradicional resistencia en relación a su arsenal nuclear. Pero la oferta del régimen sobreviene con numerosas exigencias, y reflejan meramente una predisposición para retornar al inicio de toda negociación previa. La totalidad de los intentos diplomáticos con Corea del Norte en el pasado han fracasado, de tal suerte que existen buenas razones para mantener el escepticismo y la cautela en esta oportunidad.

Donald Trump, Bruce Klingner, Corea del Norte, Reunión con KimEs ciertamente difícil concebir un mejor instrumento de intercambio en el mundillo de la diplomacia que una primera cumbre histórica entre los Estados Unidos de América y un líder norcoreano -sin embargo, Trump ya invirtió los beneficios obtenidos de esa moneda de intercambio, al evitar imponerle concesiones a Pyongyang, como ser la liberación de tres ciudadanos estadounidenses que por estas horas se encuentran prisioneros del gobierno de Kim.

Conforme la Administración se prepara para la cumbre, habrá de desarrollar un juego de corte estratégico, antes que uno que invite a enfocarse en los prolegómenos del viaje de Richard Nixon a China en los años setenta.


Seoul Tees Up Summit Diplomacy

El cambio de eje más destacado, con foco en la diplomacia, dio inicio cuando el dictador norcoreano Kim Jong Un extendió la proverbial hojilla de olivo a Corea del Sur, en oportunidad de su discurso por el Año Nuevo. Temeroso de cualquier provocación desde Pyongyang, e inclusive ante la eventualidad de un ataque mientras se desarrollaban los Juegos de Invierno, el presidente surcoreano Moon Jae, igual se aferró a la oportunidad. Sin embargo, una vez que las conversaciones intercoreanas dieron inicio, el objetivo fue modificado, comenzándose por impedir las provocaciones recíprocas, llegando a esfuerzos más amplios para reducir las tensiones y avanzar en el proceso de reconciliación intercoreano.

Legisladores y expertos estadounidenses exteriorizaron preocupaciones comunes, al respecto de que Moon pudo mostrar un exceso de predisposición a la hora de buscar un involucramiento con el régimen. Washington explicitó que el espíritu de los Juegos de Invierno que surgiera desde Seúl confirió legitimidad al régimen de Pyongyang, al tiempo que comprometió la firmeza internacional que buscaba mantener la presión. El vicepresidente estadounidense Mike Pence fue enviado a Corea del Sur para contrarrestar la percepción victoriosa de propaganda que ya Corea del Norte comenzaba a aprovechar. En ocasión de los Juegos, Estados Unidos aconsejó a su aliado del Sur movilizarse de manera más cautelosa, y solo recién después de ejercitar una larga revisión de lo que se actuaría.

Ahora, la Administración Trump hará bien en tomar prestado su propio consejo, previo a ser seducido por idéntico canto de sirena. La decisión de Trump de aceptar la invitación de Kim fue impetuosa. Apenas horas después de tomarse la decisión, el Secretario de Estado Rex Tillerson había dicho: 'Estamos a un largo camino de las negociaciones; hemos de tener las ideas claras y ser realistas en ese sentido'.


Una apuesta de alto riesgo 

Los simpatizantes de Trump argumentarán que los antecedentes del mandatario como hombre de negocios salvarán la situación en un match mano-a-mano con el líder norcoreano. Pero tales afirmaciones recuerdan, de manera perturbadora, a la última época de la Administración de Bill Clinton, cuando algunos funcionarios proclamaban que los encantos del presidente eran tan fuertes, que permitirían que Estados Unidos consolide la totalidad de sus objetivos en un encuentro directo con el ahora difunto líder de Corea del Norte, Kim Jong-Il. Afortunadamente, se impuso la cordura. Luego de que los diplomáticos estadounidenses determinaron que Pyongyang no estaba en capacidad de conversar los parámetros de un acuerdo misilístico, el presidente Clinton declinó la oferta de Corea del Norte, que solo hubiese servido para compartirle al público una fotografía política.

En su oportunidad, George W. Bush también descartó considerar una cumbre con Corea del Norte, tras años de involucrarse Washington en conversaciones de seis países, durante su gestión.

Incluso cuando Moon recibió la invitación para una cumbre en los Juegos de Invierno de este año, recurrió a enviados para negociar concesiones norcoreanas en primer término. Solo recién accedió a una cumbre.

Pyongyang aún no ha comentado públicamente sobre la opinión de Seúl sobre la cumbre con Kim. En lugar de ello, los medios de comunicación oficiales de Pyongyang han compartido una lectura limitada del encuentro, omitiendo cualquier mención a su prédica desnuclearizadora. Pocos días antes, un funcionario norcoreano había dicho que su país se veía 'forzado a contar con un elemento disuasivo nuclear, a criterio de proteger su soberanía y la seguridad de su país, de cara a una política nuclear cruda y hostil de parte de los Estados Unidos'.

