SOCIEDAD: DR. JUAN A. YARIA

Fiestas y tristeza

Los llamados se suceden. Jorge se acerca a nuestra consulta, entre los llantos de la esposa y la hija.
29 de Diciembre de 2017
Tenemos el don de la libertad... pero podemos elegir la nada.
 
R. Safranski, El Mal y la Libertad

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Los llamados se suceden. Jorge se acerca a nuestra consulta, entre los llantos de la esposa y la hija. Es un ser derrotado, aún cuando el afecto lo sostiene y todas sus empresas han quebrado. Lo cierto es que noo puede controlarse: el alcohol lo domina. Recién el 2 de enero, 'comienzo a atenderme' -me dice. Una despedida lo espera.

La fiesta aparece hoy ligada al exceso. La diversión se transforma en per-versión (verter algo con exceso). El exceso es una característica de esta época. Adictos al alcohol, sexo, juegos, drogas, riesgo. En el fin de año, muchísimos individuos se inmolan en un altar sacrificial; es época de balances y de ataques melancólicos hacia uno mismo. No podemos eludir los balances ni los saldos de cuentas -los pasivos y el haber en nuestras vidas.

Minotauro¿Dónde ha quedado aquella celebración que, en palabras de Goethe, era 'la hora elegida por los dioses'? Goethe quiso referirse al instante en que se celebraba la vida, pero esta perspectiva ya parece anticuada y esclerótico. Eran, las fiestas, un agradecimiento al hecho de vivir; de ahí el trasfondo del concepto de celebración. En la fiesta, se detenía el ritmo del trabajo. Reinaba el ocio, que se oponía al negocio. Aristóteles recordaba: 'Vivimos negociosos (negocio = trabajo), para tener ocio'. Así, pues, un ser humano era ponderado de acuerdo a cómo aprovechaba su ocio: es que la etimología del concepto ocio derivaba de schola (escuela), es decir, que el ocio era una escuela para el vivir cotidiano.

Extraviada ya casi por completo la dimensión religiosa de los festejos de fin de año, el objetivo de muchos parece ser el disfrutar de un descanso frente al trabajo. Pero el descanso no necesariamente es ocio, sino reposo frente al desgaste. El ocio consiste en descubrir nuevas realidades.

La verdadera religión del hoy es el trabajo, siendo la competitividad una variable fundamental. Se multiplican las obsesiones y la impulsión adictiva (juego, sexo, alcohol, drogas, riesgo). ¿Se trata acaso de huídas, de un escape vertiginoso hacia la nada? ¿Es una pérdida de la libertad?  Quizás haya un poco de todo eso en el conjunto.


Libertad y adicciones

El problema de las adicciones parece ser el problema de la libertad o, mejor dicho, el drama de la libertad. Vamos eligiendo la nada, casi sin darnos cuenta; pero, más tarde, hemos perdido la libertad. El cerebro automátizado va reemplazando la capacidad de decisión del ser humano. Esto lo muestra la neurociencia actual, en donde el cerebro automático se impone sobre el cerebro más lento y evolucionado. Así, el consumidor de juegos, alcohol, drogas, sexo está cercado por 'señales' que lo detienen en todo momento para consumir. Calles, dealers, negocios, olores, discusiones buscadas para recaer, músicas de alto volumen; todo esto forma parte de un 'combo' que dirige sus conductas. En su 'resaca' posterior, la culpa lo hostiliza aún más.

Para llegar a ello, precisamos de la concurrencia de la soledad. Tal soledad es buscada por partida doble: para 'celebrar' la adicción, hemos de encontrarnos solos. Pero, al mismo tiempo, las adicciones conducen a mayor soledad. En la resaca posterior, emerge una de las peores sensaciones que puede tener el ser humano, para consigo mismo: la sensación de traición contra uno mismo.

Por doquier, surgen grupos: NA (narcóticos anónimos), SA (sexo anónimo), JA (jugadores anónimos), AA (alcohólicos anónimos), centros especializados de atención como comunidades terapéuticas, etcétera. Panorama que nos enseña que la manera de superar la esa traición contra nosotros mismos es apelar a otro, un grupo, a una institución, acaso a un Dios, o a un lenguaje grupal. ('Aferrarse a las instituciones y creer en ellas'; San Agustín, Gehlen). La libertad no puede experimentarse sin el drama de los límites tan necesarios para crecer. Esto parece olvidado, conforme todo parece, necesariamente, culminar en un exceso.


Ocios industrializados

El ocio se ha industrializado. La comercialización del tiempo libre ha reemplazado al verdadero sentido de las fiestas. En las sociedades secularizadas y post-industriales, emergen las industrias de la diversión y del descanso. Incluso los lugares de encuentro (bares, disco) quedan invadidos por ruidos o pantallas que impiden la tertulia y la comunicación. En tales sitios, el alcohol ya no es la bebida espirituosa: es una farmacoterapia embriagante que esconde la incomunicación de las personas, aunque a veces se comercialice como 'el sabor del encuentro'. En muchos casos, a esto se suma el uso de drogas (estimulantes o alucinógenas).

Acaso la desmesura y el exceso oculten el vacío y el aburrimiento como fenómeno casi masivo, especialmente en los grandes conglomerados urbanos: el vacío y el aburrimiento parecen ser la verdadera cara de la tristeza.

Hacia el fin de año, suele incrementarse el promedio de accidentes de tránsito. En el 50% de los casos, interviene el alcohol (de acuerdo a datos de la asociación civil Luchemos por la Vida). La hora pico de accidentes confluye entre las 00:00hs y las 06:00hs. El 25 % de los accidentes de todo el año tienen lugar en esta época. Los servicios de traumatología de los hospitales públicos tienen un 80% de traumas en las noches del viernes, sábado y domingos -casos mayormente ligados al alcohol y al consumo de drogas. Por momentos, las salas de guardia en mucho se parecen a una zona de guerra.

El trauma lleva 2.600.000 hospitalizaciones por año, y 37 millones de visitas anuales al servicio de urgencias. En la Ciudad de Buenos Aires, en el mes previo al accidente traumático, el 60% había ingerido mucho alcohol entre los 21 y 49 años, 70 % entre 26 y 34 años (hombres) y 54 % entre 26 y 34 años (mujeres). El beber es una predisponente grave para un accidente traumatológico (colisiones vehiculares, caídas, accidentes de trabajo, accidentes recreacionales y en el hogar y/o violencia).

El terceto de la muerte durante las fiestas de fin de año se resume en: 1) alcohol y drogas; 2) agresiones menores; y, 3) armas. El juego es otro elemento clave: se potencian las adicciones a las máquinas electrónicas, los juegos de póker virtuales, el Internet, el sexo virtual.

Nuestra tarea como terapeutas será, como probablemente haremos con Jorge: hallar el célebre hilo de Ariadna que ayude a los pacientes a salir libres del laberinto de sus vidas. El hilo de Ariadna era el símbolo de la salvación, dado que permitía escapar del Minotauro. Tal su condición de monstruo, la ira del Minotauro solo podía aplacarse a través de la ofrenda de sacrificios humanos.

La adicciones de la actualidad son instrumentos de lo sacrificial: muchos mueren o vegetan como adictos. Así fue que Dédalo logró rescatar a sus hijos: el hilo de Ariadna los condujo hacia la salida. 

 
Sobre Juan Alberto Yaría

Juan Alberto Yaría es Doctor en Psicología, y Director General en GRADIVA, comunidad terapéutica profesional en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Los artículos del autor en El Ojo Digital, compilados en éste link.