La delegación surcoreana indicó que la oferta de realizar la cumbre de parte de Pyongyang estaba condicionada a que se garantizase la seguridad de su régimen y a que se concrete la remoción de la amenaza militar contra el Norte. Lo cual es coherente con las exigencias norcoreanas del pasado reciente. Entre esas numerosas exigencias, se listan: el retiro de la totalidad de las tropas estadounidenses de Corea del Sur; la anulación del tratado de defensa entre Seúl y Washington; la cancelación de la garantía extendida de disuasión estadounidense; y la remoción de la totalidad de sanciones económicas, tanto americanas como originadas en Naciones Unidas


Qué debería hacer Estados Unidos 

El presidente Trump cuenta ahora con dos meses para preparar la cumbre; sin embargo, la labor de su personal aún se ve afectada dada la existencia de puestos vacantes de importancia, mientras que el staff existente no cuenta con mayores conocimientos sobre Corea del Norte. Las siguientes son cinco cuestiones que su Administración habrá de tener en cuenta:


1. Completar puestos clave en el gobierno estadounidense, aún vacantes. Moverse velozmente para ocupar esos puestos vacantes -especialmente, la embajada de EE.UU. ante Corea del Sur y el puesto de representante especial del Departamento de Estado para políticas hacia Corea del Norte. Asimismo, Trump habrá de designar un enviado de carrera, a los efectos de que éste coordine la política hacia Corea del Norte y sirva como interlocutor oficial de alto nivel.


2. Proponer la conformación de una agenda, u hoja de ruta. Conformar una agenda para los temas de la cumbre, que explicite las preocupaciones de seguridad estadounidenses y de los aliados de EE.UU., y que esa agenda delinee con claridad el objetivo a cumplirse, enfocándose específicamente en la desnuclearización completa, verificable e irreversible de Corea del Norte. El reunirse con Kim habrá de consignar que esa agenda sea condición de cumplimiento absoluto. Los esfuerzos diplomáticos del pasado ante Corea del Norte fracasaron precisamente porque todo quedó en palabras vagas y acuerdos que dieron lugar a distintas interpretaciones, así como a medidas igualmente fallidas a la hora de verificar la agenda.

 

3. No otorgar alivio en materia de sanciones.

 

Washington deberá rechazar cualquier intento o pedido de reducir las sanciones contra Corea del Norte, que -tal se promocionan- busquen 'optimizar la atmósfera para las negociaciones', y esto es lo que EE.UU. ha hecho en el pasado. La campaña de presión internacional está funcionando; las sanciones han de ser mantenidas mientras Pyongyang siga emulando el comportamiento mostrado inicialmente. En efecto, las Sanciones Contra Corea del Norte y la Sección 401 del Acta para la Optimización de Política Exterior habilita al gobierno de los Estados Unidos a suspender las sanciones por el tiempo de hasta un año, solo si Corea del Norte consolida progresos documentables en numerosos rubros, adecuadamente tipificados.

 

4. Continuar con los ejercicios militares ya planeados.

 

Estados Unidos y Corea del Sur habrán de mantenerse en línea con su plan recíproco de llevar a cabo los ejercicios militares Foal Eagle y Key Resolve, que han sido pospuestos para no conflictuar con los Juegos Olímpicos de Invierno y con los Juegos Paralímpicos. Estos ejercicios desempeñan un rol crítico en la manutención de las capacidades disuasivas entre los aliados, y no deberían ser sacrificados como meras fichas de negociación en la mesa de los diplomáticos.

 

5. Proponer medidas de construcción de confianza mutuas.

 

Toda vez que la desnuclearización sea el claro objetivo, Estados Unidos habrá de proponer un ámbito de conversaciones en donde puedan construírse mecanismos de confianza que incrementen la transparencia entre Corea del Norte y las fuerzas militares aliadas, lográndose reducir las tensiones en la Península. Estas medidas habrán de incluir un componente militar y otro no-militar.

 

6. Exigir pruebas de sinceridad.

 

Tomando prestada una página del librillo de Corea del Norte, Washington habrá de convocar a Pyongyang para que exhiba pruebas de su compromiso, liberando efectivamente a los tres ciudadanos estadounidenses hoy cautivos por parte del régimen, y anunciando el regreso de Corea del Norte al Armisticio de la Guerra de Corea, al acuerdo de desnuclearización intercoreano de 1992, y a los acuerdos coreanos de no-agresión.

 


El sendero del futuro inmediato

 

El sendero diplomático con Corea del Norte está sembrado con los numerosos fracasos del pasado. Esto no significa que no haya que intentarlo de nuevo, pero sí que será menester mantener la cautela ante informes de que el régimen haya -de manera creíble- dado marcha atrás en sus políticas. En reiteradas ocasiones, Pyongyang ha hecho añicos las expectativas de quienes buscaban un mayor involucramiento. Con periodicidad, el régimen norcoreano responde a movimientos externos emitiendo amenazas, cancelando reuniones, y presentando mayores exigencias.

 

Aún cuando la relación entre Estados Unidos y Corea del Norte se reinicie, Pyongyang continuará optimizando y refinando sus capacidades misilísticas y nucleares. Corea del Norte se encuentra cerca de poder poner al territorio continental de los Estados Unidos en la mira de sus armas nucleares -y, de acuerdo a algunas fuentes, éste solo hecho justificaría una intervención militar estadounidense.

 

Hay razones para que el optimismo avance, pero el gobierno de los Estados Unidos habrá de mantener sus ojos bien abiertos, y sus espadas a punto.


Artículo original, en inglés, en http://dailysignal.com/2018/03/09/trump-agreed-meet-kim-jong-un-heres-needs-now/

 

Sobre Bruce Klingner
Es Analista Senior en Investigación para el Centro de Estudios Asiáticos de la Fundación Heritage. Publica periódicamente análisis y escritos sobre Corea del Norte, Corea del Sur, Japón y temáticas de seguridad en la región. Klingner se desempeñó veinte años en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA). Fue jefe de la estación de la CIA en Corea en el bienio 1993-1994.